'Vidas de jurista', de Avelino Fierro: cuando lo cotidiano se convierte en extraordinario
Le pilla a uno por sorpresa la recepción del dietario. Y más porque esta vez, como los anteriores, no viene arropado por el sello leonés Eolas, sino por el hispalense Renacimiento; y, por tanto, son d
ARTES & LETRAS / LIBROS 'Vidas de jurista', de Avelino Fierro: cuando lo cotidiano se convierte en extraordinario El autor leonés plasma vivencias y recuerdos de 2022 a 2024 en una nueva entrega de sus diarios, editada por Renacimiento Regala esta noticia Añádenos en Google El escritor y juez leonés Avelino Fierro. (José Ramón Vega) José Ignacio García Valladolid 28/07/2026 a las 16:29h. Le pilla a uno por sorpresa la recepción del dietario. Y más porque esta vez, como los anteriores, no viene arropado por el sello leonés Eolas, sino por el hispalense Renacimiento; y, por tanto, son distintos el formato, la portada e incluso la primera impresión.
Lo que no cambia es la categoría literaria. Avelino Fierro enmarca, con esa capacidad suya de convertir lo cotidiano en extraordinario, vivencias y recuerdos que abarcan los años 2022, 2023 y 2024. Y lo hace con esa prosa exuberante y erudita, que esmalta las palabras y las situaciones, que manifiesta una sabiduría y una sensibilidad y un constante sentido del humor que solo se pueden permitir los creadores privilegiados.
Al tratarse de un diario no debe pedírsele una estructura determinada, un argumento diferencial. Si acaso, el hilo conductor se basa en la convivencia entre la actualidad y los recuerdos, en las escenas habituales de la vida diaria y las alusiones incesantes a citas de autores y pensadores, para que al final, manifestando siempre el eclecticismo de sus gustos musicales, artísticos y literarios, el libro se convierta en un tratado filosófico, en una amalgama de pinacotecas, en un catálogo donde se integran, además de los textos adecuados a cada momento, poemas y pasajes narrativos propios y ajenos y salas de conciertos públicas o privadas, en las que se puede escuchar en la intimidad un vinilo de Schubert o al aire libre las canciones en un euskera ininteligible pero agradable de los roqueros Ken Zazpi. Cierta melancolía Quizás porque el autor transita por esa edad fronteriza con la jubilación, se cierne en bastantes pasajes un ambiente de cierta melancolía, de una evidente preocupación por la salud del funcionario público que se niega a ser considerado poeta, narrador y, mucho menos, fiscal o jurista.
Del hombre que se aferra a su pasado para afrontar un futuro por explorar. Un futuro en el que «le puede estar cambiando el metabolismo o simplemente se está haciendo mayor, previsible y del montón». Asegura Avelino que ninguna novela precisa de un prólogo.
Pero como este libro no es una novela, por mucho que esté mejor contado que la mayoría de ellas, recurre —como debe ser— a un buen amigo, José Luna Borge, para que le anteceda con un proemio revelador y atinado. Y, a continuación, arrancan estos retazos sueltos de vida, estos trapos íntimos que Avelino, con su apellido 'siderúrgico', airea en el tendal de la página escrita, hablando de sus adicciones y de sus contratiempos de salud. Y merodea con frecuencia el recuerdo del padre ausente y de la madre que también emprenderá su último viaje con serenidad, porque la muerte, al fin y al cabo, no es más que un cambio de domicilio.
Y, cómo no, la ciudad de León se transforma en personaje literario para ser paseado despacio, disfrutando de la belleza del caminar, de la melodía del viento entre los árboles de Papalaguinda, de los sabores que se prodigan en las tascas y tabernas de la Rúa o del Barrio Húmedo, de la música que se puede bailar en cualquier antro y que el mismo Avelino puede pinchar de madrugada a poco que lo animen. Pero hay otros símbolos colectivos que se basan en conceptos como, por ejemplo, la amistad. Cada estampa, cada ronda, cada sobremesa, cada presentación, cada concierto, cada viaje, cada visita a un museo están amparadas por amigos de verdad.
