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Internacional
jueves, 30 de julio de 2026

Kanye West, el rapero destronado de la cima del mundo, busca el encuentro y el perdón de su público español

El músico ofrece en Madrid el concierto que ha sido repetidamente cancelado en otras ciudades europeas: dos horas donde el público tuvo que poner de su parte para superar la frialdad de la puesta en e

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Kanye West, el rapero destronado de la cima del mundo, busca el encuentro y el perdón de su público español El músico ofrece en Madrid el concierto que ha sido repetidamente cancelado en otras ciudades europeas: dos horas donde el público tuvo que poner de su parte para superar la frialdad de la puesta en escena y algunas grandes canciones sostenidas por la nostalgia — Muere Kavinsky, el DJ y productor autor del tema 'Nightcall' Ye (Kanye West) durante su único concierto en España, en Madrid, el 30 de julio de 2026 Europa Press 31 de julio de 2026 01:50 h 0 Un hombre solo en la cima del mundo. Como un muñequito. Pequeño.

Parece insignificante pero estuvo llamado a ser un rey. Y para muchos lo ha sido, pero es cuestionable decir que lo sigue siendo. En el centro del Estadio Metropolitano de Madrid, sin público en la pista y el césped cubierto por una lona negra, un abismo, el artista no podía verse más distante.

Inalcanzable. Es Kanye West, el rapero que lo fue todo, y ahora se le cierran las puertas del mundo que creyó haber conquistado. En las últimas semanas ha tenido que escuchar sonoros portazos en sus narices.

No ha sido así en España. Reino Unido consideró que su presencia allí “no favorecería el bien público”. A Australia, país de nacionalidad de su esposa, Bianca Censori, no le gustó nada su canción Heil Hitler y Ye ha perdido su visado.

Italia alegó motivos “de orden y seguridad públicos”, temiendo que hubiera contramanifestaciones a su presencia en un festival. Seguimos. Francia no le prohibió la entrada, pero el rapero prefirió cancelar su concierto en Marsella antes de que el ministro del Interior hiciera realidad sus amenazas de prohibirle actuar debido a sus declaraciones antisemitas.

En Suiza, el FC Basilea dijo que en su estadio no era bienvenido. Un festival en Eslovaquia sucumbió ante la adversa reacción mediática y de los patrocinadores. El alcalde de Praga presionó con éxito para que se cancelara su actuación en el hipódromo.

Y la ministra de Cultura de Polonia se puso seria ante lo que llamó “exaltación del nazismo”: “La libertad artística no significa dar vía libre a todo. La cultura no puede ser un espacio para quienes la explotan para propagar el odio”. El domo instalado en el centro del Estadio Metropolitano, rodeado por focos, es la escenografía del concierto de Kanye West E.

C. Aquí, en su primera vez en Madrid —no cuenta una breve actuación para los MTV EMA—, pese a que al ministro Urtasun le parecieron “repugnantes” sus declaraciones, ni el Gobierno le ha prohibido el paso ni el estadio del Atlético de Madrid ha impedido la celebración del concierto. Al final, antes de llegar a España, el único país europeo en el que ha podido tocar es Albania.

Aterriza aquí al mismo tiempo que se conoce que ha llegado a un acuerdo con la exasistente que le había acusado de agresión sexual, lo cual evita el juicio. Poner a la venta —momentáneamente— una camiseta con una esvástica y años de comentarios antisemitas —no porque apoye a Palestina— que provocaron el cierre de sus perfiles sociales, ha tenido un precio, a pesar de sus disculpas ante lo que definió como “exabruptos involuntarios” y la pérdida de contratos millonarios, como el de Adidas. Ahora que Kanye ha tocado fondo —o un fondo, quizá hay simas más profundas— dice que se arrepiente.

Según las explicaciones, su enfermedad mental (trastorno bipolar) es la responsable de sus involuntarios exabruptos. (No se sabe si se lo toma en serio, entre el merchandising oficial se encuentra una camiseta con el lema “FUCK BIPOLAR”). Con ánimo contrito, sin enfadarse aparentemente por las cancelaciones y una página comprada en el Wall Street Journal para dar explicaciones, Kanye sale triunfante hacia el centro del estadio metropolitano, se introduce bajo el domo gigante por una pequeña cremallera y surge en su cúpula por un mecanismo que le asciende. Aparece sobre él y Ye camina sobre su propio mundo. “Es el momento” (“The time is now / right now”), dice el primer verso de la primera canción que toca, como es también la primera del disco que presenta, BULLY (2026).

