El triángulo de la debilidad
Que la mentira es la esencia del Gobierno y del proceso que el presidente impulsa es una obviedad. De un crimen que fue determinante para España (ETA) hemos pasado a una mentira también decisiva. La m
LA TERCERA El triángulo de la debilidad La estrategia de Sánchez camina a que hay pactar con los adversarios de la soberanía de España: con ETA en el País Vasco y Navarra, con el independentismo catalán y con las autoridades marroquíes Regala esta noticia Añádenos en Google El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su salida de una sesión de control al Gobierno. (EP) Jaime Mayor Oreja 16/09/2026 a las 18:53h. Que la mentira es la esencia del Gobierno y del proceso que el presidente impulsa es una obviedad. De un crimen que fue determinante para España (ETA) hemos pasado a una mentira también decisiva.
La mentira, cuando se instala en lo más profundo de un proyecto, no tiene excepciones. Todo son mentiras en las explicaciones que trasladan a la sociedad española: su relación con ETA, con el independentismo catalán y con Marruecos. Situemos lo sucedido en Ceuta en el contexto del proceso que nos gobierna.
Porque algo ha sucedido. De la misma forma que el crimen de Miguel Ángel Blanco fue la gota que desbordó el vaso de los españoles ante la alianza entre ETA y el nacionalismo; una mentira, en este caso ante lo sucedido en Ceuta, va a significar otra gota que ha rebosado la paciencia y la indignación de los españoles. No es el final del proyecto que nos malgobierna, aunque la credibilidad del Gobierno ante la mayoría de los españoles se ha volatilizado, igual que en julio de 1997 se vio la verdadera naturaleza de ETA.
La gran pregunta es por qué, para qué, la razón y fundamentos de esta estrategia del Gobierno. Un proyecto asentado en la necesidad de no dejar de mentir, acontecimiento tras acontecimiento, año tras año, precisa de la debilidad de España y sus instituciones. Para que triunfe el proyecto, España debe ser debilitada.
No me pregunto por los objetivos de las autoridades marroquíes (debilitar la soberanía española en Ceuta y Melilla). La pregunta es cuál ha sido la responsabilidad y participación del Gobierno en estos sucesos. Antes, durante y después.
Los hechos están siendo analizados en la Audiencia Nacional por María Tardón. Pero en la búsqueda de las causas poco se ha considerado la conexión de estos hechos con el proceso perverso impulsado por Zapatero-Sánchez. Puesto en perspectiva, cada día que transcurre pone más de manifiesto que la última acción o inhibición del Gobierno refuerza un triángulo de la debilidad de España instalado desde hace más de 20 años: País Vasco y Navarra, Cataluña y las ciudades de Ceuta y Melilla.
Estos territorios constituyen los vértices de este triángulo de la debilidad; son parte sustancial del proyecto de Sánchez y serían una herencia envenenada para el futuro de España. Es una política de tierra quemada que se basa en que en estos territorios no haya otra fórmula diferente para alcanzar la convivencia. ¿Qué otra forma puede haber que no sea ceder ante quienes pretenden expulsar la soberanía nacional de España en estos tres territorios, vértices de la debilidad?
La estrategia de Sánchez camina en la dirección de que aparezca otra España más fragmentada y atomizada, más negociadora y débil con sus adversarios, que confirme que la España constitucional no sirve ya, está obsoleta; que hay que pactar y entenderse con los adversarios de nuestra soberanía: con ETA en el País Vasco y Navarra, con el independentismo catalán, y con las autoridades marroquíes. La herencia de Sánchez y Zapatero en estos tres territorios es muy clara: ETA es el poder del País Vasco y Navarra; el desorden es el gobierno en Cataluña; y a medida que la invasión vaya consolidándose Ceuta y Melilla serán irreconocibles, ingobernables. La evolución de Ceuta y Melilla forma parte del proyecto que impulsa Sánchez.
