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Internacional
jueves, 17 de septiembre de 2026

Vladímir Sorokin: «La Europa ilustrada no dejará los museos en manos de los idiotas»

Vladimir Sorokin (Bykovo, 1955), el gran escritor ruso, estará unas semanas en Madrid invitado por el programa ' Escribir el Prado ' del Museo Nacional del Prado. Autor de libros deslumbrantes, como '

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Vladímir Sorokin: «La Europa ilustrada no dejará los museos en manos de los idiotas» El gran escritor ruso conversa con su traductor para ABC en su estancia en Madrid invitado para 'Escribir el Prado', donde hoy ofrecerá sus reflexiones sobre la experiencia Regala esta noticia Añádenos en Google Vladimir Sorokin, en el Museo del Prado. (MDP) Jorge Ferrer 2023 17/09/2026 Actualizado a las 13:08h. Vladimir Sorokin (Bykovo, 1955), el gran escritor ruso, estará unas semanas en Madrid invitado por el programa 'Escribir el Prado' del Museo Nacional del Prado.

Autor de libros deslumbrantes, como 'El día del Oprichnik' y 'La ventisca', Sorokin es un visionario y un ... escritor de culto en Rusia. Esta es su primera visita a Madrid. El traductor de sus últimos libros, en Acantilado, ha conversado con él para ABC.

Supongo que el joven Vladimir que se forjó en los ambientes underground del arte en el Moscú de los ochenta entró con usted al Museo del Prado, que ahora es su casa. ¿Se dijeron algo uno al otro al entrar? En efecto, el niño que fui también entró al Prado.

Con nueve años comencé a estudiar en los talleres del Museo Pushkin, en Moscú, de modo que desde niño sé lo que es un museo de arte, conozco el olor de los museos, los sonidos que produce, a la gente que mira los cuadros. Y ahora ese niño, Volodia, me dijo cuando entramos al Prado: «Fíjate: ya estás de nuevo en casa». Noticia relacionada Zurbarán triunfa en Londres con una exposición que ya va camino de París Cristina Rubio Ciertamente, una residencia prevista para escritores, y por la que han pasado grandes nombres de la literatura de estos años (Tokarzcuk, Coetzee, Banville), trae ahora a un gran escritor ruso, que es, además, un pintor con una carrera consolidada.

Y un pintor en activo. ¿Cómo se lo toma? Me lo tomo magníficamente.

Adoro los museos de arte, y adoro el arte en general. Miro un cuadro y entiendo cómo lo pintaron, qué colores y qué pinceles utilizaron. Pero esta es la primera vez que visito el Museo del Prado y la primera vez que vengo a Madrid, de modo que esta residencia resulta un regalo muy especial para mí y para Irina, mi mujer.

El Prado es un museo único, porque, a diferencia del Louvre o el Hermitage, tiene una escala humana y se lo puede recorrer en un día. También la concentración de obras maestras que posee es única. De modo que el placer de estar aquí es enorme.

Tendré mucho de lo que escribir. «A Irina y a mí nos gusta mucho Madrid, una ciudad con tanta dignidad, con tal voluntad de estilo. A diferencia de lo que sucede en Londres, no se percibe arrogancia»

Vladímir Sorokin escritor En ese juego de dobles, ¿quién está más tiempo en el Prado, el escritor o el pintor? Ahora que puede pasearse a su antojo por las salas, ¿le dan más ganas de tomar notas para un libro o de tomar apuntes sentado frente a 'Las meninas'? ¿Ha hecho alguna de esas dos cosas ya?

Newsletter Vivimos tiempos en los que las reproducciones no ceden en presencia a los originales: ¡ya lo hemos visto todo! De ahí que el encuentro con los originales sea una suerte de encuentro con alguien de quien has escuchado historias extraordinarias toda la vida y ahora de pronto lo tienes delante, ¡y se ve la mar de joven! Parece un milagro. 'Las meninas' es un cuadro especial y no en balde tantos filósofos y escritores han escrito sobre él.

