Kanye West: un espectáculo portentoso pocas veces visto en España, a pesar de todo
Comenzó Kanye West justificándose en forma de rimas, que buena falta le hacía: «Estaba borracho de poder y bebiendo», «algunos de mis seres queridos se convirtieron en seres perdidos» y «el dolor me n
Kanye West: un espectáculo portentoso pocas veces visto en España, a pesar de todo Tras haber sido vetado en varios países por sus comentarios antisemitas, el arrepentido rapero, ahora rebautizado como Ye, reunió ayer a 65.000 seguidores en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid para ofrecer una actuación del futuro Regala esta noticia Añádenos en Google Kanye West, durante su concierto en Madrid. (Israel Viana) Israel Viana 31/07/2026 a las 00:28h. Comenzó Kanye West justificándose en forma de rimas, que buena falta le hacía: «Estaba borracho de poder y bebiendo», «algunos de mis seres queridos se convirtieron en seres perdidos» y «el dolor me nublaba los pensamientos». Es 'King', el tema que abre su último ... disco, 'Bully' (YZY/Gamma), tras meses de disparates, provocaciones, polémicas y barbaridades.
Seguro que cuando apareció sobre el gigantesco planeta Tierra que hacía las veces de escenario –rey de su mundo–, los 65.000 seguidores que acudieron ayer al Riyadh Air Metropolitano respiraron aliviados. Su presencia en Madrid, única actuación en España, era un milagro, una excepción a la regla que ha regido su gira: la cancelación. El rapero ahora rebautizado como Ye había sido vetado en Australia, Reino Unido, Francia, Polonia, República Checa y Suiza por su deriva antisemita, que expresó a través de su obra y de varias entrevistas.
Por eso más del 60% de los asistentes venían del extranjero, según la organización. Otros países intentaron prohibirlo y el mismo Ernest Urtasun, ministro español de Cultura, lo barajó tras calificar sus declaraciones de «repugnantes», pero nada. Apareció anoche el artista 15 minutos después de la hora anunciada, coronado y controvertido.
«El héroe se convirtió en villano», clamó en otra rima de 'King'. Atado todo el rato a un cable de seguridad para no despeñarse desde lo alto de su enorme esfera de 30 metros de diámetro, que no le permitía moverse más de tres metros en su polo norte, West siguió con 'Father Stretch My Hands, Pt. 1' y 'Can't Tell Me Nothing', en un espectáculo que, desde el principio, fuegos artificiales incluidos, dejó claro que la parte visual era tanto o más importante que la musical. Y eso que se corearon prácticamente todas las letras de principio a fin y que nadie vio el concierto sentado.
Noticia relacionada Vetos, cancelaciones... ¿qué pasa con la gira europea de Kanye West? Nacho Serrano Por muchas imágenes que hubiéramos visto de su concierto previo en Tirana (Albania), la escenografía preparada por West resultó abrumadora, como traída del futuro.
Pocas veces se ha visto en España, nunca hasta donde alcanza mi memoria, semejante montaje, hasta el punto de que no había público en la pista, pues estaba ocupada por los mil cachivaches que proyectaron las imágenes, lanzaron los cohetes y dispararon los láseres. Estos últimos especialmente intensos en 'All The Lights'. «¡Cómo puede ser tan increíble!», gritó una seguidora cercana en inglés durante esta canción.
Un poco deslucido hasta que se hizo de noche, a eso de las 22.00, la gran orbe sobre la que paseó West se pasó la gran mayoría del tiempo girando sobre sí misma a diferentes velocidades, iluminada por centenares de focos en 'Beauty And The Beast', 'I Can't Wait' y 'Father', entre otras, salvo en los momentos en los que él mismo aparecía proyectado, como en 'Heartless' y 'All The Love', cantada esta última de nuevo por todo el mundo. Es como estar dentro de una película de Nolan o Spielberg, con Ye como único protagonista, con el auditorio, en numerosas ocasiones, saltando en sus asientos. No hay banda, no hay bailarinas, no hay nada.
Solo está él y poco importa. Un joven seguidor cerca de mí hizo una videollamada a su madre para que viera por un rato lo que él estaba viendo. Ella puso cara de sorprendida en la pantalla.
Ríete tú de la casita de Bad Bunny. Kanye West durante el concierto. (Israel Viana) West sacó su lado más combativo. Sonó 'Niggas In Paris', con sus referencias a multimillonarios como Michael Jordan, Mike Tyson y Michael Jackson, para celebrar el éxito económico y cultural de los negros.
¿No hay ninguna artista que haya logrado tanto como ellos? Y 'Black Skinhead', ese «cántico de estadio de fútbol», según su amigo Travis Scott, con una percusión que parece sacada de un tema de Marilyn Manson y que ayer retumbó en todo el estadio. Un tema que su compositor utiliza no para homenajear al nazismo, cuidado, sino para reflexionar de nuevo sobre el poder y la fama alcanzada por los afroamericanos, que West asegura que es percibida como una amenaza por el resto del mundo… no el suyo, el de los demás.