Porque el que tanto cariño ofrece, es lógico que, sin ser justo ni necesario, de igual manera lo reciba. León se transforma en personaje literario para ser paseado despacio, disfrutando de la belleza del caminar Newsletter Y así, el lector avanza entre pensamientos, reflexiones, incertidumbres y certezas, y se puede tropezar con Carlo Ancelotti, con Martin Amis, con un ratero que escolta la recogida nocturna del autor (y que es cliente habitual de su despacho) o con la reclamación de una mujer que pide a la Justicia que se libre de materias extrañas el firmamento de San Andrés del Rabanedo. Porque el libro debe su título a un comienzo de 2024, trufado de situaciones profesionales, pero que Fierro refiere con una prosa en absoluto ortopédica.
La incipiente hipocondría que destilan algunos pasajes se acentúa cuando el escritor adquiere la sospecha de que su vida de escritor no acabará con dignidad y la certidumbre de ascender en años y en sabiduría y en la planta del ambulatorio, o cuando está a punto de ahogarse en un bar que, paradójicamente, se llama «Patatín, patatán» o cuando el manillar de una bicicleta le amorata las costillas. Pero sus temores neurológicos y sus achaques se combaten con Lexatin y algún buchito de güisqui rebajado y con unas comparaciones literarias prodigiosas, con luces con matices de pomelo, con situaciones que van moribundiándose, con un tiempo que se pega como coágulos de alquitrán, con pieles tersas y brillantes del color de los cruasanes… Es todo sensibilidad y humanidad y poesía y memoria en estas páginas escoltadas de innumerables y nutritivas lecturas que combaten la ignorancia. Unas páginas que desembocan en un final viajero y ferroviario, entre trenes de vía estrecha y otros que discurren por los nebulosos railes de la nostalgia.
Vidas de jurista Autor: Avelino Fierro comentarios Reportar un error ARTES & LETRAS / LIBROS 'Vidas de jurista', de Avelino Fierro: cuando lo cotidiano se convierte en extraordinario El autor leonés plasma vivencias y recuerdos de 2022 a 2024 en una nueva entrega de sus diarios, editada por Renacimiento Regala esta noticia Añádenos en Google El escritor y juez leonés Avelino Fierro. (José Ramón Vega) José Ignacio García Valladolid 28/07/2026 a las 16:29h. Le pilla a uno por sorpresa la recepción del dietario. Y más porque esta vez, como los anteriores, no viene arropado por el sello leonés Eolas, sino por el hispalense Renacimiento; y, por tanto, son distintos el formato, la portada e incluso la primera impresión.
Lo que no cambia es la categoría literaria. Avelino Fierro enmarca, con esa capacidad suya de convertir lo cotidiano en extraordinario, vivencias y recuerdos que abarcan los años 2022, 2023 y 2024. Y lo hace con esa prosa exuberante y erudita, que esmalta las palabras y las situaciones, que manifiesta una sabiduría y una sensibilidad y un constante sentido del humor que solo se pueden permitir los creadores privilegiados.
Al tratarse de un diario no debe pedírsele una estructura determinada, un argumento diferencial. Si acaso, el hilo conductor se basa en la convivencia entre la actualidad y los recuerdos, en las escenas habituales de la vida diaria y las alusiones incesantes a citas de autores y pensadores, para que al final, manifestando siempre el eclecticismo de sus gustos musicales, artísticos y literarios, el libro se convierta en un tratado filosófico, en una amalgama de pinacotecas, en un catálogo donde se integran, además de los textos adecuados a cada momento, poemas y pasajes narrativos propios y ajenos y salas de conciertos públicas o privadas, en las que se puede escuchar en la intimidad un vinilo de Schubert o al aire libre las canciones en un euskera ininteligible pero agradable de los roqueros Ken Zazpi. Cierta melancolía Quizás porque el autor transita por esa edad fronteriza con la jubilación, se cierne en bastantes pasajes un ambiente de cierta melancolía, de una evidente preocupación por la salud del funcionario público que se niega a ser considerado poeta, narrador y, mucho menos, fiscal o jurista.