Para mí es como tener la posibilidad de mirar a la gente de aquel siglo desde el otro lado del espejo y hasta de percibir el olor del aire que respiran, aquel aire del que escribió Dalí. Siempre adoré el perro de ese cuadro, porque demuestra, una vez más, que los animales habitan otra dimensión del tiempo: colocándolo en un primer plano, Velázquez lo supo mostrar de una manera genial. A diferencia de los humanos, el perro no mira al espejo, no necesita hacerlo, porque, a diferencia de todos nosotros, nunca se ha apartado de Dios, no ha sido expulsado del paraíso: no necesita reflejos, representaciones.

El Prado ha sido un museo adorado por muchos escritores rusos a lo largo de los años. Desde Maksimilian Voloshin a Ilyá Ehrenburg. El primero, fascinado por Zurbarán y El Greco; el segundo fue testigo de la evacuación del museo durante la Guerra Civil.

También está aquel célebre poema de Konstantín Balmont en el que compra la idea de que El Greco perdió la razón. ¿Tiene presente esa tradición rusa cuando piensa en El Prado o todo eso ya ha quedado muy atrás? Siempre me he guiado por mis propias sensaciones, por mi intuición.

Las miradas ajenas tienen algún interés, sí, pero nada más que eso. Sobre todo, porque no todos los escritores y poetas han sabido pintar al óleo. Voloshin pintaba acuarelas y le encantaba el proceso.

Pero en la poesía rusa ha habido siempre más música, que expresividad pictórica. Todo Pushkin, por ejemplo, reposa en la entonación, en la música del verso. Por eso resulta imposible traducirlo a otras lenguas.

Rusia es el país de los sentidos y la música de la ventisca. No es país que se exprese en la pintura. El retrato de la vida rusa es bastante sombrío.

No en vano Chéjov compuso un canto al otoño. Aunque es cierto que también en un campo cubierto de nieve hay cierto encanto, pero uno que solo comprendemos los rusos. Es por eso que Rusia solo entró a la pintura universal por medio de la vanguardia de principios del s.

XX, mientras que su pintura clásica es bastante provinciana. Por cierto, Dalí observó que los rusos utilizan mucho el color azul, porque sus vidas están llenas de nieve. ¡Una observación muy precisa!

«Me pediría dormir junto a 'El Jardín de las delicias' de El Bosco, cuyas imágenes amo desde niño» Vladímir Sorokin escritor El acceso que tiene ahora al Museo es mucho mayor que el de un mero visitante. Puede entrar a la cocina (los talleres de restauración) y a las bóvedas donde se guardan tesoros que uno imagina incalculables.

¿Cuáles son sus predilecciones? ¿Algo lo ha sorprendido ya? Son muchas las cosas que me han sorprendido.

La manera en que se conservan y se restauran los cuadros, cómo se fabrican los bastidores y los marcos para los viejos lienzos. Y, sobre todo, la gente culta que trabaja en el Museo, gente que ama su trabajo y se lo toma como un servicio a algo de lo que ya no hay en este mundo que habitamos hoy. Ellos han compartido conmigo ese sentimiento tan singular que los inspira.

El Prado es un lugar de veras especial. Por cierto, ¿ha pedido que lo dejen quedarse una noche a dormir? ¿Dónde echaría el colchón?

Me pediría dormir en el jardín de las delicias de El Bosco, cuyas imágenes amo desde niño. Los museos como institución se han visto retados estos últimos años. Su función y su mera existencia como guardianes del arte y la tradición son llamados a mutar.

El debate es feroz y apunta a una idea de la cultura y la memoria. También a una noción del poder clasificatorio que ejercen las instituciones y la tradición sobre la cultura. ¿Cuál es su posición al respecto?

¿Le gustan los museos? ¿Ha cambiado su relación con ellos a lo largo de los años? Insisto: yo amo los museos de arte.

Como amo también el arte del siglo XX. Y lo conozco. Concibo los museos como lagunas en el tiempo, portales por los que la gente puede viajar al pasado pagando un precio simbólico, respirar el aire de tiempos ya idos, sentir el rumor de aquellos tiempos.

Afortunadamente, entonces no existían cámaras fotográficas y los hombres aplicaban pintura a los lienzos, mientras hablaban en las lenguas del pasado. La pintura consiguió fijar esas sutiles vibraciones. Y hay que saber percibirlas cuando se mira a los cuadros.