Un arco de veinte años De 2006 a 2026, del Razzmatazz al Metropolitano, de 2.000 a menos de 70.000 personas (se veían asientos vacíos), ese ha sido el arco de popularidad del rapero durante veinte años, auge y caída, que España ha visto desde lejos. Los espectadores de este jueves en Madrid también le vieron desde lejos. Sin pantallas que suplieran la distancia y superada la sorpresa del domo y del juego lumínico y pirotécnico —que no era particularmente espectacular, muy lejos de, por ejemplo, Rammstein— la fuerza recaía en las canciones, que tuvieron un impacto desigual.

Cuando al fin se completó el anochecer y Ye abordó Heartless, al fin vimos su cara proyectada, en blanco y negro, sin gafas, con sus 49 años, y eso fue lo más que nos dejó acercarnos a él. La áspera violencia electrónica de tres temas de Yeezus consecutivos (Black Skinhead, On Sight y Blood on the Leaves) hizo de ese tramo, a medio camino del set, el mejor momento del concierto. Pero aquellas canciones tienen 13 años y Kanye ha vendido a defender BULLY, el presente, con todas sus mayúsculas, sus altos y sus bajos, sus bellas y sus bestias.

El público lo recibió con educado entusiasmo, pero se hacía evidente que su audiencia no buscaba tanto un encuentro sino un reencuentro: el que propicia la puesta al día con el pasado, el ajuste de cuentas con eau de nostalgia. Y en esos términos, la ejecución de Power, la joya de la corona de este rey, no sonó ni siquiera al himno que se esperaba. West dejó que el público la coreara y la terminara, entregando la canción al viento, con el desapego de quien ya no la siente suya.

Algunas canciones tristemente acortadas (American Boy) y otras innecesariamente alargadas (All The Lights, Flashing Lights), junto a la sorpresa de incorporar en el cierre una canción nueva en la gira, TRUE LOVE, dieron por terminado un set de dos horas que no cumple con la espectacularidad que promete. El rapero antes conocido como Kanye West se va del escenario como llegó: solo, pequeño, distante. Para continuar su carrera necesitará algo más que dominar sus exabruptos o disimular una ideología que le lleva a burlarse de los vulnerables y una visión del mundo que le hace ridiculizar a las mujeres.

Etiquetas / Música / Conciertos / Rap / Hip Hop / Estadio Metropolitano / Kanye West Kanye West, el rapero destronado de la cima del mundo, busca el encuentro y el perdón de su público español El músico ofrece en Madrid el concierto que ha sido repetidamente cancelado en otras ciudades europeas: dos horas donde el público tuvo que poner de su parte para superar la frialdad de la puesta en escena y algunas grandes canciones sostenidas por la nostalgia — Muere Kavinsky, el DJ y productor autor del tema 'Nightcall' Ye (Kanye West) durante su único concierto en España, en Madrid, el 30 de julio de 2026 Europa Press 31 de julio de 2026 01:50 h 0 Un hombre solo en la cima del mundo. Como un muñequito. Pequeño.

Parece insignificante pero estuvo llamado a ser un rey. Y para muchos lo ha sido, pero es cuestionable decir que lo sigue siendo. En el centro del Estadio Metropolitano de Madrid, sin público en la pista y el césped cubierto por una lona negra, un abismo, el artista no podía verse más distante.

Inalcanzable. Es Kanye West, el rapero que lo fue todo, y ahora se le cierran las puertas del mundo que creyó haber conquistado. En las últimas semanas ha tenido que escuchar sonoros portazos en sus narices.

No ha sido así en España. Reino Unido consideró que su presencia allí “no favorecería el bien público”. A Australia, país de nacionalidad de su esposa, Bianca Censori, no le gustó nada su canción Heil Hitler y Ye ha perdido su visado.

Italia alegó motivos “de orden y seguridad públicos”, temiendo que hubiera contramanifestaciones a su presencia en un festival. Seguimos. Francia no le prohibió la entrada, pero el rapero prefirió cancelar su concierto en Marsella antes de que el ministro del Interior hiciera realidad sus amenazas de prohibirle actuar debido a sus declaraciones antisemitas.

En Suiza, el FC Basilea dijo que en su estadio no era bienvenido. Un festival en Eslovaquia sucumbió ante la adversa reacción mediática y de los patrocinadores. El alcalde de Praga presionó con éxito para que se cancelara su actuación en el hipódromo.

