Primeros realojos mientras sigue la lucha contra el incendio de Ávila: «Te quedas para salvar lo que a la gente de tu alrededor les da la vida»
Las llamas aún siguen activas, con puntos en los que se resisten a apagarse, otros en los que se reavivan, pero también con zonas en las que lo que ya queda es el rastro de cenizas dejado por el destr
Primeros realojos mientras sigue la lucha contra el incendio de Ávila: «Te quedas para salvar lo que a la gente de tu alrededor les da la vida» La evolución «favorable» en las labores de extinción permite comenzar con la desescalada, aunque casi una decena de pueblos siguen fuera de sus casas Regala esta noticia Añádenos en Google Vecinos de Burgohondo, a su regreso este martes a su pueblo tras ser desalojados. (Ical) Alba SaavedraI e Isabel Jimeno Valladolid 28/07/2026 a las 21:24h. Las llamas aún siguen activas, con puntos en los que se resisten a apagarse, otros en los que se reavivan, pero también con zonas en las que lo que ya queda es el rastro de cenizas dejado por el destructor poder del fuego.
Y ... mientras, a cuentagotas, el alivio comenzaba a llegar este martes a la amplia extensión tomada por el incendio forestal de Burgohondo (Ávila). Todavía resta trabajo por delante para dar al menos por estabilizado el ya considerado «mayor» incendio de la historia de España, con más de 50.000 hectáreas afectadas y un perímetro que supera los 160 kilómetros. Pero al menos, una primera tanda de vecinos podían regresar, emocionados y con las lágrimas asomando a sus ojos, por la tarde a sus casas.
Las que tenía que dejar de forma más o menos acelerada, con la maleta llena con lo justo para un tiempo incierto, entre el avance de una ignición que sobre todo el sábado cogió especial virulencia y un denso humo tóxico que tenía de gris hasta cielos a más de cien kilómetros. Ya por la mañana, a la luz del día y tras otra noche de esfuerzo por parte del operativo, se lograba comprobar la evolución «bastante favorable» y augurar las primera medidas de «relajación» a las evacuaciones y confinamientos acordados desde el pasado jueves. Más de 40.000 personas, una cuarta parte de los habitantes de la Ávila, tenían que buscar acomodo en casas de familiares, amigos, otras viviendas y en los lugares habilitados para su acogida, como la Escuela de Policía de Ávila, desde donde partían también en autobús en un emocionado viaje.
Con la alegría contenida del regreso por fin, entre la tristeza del paisaje carbonizado llegaban los vecinos de Fresnilla, Burgohondo, Higuera de las Dueñas, Pedro Bernardo, así los de la zona sur de Navaluenga, localidad que nunca se llevó a evacuar por completo, pero sí confinar, situación de la que también salía. Podían volver a sus hogares en una operación de desescalada que, como se acordó la masiva evacuación, se hará con «seguridad» y, por tanto, de forma escalonada. Y es para los de Sotillo de La Adrada, La Adrada, El Hoyo de Pinares, Piedralaves, Casavieja, Mijares, Casillas, Santa María del Tiétar, Gavilanes, Villanueva de Ávila, Navahondilla y la urbanización La Atalaya (El Tiemblo) todavía impera la evacuación por un incendio que debido a la extensión, las altas temperaturas a las que se vuelve a elevar el mercurio y las que desprende.
Sofía Cuenca es una de las desalojadas de Sotillo de la Adrada que abandonó el pueblo. Lo hizo tras resistir durante las primeras horas del sábado, el día en el que se decretó la evacuación. Se encuentra en Candeleda junto a parte de su familia, desde allí relata que «al principio pensábamos que no iba a llegar al pueblo, que estaba controlado» y que «al final tratas de quedarte para salvar lo tuyo».
Por suerte, no tienen que lamentar daños materiales ni de ganado porque «tocó una vivienda en la zona de la urbanización de la Fuente de la Salud, pero fue meramente por fuera». Aun así, se aflige por las pérdidas de la naturaleza que rodea el casco urbano porque «quienes hemos nacido allí sabemos que no solo es monte, sierra, árboles. Sabemos todo lo que hay dentro».
«El tiempo en contra» Newsletter Su hermano Álvaro continúa en la zona. No ha salido de allí en ningún momento y ha formado parte de los vecinos que se han organizado para realizar labores de extinción.