Es cierto que la estupidez de los políticos está cobrando impulso en todas partes, pero tengo la certeza de que la Europa ilustrada no dejará los museos en manos de los idiotas. «No tiene ningún sentido intentar adivinar su futuro. Lo que sí quiero con todas mis fuerzas es que la terrible guerra con Ucrania acabe lo antes posible»

Vladímir Sorokin escritor En Moscú, por cierto, donde hoy se reescribe la historia y no solo la del arte, el Museo del Gulag ha sido resemantizado en favor de una relativización del peso de la represión estalinista. ¿Qué le espera a Rusia? Si es que algo que pueda ser nombrado hoy la espera… No sé qué le espera a Rusia, un país que ha entrado en una zona donde todo es absolutamente impredecible.

Ahora ya no tiene ningún sentido intentar adivinar su futuro. Lo que sí quiero con todas mis fuerzas es que la terrible guerra con Ucrania acabe lo antes posible. Su obra, Vladimir, toma a veces los tintes de una distopía en la que Rusia parece un divertido, pero también monstruoso, artefacto hiperreal.

Así sucede en 'El Kremlin de azúcar' y 'La ventisca', por ejemplo. Ahora, después de esta residencia en El Prado le tocará escribir un texto en el que aparecerá Madrid. ¡Como su lector y traductor ya me estoy frotando las manos!

¡Ya tengo muchas cosas que decir sobre El Prado, Jorge! Ya he sentido su aire, su espacio. A Madrid solo comienzo a percibirlo.

Y a Irina y a mí nos está gustando mucho, una ciudad con tanta dignidad, con tal voluntad de estilo. Aquí, a diferencia de lo que sucede en Londres, no se percibe arrogancia. Temas Literatura Guerra en Ucrania Artistas Libros Museos Rusia Escritores Museo Nacional del Prado Arte comentarios Reportar un error Vladímir Sorokin: «La Europa ilustrada no dejará los museos en manos de los idiotas»

El gran escritor ruso conversa con su traductor para ABC en su estancia en Madrid invitado para 'Escribir el Prado', donde hoy ofrecerá sus reflexiones sobre la experiencia Regala esta noticia Añádenos en Google Vladimir Sorokin, en el Museo del Prado. (MDP) Jorge Ferrer 2023 17/09/2026 Actualizado a las 13:08h. Vladimir Sorokin (Bykovo, 1955), el gran escritor ruso, estará unas semanas en Madrid invitado por el programa 'Escribir el Prado' del Museo Nacional del Prado. Autor de libros deslumbrantes, como 'El día del Oprichnik' y 'La ventisca', Sorokin es un visionario y un ... escritor de culto en Rusia.

Esta es su primera visita a Madrid. El traductor de sus últimos libros, en Acantilado, ha conversado con él para ABC. Supongo que el joven Vladimir que se forjó en los ambientes underground del arte en el Moscú de los ochenta entró con usted al Museo del Prado, que ahora es su casa.

¿Se dijeron algo uno al otro al entrar? En efecto, el niño que fui también entró al Prado. Con nueve años comencé a estudiar en los talleres del Museo Pushkin, en Moscú, de modo que desde niño sé lo que es un museo de arte, conozco el olor de los museos, los sonidos que produce, a la gente que mira los cuadros.

Y ahora ese niño, Volodia, me dijo cuando entramos al Prado: «Fíjate: ya estás de nuevo en casa». Noticia relacionada Zurbarán triunfa en Londres con una exposición que ya va camino de París Cristina Rubio Ciertamente, una residencia prevista para escritores, y por la que han pasado grandes nombres de la literatura de estos años (Tokarzcuk, Coetzee, Banville), trae ahora a un gran escritor ruso, que es, además, un pintor con una carrera consolidada. Y un pintor en activo.

¿Cómo se lo toma? Me lo tomo magníficamente. Adoro los museos de arte, y adoro el arte en general.

