Un caos finalizado a objetivos precisos
Estamos ante una fase de reconfiguración estructural del orden global, no de un caos perpetuo. Lo que percibimos hoy como inestabilidad constante es, en realidad, el período de transición entre las re
Un caos finalizado a objetivos precisos Europa no logra hablar con una sola voz geopolítica, corre el riesgo de dividirse internamente por presiones externas Regala esta noticia Añádenos en Google Giuseppe Tringali 28/07/2026 a las 14:34h. Estamos ante una fase de reconfiguración estructural del orden global, no de un caos perpetuo. Lo que percibimos hoy como inestabilidad constante es, en realidad, el período de transición entre las reglas del siglo XX y las nuevas dinámicas geopolíticas del siglo XXI.
Los conflictos ... militares y comerciales tienen un fondo ligado a precisos intereses. El caos actual es indudable, pero es importante saberlo interpretar porque es finalizado a precisos objetivos. El control y liderazgo mundial a través de energía, recursos naturales, desarrollo tecnológico y crecimientos económicos.
Y, en relación a la energía y a los recursos naturales, la transición es como un campo de batalla. Empieza a dibujarse un nuevo mapa de dependencia: la transición hacia energías limpias no ha eliminado la competencia; la ha trasladado de los hidrocarburos (petróleo y gas) a los minerales críticos (litio, cobalto, tierras raras o cobre). La palabra clave es la soberanía energética.
Las potencias ya no buscan solo comprar recursos al mejor precio, sino controlar las cadenas de suministro locales para evitar chantajes geopolíticos. Si nos centramos en el desarrollo tecnológico, que es el verdadero motor del liderazgo, las tecnologías críticas como la inteligencia artificial, la computación cuántica y los semiconductores son el equivalente moderno del poderío militar o energético del pasado. La rivalidad entre bloques liderados por EE.UU. y China empuja hacia una fragmentación tecnológica, donde el acceso a chips avanzados define quién domina la economía del futur, determinando una desconexión o «decoupling».
En Economía, la geopolítica está determinando el pasaje del libre comercio a la seguridad nacional con unas políticas siempre más proteccionistas. El modelo de globalización abierta cede paso al comerciar solo con aliados y a repatriar la producción. Las sanciones, los aranceles y el control de exportaciones son ahora las armas preferidas en los conflictos de poder.
¿Qué podemos entonces esperar a medio y largo plazo? Probablemente un mundo multipolar fragmentado. No habrá un único hegemon dominante como en el pasado.
Surgirá una estructura con dos grandes polos tecnológicos y económicos, y una serie de potencias intermedias como India, Brasil o los Estados del Golfo que actuarán como conectores según sus propios intereses. Podríamos asistir a una redefinición de la seguridad nacional. Newsletter La seguridad ya no se mide únicamente en gasto militar, sino en autosuficiencia alimentaria, soberanía energética, resiliencia tecnológica y ciberseguridad.
Crecerán bloques regionales, los acuerdos multilaterales globales serán reemplazados por alianzas regionales o temáticas más pequeñas, pragmáticas y dinámicas. Se llegará a una estabilización. Cuando las principales potencias logren asegurar sus cadenas de suministro y definir sus esferas de influencia tecnológica y territorial, la volatilidad actual comenzará a asentarse en un nuevo equilibrio, aunque con fronteras comerciales y tecnológicas más marcadas.
El panorama actual es convulso porque las reglas del juego están siendo reescritas en tiempo real. La clave para naciones y empresas en los próximos años será la adaptabilidad y la resiliencia frente a un entorno donde la geopolítica primará sobre la pura eficiencia económica. En esta perspectiva, para Europa, las claves de su supervivencia y relevancia futura se reducen a algunos factores estratégicos interconectados, como el control energético y de los recursos, la innovación tecnológica y la competitividad, la cohesión geopolítica y la autonomía en defensa.
Europa lidera la regulación climática global y la adopción de energías limpias, pero carece de la mayoría de los minerales críticos (litio, cobalto, tierras raras) necesarios para construir esa infraestructura. Para no cambiar la dependencia del gas ruso por la dependencia de las cadenas de procesamiento chinas, la UE debe acelerar en Economía Circular con el reciclaje masivo, en infraestructuras europeas integradas, en la minería interna responsable y en alianzas comerciales estratégicas con América Latina y África. El modelo económico europeo está basado en la industria tradicional como la automoción y se enfrenta a una brecha creciente respecto a EE.UU. y China en inteligencia artificial, supercomputación y fabricación de semiconductores.
Para una adecuada Competitividad e Innovación Tecnológica será necesaria una fuerte inyección de política industrial comunitaria. Europa deberá no quedar relegada a ser un simple «consumidor regulado» de tecnologías ajenas, impulsando sus propios gigantes tecnológicos y protegiendo sus sectores clave frente al subsidio estatal de las dos superpotencias. En autonomía de defensa y en cohesión geopolítica la histórica dependencia del paraguas de seguridad estadounidense (OTAN) contrasta con un entorno perimetral volátil como la guerra en Ucrania o la inestabilidad en el Norte de África y Oriente Medio.
Será oportuna la creación progresiva de una verdadera industria de defensa europea integrada y una mayor rapidez en la toma de decisiones diplomáticas. Si Europa no logra hablar con una sola voz geopolítica, corre el riesgo de dividirse internamente por presiones externas. Resumiendo, Europa para no perder el rumbo en este caos debe transformar su enorme poder económico y normativo en autonomía de recursos, capacidad tecnológica y fuerza geopolítica, y tiene que hacerlo ya con urgencia.