Newsletter Podríamos haber pensado lo primero, claro, por sus consabidas proclamas, aunque anoche no interpretó, como era de esperar, su 'Heil Hitler', ese incendiario sencillo que publicó el año pasado con el que comenzó su descenso a los infiernos. Iba a formar parte de un álbum que finalmente no vio la luz, 'Cuck', con el que afirmaba que su batalla por la millonaria deuda que tiene con Hacienda en Estados Unidos le había acercado al nazismo. Por si no quedaba claro, hasta incluía un fragmento del discurso del dictador alemán en la fábrica Krupp de Essen en 1935.
No habló de nada de eso anoche, ni para reafirmarse ni para disculparse. Tampoco interpretó ninguna de las versiones que realizó de esa canción para sortear la censura, en las más de dos horas de actuación y cerca de cuarenta cortes. Imposible reseñarlas todas.
West llegaba a Madrid en son de paz. El rapero ya se disculpó en enero en 'The Wall Street Journal': «Hice cosas de las que me arrepiento profundamente. Traté a algunas de las personas que más quiero de la peor manera».
Y luego justificó su «fractura» con la realidad, así la definió, con un accidente de tráfico sufrido hace 25 años y un «trastorno bipolar tipo 1 que no justifica lo que hice, pero no soy nazi ni antisemita. Amo al pueblo judío». Hay algo triste en su música, al menos en una parte de ella, aunque no lo parezca.
Como si su incontrolable ego pasara a un segundo plano, generando momentos nostálgicos en 'Mercy' y 'Praise God'. También cuando se escuchó el piano de 'Blood On The Leaves' a mitad de la velada y el soul sesentero de 'Ghost Town' hacia el final, donde cantó: «He intentado que me ames / pero todo lo que hago te aleja de mí». Y es que West es también un superviviente, sobre todo de sí mismo, aunque con unas producciones que están a una altura que pocas figuras del hip hop suelen alcanzar.
Ahí estaba anoche 'Runaway', con esa nota de piano percutor sonando sobre la melodía de una voz femenina para que West bajara de su mundo y se marchara a pie del estadio, despedido con una ovación general y unos cantos gregorianos de fondo. Vale que luego tendremos que sufrir a su 'Mr. Hide', claro, pero ese es otro tema. comentarios Reportar un error Kanye West: un espectáculo portentoso pocas veces visto en España, a pesar de todo Tras haber sido vetado en varios países por sus comentarios antisemitas, el arrepentido rapero, ahora rebautizado como Ye, reunió ayer a 65.000 seguidores en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid para ofrecer una actuación del futuro Regala esta noticia Añádenos en Google Kanye West, durante su concierto en Madrid. (Israel Viana) Israel Viana 31/07/2026 a las 00:28h.
Comenzó Kanye West justificándose en forma de rimas, que buena falta le hacía: «Estaba borracho de poder y bebiendo», «algunos de mis seres queridos se convirtieron en seres perdidos» y «el dolor me nublaba los pensamientos». Es 'King', el tema que abre su último ... disco, 'Bully' (YZY/Gamma), tras meses de disparates, provocaciones, polémicas y barbaridades. Seguro que cuando apareció sobre el gigantesco planeta Tierra que hacía las veces de escenario –rey de su mundo–, los 65.000 seguidores que acudieron ayer al Riyadh Air Metropolitano respiraron aliviados.
Su presencia en Madrid, única actuación en España, era un milagro, una excepción a la regla que ha regido su gira: la cancelación. El rapero ahora rebautizado como Ye había sido vetado en Australia, Reino Unido, Francia, Polonia, República Checa y Suiza por su deriva antisemita, que expresó a través de su obra y de varias entrevistas. Por eso más del 60% de los asistentes venían del extranjero, según la organización.
Otros países intentaron prohibirlo y el mismo Ernest Urtasun, ministro español de Cultura, lo barajó tras calificar sus declaraciones de «repugnantes», pero nada. Apareció anoche el artista 15 minutos después de la hora anunciada, coronado y controvertido. «El héroe se convirtió en villano», clamó en otra rima de 'King'.
Atado todo el rato a un cable de seguridad para no despeñarse desde lo alto de su enorme esfera de 30 metros de diámetro, que no le permitía moverse más de tres metros en su polo norte, West siguió con 'Father Stretch My Hands, Pt. 1' y 'Can't Tell Me Nothing', en un espectáculo que, desde el principio, fuegos artificiales incluidos, dejó claro que la parte visual era tanto o más importante que la musical. Y eso que se corearon prácticamente todas las letras de principio a fin y que nadie vio el concierto sentado. Noticia relacionada Vetos, cancelaciones...
