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Internacional
jueves, 30 de julio de 2026

Cómo quedar atrapado por una avalancha llevó a un hombre a descubrir el primer dragón marino del Jurásico en Gales

Matthew Myerscough comenzó a interesarse por la búsqueda de fósiles tras quedar atrapado en una avalancha y ahora a descubierto el primer 'dragón marino', un romaleosaurio de más de 200 millones de a

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Cómo quedar atrapado por una avalancha llevó a un hombre a descubrir el primer dragón marino del Jurásico en Gales Matthew Myerscough comenzó a interesarse por la búsqueda de fósiles tras quedar atrapado en una avalancha y ahora a descubierto el primer 'dragón marino', un romaleosaurio de más de 200 millones de años, de Gales — Bióloga y oceanógrafa, fue la primera persona en caminar por el fondo del mar a casi 400 metros de profundidad Matthew Myerscough con la aleta posterior del dragón marino Ceri Oakes Donna Ferguson 30 de julio de 2026 19:20 h 0 Cuando Matthew Myerscough pasea por la playa, no puede evitar buscar fósiles. “Creo que mi radar está siempre activo; aunque no esté mirando, a veces me cuesta no fijarme en ciertas cosas”, afirma este ingeniero civil de 40 años, que ha descubierto miles de fósiles en las playas británicas. Fue precisamente mientras “no estaba buscando” en la playa de Lavernock, cerca de Penarth, en el sur de Gales, cuando se topó con el hueso fosilizado de un tipo primitivo de plesiosaurio, un reptil marino que vagaba por los océanos mientras los dinosaurios merodeaban por la tierra durante el Jurásico temprano. Encasillada en un lecho de roca caliza dura, la mandíbula de 201 millones de años de antigüedad —con su inusual extremo en forma de cuchara— perteneció en su día a “un dragón marino”, conocido como romaleosaurio, el primer ejemplar de su especie hallado en Gales. “Fue un descubrimiento increíble; un hallazgo realmente emocionante, por pura casualidad”, insiste Myerscough.

Al principio, pasó de largo junto al fósil con otros dos compañeros, también 'cazadores de fósiles', pero luego decidió volver para observarlo más de cerca: “Había tantos sitios por los que podríamos haber paseado aquel día. Cuando pienso en el artículo de investigación que se está elaborando en estos momentos sobre ese fósil y en todo lo que aprenderemos, todo lo que se comprenderá gracias a su hallazgo… nada de eso habría sido posible si hubiéramos estado tres pasos más a la izquierda”. Para Myerscough, sin embargo, la búsqueda de fósiles no consiste solo en encontrarlos.

Esta está ligada a su recuperación tras un accidente cercano a la muerte. En febrero de 2014, estaba subiendo a pie el Yr Wyddfa —también conocido como Snowdon—, la montaña más alta de Gales, cuando una avalancha lo arrastró por un pequeño acantilado. Nunca olvidará la sensación de estar volando por los aires y quedar “aplastado contra la nieve” al detenerse, sin poder distinguir cuál era la parte de arriba. “Era como estar encerrado dentro de un bloque de hormigón, no podía mover ninguna parte de mi cuerpo.

Ni siquiera la yema de un dedo”. Lo encontraron inconsciente, respirando a duras penas, veinte minutos más tarde, sepultado bajo más de un metro de nieve. Había caído 300 metros.

Con graves contusiones y muy conmocionado, pero milagrosamente ileso, solo tardó unos días en recuperarse físicamente. Sin embargo, se daba cuenta de que sus pensamientos volvían una y otra vez al accidente, a los sustos que había pasado y a los “y si…”. Fue tras esta experiencia cuando se dedicó a la búsqueda de fósiles, una afición que ya había disfrutado de niño durante las vacaciones en Whitby, en la costa de Yorkshire.

Resultó ser la distracción que necesitaba para escapar de sus pensamientos negativos. “Entro en un estado de plena conciencia, casi meditativo, porque me olvido de todas las demás tensiones y preocupaciones de la vida. Estoy totalmente concentrado en lo que estoy haciendo en ese momento y en lo que estoy buscando”. Examinar las rocas en busca de indicios discretos —y a menudo casi imperceptibles— de fósiles requiere mucha concentración.

Encontrar un cráneo enorme lleno de dientes afilados como cuchillas y un ojo gigantesco de un monstruo marino extinto hace millones de años… es muy emocionante Matthew Myerscough Hay algo que le resulta especialmente relajante en la búsqueda de fósiles junto al mar. “Cuando estoy allí, siento esa conexión [con el océano] e imagino esa vida en un pasado lejano”, afirma. “Encontrar un cráneo enorme lleno de dientes afilados como cuchillas y un ojo gigantesco de un monstruo marino extinto hace millones de años… es muy emocionante”. Desde que comenzó a buscar fósiles, se ha topado con algunos hallazgos extraordinariamente raros, entre los que se incluyen una aleta de plesiosaurio, una enorme huella de dinosaurio y una aleta delantera y un cráneo de ictiosaurio. En su reciente libro, En busca de dragones marinos: la odisea de un cazador de fósiles, detalla cómo y en qué lugares del Reino Unido descubrió cada uno de sus “hallazgos estrella”.