Miro un cuadro y entiendo cómo lo pintaron, qué colores y qué pinceles utilizaron. Pero esta es la primera vez que visito el Museo del Prado y la primera vez que vengo a Madrid, de modo que esta residencia resulta un regalo muy especial para mí y para Irina, mi mujer. El Prado es un museo único, porque, a diferencia del Louvre o el Hermitage, tiene una escala humana y se lo puede recorrer en un día.

También la concentración de obras maestras que posee es única. De modo que el placer de estar aquí es enorme. Tendré mucho de lo que escribir.

«A Irina y a mí nos gusta mucho Madrid, una ciudad con tanta dignidad, con tal voluntad de estilo. A diferencia de lo que sucede en Londres, no se percibe arrogancia» Vladímir Sorokin escritor En ese juego de dobles, ¿quién está más tiempo en el Prado, el escritor o el pintor?

Ahora que puede pasearse a su antojo por las salas, ¿le dan más ganas de tomar notas para un libro o de tomar apuntes sentado frente a 'Las meninas'? ¿Ha hecho alguna de esas dos cosas ya? Newsletter Vivimos tiempos en los que las reproducciones no ceden en presencia a los originales: ¡ya lo hemos visto todo!

De ahí que el encuentro con los originales sea una suerte de encuentro con alguien de quien has escuchado historias extraordinarias toda la vida y ahora de pronto lo tienes delante, ¡y se ve la mar de joven! Parece un milagro. 'Las meninas' es un cuadro especial y no en balde tantos filósofos y escritores han escrito sobre él. Para mí es como tener la posibilidad de mirar a la gente de aquel siglo desde el otro lado del espejo y hasta de percibir el olor del aire que respiran, aquel aire del que escribió Dalí.

Siempre adoré el perro de ese cuadro, porque demuestra, una vez más, que los animales habitan otra dimensión del tiempo: colocándolo en un primer plano, Velázquez lo supo mostrar de una manera genial. A diferencia de los humanos, el perro no mira al espejo, no necesita hacerlo, porque, a diferencia de todos nosotros, nunca se ha apartado de Dios, no ha sido expulsado del paraíso: no necesita reflejos, representaciones. El Prado ha sido un museo adorado por muchos escritores rusos a lo largo de los años.

Desde Maksimilian Voloshin a Ilyá Ehrenburg. El primero, fascinado por Zurbarán y El Greco; el segundo fue testigo de la evacuación del museo durante la Guerra Civil. También está aquel célebre poema de Konstantín Balmont en el que compra la idea de que El Greco perdió la razón.

¿Tiene presente esa tradición rusa cuando piensa en El Prado o todo eso ya ha quedado muy atrás? Siempre me he guiado por mis propias sensaciones, por mi intuición. Las miradas ajenas tienen algún interés, sí, pero nada más que eso.

Sobre todo, porque no todos los escritores y poetas han sabido pintar al óleo. Voloshin pintaba acuarelas y le encantaba el proceso. Pero en la poesía rusa ha habido siempre más música, que expresividad pictórica.

Todo Pushkin, por ejemplo, reposa en la entonación, en la música del verso. Por eso resulta imposible traducirlo a otras lenguas. Rusia es el país de los sentidos y la música de la ventisca.

No es país que se exprese en la pintura. El retrato de la vida rusa es bastante sombrío. No en vano Chéjov compuso un canto al otoño.

Aunque es cierto que también en un campo cubierto de nieve hay cierto encanto, pero uno que solo comprendemos los rusos. Es por eso que Rusia solo entró a la pintura universal por medio de la vanguardia de principios del s. XX, mientras que su pintura clásica es bastante provinciana.

Por cierto, Dalí observó que los rusos utilizan mucho el color azul, porque sus vidas están llenas de nieve. ¡Una observación muy precisa! «Me pediría dormir junto a 'El Jardín de las delicias' de El Bosco, cuyas imágenes amo desde niño»

Vladímir Sorokin escritor El acceso que tiene ahora al Museo es mucho mayor que el de un mero visitante. Puede entrar a la cocina (los talleres de restauración) y a las bóvedas donde se guardan tesoros que uno imagina incalculables. ¿Cuáles son sus predilecciones?