Temas economia Europa Estados Unidos UH ABC Unión Europea comentarios Reportar un error Un caos finalizado a objetivos precisos Europa no logra hablar con una sola voz geopolítica, corre el riesgo de dividirse internamente por presiones externas Regala esta noticia Añádenos en Google Giuseppe Tringali 28/07/2026 a las 14:34h. Estamos ante una fase de reconfiguración estructural del orden global, no de un caos perpetuo. Lo que percibimos hoy como inestabilidad constante es, en realidad, el período de transición entre las reglas del siglo XX y las nuevas dinámicas geopolíticas del siglo XXI.
Los conflictos ... militares y comerciales tienen un fondo ligado a precisos intereses. El caos actual es indudable, pero es importante saberlo interpretar porque es finalizado a precisos objetivos. El control y liderazgo mundial a través de energía, recursos naturales, desarrollo tecnológico y crecimientos económicos.
Y, en relación a la energía y a los recursos naturales, la transición es como un campo de batalla. Empieza a dibujarse un nuevo mapa de dependencia: la transición hacia energías limpias no ha eliminado la competencia; la ha trasladado de los hidrocarburos (petróleo y gas) a los minerales críticos (litio, cobalto, tierras raras o cobre). La palabra clave es la soberanía energética.
Las potencias ya no buscan solo comprar recursos al mejor precio, sino controlar las cadenas de suministro locales para evitar chantajes geopolíticos. Si nos centramos en el desarrollo tecnológico, que es el verdadero motor del liderazgo, las tecnologías críticas como la inteligencia artificial, la computación cuántica y los semiconductores son el equivalente moderno del poderío militar o energético del pasado. La rivalidad entre bloques liderados por EE.UU. y China empuja hacia una fragmentación tecnológica, donde el acceso a chips avanzados define quién domina la economía del futur, determinando una desconexión o «decoupling».
En Economía, la geopolítica está determinando el pasaje del libre comercio a la seguridad nacional con unas políticas siempre más proteccionistas. El modelo de globalización abierta cede paso al comerciar solo con aliados y a repatriar la producción. Las sanciones, los aranceles y el control de exportaciones son ahora las armas preferidas en los conflictos de poder.
¿Qué podemos entonces esperar a medio y largo plazo? Probablemente un mundo multipolar fragmentado. No habrá un único hegemon dominante como en el pasado.
Surgirá una estructura con dos grandes polos tecnológicos y económicos, y una serie de potencias intermedias como India, Brasil o los Estados del Golfo que actuarán como conectores según sus propios intereses. Podríamos asistir a una redefinición de la seguridad nacional. Newsletter La seguridad ya no se mide únicamente en gasto militar, sino en autosuficiencia alimentaria, soberanía energética, resiliencia tecnológica y ciberseguridad.
Crecerán bloques regionales, los acuerdos multilaterales globales serán reemplazados por alianzas regionales o temáticas más pequeñas, pragmáticas y dinámicas. Se llegará a una estabilización. Cuando las principales potencias logren asegurar sus cadenas de suministro y definir sus esferas de influencia tecnológica y territorial, la volatilidad actual comenzará a asentarse en un nuevo equilibrio, aunque con fronteras comerciales y tecnológicas más marcadas.
El panorama actual es convulso porque las reglas del juego están siendo reescritas en tiempo real. La clave para naciones y empresas en los próximos años será la adaptabilidad y la resiliencia frente a un entorno donde la geopolítica primará sobre la pura eficiencia económica. En esta perspectiva, para Europa, las claves de su supervivencia y relevancia futura se reducen a algunos factores estratégicos interconectados, como el control energético y de los recursos, la innovación tecnológica y la competitividad, la cohesión geopolítica y la autonomía en defensa.
Europa lidera la regulación climática global y la adopción de energías limpias, pero carece de la mayoría de los minerales críticos (litio, cobalto, tierras raras) necesarios para construir esa infraestructura. Para no cambiar la dependencia del gas ruso por la dependencia de las cadenas de procesamiento chinas, la UE debe acelerar en Economía Circular con el reciclaje masivo, en infraestructuras europeas integradas, en la minería interna responsable y en alianzas comerciales estratégicas con América Latina y África. El modelo económico europeo está basado en la industria tradicional como la automoción y se enfrenta a una brecha creciente respecto a EE.UU. y China en inteligencia artificial, supercomputación y fabricación de semiconductores.
Para una adecuada Competitividad e Innovación Tecnológica será necesaria una fuerte inyección de política industrial comunitaria. Europa deberá no quedar relegada a ser un simple «consumidor regulado» de tecnologías ajenas, impulsando sus propios gigantes tecnológicos y protegiendo sus sectores clave frente al subsidio estatal de las dos superpotencias. En autonomía de defensa y en cohesión geopolítica la histórica dependencia del paraguas de seguridad estadounidense (OTAN) contrasta con un entorno perimetral volátil como la guerra en Ucrania o la inestabilidad en el Norte de África y Oriente Medio.
Será oportuna la creación progresiva de una verdadera industria de defensa europea integrada y una mayor rapidez en la toma de decisiones diplomáticas. Si Europa no logra hablar con una sola voz geopolítica, corre el riesgo de dividirse internamente por presiones externas. Resumiendo, Europa para no perder el rumbo en este caos debe transformar su enorme poder económico y normativo en autonomía de recursos, capacidad tecnológica y fuerza geopolítica, y tiene que hacerlo ya con urgencia.
Temas economia Europa Estados Unidos UH ABC Unión Europea comentarios Reportar un error Con GPS y asistente de voz para hablar sin móvil: el Huawei Watch GT6 aguanta 21 días sin cargar Alejandra Santisteban Guiu Héctor Latorre: «Para las mujeres, el atractivo físico no es imprescindible» Almudena Martín Pablo, cura de 29 años: «El celibato es un don que Dios te da y que hay que pedir» Almudena Martín