Fósil del dragón marino de Matthew Myerscough Ceri Oakes “Regalos de la naturaleza” para todos Al hacerlo, arroja luz sobre el misterioso mundo de la búsqueda de fósiles, en el que la mayoría de los coleccionistas y paleontólogos aficionados optan por no revelar la ubicación de sus hallazgos más emocionantes y valiosos, sabiendo que algún día podría aparecer allí otra pieza importante del fósil tras una tormenta o un desprendimiento de un acantilado. Myerscough, por el contrario, quiere compartir con el mundo todo lo que ha aprendido sobre la búsqueda de fósiles. Su principal consejo para quienes se inician en la búsqueda de fósiles es apuntarse a una visita guiada. “Ellos [los expertos] pueden enseñártelos en la playa”, afirma.

Una vez que ves fósiles, “empiezas a encontrarlos por todas partes”. Pero advierte de que esta afición puede ser tan exigente físicamente como el alpinismo. A menudo transporta a pie, a largas distancias, grandes rocas o incluso cantos rodados, además de diferentes martillos y un cincel. “Puedes acabar con una mochila pesada, aunque no encuentres muchos fósiles”, apunta.

La búsqueda de fósiles en las playas también entraña peligros, sobre todo debido a los desprendimientos imprevistos de los acantilados y a la subida de la marea. Hay que tener en cuenta estos riesgos y mitigarlos, afirma; por ejemplo, yendo siempre a buscar fósiles cuando la marea está bajando. Además, el experto explica que muchos de los fósiles raros que ha encontrado están en bloques de roca “muy desgastados”. “Estoy seguro de que algunos de ellos llevan décadas en la playa, dando vueltas”.

Sospecha que, tras caer del acantilado, quedaron enterrados en grandes bancos de guijarros o entre otras rocas y quedaron al descubierto a medida que el mar iba desplazando gradualmente esas rocas. De este modo, considera los fósiles como “regalos de la naturaleza” y espera que su libro ayude a más gente a descubrir la alegría de encontrar estos obsequios a orillas del mar. “La suerte de encontrar estas cosas es sencillamente extraordinaria”, afirma: “Cuando piensas en los acontecimientos que tuvieron que ocurrir, hace tantos millones de años, para que algo se fosilizara, parece extraordinario. Y luego, que ese fósil quedara al descubierto de nuevo en la superficie de la Tierra, primero en los acantilados, luego en la playa, y finalmente fuera encontrado por alguien… las probabilidades de que todas esas cosas sucedieran también parecen extraordinarias”.

Etiquetas / Sociedad / Fósiles / Ciencia / The Guardian / Naturaleza / Dinosaurios / Biodiversidad Cómo quedar atrapado por una avalancha llevó a un hombre a descubrir el primer dragón marino del Jurásico en Gales Matthew Myerscough comenzó a interesarse por la búsqueda de fósiles tras quedar atrapado en una avalancha y ahora a descubierto el primer 'dragón marino', un romaleosaurio de más de 200 millones de años, de Gales — Bióloga y oceanógrafa, fue la primera persona en caminar por el fondo del mar a casi 400 metros de profundidad Matthew Myerscough con la aleta posterior del dragón marino Ceri Oakes Donna Ferguson 30 de julio de 2026 19:20 h 0 Cuando Matthew Myerscough pasea por la playa, no puede evitar buscar fósiles. “Creo que mi radar está siempre activo; aunque no esté mirando, a veces me cuesta no fijarme en ciertas cosas”, afirma este ingeniero civil de 40 años, que ha descubierto miles de fósiles en las playas británicas. Fue precisamente mientras “no estaba buscando” en la playa de Lavernock, cerca de Penarth, en el sur de Gales, cuando se topó con el hueso fosilizado de un tipo primitivo de plesiosaurio, un reptil marino que vagaba por los océanos mientras los dinosaurios merodeaban por la tierra durante el Jurásico temprano. Encasillada en un lecho de roca caliza dura, la mandíbula de 201 millones de años de antigüedad —con su inusual extremo en forma de cuchara— perteneció en su día a “un dragón marino”, conocido como romaleosaurio, el primer ejemplar de su especie hallado en Gales. “Fue un descubrimiento increíble; un hallazgo realmente emocionante, por pura casualidad”, insiste Myerscough.

Al principio, pasó de largo junto al fósil con otros dos compañeros, también 'cazadores de fósiles', pero luego decidió volver para observarlo más de cerca: “Había tantos sitios por los que podríamos haber paseado aquel día. Cuando pienso en el artículo de investigación que se está elaborando en estos momentos sobre ese fósil y en todo lo que aprenderemos, todo lo que se comprenderá gracias a su hallazgo… nada de eso habría sido posible si hubiéramos estado tres pasos más a la izquierda”. Para Myerscough, sin embargo, la búsqueda de fósiles no consiste solo en encontrarlos.