¿Algo lo ha sorprendido ya? Son muchas las cosas que me han sorprendido. La manera en que se conservan y se restauran los cuadros, cómo se fabrican los bastidores y los marcos para los viejos lienzos.

Y, sobre todo, la gente culta que trabaja en el Museo, gente que ama su trabajo y se lo toma como un servicio a algo de lo que ya no hay en este mundo que habitamos hoy. Ellos han compartido conmigo ese sentimiento tan singular que los inspira. El Prado es un lugar de veras especial.

Por cierto, ¿ha pedido que lo dejen quedarse una noche a dormir? ¿Dónde echaría el colchón? Me pediría dormir en el jardín de las delicias de El Bosco, cuyas imágenes amo desde niño.

Los museos como institución se han visto retados estos últimos años. Su función y su mera existencia como guardianes del arte y la tradición son llamados a mutar. El debate es feroz y apunta a una idea de la cultura y la memoria.

También a una noción del poder clasificatorio que ejercen las instituciones y la tradición sobre la cultura. ¿Cuál es su posición al respecto? ¿Le gustan los museos?

¿Ha cambiado su relación con ellos a lo largo de los años? Insisto: yo amo los museos de arte. Como amo también el arte del siglo XX.

Y lo conozco. Concibo los museos como lagunas en el tiempo, portales por los que la gente puede viajar al pasado pagando un precio simbólico, respirar el aire de tiempos ya idos, sentir el rumor de aquellos tiempos. Afortunadamente, entonces no existían cámaras fotográficas y los hombres aplicaban pintura a los lienzos, mientras hablaban en las lenguas del pasado.

La pintura consiguió fijar esas sutiles vibraciones. Y hay que saber percibirlas cuando se mira a los cuadros. Es cierto que la estupidez de los políticos está cobrando impulso en todas partes, pero tengo la certeza de que la Europa ilustrada no dejará los museos en manos de los idiotas.

«No tiene ningún sentido intentar adivinar su futuro. Lo que sí quiero con todas mis fuerzas es que la terrible guerra con Ucrania acabe lo antes posible» Vladímir Sorokin escritor En Moscú, por cierto, donde hoy se reescribe la historia y no solo la del arte, el Museo del Gulag ha sido resemantizado en favor de una relativización del peso de la represión estalinista.

¿Qué le espera a Rusia? Si es que algo que pueda ser nombrado hoy la espera… No sé qué le espera a Rusia, un país que ha entrado en una zona donde todo es absolutamente impredecible. Ahora ya no tiene ningún sentido intentar adivinar su futuro.

Lo que sí quiero con todas mis fuerzas es que la terrible guerra con Ucrania acabe lo antes posible. Su obra, Vladimir, toma a veces los tintes de una distopía en la que Rusia parece un divertido, pero también monstruoso, artefacto hiperreal. Así sucede en 'El Kremlin de azúcar' y 'La ventisca', por ejemplo.

Ahora, después de esta residencia en El Prado le tocará escribir un texto en el que aparecerá Madrid. ¡Como su lector y traductor ya me estoy frotando las manos! ¡Ya tengo muchas cosas que decir sobre El Prado, Jorge!

Ya he sentido su aire, su espacio. A Madrid solo comienzo a percibirlo. Y a Irina y a mí nos está gustando mucho, una ciudad con tanta dignidad, con tal voluntad de estilo.

Aquí, a diferencia de lo que sucede en Londres, no se percibe arrogancia. Temas Literatura Guerra en Ucrania Artistas Libros Museos Rusia Escritores Museo Nacional del Prado Arte comentarios Reportar un error Zurbarán triunfa en Londres con una exposición que ya va camino de París Cristina Rubio La caja de herramientas de Cecotec con 380 piezas que querrás tener en casa Teresa Rodríguez García Juan y Medio, 63 años: «Hago todos los días 15 kilómetros, monto un ratito en bici por la mañana y siempre estoy alrededor de los animales y en el campo» Marina Ortiz Carlos Herrera, sin contemplaciones con Pedro Sánchez tras desentenderse de los menores inmigrantes de Ceuta Ana Beatriz Micó

Publicado por Redacción · jueves, 17 de septiembre de 2026

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