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Internacional
miércoles, 5 de agosto de 2026

La mercería de Los Remedios que desafía al comercio online: «Si no hubiera estado en este barrio, habría cerrado hace mucho tiempo»

Hay un rincón en la calle Asunción que lleva setenta años hilando la vida social de los vecinos de Los Remedios. Esta tarea recae en los hombros de Miguel Ángel Carmona Delgado, dueño de la mercería S

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Negocios emblemáticos de Sevilla La mercería de Los Remedios que desafía al comercio online: «Si no hubiera estado en este barrio, habría cerrado hace mucho tiempo» Miguel Ángel Carmona Delgado, de la mercería Sol y Luna, lleva las riendas de esta tienda de la calle Asunción que su madre inauguró en 1956 Regala esta noticia Añádenos en Google Miguel Ángel Carmona, en la mercería Sol y Luna. (Juan Flores) José Ángel Ríos 05/08/2026 a las 07:10h. Hay un rincón en la calle Asunción que lleva setenta años hilando la vida social de los vecinos de Los Remedios.

Esta tarea recae en los hombros de Miguel Ángel Carmona Delgado, dueño de la mercería Sol y Luna, un local que durante todas ... estas décadas ha sido testigo directo de la transformación de la zona. «Mis abuelos por parte de madre eran comerciantes de Córdoba, llegaron a Sevilla y se establecieron en la antigua calle Imagen. Como era muy estrecha, sólo cabía el tranvía, y los transeúntes se metían en los zaguanes para que no los atropellara.

Por ello, el Ayuntamiento amplió ese tramo y expropió los comercios que estaban a pie de carretera. A ellos les ofrecieron trasladar el negocio a Los Remedios y se fueron con sus hijos al número 11 de este calle», cuenta Miguel Ángel a este periódico. Mientras nos narra la historia de su familia, se intuye cierta nostalgia en el relato de este incansable vendedor, que ha visto cómo su vida se ha desarrollado de forma paralela a este negocio cuya impronta resulta inherente a tan concurrida vía.

«Mi madre empezó a trabajar en la zona. Cuando se casó, mi abuelo le ayudó a montar el negocio y luego se mudó con él aquí, al número 35, donde nací yo», explica. Pero hay una parte triste en esta historia: «Mi padre tenía esclerosis múltiple, fue perdiendo capacidades hasta que le fue imposible caminar y murió muy joven.

Yo soy el pequeño de cuatro hermanos y tenía 12 años cuando mi padre falleció. Entonces empecé a trabajar en la tienda, ayudando a mi madre en el mostrador, marcando paquetes, yendo a por pedidos y haciendo mandados, hasta que me hice cargo del negocio con 25 años». La mercería Sol y Luna siempre ha sido un punto de cohesión entre los vecinos del barrio.

«La gente conocía a mi madre de toda la vida, ella dejaba fiado, porque había cierta confianza, y luego le pagaban al mes o a los dos meses. Había un vínculo muy estrecho y el trato era diferente porque los clientes no eran desconocidos». Miguel Ángel Carmona atendiendo a una clienta en la mercería Sol y Luna. (Juan Flores) Tanto el paisaje como el paisanaje que Miguel Ángel conoció de pequeño forman ya parte del recuerdo y de la memoria colectiva del lugar.

«El barrio ha cambiado mucho durante todos estos años. A mí me contaban que desde la puerta de la tienda se veían las casas de la calle Niebla, Arcos y el inicio de Los Remedios». También lo han hecho las costumbres imperantes cuando este negocio vio la luz.

«Mi madre me sacaba con el capazo fuera del mostrador y me cogía en los brazos mientras despachaba a los clientes, vecinos y amigos. En aquella época, el negocio se llamaba Casa Maruja, por ella. De hecho, la gente más mayor todavía conoce este sitio como 'Marujita'».

Sin embargo, el punto de inflexión de la mercería Sol y Luna llegó en marzo de 1999, cuando el tráfico rodado aún circulaba por Asunción. Un accidente en el cruce con la antigua calle Turia (hoy Virgen de la Victoria) provocó que el coche saliese despedido y se empotrara contra la tienda. Tras reventar las persianas y el escaparate, destrozó el mostrador, las estanterías y las vitrinas que eran de caoba.

