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Internacional
jueves, 17 de septiembre de 2026

Si de mí dependiera

Si de mí dependiera es bastante improbable que viviese en un país en el que las mujeres van cubiertas con velo y no les dejan entrar en los bares ni hacer muchas otras cosas sin tener que rendir cuent

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Algo que contar Si de mí dependiera Regala esta noticia Añádenos en Google (Ilustración: Fernándo Hernández) Andrés Trapiello 17/09/2026 a las 17:10h. Si de mí dependiera es bastante improbable que viviese en un país en el que las mujeres van cubiertas con velo y no les dejan entrar en los bares ni hacer muchas otras cosas sin tener que rendir cuentas a padres, a hermanos y a ... maridos de aquello que únicamente les pertenece a ellas. Podría uno incluso pasar por alto las llamadas a oración del muecín que ondulan, como vencejos, los cielos de sus ciudades.

Supongo que me acostumbraría a sus clericales melismas, como nos hemos hecho a las campanas, tan melancólicas siempre. Ahora, vivir rodeado de hombres a todas horas... Las escenas que nos llegan de Ceuta lo confirman.

De los miles de marroquíes que la invadieron y aún permanecen en la ciudad, vagan por sus calles y acampan en sus playas únicamente los varones. De ellos es el espacio público. Reproducen en un país democrático sus costumbres medievales y preilustradas.

Las mujeres, reducidas en recintos cerrados, se agrupan y defienden como pueden, poco, porque algunos hombres, si pueden, acaban violando a las más jóvenes, niñas y muchachas. Ante el asombroso mutismo de las feministas y ministras españolas y la inacción de los propios moros. Se ve que a estos la honra, fuera de la familia, les importa menos, como tampoco mucho la democracia.

Nada de guillotinas: sean volterianos, no asesinos. Pero sí obligar a Mohamed VI a devolver al pueblo lo que él, su padre y el padre de su padre le han robado Se entiende: vienen de un reino cuyo monarca los mantiene sin respiro bajo su babucha y en la miseria. «La prueba de que Ceuta –vale igual para Melilla– no es Marruecos es que los ciudadanos marroquíes se matan –literalmente, se matan– por salir de Marruecos y entrar en Ceuta.

O en Melilla», escribía Gabriel Albiac. No sé. Sería cierto si el deseo de salir de Marruecos fuese completo, quiero decir, dejando atrás todo lo que arrastran.

Opresivo y deprimente. Su manera de entender la vida, sus costumbres familiares y sociales asfixiantes. Y no parece.

Marruecos va con ellos. Ni el menor interés en integrarse. Quieren reproducir en España exactamente lo que ya eran antes.

El progreso que buscan es económico, no los principios de la Ilustración, felices, se diría, del sátrapa que les gobierna de espaldas a los derechos humanos más elementales. En la práctica sólo parece interesarles el pib, como si en todo lo demás se rigieran por «la servidumbre voluntaria» de los esclavos felices. Así que… ¿Tienen derecho los invasores de Ceuta a mejorar su posición?

Por supuesto. ¿A costa de los ceutíes? Por supuesto que no.

¿Son presas de su ciego destino, podrían hacer algo diferente de lo que han hecho? No sólo podrían, están obligados a hacerlo. Recorrer el camino que otras naciones recorrieron antes.

Marchar sobre cualquiera de los dieciséis, veinte o cien palacios de Mohamed VI y ocuparlos. Al fin y al cabo, esos palacios son más suyos que Ceuta. Y nada de guillotinas: sean volterianos, no asesinos.

Pero sí obligarle a devolver al pueblo lo que él, su padre y el padre de su padre le han robado. Y acto seguido, buscar a las élites corruptas que lo mantienen en el trono, desde sus ministros al último de sus funcionarios, policías y militares, y juzgarlos igualmente por sus crímenes y abusos. Redactar una nueva constitución en la que se garantizara la separación de poderes (la del trono y la mezquita, la primera), la emancipación de facto de las mujeres y la libertad e igualdad de todos los ciudadanos.

Sólo con esto el país mejoraría tanto, que harían ociosa cualquier emigración. Hace muchos años pasó uno unas pocas horas en Tánger. Nunca había puesto un pie en Marruecos.

Nunca después tampoco. Oí decir entonces: «Es la menos marroquí de las ciudades, la preferida de millonarios, esnobs y libertinos». Es posible, pero en ella fue también donde no se veían mujeres en los bares y sí muchas con velo, caminando delante o detrás de sus maridos, padres y hermanos.

