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Internacional
martes, 4 de agosto de 2026

En caliente

El hierro cede al martillo mientras está al rojo vivo; la fiebre es un síntoma de que algo no va demasiado bien; y la venganza —ya lo dice el refranero— es un plato que se sirve frío. Es curioso que h

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

En caliente Las fronteras no se defienden cuando ya están desbordadas; se fortalecen mucho antes Regala esta noticia Añádenos en Google Yolanda Vallejo 04/08/2026 a las 22:08h. El hierro cede al martillo mientras está al rojo vivo; la fiebre es un síntoma de que algo no va demasiado bien; y la venganza —ya lo dice el refranero— es un plato que se sirve frío. Es curioso que haya una temperatura ideal para ... todo menos para la política, donde se ha impuesto la costumbre de decidir cuando todavía queman los acontecimientos.

Todo exige una respuesta inmediata: una comparecencia, una fotografía, una declaración solemne. La rapidez se ha convertido en una virtud política, aunque casi nunca haya sido una garantía de acierto. Gobernar se ha convertido en reaccionar, como si la firmeza se midiera por la velocidad de la respuesta y no por la calidad de las decisiones.

Ceuta lleva demasiado tiempo siendo víctima de esa política en caliente, tanto que incluso el lenguaje ha terminado por delatarlo. No deja de ser significativo que una de las decisiones más controvertidas adoptadas en su frontera reciba precisamente el nombre de «devoluciones en caliente». Porque más allá del debate jurídico o moral que pueda generar, la propia expresión retrata una forma de actuar: resolver lo urgente antes de afrontar lo importante, responder al instante antes que construir una estrategia.

Y con este Gobierno llegamos siempre tarde y mal España sólo vuelve la mirada hacia su ciudad africana cuando la frontera se convierte en noticia, cuando Marruecos decide tensar la cuerda o cuando una avalancha de imágenes y de personas obliga al Gobierno de turno a demostrar que mantiene el control. Entonces llegan las visitas oficiales, las promesas de actuaciones, los discursos sobre la integridad territorial y las apelaciones a la españolidad de la ciudad. Todo con la intensidad de las urgencias.

Todo con el ruido de lo inmediato. Después baja la temperatura. Las cámaras se marchan, las declaraciones desaparecen y Ceuta vuelve a ocupar el lugar discreto que suele reservarle la política nacional.

Hasta la siguiente crisis. Como si una ciudad que constituye una de las fronteras exteriores de Europa pudiera gobernarse a golpe de sobresalto o depender del calendario de los informativos. Pero Ceuta no es una emergencia anecdótica, sino que es una realidad permanente.

Su posición estratégica, su singularidad geográfica y la complejidad de la relación con Marruecos exigen una política de Estado sostenida en el tiempo, no una sucesión de respuestas improvisadas. Las fronteras no se defienden cuando ya están desbordadas; se fortalecen mucho antes. Y la diplomacia tampoco se improvisa cuando la tensión alcanza su punto de ebullición.

Las quemaduras tienen una particularidad: cuando empiezan a doler, el fuego ya se ha apagado. Con las decisiones tomadas en caliente ocurre exactamente lo mismo. El impulso dura un instante; las consecuencias, casi siempre, mucho más.

Temas Fronteras Inmigración ilegal Ceuta comentarios Reportar un error En caliente Las fronteras no se defienden cuando ya están desbordadas; se fortalecen mucho antes Regala esta noticia Añádenos en Google Yolanda Vallejo 04/08/2026 a las 22:08h. El hierro cede al martillo mientras está al rojo vivo; la fiebre es un síntoma de que algo no va demasiado bien; y la venganza —ya lo dice el refranero— es un plato que se sirve frío. Es curioso que haya una temperatura ideal para ... todo menos para la política, donde se ha impuesto la costumbre de decidir cuando todavía queman los acontecimientos.

Todo exige una respuesta inmediata: una comparecencia, una fotografía, una declaración solemne. La rapidez se ha convertido en una virtud política, aunque casi nunca haya sido una garantía de acierto. Gobernar se ha convertido en reaccionar, como si la firmeza se midiera por la velocidad de la respuesta y no por la calidad de las decisiones.

Ceuta lleva demasiado tiempo siendo víctima de esa política en caliente, tanto que incluso el lenguaje ha terminado por delatarlo. No deja de ser significativo que una de las decisiones más controvertidas adoptadas en su frontera reciba precisamente el nombre de «devoluciones en caliente». Porque más allá del debate jurídico o moral que pueda generar, la propia expresión retrata una forma de actuar: resolver lo urgente antes de afrontar lo importante, responder al instante antes que construir una estrategia.

Y con este Gobierno llegamos siempre tarde y mal España sólo vuelve la mirada hacia su ciudad africana cuando la frontera se convierte en noticia, cuando Marruecos decide tensar la cuerda o cuando una avalancha de imágenes y de personas obliga al Gobierno de turno a demostrar que mantiene el control. Entonces llegan las visitas oficiales, las promesas de actuaciones, los discursos sobre la integridad territorial y las apelaciones a la españolidad de la ciudad. Todo con la intensidad de las urgencias.

Todo con el ruido de lo inmediato. Después baja la temperatura. Las cámaras se marchan, las declaraciones desaparecen y Ceuta vuelve a ocupar el lugar discreto que suele reservarle la política nacional.

Hasta la siguiente crisis. Como si una ciudad que constituye una de las fronteras exteriores de Europa pudiera gobernarse a golpe de sobresalto o depender del calendario de los informativos. Pero Ceuta no es una emergencia anecdótica, sino que es una realidad permanente.

Su posición estratégica, su singularidad geográfica y la complejidad de la relación con Marruecos exigen una política de Estado sostenida en el tiempo, no una sucesión de respuestas improvisadas. Las fronteras no se defienden cuando ya están desbordadas; se fortalecen mucho antes. Y la diplomacia tampoco se improvisa cuando la tensión alcanza su punto de ebullición.

Las quemaduras tienen una particularidad: cuando empiezan a doler, el fuego ya se ha apagado. Con las decisiones tomadas en caliente ocurre exactamente lo mismo. El impulso dura un instante; las consecuencias, casi siempre, mucho más.

Temas Fronteras Inmigración ilegal Ceuta comentarios Reportar un error 4 almohadas cervicales que mantienen la forma después de un año y evitan el dolor de cuello Teresa Rodríguez García Edu Saz: «Si quieres enfriar tu piso sin poner aire acondicionado, usa plantas de interior» Borja Sánchez Antonio Orozco, sobre sus dos hijos: «Crie a Jan por videollamada, pero con Antonella intento hacer lo contrario» Francisco J.

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Publicado por Redacción · martes, 4 de agosto de 2026

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