← Volver a la portada
Internacional
lunes, 3 de agosto de 2026

La pionera del autismo alerta de una ola de sobrediagnósticos: «Hoy cualquier persona puede serlo»

De la mano de la neurocientífica Uta Frith y de la de sus colaboradores nacieron, en las décadas de los setenta y ochenta, las teorías pioneras sobre el autismo, aquellas que contribuyeron a dotar a e

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

La pionera del autismo alerta de una ola de sobrediagnósticos: «Hoy cualquier persona puede serlo» La neurocientífica alemana Uta Frith cree que el concepto de espectro autista corre el riesgo de «no significar nada», tras multiplicarse los casos por cuarenta desde los años sesenta Regala esta noticia Añádenos en Google Uta Frith, pionera en los estudios del autismo, en una imagen de hace unos años. (University of Bath) Antonio Villarreal 04/08/2026 a las 01:00h. De la mano de la neurocientífica Uta Frith y de la de sus colaboradores nacieron, en las décadas de los setenta y ochenta, las teorías pioneras sobre el autismo, aquellas que contribuyeron a dotar a este trastorno de bases y patrones.

Por ejemplo, la ... hipótesis de la alteración en la «Teoría de la Mente», por la dificultad para inferir los pensamientos e intenciones de los demás, o la «coherencia central débil», que explica por qué el procesamiento cognitivo de estas personas tiende a hiperfocalizarse en los detalles antes que en el contexto general. Sin embargo, la investigadora alemana, galardonada con el título de Dama del Imperio Británico por sus aportaciones a la ciencia clínica, observa hoy con inquietud el escenario actual: el concepto de autismo ha cambiado tanto que corre el riesgo de no significar nada. En un artículo de opinión publicado en la revista científica 'Psychological Medicine', Frith, profesora emérita del Instituto de Neurología del University College de Londres (UCL), defiende que la etiqueta actual de Trastorno del Espectro Autista (TEA) se ha convertido en una categoría tan inusualmente amplia que genera confusión diagnóstica y puede estar derivando en una ola de sobrediagnósticos.

Noticia relacionada ¿Puede el autismo 'contagiarse' dentro de una familia? La ciencia responde Soledad Barbacil «El autismo no siempre se definió de esta manera, como una especie de cajón de sastre para una enorme variedad de afecciones», argumenta la investigadora. «Cuando se identificó por primera vez en la década de 1940, se refería a un pequeño grupo de niños con dificultades severas en la interacción social, la comunicación y el comportamiento.

Con el tiempo, la definición se ha ido ampliando para incluir a personas con rasgos mucho más leves y sin ningún tipo de problema de lenguaje o de aprendizaje. Hoy en día, cualquier persona, de cualquier edad o nivel de inteligencia, puede ser diagnosticada si cumple ciertos criterios». Las cifras respaldan su observación.

En el Reino Unido de los años sesenta, apenas se diagnosticaban 4 casos por cada 10.000 niños. En la actualidad, la proporción se sitúa en torno a 1 de cada 57 escolares, lo que representa un incremento superior al 4000%. Esta explosión de casos no responde únicamente a una mejor detección médica.

«El autismo no siempre se definió de esta manera, como una especie de cajón de sastre para una enorme variedad de afecciones» Uta Frith University College London Frith señala una combinación de factores que van desde una mayor concienciación social y la reducción del estigma hasta la influencia del autodiagnóstico en redes sociales y un cambio cultural que tiende a explicar los problemas o fricciones de la vida cotidiana mediante etiquetas médicas. Dos realidades clínicas muy distintas El punto central del análisis de Frith radica en que los datos científicos más recientes muestran diferencias sustanciales entre dos perfiles diagnósticos claramente diferenciables: los pacientes identificados en la infancia temprana y aquellos que reciben la etiqueta en la adolescencia o la edad adulta.

El primer grupo suele presentar signos inequívocos desde los primeros años de vida, acompañados con frecuencia de dificultades en el desarrollo del lenguaje o la capacidad cognitiva. En cambio, los diagnósticos tardíos suelen darse en personas con inteligencia media o superior a la media, en las que el autismo convive a menudo con cuadros de ansiedad, depresión o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Algunos estudios genéticos incipientes sugieren incluso que los patrones genéticos de ambos colectivos presentan divergencias, lo que abre la puerta a la hipótesis de que no se trate del mismo trastorno bajo distintos grados de severidad, sino de condiciones biológicas diferentes.

Esta falta de diferenciación entraña riesgos directos para la práctica clínica. Al no existir un marcador biológico o prueba de laboratorio para el autismo, el diagnóstico descansa enteramente en la evaluación subjetiva y en lo que el paciente relata sobre sí mismo. Conceptos en auge como el «enmascaramiento» —la capacidad de disimular u ocultar las dificultades sociales— han ampliado aún más el abanico, haciendo que las fronteras diagnósticas resulten cada vez más difusas.