Aquel contratiempo tuvo lugar en la época más fuerte del año, en la primavera, con la mercancía comprada y en vísperas de Semana Santa y Feria. El seguro cubría la parte estética, pero hasta cierto punto, y la tienda tuvo que reconstruirse en aluminio. «A raíz de ahí, mi madre le cogió miedo, porque ella vivía dentro, y se fue a vivir con su hermano al número 11 de la misma calle, donde mi tío tenía la tienda anterior», nos explica.

Newsletter Pero estas adversidades no han sido un obstáculo para Miguel Ángel, un emprendedor nato que, cuando el negocio ya llevaba décadas asentado, quiso expandirlo más allá de Los Remedios. «En 2006 abrí en la esquina de la calle Silencio con Monsalves una sucursal de Sol y Luna. Estuve 5 años, luego me trasladé a un local mayor de la misma calle Monsalves en 2011.

Dirigí las dos tiendas hasta junio de 2019, un año antes de la pandemia, cuando me vencía el contrato, y lo tuve que dejar también por el alto precio de los alquileres. Después de eso, me quedé sólo con la tienda de Asunción». Interior de la mercería Sol y Luna. (Juan Flores) Preguntado por cómo Internet ha cambiado la naturaleza del negocio, este comerciante de toda la vida nos cuenta: «Mi madre y mi tío no querían saber nada de modernidades, datáfonos, ni tarjetas, pero ahora tenemos tienda online, compras a domicilio y nos hemos informatizado hasta con cuatro ordenadores en la tienda».

El tipo de producto también ha variado conforme lo han hecho las necesidades. En este sentido, subraya que «antiguamente era la típica tienda de todo: droguería, perfumería, paquetería; se vendía colonia a granel, champú por sobrecitos y se arreglaban las carreras de las medias. Ahora somos una mercería especializada en paquetería infantil, leotardos, calcetines y gorritos de la marca Cóndor.

Si no hubiera estado en este barrio, habría tenido que cerrar la tienda hace mucho tiempo, porque no hubiera podido vender esta marca y tendría más competencia. Aquí de contribución se paga el doble que en otras zonas». Otro de los aspectos que cambió el rumbo de la mercería fue la peatonalización de la calle Asunción en 2010.

«Lo sentí en mis carnes, perdí clientela que venía con el coche desde el Porvenir, Nervión y Sevilla Este. Hoy esto se ha convertido en la plaza del pueblo y ahora viene sobre todo gente de la zona en función de sus necesidades. Lo que aquí hay ahora son negocios de restauración, bares y heladerías, y eso hace que una calle comercial deje de ser atractiva para el público de fuera de Los Remedios.

Viene el que va a comer, pero no el que va a comprar. Antes había cadenas de electrodomésticos, tiendas de pintura; hoy abundan las franquicias y hay poca variedad», comenta Miguel Ángel al respecto. El turismo no ha sido en absoluto uno de los motores de cambio de la calle Asunción.

«Es nulo, porque el turismo se ha desplazado a las zonas monumentales del centro y se han perdido los sitios de comercio». Así pues, los grandes desafíos de la mercería Sol y Luna son las grandes superficies y los nuevos canales de venta online: «Los centros comerciales nos han quitado mucho, porque a las personas les pilla de paso y perdemos clientela. También ahora hay mucha gente vendiendo por redes sociales».

Pese a ello, Miguel Ángel sabe a la perfección cuál es el valor añadido de este negocio que lleva siete décadas formando parte de la esencia de Los Remedios: «Nuestro punto fuerte es la dedicación, dar un trato personalizado y llevar la tienda como antiguamente: llamamos al cliente por su nombre, sabemos explicarle las cosas si no las entiende, echamos un rato con ellos si vienen a charlar e incluso les doy un vaso de agua si tienen sed. Todo eso se ha perdido en algunos negocios nuevos que ni te miran a la cara». Aunque no todas las épocas del año generan el mismo caudal de ingresos, Miguel Ángel no pierde la ilusión por seguir manteniendo a flote este negocio que su madre puso en marcha en 1956.

«En verano la venta es prácticamente nula, porque la cosa fuerte empieza en octubre, cuando llega el frío, aunque yo tengo las bufandas compradas a principio de junio. Ahora, como el calor cada vez empieza antes y se va más tarde, estos períodos de pocas ventas se alargan más». Sobre el futuro de la empresa, Miguel Ángel lo tiene claro: «La tienda posiblemente terminará conmigo.

Mi hijo tiene 31 años y ha estudiado otra carrera». Ese es el epílogo que se vislumbra para otro de tantos negocios familiares a los que la falta de relevo generacional les echa el cierre. Pero, en cualquier caso, la mercería Sol y Luna podrá presumir siempre de haber tejido en primera persona la historia de todo un barrio.