No estamos ante una casualidad. El proyecto exige que los invasores permanezcan en Ceuta para que se confirme el fracaso de la soberanía nacional de España. No solo nos encontramos con una gestión inverosímil de explicar y llena de contradicciones.
Dicen que no hay pruebas que apunten a Marruecos; tampoco señalan los objetivos de Sánchez para evitar la expulsión de los invasores: lo mismo que decían en el arranque del proceso ETA-Zapatero, la misma excusa. Pero la lógica del proceso es innegable: la debilidad de Ceuta es parte esencial del proyecto de debilidad nacional que impulsa Sánchez. Mientras permanezcan miles de invasores en Ceuta, la convivencia se hará imposible, la angustia de los ceutíes se consolidará y la soberanía nacional de España aparecerá como responsable de la situación.
La solución que dará Sánchez será un proceso constituyente para España. Algunos piensan que es imposible que un presidente del Gobierno pueda traicionar de este modo a su Nación, pactando con las autoridades marroquíes. Pero la lógica del proceso supone la deslealtad.
Todavía más: es más fácil pactar con las autoridades marroquíes el futuro de Ceuta y Melilla que acordar con ETA, a través de un proceso, el futuro del País Vasco, que ya es una realidad. También parecía inverosímil que pactara la amnistía y la financiación de Cataluña con los protagonistas del intento de secesión, pero lo ha hecho, desde la justificación de una España más progresista. Sánchez necesita, para defender su proyecto político, mantener sin resolver el problema de los invasores de Ceuta.
Podrían adoptar medidas económicas y financieras, pero están obligados a mantener una determinada cifra de invasores para justificar su proyecto, abocado a un acuerdo con las autoridades marroquíes. Mientras gobierne Sánchez, el problema de los asentamientos no tiene solución porque necesita introducir a Ceuta y Melilla en el triángulo de la debilidad de España. Desde que comenzó hace 20 años este proceso, España tiene gangrenada la parte izquierda de su organismo desde que acordaron un proceso político con las expresiones más radicales del separatismo vasco y catalán.
Por el camino se ha destruido el tejido vivo, el riego sanguíneo que necesita la nación. La gangrena se extiende por nuestras instituciones y genera un periodo de falta de sensibilidad. En las zonas afectadas se produce un fenómeno de anestesia, que hay que combatir sin descanso.
La parte derecha de nuestro organismo va a tener la enorme responsabilidad de regenerar los órganos afectados por la gangrena, de evitar la recaída, la desmoralización de los españoles. De consolidarse la situación en Ceuta, la discusión será cómo se van a asociar en el tiempo los tres vértices de la debilidad; esto es, los tres adversarios de la soberanía nacional, dos de carácter interno y otro externo. ¿Cuál de los tres vértices es el más relevante o difícil?
¿En qué orden van a aparecer? Lo lógico es que los tres vértices de la debilidad actúen simultáneamente. El objetivo de los tres es una obviedad: la autodeterminación del País Vasco y Cataluña, y la cesión de la soberanía en Ceuta y Melilla como solución.
Lo relevante, lo urgente, es que tomemos conciencia del reto al que nos enfrentamos, que no tengamos miedo, que actuemos. La fortaleza y la inteligencia, cuando se unen, son imbatibles. Los partidos de la alternativa no deben tener miedo a escenificar que estos tres grandes vértices del problema territorial exigen un encuentro entre ambos, una unión.
Los españoles van a necesitar ánimo, fortaleza y, sobre todo, una toma de conciencia de que, ante la dimensión del problema, los partidos deben anteponer la unidad de España a sus intereses partidistas. Estoy convencido de que la necesidad se hace virtud y, en esa esperanza necesitamos que, aun marcando sus diferencias, sean capaces de entenderse para salvar nuestra nación. Jaime Mayor Oreja es presidente de NEOS Temas ETA Ceuta Pedro Sánchez La Tercera de ABC comentarios Reportar un error LA TERCERA El triángulo de la debilidad La estrategia de Sánchez camina a que hay pactar con los adversarios de la soberanía de España: con ETA en el País Vasco y Navarra, con el independentismo catalán y con las autoridades marroquíes Regala esta noticia Añádenos en Google El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su salida de una sesión de control al Gobierno. (EP) Jaime Mayor Oreja 16/09/2026 a las 18:53h.