«Esto es importante porque un diagnóstico determina el tratamiento, la identidad y los apoyos que recibe una persona. Una etiqueta equivocada puede llevar a una ayuda inadecuada o, directamente, a no recibir ninguna ayuda», advierte la profesora emérita del UCL. Entre la cultura pop y la precisión médica La transformación del término también ha traspasado las paredes de los hospitales para instalarse en la cultura popular.

Comunidades en línea, cine y redes sociales han divulgado la experiencia del espectro, pero al mismo tiempo han propagado ideas simplificadas o erróneas. Paralelamente, el movimiento por la neurodiversidad ha impulsado una visión del trastorno basada en la diferencia y no en el déficit. La transformación del término también ha traspasado las paredes de los hospitales para instalarse en la cultura popular Frith reconoce el valor de este enfoque para erradicar prejuicios, pero advierte de la paradoja que supone: si el autismo se concibe únicamente como una forma distinta de ser y no como un trastorno, la propia necesidad de una diagnosis médica pierde su sentido originario.

Ante este panorama, la científica apela a la comunidad médica y académica para llevar a cabo una revisión profunda de las guías clínicas. La propuesta no pasa por desatender a quienes buscan respuestas a sus dificultades, sino por abandonar la idea de un «espectro» único e indiferenciado a favor de subgrupos mucho más definidos y delimitados. Esto permitiría priorizar los recursos asistenciales en las personas con necesidades más complejas y garantizar que quienes presentan otros condicionantes reciban el abordaje terapéutico adecuado a su situación.

«Ha llegado el momento de examinar si el espectro del autismo se ha vuelto demasiado amplio» Uta Frith University College London «Ha llegado el momento de examinar si el espectro del autismo se ha vuelto demasiado amplio. Sin una mayor precisión, corremos el riesgo de malinterpretar las necesidades de las personas y de orientar mal la atención médica», concluye Frith.

Temas Redes sociales Niños TDAH Autismo Trastorno comentarios Reportar un error La pionera del autismo alerta de una ola de sobrediagnósticos: «Hoy cualquier persona puede serlo» La neurocientífica alemana Uta Frith cree que el concepto de espectro autista corre el riesgo de «no significar nada», tras multiplicarse los casos por cuarenta desde los años sesenta Regala esta noticia Añádenos en Google Uta Frith, pionera en los estudios del autismo, en una imagen de hace unos años. (University of Bath) Antonio Villarreal 04/08/2026 a las 01:00h. De la mano de la neurocientífica Uta Frith y de la de sus colaboradores nacieron, en las décadas de los setenta y ochenta, las teorías pioneras sobre el autismo, aquellas que contribuyeron a dotar a este trastorno de bases y patrones.

Por ejemplo, la ... hipótesis de la alteración en la «Teoría de la Mente», por la dificultad para inferir los pensamientos e intenciones de los demás, o la «coherencia central débil», que explica por qué el procesamiento cognitivo de estas personas tiende a hiperfocalizarse en los detalles antes que en el contexto general. Sin embargo, la investigadora alemana, galardonada con el título de Dama del Imperio Británico por sus aportaciones a la ciencia clínica, observa hoy con inquietud el escenario actual: el concepto de autismo ha cambiado tanto que corre el riesgo de no significar nada. En un artículo de opinión publicado en la revista científica 'Psychological Medicine', Frith, profesora emérita del Instituto de Neurología del University College de Londres (UCL), defiende que la etiqueta actual de Trastorno del Espectro Autista (TEA) se ha convertido en una categoría tan inusualmente amplia que genera confusión diagnóstica y puede estar derivando en una ola de sobrediagnósticos.

Noticia relacionada ¿Puede el autismo 'contagiarse' dentro de una familia? La ciencia responde Soledad Barbacil «El autismo no siempre se definió de esta manera, como una especie de cajón de sastre para una enorme variedad de afecciones», argumenta la investigadora. «Cuando se identificó por primera vez en la década de 1940, se refería a un pequeño grupo de niños con dificultades severas en la interacción social, la comunicación y el comportamiento.

Con el tiempo, la definición se ha ido ampliando para incluir a personas con rasgos mucho más leves y sin ningún tipo de problema de lenguaje o de aprendizaje. Hoy en día, cualquier persona, de cualquier edad o nivel de inteligencia, puede ser diagnosticada si cumple ciertos criterios». Las cifras respaldan su observación.