Y la ministra de Cultura de Polonia se puso seria ante lo que llamó “exaltación del nazismo”: “La libertad artística no significa dar vía libre a todo. La cultura no puede ser un espacio para quienes la explotan para propagar el odio”. El domo instalado en el centro del Estadio Metropolitano, rodeado por focos, es la escenografía del concierto de Kanye West E.

C. Aquí, en su primera vez en Madrid —no cuenta una breve actuación para los MTV EMA—, pese a que al ministro Urtasun le parecieron “repugnantes” sus declaraciones, ni el Gobierno le ha prohibido el paso ni el estadio del Atlético de Madrid ha impedido la celebración del concierto. Al final, antes de llegar a España, el único país europeo en el que ha podido tocar es Albania.

Aterriza aquí al mismo tiempo que se conoce que ha llegado a un acuerdo con la exasistente que le había acusado de agresión sexual, lo cual evita el juicio. Poner a la venta —momentáneamente— una camiseta con una esvástica y años de comentarios antisemitas —no porque apoye a Palestina— que provocaron el cierre de sus perfiles sociales, ha tenido un precio, a pesar de sus disculpas ante lo que definió como “exabruptos involuntarios” y la pérdida de contratos millonarios, como el de Adidas. Ahora que Kanye ha tocado fondo —o un fondo, quizá hay simas más profundas— dice que se arrepiente.

Según las explicaciones, su enfermedad mental (trastorno bipolar) es la responsable de sus involuntarios exabruptos. (No se sabe si se lo toma en serio, entre el merchandising oficial se encuentra una camiseta con el lema “FUCK BIPOLAR”). Con ánimo contrito, sin enfadarse aparentemente por las cancelaciones y una página comprada en el Wall Street Journal para dar explicaciones, Kanye sale triunfante hacia el centro del estadio metropolitano, se introduce bajo el domo gigante por una pequeña cremallera y surge en su cúpula por un mecanismo que le asciende. Aparece sobre él y Ye camina sobre su propio mundo. “Es el momento” (“The time is now / right now”), dice el primer verso de la primera canción que toca, como es también la primera del disco que presenta, BULLY (2026).

Un arco de veinte años De 2006 a 2026, del Razzmatazz al Metropolitano, de 2.000 a menos de 70.000 personas (se veían asientos vacíos), ese ha sido el arco de popularidad del rapero durante veinte años, auge y caída, que España ha visto desde lejos. Los espectadores de este jueves en Madrid también le vieron desde lejos. Sin pantallas que suplieran la distancia y superada la sorpresa del domo y del juego lumínico y pirotécnico —que no era particularmente espectacular, muy lejos de, por ejemplo, Rammstein— la fuerza recaía en las canciones, que tuvieron un impacto desigual.

Cuando al fin se completó el anochecer y Ye abordó Heartless, al fin vimos su cara proyectada, en blanco y negro, sin gafas, con sus 49 años, y eso fue lo más que nos dejó acercarnos a él. La áspera violencia electrónica de tres temas de Yeezus consecutivos (Black Skinhead, On Sight y Blood on the Leaves) hizo de ese tramo, a medio camino del set, el mejor momento del concierto. Pero aquellas canciones tienen 13 años y Kanye ha vendido a defender BULLY, el presente, con todas sus mayúsculas, sus altos y sus bajos, sus bellas y sus bestias.

El público lo recibió con educado entusiasmo, pero se hacía evidente que su audiencia no buscaba tanto un encuentro sino un reencuentro: el que propicia la puesta al día con el pasado, el ajuste de cuentas con eau de nostalgia. Y en esos términos, la ejecución de Power, la joya de la corona de este rey, no sonó ni siquiera al himno que se esperaba. West dejó que el público la coreara y la terminara, entregando la canción al viento, con el desapego de quien ya no la siente suya.

Algunas canciones tristemente acortadas (American Boy) y otras innecesariamente alargadas (All The Lights, Flashing Lights), junto a la sorpresa de incorporar en el cierre una canción nueva en la gira, TRUE LOVE, dieron por terminado un set de dos horas que no cumple con la espectacularidad que promete. El rapero antes conocido como Kanye West se va del escenario como llegó: solo, pequeño, distante. Para continuar su carrera necesitará algo más que dominar sus exabruptos o disimular una ideología que le lleva a burlarse de los vulnerables y una visión del mundo que le hace ridiculizar a las mujeres.

Etiquetas / Música / Conciertos / Rap / Hip Hop / Estadio Metropolitano / Kanye West

Publicado por Redacción · jueves, 30 de julio de 2026

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