Allí fue donde me dije: si de mí dependiera… Ocho, diez, doce mil inmigrantes ilegales marroquíes han ocupado Ceuta. Y los y las ceutíes, que ya han perdido la mitad de sus derechos, ven peligrar la otra mitad, la más preciosa, la que tiene que ver con los valores ilustrados, esos que garantizan, sobre todo, la libertad en el espacio público. Reportar un error Algo que contar Si de mí dependiera Regala esta noticia Añádenos en Google (Ilustración: Fernándo Hernández) Andrés Trapiello 17/09/2026 a las 17:10h.

Si de mí dependiera es bastante improbable que viviese en un país en el que las mujeres van cubiertas con velo y no les dejan entrar en los bares ni hacer muchas otras cosas sin tener que rendir cuentas a padres, a hermanos y a ... maridos de aquello que únicamente les pertenece a ellas. Podría uno incluso pasar por alto las llamadas a oración del muecín que ondulan, como vencejos, los cielos de sus ciudades. Supongo que me acostumbraría a sus clericales melismas, como nos hemos hecho a las campanas, tan melancólicas siempre.

Ahora, vivir rodeado de hombres a todas horas... Las escenas que nos llegan de Ceuta lo confirman. De los miles de marroquíes que la invadieron y aún permanecen en la ciudad, vagan por sus calles y acampan en sus playas únicamente los varones.

De ellos es el espacio público. Reproducen en un país democrático sus costumbres medievales y preilustradas. Las mujeres, reducidas en recintos cerrados, se agrupan y defienden como pueden, poco, porque algunos hombres, si pueden, acaban violando a las más jóvenes, niñas y muchachas.

Ante el asombroso mutismo de las feministas y ministras españolas y la inacción de los propios moros. Se ve que a estos la honra, fuera de la familia, les importa menos, como tampoco mucho la democracia. Nada de guillotinas: sean volterianos, no asesinos.

Pero sí obligar a Mohamed VI a devolver al pueblo lo que él, su padre y el padre de su padre le han robado Se entiende: vienen de un reino cuyo monarca los mantiene sin respiro bajo su babucha y en la miseria. «La prueba de que Ceuta –vale igual para Melilla– no es Marruecos es que los ciudadanos marroquíes se matan –literalmente, se matan– por salir de Marruecos y entrar en Ceuta. O en Melilla», escribía Gabriel Albiac.

No sé. Sería cierto si el deseo de salir de Marruecos fuese completo, quiero decir, dejando atrás todo lo que arrastran. Opresivo y deprimente.

Su manera de entender la vida, sus costumbres familiares y sociales asfixiantes. Y no parece. Marruecos va con ellos.

Ni el menor interés en integrarse. Quieren reproducir en España exactamente lo que ya eran antes. El progreso que buscan es económico, no los principios de la Ilustración, felices, se diría, del sátrapa que les gobierna de espaldas a los derechos humanos más elementales.

En la práctica sólo parece interesarles el pib, como si en todo lo demás se rigieran por «la servidumbre voluntaria» de los esclavos felices. Así que… ¿Tienen derecho los invasores de Ceuta a mejorar su posición? Por supuesto.

¿A costa de los ceutíes? Por supuesto que no. ¿Son presas de su ciego destino, podrían hacer algo diferente de lo que han hecho?

No sólo podrían, están obligados a hacerlo. Recorrer el camino que otras naciones recorrieron antes. Marchar sobre cualquiera de los dieciséis, veinte o cien palacios de Mohamed VI y ocuparlos.

Al fin y al cabo, esos palacios son más suyos que Ceuta. Y nada de guillotinas: sean volterianos, no asesinos. Pero sí obligarle a devolver al pueblo lo que él, su padre y el padre de su padre le han robado.

Y acto seguido, buscar a las élites corruptas que lo mantienen en el trono, desde sus ministros al último de sus funcionarios, policías y militares, y juzgarlos igualmente por sus crímenes y abusos. Redactar una nueva constitución en la que se garantizara la separación de poderes (la del trono y la mezquita, la primera), la emancipación de facto de las mujeres y la libertad e igualdad de todos los ciudadanos. Sólo con esto el país mejoraría tanto, que harían ociosa cualquier emigración.

Hace muchos años pasó uno unas pocas horas en Tánger. Nunca había puesto un pie en Marruecos. Nunca después tampoco.

Oí decir entonces: «Es la menos marroquí de las ciudades, la preferida de millonarios, esnobs y libertinos». Es posible, pero en ella fue también donde no se veían mujeres en los bares y sí muchas con velo, caminando delante o detrás de sus maridos, padres y hermanos. Allí fue donde me dije: si de mí dependiera… Ocho, diez, doce mil inmigrantes ilegales marroquíes han ocupado Ceuta.

Y los y las ceutíes, que ya han perdido la mitad de sus derechos, ven peligrar la otra mitad, la más preciosa, la que tiene que ver con los valores ilustrados, esos que garantizan, sobre todo, la libertad en el espacio público. Reportar un error

Publicado por Redacción · jueves, 17 de septiembre de 2026

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