Que la mentira es la esencia del Gobierno y del proceso que el presidente impulsa es una obviedad. De un crimen que fue determinante para España (ETA) hemos pasado a una mentira también decisiva. La mentira, cuando se instala en lo más profundo de un proyecto, no tiene excepciones.
Todo son mentiras en las explicaciones que trasladan a la sociedad española: su relación con ETA, con el independentismo catalán y con Marruecos. Situemos lo sucedido en Ceuta en el contexto del proceso que nos gobierna. Porque algo ha sucedido.
De la misma forma que el crimen de Miguel Ángel Blanco fue la gota que desbordó el vaso de los españoles ante la alianza entre ETA y el nacionalismo; una mentira, en este caso ante lo sucedido en Ceuta, va a significar otra gota que ha rebosado la paciencia y la indignación de los españoles. No es el final del proyecto que nos malgobierna, aunque la credibilidad del Gobierno ante la mayoría de los españoles se ha volatilizado, igual que en julio de 1997 se vio la verdadera naturaleza de ETA. La gran pregunta es por qué, para qué, la razón y fundamentos de esta estrategia del Gobierno.
Un proyecto asentado en la necesidad de no dejar de mentir, acontecimiento tras acontecimiento, año tras año, precisa de la debilidad de España y sus instituciones. Para que triunfe el proyecto, España debe ser debilitada. No me pregunto por los objetivos de las autoridades marroquíes (debilitar la soberanía española en Ceuta y Melilla).
La pregunta es cuál ha sido la responsabilidad y participación del Gobierno en estos sucesos. Antes, durante y después. Los hechos están siendo analizados en la Audiencia Nacional por María Tardón.
Pero en la búsqueda de las causas poco se ha considerado la conexión de estos hechos con el proceso perverso impulsado por Zapatero-Sánchez. Puesto en perspectiva, cada día que transcurre pone más de manifiesto que la última acción o inhibición del Gobierno refuerza un triángulo de la debilidad de España instalado desde hace más de 20 años: País Vasco y Navarra, Cataluña y las ciudades de Ceuta y Melilla. Estos territorios constituyen los vértices de este triángulo de la debilidad; son parte sustancial del proyecto de Sánchez y serían una herencia envenenada para el futuro de España.
Es una política de tierra quemada que se basa en que en estos territorios no haya otra fórmula diferente para alcanzar la convivencia. ¿Qué otra forma puede haber que no sea ceder ante quienes pretenden expulsar la soberanía nacional de España en estos tres territorios, vértices de la debilidad? La estrategia de Sánchez camina en la dirección de que aparezca otra España más fragmentada y atomizada, más negociadora y débil con sus adversarios, que confirme que la España constitucional no sirve ya, está obsoleta; que hay que pactar y entenderse con los adversarios de nuestra soberanía: con ETA en el País Vasco y Navarra, con el independentismo catalán, y con las autoridades marroquíes.
La herencia de Sánchez y Zapatero en estos tres territorios es muy clara: ETA es el poder del País Vasco y Navarra; el desorden es el gobierno en Cataluña; y a medida que la invasión vaya consolidándose Ceuta y Melilla serán irreconocibles, ingobernables. La evolución de Ceuta y Melilla forma parte del proyecto que impulsa Sánchez. No estamos ante una casualidad.
El proyecto exige que los invasores permanezcan en Ceuta para que se confirme el fracaso de la soberanía nacional de España. No solo nos encontramos con una gestión inverosímil de explicar y llena de contradicciones. Dicen que no hay pruebas que apunten a Marruecos; tampoco señalan los objetivos de Sánchez para evitar la expulsión de los invasores: lo mismo que decían en el arranque del proceso ETA-Zapatero, la misma excusa.