«Una labor complicada ya que llevábamos días sin descanso, había mucho agotamiento y teníamos el tiempo en nuestra contra». En los momentos de mayor tensión su único objetivo era «intentar salvar lo que a la gente de tu alrededor les da la vida». Varias de las tareas que se llevaron a cabo fueron «cortar árboles para hacer cortafuegos, apartarlo, refrescar» porque lo «único seguro era el centro del pueblo, el cual ha estado rodeado por los costados», advierten.
Kevin Alonso es ganadero y tiene a su cargo una explotación que cuenta con «600 cabras adultas, 350 chivas de recría y más de 400 chivos que tienen como finalidad la alimentación», enumera. Sus animales, aunque hayan temido por ellos y tuviese que «abandonarlas hasta en dos ocasiones» e irse al pueblo a la «espera de que pasara el fuego para volver», han resultado esenciales para darle oxígeno a Sotillo de la Adrada, porque gracias a ellos «el fuego no ha llegado porque comieron el pasto». Vecinos de Sotillo de la Adrada que han resistido dentro del pueblo pese a la evacuación para luchar contra las llamas.
Buitre en el Valle de Iruelas, calcinado y que acoge una de las mayores reservas de la rapaz. Abajo, incendio con más desalojados en la provincia de León.. (ABC/EFE) Una de las localizaciones donde más se ha notado el paso de la ganadería es el Cerro Pinosa, ya que sus cabras «han estado pastando siempre por allí», lo que ha hecho que «solo se haya quemado casi por la zona baja». Tras unas duras jornadas él transmite que «tienen muchas ganas de que esto termine porque parece una pesadilla».
Una de las encargadas estos días en intentar hacer sentir la mayor «tranquilidad posible» a la población que está fuera de sus hogares ha sido Ana Cuerva, quien hace llegar constantemente «información real de todo lo que ocurre». Ella también recalca que «tiene esperanza» y que «van a tener más fuerza que nunca, especialmente ahora que ya ha pasado casi todo». Y mientras en algunos pueblos de Ávila empiezan a volver a sus casas, en León saltaban de nuevo las alertas.
De nuevo el humo, las llamas... las evacuaciones y el confinamiento. Cerca de donde hace unos días arrancaba el incendio de Murias de Ponjos, ya estabilizado y que también obligaba a los desalojos, otro declarado en La Utrera también motivaba la salida de sus casas en este pueblo, así como en el barrio de La Velilla, en el municipio de Valdesamario. Así como el confinamiento de los barrios de La Garandilla y el Castro.
Temas Incendios Incendios forestales León (Provincia) Castilla y León Ávila (Provincia) comentarios Reportar un error Primeros realojos mientras sigue la lucha contra el incendio de Ávila: «Te quedas para salvar lo que a la gente de tu alrededor les da la vida» La evolución «favorable» en las labores de extinción permite comenzar con la desescalada, aunque casi una decena de pueblos siguen fuera de sus casas Regala esta noticia Añádenos en Google Vecinos de Burgohondo, a su regreso este martes a su pueblo tras ser desalojados. (Ical) Alba SaavedraI e Isabel Jimeno Valladolid 28/07/2026 a las 21:24h. Las llamas aún siguen activas, con puntos en los que se resisten a apagarse, otros en los que se reavivan, pero también con zonas en las que lo que ya queda es el rastro de cenizas dejado por el destructor poder del fuego.
Y ... mientras, a cuentagotas, el alivio comenzaba a llegar este martes a la amplia extensión tomada por el incendio forestal de Burgohondo (Ávila). Todavía resta trabajo por delante para dar al menos por estabilizado el ya considerado «mayor» incendio de la historia de España, con más de 50.000 hectáreas afectadas y un perímetro que supera los 160 kilómetros. Pero al menos, una primera tanda de vecinos podían regresar, emocionados y con las lágrimas asomando a sus ojos, por la tarde a sus casas.
Las que tenía que dejar de forma más o menos acelerada, con la maleta llena con lo justo para un tiempo incierto, entre el avance de una ignición que sobre todo el sábado cogió especial virulencia y un denso humo tóxico que tenía de gris hasta cielos a más de cien kilómetros. Ya por la mañana, a la luz del día y tras otra noche de esfuerzo por parte del operativo, se lograba comprobar la evolución «bastante favorable» y augurar las primera medidas de «relajación» a las evacuaciones y confinamientos acordados desde el pasado jueves. Más de 40.000 personas, una cuarta parte de los habitantes de la Ávila, tenían que buscar acomodo en casas de familiares, amigos, otras viviendas y en los lugares habilitados para su acogida, como la Escuela de Policía de Ávila, desde donde partían también en autobús en un emocionado viaje.