En el Reino Unido de los años sesenta, apenas se diagnosticaban 4 casos por cada 10.000 niños. En la actualidad, la proporción se sitúa en torno a 1 de cada 57 escolares, lo que representa un incremento superior al 4000%. Esta explosión de casos no responde únicamente a una mejor detección médica.

«El autismo no siempre se definió de esta manera, como una especie de cajón de sastre para una enorme variedad de afecciones» Uta Frith University College London Frith señala una combinación de factores que van desde una mayor concienciación social y la reducción del estigma hasta la influencia del autodiagnóstico en redes sociales y un cambio cultural que tiende a explicar los problemas o fricciones de la vida cotidiana mediante etiquetas médicas. Dos realidades clínicas muy distintas El punto central del análisis de Frith radica en que los datos científicos más recientes muestran diferencias sustanciales entre dos perfiles diagnósticos claramente diferenciables: los pacientes identificados en la infancia temprana y aquellos que reciben la etiqueta en la adolescencia o la edad adulta.

El primer grupo suele presentar signos inequívocos desde los primeros años de vida, acompañados con frecuencia de dificultades en el desarrollo del lenguaje o la capacidad cognitiva. En cambio, los diagnósticos tardíos suelen darse en personas con inteligencia media o superior a la media, en las que el autismo convive a menudo con cuadros de ansiedad, depresión o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Algunos estudios genéticos incipientes sugieren incluso que los patrones genéticos de ambos colectivos presentan divergencias, lo que abre la puerta a la hipótesis de que no se trate del mismo trastorno bajo distintos grados de severidad, sino de condiciones biológicas diferentes.

Esta falta de diferenciación entraña riesgos directos para la práctica clínica. Al no existir un marcador biológico o prueba de laboratorio para el autismo, el diagnóstico descansa enteramente en la evaluación subjetiva y en lo que el paciente relata sobre sí mismo. Conceptos en auge como el «enmascaramiento» —la capacidad de disimular u ocultar las dificultades sociales— han ampliado aún más el abanico, haciendo que las fronteras diagnósticas resulten cada vez más difusas.

«Esto es importante porque un diagnóstico determina el tratamiento, la identidad y los apoyos que recibe una persona. Una etiqueta equivocada puede llevar a una ayuda inadecuada o, directamente, a no recibir ninguna ayuda», advierte la profesora emérita del UCL. Entre la cultura pop y la precisión médica La transformación del término también ha traspasado las paredes de los hospitales para instalarse en la cultura popular.

Comunidades en línea, cine y redes sociales han divulgado la experiencia del espectro, pero al mismo tiempo han propagado ideas simplificadas o erróneas. Paralelamente, el movimiento por la neurodiversidad ha impulsado una visión del trastorno basada en la diferencia y no en el déficit. La transformación del término también ha traspasado las paredes de los hospitales para instalarse en la cultura popular Frith reconoce el valor de este enfoque para erradicar prejuicios, pero advierte de la paradoja que supone: si el autismo se concibe únicamente como una forma distinta de ser y no como un trastorno, la propia necesidad de una diagnosis médica pierde su sentido originario.

Ante este panorama, la científica apela a la comunidad médica y académica para llevar a cabo una revisión profunda de las guías clínicas. La propuesta no pasa por desatender a quienes buscan respuestas a sus dificultades, sino por abandonar la idea de un «espectro» único e indiferenciado a favor de subgrupos mucho más definidos y delimitados. Esto permitiría priorizar los recursos asistenciales en las personas con necesidades más complejas y garantizar que quienes presentan otros condicionantes reciban el abordaje terapéutico adecuado a su situación.

«Ha llegado el momento de examinar si el espectro del autismo se ha vuelto demasiado amplio» Uta Frith University College London «Ha llegado el momento de examinar si el espectro del autismo se ha vuelto demasiado amplio. Sin una mayor precisión, corremos el riesgo de malinterpretar las necesidades de las personas y de orientar mal la atención médica», concluye Frith.

Temas Redes sociales Niños TDAH Autismo Trastorno comentarios Reportar un error ¿Puede el autismo 'contagiarse' dentro de una familia? La ciencia responde Soledad Barbacil Freidora de aire, heladera y ventilador: mis 3 imprescindibles de SharkNinja para el verano Alejandra Santisteban Guiu Jordi Cruz, sobre sus inicios en televisión: «Tuve dos años que viví la noche en Madrid. Probé cosas, pero no me sentaron bien»

Francisco J. Jurado David Céspedes, experto en longevidad: «No existe evidencia científica de que los huevos aumenten el colesterol»

Publicado por Redacción · lunes, 3 de agosto de 2026

ReversoDigital — Pensamiento crítico, anti‑propaganda.

← Ver más noticias
La pionera del autismo alerta de una ola de sobrediagnósticos: «Hoy cualquier persona puede serlo» · ReversoDigital