Del hombre que se aferra a su pasado para afrontar un futuro por explorar. Un futuro en el que «le puede estar cambiando el metabolismo o simplemente se está haciendo mayor, previsible y del montón». Asegura Avelino que ninguna novela precisa de un prólogo.
Pero como este libro no es una novela, por mucho que esté mejor contado que la mayoría de ellas, recurre —como debe ser— a un buen amigo, José Luna Borge, para que le anteceda con un proemio revelador y atinado. Y, a continuación, arrancan estos retazos sueltos de vida, estos trapos íntimos que Avelino, con su apellido 'siderúrgico', airea en el tendal de la página escrita, hablando de sus adicciones y de sus contratiempos de salud. Y merodea con frecuencia el recuerdo del padre ausente y de la madre que también emprenderá su último viaje con serenidad, porque la muerte, al fin y al cabo, no es más que un cambio de domicilio.
Y, cómo no, la ciudad de León se transforma en personaje literario para ser paseado despacio, disfrutando de la belleza del caminar, de la melodía del viento entre los árboles de Papalaguinda, de los sabores que se prodigan en las tascas y tabernas de la Rúa o del Barrio Húmedo, de la música que se puede bailar en cualquier antro y que el mismo Avelino puede pinchar de madrugada a poco que lo animen. Pero hay otros símbolos colectivos que se basan en conceptos como, por ejemplo, la amistad. Cada estampa, cada ronda, cada sobremesa, cada presentación, cada concierto, cada viaje, cada visita a un museo están amparadas por amigos de verdad.
Porque el que tanto cariño ofrece, es lógico que, sin ser justo ni necesario, de igual manera lo reciba. León se transforma en personaje literario para ser paseado despacio, disfrutando de la belleza del caminar Newsletter Y así, el lector avanza entre pensamientos, reflexiones, incertidumbres y certezas, y se puede tropezar con Carlo Ancelotti, con Martin Amis, con un ratero que escolta la recogida nocturna del autor (y que es cliente habitual de su despacho) o con la reclamación de una mujer que pide a la Justicia que se libre de materias extrañas el firmamento de San Andrés del Rabanedo. Porque el libro debe su título a un comienzo de 2024, trufado de situaciones profesionales, pero que Fierro refiere con una prosa en absoluto ortopédica.
La incipiente hipocondría que destilan algunos pasajes se acentúa cuando el escritor adquiere la sospecha de que su vida de escritor no acabará con dignidad y la certidumbre de ascender en años y en sabiduría y en la planta del ambulatorio, o cuando está a punto de ahogarse en un bar que, paradójicamente, se llama «Patatín, patatán» o cuando el manillar de una bicicleta le amorata las costillas. Pero sus temores neurológicos y sus achaques se combaten con Lexatin y algún buchito de güisqui rebajado y con unas comparaciones literarias prodigiosas, con luces con matices de pomelo, con situaciones que van moribundiándose, con un tiempo que se pega como coágulos de alquitrán, con pieles tersas y brillantes del color de los cruasanes… Es todo sensibilidad y humanidad y poesía y memoria en estas páginas escoltadas de innumerables y nutritivas lecturas que combaten la ignorancia. Unas páginas que desembocan en un final viajero y ferroviario, entre trenes de vía estrecha y otros que discurren por los nebulosos railes de la nostalgia.
Vidas de jurista Autor: Avelino Fierro comentarios Reportar un error Con GPS y asistente de voz para hablar sin móvil: el Huawei Watch GT6 aguanta 21 días sin cargar Alejandra Santisteban Guiu Héctor Latorre: «Para las mujeres, el atractivo físico no es imprescindible» Almudena Martín Jesús Calleja, sobre su hijo adoptivo: «Le encontré rodeado de ratas» Borja Sánchez