¿qué pasa con la gira europea de Kanye West? Nacho Serrano Por muchas imágenes que hubiéramos visto de su concierto previo en Tirana (Albania), la escenografía preparada por West resultó abrumadora, como traída del futuro. Pocas veces se ha visto en España, nunca hasta donde alcanza mi memoria, semejante montaje, hasta el punto de que no había público en la pista, pues estaba ocupada por los mil cachivaches que proyectaron las imágenes, lanzaron los cohetes y dispararon los láseres.
Estos últimos especialmente intensos en 'All The Lights'. «¡Cómo puede ser tan increíble!», gritó una seguidora cercana en inglés durante esta canción. Un poco deslucido hasta que se hizo de noche, a eso de las 22.00, la gran orbe sobre la que paseó West se pasó la gran mayoría del tiempo girando sobre sí misma a diferentes velocidades, iluminada por centenares de focos en 'Beauty And The Beast', 'I Can't Wait' y 'Father', entre otras, salvo en los momentos en los que él mismo aparecía proyectado, como en 'Heartless' y 'All The Love', cantada esta última de nuevo por todo el mundo.
Es como estar dentro de una película de Nolan o Spielberg, con Ye como único protagonista, con el auditorio, en numerosas ocasiones, saltando en sus asientos. No hay banda, no hay bailarinas, no hay nada. Solo está él y poco importa.
Un joven seguidor cerca de mí hizo una videollamada a su madre para que viera por un rato lo que él estaba viendo. Ella puso cara de sorprendida en la pantalla. Ríete tú de la casita de Bad Bunny.
Kanye West durante el concierto. (Israel Viana) West sacó su lado más combativo. Sonó 'Niggas In Paris', con sus referencias a multimillonarios como Michael Jordan, Mike Tyson y Michael Jackson, para celebrar el éxito económico y cultural de los negros. ¿No hay ninguna artista que haya logrado tanto como ellos?
Y 'Black Skinhead', ese «cántico de estadio de fútbol», según su amigo Travis Scott, con una percusión que parece sacada de un tema de Marilyn Manson y que ayer retumbó en todo el estadio. Un tema que su compositor utiliza no para homenajear al nazismo, cuidado, sino para reflexionar de nuevo sobre el poder y la fama alcanzada por los afroamericanos, que West asegura que es percibida como una amenaza por el resto del mundo… no el suyo, el de los demás. Newsletter Podríamos haber pensado lo primero, claro, por sus consabidas proclamas, aunque anoche no interpretó, como era de esperar, su 'Heil Hitler', ese incendiario sencillo que publicó el año pasado con el que comenzó su descenso a los infiernos.
Iba a formar parte de un álbum que finalmente no vio la luz, 'Cuck', con el que afirmaba que su batalla por la millonaria deuda que tiene con Hacienda en Estados Unidos le había acercado al nazismo. Por si no quedaba claro, hasta incluía un fragmento del discurso del dictador alemán en la fábrica Krupp de Essen en 1935. No habló de nada de eso anoche, ni para reafirmarse ni para disculparse.
Tampoco interpretó ninguna de las versiones que realizó de esa canción para sortear la censura, en las más de dos horas de actuación y cerca de cuarenta cortes. Imposible reseñarlas todas. West llegaba a Madrid en son de paz.
El rapero ya se disculpó en enero en 'The Wall Street Journal': «Hice cosas de las que me arrepiento profundamente. Traté a algunas de las personas que más quiero de la peor manera». Y luego justificó su «fractura» con la realidad, así la definió, con un accidente de tráfico sufrido hace 25 años y un «trastorno bipolar tipo 1 que no justifica lo que hice, pero no soy nazi ni antisemita.
Amo al pueblo judío». Hay algo triste en su música, al menos en una parte de ella, aunque no lo parezca. Como si su incontrolable ego pasara a un segundo plano, generando momentos nostálgicos en 'Mercy' y 'Praise God'.
También cuando se escuchó el piano de 'Blood On The Leaves' a mitad de la velada y el soul sesentero de 'Ghost Town' hacia el final, donde cantó: «He intentado que me ames / pero todo lo que hago te aleja de mí». Y es que West es también un superviviente, sobre todo de sí mismo, aunque con unas producciones que están a una altura que pocas figuras del hip hop suelen alcanzar. Ahí estaba anoche 'Runaway', con esa nota de piano percutor sonando sobre la melodía de una voz femenina para que West bajara de su mundo y se marchara a pie del estadio, despedido con una ovación general y unos cantos gregorianos de fondo.
Vale que luego tendremos que sufrir a su 'Mr. Hide', claro, pero ese es otro tema. comentarios Reportar un error Vetos, cancelaciones... ¿qué pasa con la gira europea de Kanye West?
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