Esta está ligada a su recuperación tras un accidente cercano a la muerte. En febrero de 2014, estaba subiendo a pie el Yr Wyddfa —también conocido como Snowdon—, la montaña más alta de Gales, cuando una avalancha lo arrastró por un pequeño acantilado. Nunca olvidará la sensación de estar volando por los aires y quedar “aplastado contra la nieve” al detenerse, sin poder distinguir cuál era la parte de arriba. “Era como estar encerrado dentro de un bloque de hormigón, no podía mover ninguna parte de mi cuerpo.

Ni siquiera la yema de un dedo”. Lo encontraron inconsciente, respirando a duras penas, veinte minutos más tarde, sepultado bajo más de un metro de nieve. Había caído 300 metros.

Con graves contusiones y muy conmocionado, pero milagrosamente ileso, solo tardó unos días en recuperarse físicamente. Sin embargo, se daba cuenta de que sus pensamientos volvían una y otra vez al accidente, a los sustos que había pasado y a los “y si…”. Fue tras esta experiencia cuando se dedicó a la búsqueda de fósiles, una afición que ya había disfrutado de niño durante las vacaciones en Whitby, en la costa de Yorkshire.

Resultó ser la distracción que necesitaba para escapar de sus pensamientos negativos. “Entro en un estado de plena conciencia, casi meditativo, porque me olvido de todas las demás tensiones y preocupaciones de la vida. Estoy totalmente concentrado en lo que estoy haciendo en ese momento y en lo que estoy buscando”. Examinar las rocas en busca de indicios discretos —y a menudo casi imperceptibles— de fósiles requiere mucha concentración.

Encontrar un cráneo enorme lleno de dientes afilados como cuchillas y un ojo gigantesco de un monstruo marino extinto hace millones de años… es muy emocionante Matthew Myerscough Hay algo que le resulta especialmente relajante en la búsqueda de fósiles junto al mar. “Cuando estoy allí, siento esa conexión [con el océano] e imagino esa vida en un pasado lejano”, afirma. “Encontrar un cráneo enorme lleno de dientes afilados como cuchillas y un ojo gigantesco de un monstruo marino extinto hace millones de años… es muy emocionante”. Desde que comenzó a buscar fósiles, se ha topado con algunos hallazgos extraordinariamente raros, entre los que se incluyen una aleta de plesiosaurio, una enorme huella de dinosaurio y una aleta delantera y un cráneo de ictiosaurio. En su reciente libro, En busca de dragones marinos: la odisea de un cazador de fósiles, detalla cómo y en qué lugares del Reino Unido descubrió cada uno de sus “hallazgos estrella”.

Fósil del dragón marino de Matthew Myerscough Ceri Oakes “Regalos de la naturaleza” para todos Al hacerlo, arroja luz sobre el misterioso mundo de la búsqueda de fósiles, en el que la mayoría de los coleccionistas y paleontólogos aficionados optan por no revelar la ubicación de sus hallazgos más emocionantes y valiosos, sabiendo que algún día podría aparecer allí otra pieza importante del fósil tras una tormenta o un desprendimiento de un acantilado. Myerscough, por el contrario, quiere compartir con el mundo todo lo que ha aprendido sobre la búsqueda de fósiles. Su principal consejo para quienes se inician en la búsqueda de fósiles es apuntarse a una visita guiada. “Ellos [los expertos] pueden enseñártelos en la playa”, afirma.

Una vez que ves fósiles, “empiezas a encontrarlos por todas partes”. Pero advierte de que esta afición puede ser tan exigente físicamente como el alpinismo. A menudo transporta a pie, a largas distancias, grandes rocas o incluso cantos rodados, además de diferentes martillos y un cincel. “Puedes acabar con una mochila pesada, aunque no encuentres muchos fósiles”, apunta.

La búsqueda de fósiles en las playas también entraña peligros, sobre todo debido a los desprendimientos imprevistos de los acantilados y a la subida de la marea. Hay que tener en cuenta estos riesgos y mitigarlos, afirma; por ejemplo, yendo siempre a buscar fósiles cuando la marea está bajando. Además, el experto explica que muchos de los fósiles raros que ha encontrado están en bloques de roca “muy desgastados”. “Estoy seguro de que algunos de ellos llevan décadas en la playa, dando vueltas”.

Sospecha que, tras caer del acantilado, quedaron enterrados en grandes bancos de guijarros o entre otras rocas y quedaron al descubierto a medida que el mar iba desplazando gradualmente esas rocas. De este modo, considera los fósiles como “regalos de la naturaleza” y espera que su libro ayude a más gente a descubrir la alegría de encontrar estos obsequios a orillas del mar. “La suerte de encontrar estas cosas es sencillamente extraordinaria”, afirma: “Cuando piensas en los acontecimientos que tuvieron que ocurrir, hace tantos millones de años, para que algo se fosilizara, parece extraordinario. Y luego, que ese fósil quedara al descubierto de nuevo en la superficie de la Tierra, primero en los acantilados, luego en la playa, y finalmente fuera encontrado por alguien… las probabilidades de que todas esas cosas sucedieran también parecen extraordinarias”.

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Publicado por Redacción · jueves, 30 de julio de 2026

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