Temas Barrios Imagen Negocios comentarios Reportar un error Negocios emblemáticos de Sevilla La mercería de Los Remedios que desafía al comercio online: «Si no hubiera estado en este barrio, habría cerrado hace mucho tiempo» Miguel Ángel Carmona Delgado, de la mercería Sol y Luna, lleva las riendas de esta tienda de la calle Asunción que su madre inauguró en 1956 Regala esta noticia Añádenos en Google Miguel Ángel Carmona, en la mercería Sol y Luna. (Juan Flores) José Ángel Ríos 05/08/2026 a las 07:10h. Hay un rincón en la calle Asunción que lleva setenta años hilando la vida social de los vecinos de Los Remedios.

Esta tarea recae en los hombros de Miguel Ángel Carmona Delgado, dueño de la mercería Sol y Luna, un local que durante todas ... estas décadas ha sido testigo directo de la transformación de la zona. «Mis abuelos por parte de madre eran comerciantes de Córdoba, llegaron a Sevilla y se establecieron en la antigua calle Imagen. Como era muy estrecha, sólo cabía el tranvía, y los transeúntes se metían en los zaguanes para que no los atropellara.

Por ello, el Ayuntamiento amplió ese tramo y expropió los comercios que estaban a pie de carretera. A ellos les ofrecieron trasladar el negocio a Los Remedios y se fueron con sus hijos al número 11 de este calle», cuenta Miguel Ángel a este periódico. Mientras nos narra la historia de su familia, se intuye cierta nostalgia en el relato de este incansable vendedor, que ha visto cómo su vida se ha desarrollado de forma paralela a este negocio cuya impronta resulta inherente a tan concurrida vía.

«Mi madre empezó a trabajar en la zona. Cuando se casó, mi abuelo le ayudó a montar el negocio y luego se mudó con él aquí, al número 35, donde nací yo», explica. Pero hay una parte triste en esta historia: «Mi padre tenía esclerosis múltiple, fue perdiendo capacidades hasta que le fue imposible caminar y murió muy joven.

Yo soy el pequeño de cuatro hermanos y tenía 12 años cuando mi padre falleció. Entonces empecé a trabajar en la tienda, ayudando a mi madre en el mostrador, marcando paquetes, yendo a por pedidos y haciendo mandados, hasta que me hice cargo del negocio con 25 años». La mercería Sol y Luna siempre ha sido un punto de cohesión entre los vecinos del barrio.

«La gente conocía a mi madre de toda la vida, ella dejaba fiado, porque había cierta confianza, y luego le pagaban al mes o a los dos meses. Había un vínculo muy estrecho y el trato era diferente porque los clientes no eran desconocidos». Miguel Ángel Carmona atendiendo a una clienta en la mercería Sol y Luna. (Juan Flores) Tanto el paisaje como el paisanaje que Miguel Ángel conoció de pequeño forman ya parte del recuerdo y de la memoria colectiva del lugar.

«El barrio ha cambiado mucho durante todos estos años. A mí me contaban que desde la puerta de la tienda se veían las casas de la calle Niebla, Arcos y el inicio de Los Remedios». También lo han hecho las costumbres imperantes cuando este negocio vio la luz.

«Mi madre me sacaba con el capazo fuera del mostrador y me cogía en los brazos mientras despachaba a los clientes, vecinos y amigos. En aquella época, el negocio se llamaba Casa Maruja, por ella. De hecho, la gente más mayor todavía conoce este sitio como 'Marujita'».

Sin embargo, el punto de inflexión de la mercería Sol y Luna llegó en marzo de 1999, cuando el tráfico rodado aún circulaba por Asunción. Un accidente en el cruce con la antigua calle Turia (hoy Virgen de la Victoria) provocó que el coche saliese despedido y se empotrara contra la tienda. Tras reventar las persianas y el escaparate, destrozó el mostrador, las estanterías y las vitrinas que eran de caoba.

Aquel contratiempo tuvo lugar en la época más fuerte del año, en la primavera, con la mercancía comprada y en vísperas de Semana Santa y Feria. El seguro cubría la parte estética, pero hasta cierto punto, y la tienda tuvo que reconstruirse en aluminio. «A raíz de ahí, mi madre le cogió miedo, porque ella vivía dentro, y se fue a vivir con su hermano al número 11 de la misma calle, donde mi tío tenía la tienda anterior», nos explica.