Con la alegría contenida del regreso por fin, entre la tristeza del paisaje carbonizado llegaban los vecinos de Fresnilla, Burgohondo, Higuera de las Dueñas, Pedro Bernardo, así los de la zona sur de Navaluenga, localidad que nunca se llevó a evacuar por completo, pero sí confinar, situación de la que también salía. Podían volver a sus hogares en una operación de desescalada que, como se acordó la masiva evacuación, se hará con «seguridad» y, por tanto, de forma escalonada. Y es para los de Sotillo de La Adrada, La Adrada, El Hoyo de Pinares, Piedralaves, Casavieja, Mijares, Casillas, Santa María del Tiétar, Gavilanes, Villanueva de Ávila, Navahondilla y la urbanización La Atalaya (El Tiemblo) todavía impera la evacuación por un incendio que debido a la extensión, las altas temperaturas a las que se vuelve a elevar el mercurio y las que desprende.
Sofía Cuenca es una de las desalojadas de Sotillo de la Adrada que abandonó el pueblo. Lo hizo tras resistir durante las primeras horas del sábado, el día en el que se decretó la evacuación. Se encuentra en Candeleda junto a parte de su familia, desde allí relata que «al principio pensábamos que no iba a llegar al pueblo, que estaba controlado» y que «al final tratas de quedarte para salvar lo tuyo».
Por suerte, no tienen que lamentar daños materiales ni de ganado porque «tocó una vivienda en la zona de la urbanización de la Fuente de la Salud, pero fue meramente por fuera». Aun así, se aflige por las pérdidas de la naturaleza que rodea el casco urbano porque «quienes hemos nacido allí sabemos que no solo es monte, sierra, árboles. Sabemos todo lo que hay dentro».
«El tiempo en contra» Newsletter Su hermano Álvaro continúa en la zona. No ha salido de allí en ningún momento y ha formado parte de los vecinos que se han organizado para realizar labores de extinción.
«Una labor complicada ya que llevábamos días sin descanso, había mucho agotamiento y teníamos el tiempo en nuestra contra». En los momentos de mayor tensión su único objetivo era «intentar salvar lo que a la gente de tu alrededor les da la vida». Varias de las tareas que se llevaron a cabo fueron «cortar árboles para hacer cortafuegos, apartarlo, refrescar» porque lo «único seguro era el centro del pueblo, el cual ha estado rodeado por los costados», advierten.
Kevin Alonso es ganadero y tiene a su cargo una explotación que cuenta con «600 cabras adultas, 350 chivas de recría y más de 400 chivos que tienen como finalidad la alimentación», enumera. Sus animales, aunque hayan temido por ellos y tuviese que «abandonarlas hasta en dos ocasiones» e irse al pueblo a la «espera de que pasara el fuego para volver», han resultado esenciales para darle oxígeno a Sotillo de la Adrada, porque gracias a ellos «el fuego no ha llegado porque comieron el pasto». Vecinos de Sotillo de la Adrada que han resistido dentro del pueblo pese a la evacuación para luchar contra las llamas.
Buitre en el Valle de Iruelas, calcinado y que acoge una de las mayores reservas de la rapaz. Abajo, incendio con más desalojados en la provincia de León.. (ABC/EFE) Una de las localizaciones donde más se ha notado el paso de la ganadería es el Cerro Pinosa, ya que sus cabras «han estado pastando siempre por allí», lo que ha hecho que «solo se haya quemado casi por la zona baja». Tras unas duras jornadas él transmite que «tienen muchas ganas de que esto termine porque parece una pesadilla».
Una de las encargadas estos días en intentar hacer sentir la mayor «tranquilidad posible» a la población que está fuera de sus hogares ha sido Ana Cuerva, quien hace llegar constantemente «información real de todo lo que ocurre». Ella también recalca que «tiene esperanza» y que «van a tener más fuerza que nunca, especialmente ahora que ya ha pasado casi todo». Y mientras en algunos pueblos de Ávila empiezan a volver a sus casas, en León saltaban de nuevo las alertas.
De nuevo el humo, las llamas... las evacuaciones y el confinamiento. Cerca de donde hace unos días arrancaba el incendio de Murias de Ponjos, ya estabilizado y que también obligaba a los desalojos, otro declarado en La Utrera también motivaba la salida de sus casas en este pueblo, así como en el barrio de La Velilla, en el municipio de Valdesamario. Así como el confinamiento de los barrios de La Garandilla y el Castro.
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