Pero la lógica del proceso es innegable: la debilidad de Ceuta es parte esencial del proyecto de debilidad nacional que impulsa Sánchez. Mientras permanezcan miles de invasores en Ceuta, la convivencia se hará imposible, la angustia de los ceutíes se consolidará y la soberanía nacional de España aparecerá como responsable de la situación. La solución que dará Sánchez será un proceso constituyente para España.
Algunos piensan que es imposible que un presidente del Gobierno pueda traicionar de este modo a su Nación, pactando con las autoridades marroquíes. Pero la lógica del proceso supone la deslealtad. Todavía más: es más fácil pactar con las autoridades marroquíes el futuro de Ceuta y Melilla que acordar con ETA, a través de un proceso, el futuro del País Vasco, que ya es una realidad.
También parecía inverosímil que pactara la amnistía y la financiación de Cataluña con los protagonistas del intento de secesión, pero lo ha hecho, desde la justificación de una España más progresista. Sánchez necesita, para defender su proyecto político, mantener sin resolver el problema de los invasores de Ceuta. Podrían adoptar medidas económicas y financieras, pero están obligados a mantener una determinada cifra de invasores para justificar su proyecto, abocado a un acuerdo con las autoridades marroquíes.
Mientras gobierne Sánchez, el problema de los asentamientos no tiene solución porque necesita introducir a Ceuta y Melilla en el triángulo de la debilidad de España. Desde que comenzó hace 20 años este proceso, España tiene gangrenada la parte izquierda de su organismo desde que acordaron un proceso político con las expresiones más radicales del separatismo vasco y catalán. Por el camino se ha destruido el tejido vivo, el riego sanguíneo que necesita la nación.
La gangrena se extiende por nuestras instituciones y genera un periodo de falta de sensibilidad. En las zonas afectadas se produce un fenómeno de anestesia, que hay que combatir sin descanso. La parte derecha de nuestro organismo va a tener la enorme responsabilidad de regenerar los órganos afectados por la gangrena, de evitar la recaída, la desmoralización de los españoles.
De consolidarse la situación en Ceuta, la discusión será cómo se van a asociar en el tiempo los tres vértices de la debilidad; esto es, los tres adversarios de la soberanía nacional, dos de carácter interno y otro externo. ¿Cuál de los tres vértices es el más relevante o difícil? ¿En qué orden van a aparecer?
Lo lógico es que los tres vértices de la debilidad actúen simultáneamente. El objetivo de los tres es una obviedad: la autodeterminación del País Vasco y Cataluña, y la cesión de la soberanía en Ceuta y Melilla como solución. Lo relevante, lo urgente, es que tomemos conciencia del reto al que nos enfrentamos, que no tengamos miedo, que actuemos.
La fortaleza y la inteligencia, cuando se unen, son imbatibles. Los partidos de la alternativa no deben tener miedo a escenificar que estos tres grandes vértices del problema territorial exigen un encuentro entre ambos, una unión. Los españoles van a necesitar ánimo, fortaleza y, sobre todo, una toma de conciencia de que, ante la dimensión del problema, los partidos deben anteponer la unidad de España a sus intereses partidistas.
Estoy convencido de que la necesidad se hace virtud y, en esa esperanza necesitamos que, aun marcando sus diferencias, sean capaces de entenderse para salvar nuestra nación. Jaime Mayor Oreja es presidente de NEOS Temas ETA Ceuta Pedro Sánchez La Tercera de ABC comentarios Reportar un error Moldeador de pelo Cecotec AirGlisse 14in1: 14 accesorios en un solo aparato Teresa Rodríguez García El Gran Wyoming, sobre sus estudios universitarios: «Hice Medicina y trabajé como médico, pero había mucho paro» Inés Romero Juan del Val, sobre las próximas elecciones: «Hay gente que piensa que lo que viene es mucho peor y por eso se queda con Pedro Sánchez»
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