Newsletter Pero estas adversidades no han sido un obstáculo para Miguel Ángel, un emprendedor nato que, cuando el negocio ya llevaba décadas asentado, quiso expandirlo más allá de Los Remedios. «En 2006 abrí en la esquina de la calle Silencio con Monsalves una sucursal de Sol y Luna. Estuve 5 años, luego me trasladé a un local mayor de la misma calle Monsalves en 2011.

Dirigí las dos tiendas hasta junio de 2019, un año antes de la pandemia, cuando me vencía el contrato, y lo tuve que dejar también por el alto precio de los alquileres. Después de eso, me quedé sólo con la tienda de Asunción». Interior de la mercería Sol y Luna. (Juan Flores) Preguntado por cómo Internet ha cambiado la naturaleza del negocio, este comerciante de toda la vida nos cuenta: «Mi madre y mi tío no querían saber nada de modernidades, datáfonos, ni tarjetas, pero ahora tenemos tienda online, compras a domicilio y nos hemos informatizado hasta con cuatro ordenadores en la tienda».

El tipo de producto también ha variado conforme lo han hecho las necesidades. En este sentido, subraya que «antiguamente era la típica tienda de todo: droguería, perfumería, paquetería; se vendía colonia a granel, champú por sobrecitos y se arreglaban las carreras de las medias. Ahora somos una mercería especializada en paquetería infantil, leotardos, calcetines y gorritos de la marca Cóndor.

Si no hubiera estado en este barrio, habría tenido que cerrar la tienda hace mucho tiempo, porque no hubiera podido vender esta marca y tendría más competencia. Aquí de contribución se paga el doble que en otras zonas». Otro de los aspectos que cambió el rumbo de la mercería fue la peatonalización de la calle Asunción en 2010.

«Lo sentí en mis carnes, perdí clientela que venía con el coche desde el Porvenir, Nervión y Sevilla Este. Hoy esto se ha convertido en la plaza del pueblo y ahora viene sobre todo gente de la zona en función de sus necesidades. Lo que aquí hay ahora son negocios de restauración, bares y heladerías, y eso hace que una calle comercial deje de ser atractiva para el público de fuera de Los Remedios.

Viene el que va a comer, pero no el que va a comprar. Antes había cadenas de electrodomésticos, tiendas de pintura; hoy abundan las franquicias y hay poca variedad», comenta Miguel Ángel al respecto. El turismo no ha sido en absoluto uno de los motores de cambio de la calle Asunción.

«Es nulo, porque el turismo se ha desplazado a las zonas monumentales del centro y se han perdido los sitios de comercio». Así pues, los grandes desafíos de la mercería Sol y Luna son las grandes superficies y los nuevos canales de venta online: «Los centros comerciales nos han quitado mucho, porque a las personas les pilla de paso y perdemos clientela. También ahora hay mucha gente vendiendo por redes sociales».

Pese a ello, Miguel Ángel sabe a la perfección cuál es el valor añadido de este negocio que lleva siete décadas formando parte de la esencia de Los Remedios: «Nuestro punto fuerte es la dedicación, dar un trato personalizado y llevar la tienda como antiguamente: llamamos al cliente por su nombre, sabemos explicarle las cosas si no las entiende, echamos un rato con ellos si vienen a charlar e incluso les doy un vaso de agua si tienen sed. Todo eso se ha perdido en algunos negocios nuevos que ni te miran a la cara». Aunque no todas las épocas del año generan el mismo caudal de ingresos, Miguel Ángel no pierde la ilusión por seguir manteniendo a flote este negocio que su madre puso en marcha en 1956.

«En verano la venta es prácticamente nula, porque la cosa fuerte empieza en octubre, cuando llega el frío, aunque yo tengo las bufandas compradas a principio de junio. Ahora, como el calor cada vez empieza antes y se va más tarde, estos períodos de pocas ventas se alargan más». Sobre el futuro de la empresa, Miguel Ángel lo tiene claro: «La tienda posiblemente terminará conmigo.

Mi hijo tiene 31 años y ha estudiado otra carrera». Ese es el epílogo que se vislumbra para otro de tantos negocios familiares a los que la falta de relevo generacional les echa el cierre. Pero, en cualquier caso, la mercería Sol y Luna podrá presumir siempre de haber tejido en primera persona la historia de todo un barrio.

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Publicado por Redacción · miércoles, 5 de agosto de 2026

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