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España
sábado, 22 de agosto de 2026

Feijóo mete al Rey en la pelea de Ceuta: quién gana con el 'autorice'

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, afirmó este 22 de agosto de 2026 desde la sede del PPdeG en Santiago de Compostela que Felipe VI "quiere ir a Ceuta" y reclamó al Gobierno que "autorice" el desplazamiento. En la misma comparecencia sostuvo que Marruecos "o consintió o alentó la invasión" de finales de julio y reprochó a Pedro Sánchez no haber convocado a los partidos para una declaración de unidad. Tres frases, una misma operación: colocar a la Corona en el centro de una pelea partidista. Conviene abrir el paquete.

Empecemos por lo verificable. Las palabras de Feijóo son literales: "Estoy convencido de que el rey quiere ir a Ceuta y lo hará cuando el Gobierno de España autorice ese desplazamiento", y "como jefe del Estado le corresponde ir a Ceuta, como a cualquier lugar del territorio español". Hasta aquí, el hecho. Lo que sigue es dónde el marco retórico se separa de cómo funcionan realmente las instituciones.

El 'autorice' que invierte la Constitución

El verbo elegido no es inocente. "Autorizar" evoca un permiso que alguien concede o niega a otro que lo desea. Pero el Jefe del Estado, en una monarquía parlamentaria, no tiene agenda política propia. El artículo 56.3 de la Constitución establece que los actos del Rey "estarán siempre refrendados" y que "carecen de validez" sin ese refrendo; el artículo 64 atribuye ese refrendo al presidente del Gobierno y, en su caso, a los ministros.

Traducido: un viaje oficial del Rey no es un capricho personal que el Ejecutivo veta, sino un acto institucional que el Gobierno propone, coordina y hace suyo. Aquí entra mi lectura, y la marco como análisis: al presentar la visita como un deseo del monarca "bloqueado" por un Gobierno obstructor, Feijóo no describe el sistema, lo tergiversa. Convierte una decisión ordinaria del Ejecutivo en un supuesto agravio a la Corona. Y, de paso, atribuye al Rey una voluntad concreta —"quiere ir"— que la Casa del Rey no ha expresado públicamente. Poner palabras en boca de quien, por mandato constitucional, no puede replicar en el terreno partidista es la definición misma de instrumentalización.

El dato histórico añade contexto: el último viaje regio a Ceuta y Melilla fue en noviembre de 2007, con Juan Carlos I y la Reina Sofía, y provocó una crisis diplomática con Rabat que retiró temporalmente a su embajador. Ningún jefe de Estado —ni con Gobiernos del PP ni del PSOE— ha repetido la visita en 19 años. La cautela no la inventó Sánchez.

"Invasión": la palabra frente a los números

El segundo envoltorio es el lenguaje. Feijóo habla de "invasión". Veamos qué dicen las cifras oficiales, contrastadas entre el Ministerio del Interior y las coberturas de Infobae, Maldita.es y el registro público del episodio.

Entre la noche del 30 y el 31 de julio de 2026, Interior estimó la entrada irregular de en torno a 50.000 personas, elevando el cómputo a unas 72.000 en el balance del 4 de agosto (cifras provisionales y discutidas: la horquilla del día 31 osciló entre 49.000 y 60.000). El detonante no fue un plan militar marroquí, sino una sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio sobre la ilegalidad de las devoluciones inmediatas, malinterpretada y amplificada por redes de tráfico y mensajes virales en WhatsApp y Facebook que aseguraban que "España había abierto las fronteras". Es decir: el motor fue la desinformación, no una ofensiva orquestada.

Y el dato que desactiva la palabra "invasión": la inmensa mayoría regresó a Marruecos en cuestión de días. Interior cifró en unas 70.000 las personas retornadas para el 4 de agosto, con retornos que llegaron a un ritmo de "150 por minuto". Una invasión no se repliega sola en 72 horas. Lo que sí quedó fue un drama humano real —decenas de fallecidos y unos 1.500 menores no acompañados en el sistema de protección, con los centros al 1.600% de ocupación según el presidente Vivas— y un CETI con 512 plazas desbordado. Ese es el problema serio. "Invasión" no lo describe: lo infla.

Más revelador aún: el propio análisis de la inteligencia española concluyó que Marruecos "permitió pero no planeó" la entrada masiva, favorecida por la relajación de la vigilancia durante la Fiesta del Trono. Feijóo dice que Rabat "consintió o alentó". La primera parte —"consintió"— es defendible; la segunda —"alentó la invasión"— va más allá de lo que sostiene la propia inteligencia del Estado. Un matiz que, en boca del líder de la oposición, no es menor.

¿A quién beneficia?

Llegamos al reverso. Si la visita del Rey depende del refrendo del Gobierno y no de un permiso caprichoso; si las cifras describen una crisis grave pero revertida en días y alimentada por bulos; entonces, ¿qué función cumple el marco de Feijóo?

Análisis: no beneficia a los ceutíes, cuya emergencia real —menores, sanidad, frontera— exige gestión, no titulares. No beneficia a la neutralidad de la Corona, expuesta a un uso partidista. Beneficia a una oposición que necesita aparecer como única defensora de la nación y situar al Gobierno en el papel de obstáculo antipatriótico. El PSOE respondió en el mismo tono de trinchera —Patxi López llamó a Feijóo "el alimentador mayor de bulos" y le acusó de "llevar al PP a la extrema derecha"—, y conviene señalarlo: también el Gobierno instrumentaliza. Sánchez calificó el episodio de "violación de la integridad territorial", una escalada retórica que sube la temperatura tanto como la de enfrente. En ReversoDigital no repartimos carnés: cuando dos bandos usan Ceuta y al Rey como munición, los dos quedan retratados.

Queda la pregunta que dejo sobre la mesa. Cuando un dirigente afirma saber lo que "quiere" un Rey que no puede contradecirle, y exige "autorizar" lo que la Constitución ya regula, la duda no es si el Rey debería visitar Ceuta —quizá debería—, sino esta: ¿estamos hablando de la seguridad de Ceuta, o de quién se pone la bandera antes en la solapa?

Carmen Vega | Madrid

Publicado por Redacción · sábado, 22 de agosto de 2026

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