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Internacional
lunes, 27 de julio de 2026

Los 7 gladiadores más letales de Roma: «Les honraban más que a los emperadores»

No eran unos cualquiera. Cuenta el historiador Gayo Suetonio en su 'Vida de los doce Césares' que los gladiadores –los buenos, al menos– eran elogiados hasta que la voz del público se tornaba ronca y

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Los 7 gladiadores más letales de Roma: «Les honraban más que a los emperadores» Las gestas de atletas como Spículo o Hermes fueron de tal calado que quedaron grabadas en fuentes clásicas, inscripciones funerarias y grafitis Regala esta noticia Añádenos en Google Pollice Verso (1872), obra de Jean-Léon Gérôme. (ABC) Manuel P. Villatoro 28/07/2026 a las 01:16h.

No eran unos cualquiera. Cuenta el historiador Gayo Suetonio en su 'Vida de los doce Césares' que los gladiadores –los buenos, al menos– eran elogiados hasta que la voz del público se tornaba ronca y sus palmas enrojecían de aplaudir. Y pone como ejemplo ... a un atleta llamado Prío; un tipo al que, «después de una brillante victoria, […] el pueblo le alabó con entusiasmo».

Hasta tal punto llegó el fervor, que el mismísimo emperador sintió envidia. «Calígula salió tan apresuradamente del espectáculo que, pisándose la toga, cayó desde lo alto de las gradas, y exclamó con indignación que el pueblo honraba más a un gladiador por un fútil motivo que a la sagrada memoria de los césares», escribió. Sin rencores don Calígula, porque, como demuestran las fuentes clásicas, las inscripciones funerarias y hasta los grafitis romanos, a lo largo de la República y el Imperio existieron una infinidad de gladiadores que eran venerados en todo el territorio romano.

Combatientes con puñados de victorias a sus espaldas y fama de tipos duros que se ganaron su particular hueco en las crónicas. Y hoy, contamos la vida de algunos de ellos. Héroes de las crónicas Mucho se ha escrito sobre dos personajes famosos en su era: Vero y Prisco, unos gladiadores que han sido los protagonistas de una infinidad de novelas históricas, documentales y relatos cortos.

Y todas estas obras han exagerado la, por otro lado, escasa información que existe sobre ellos. El autor más destacado que nos acerca a su historia real es Marco Valerio Marcial, el poeta romano de origen hispano que, en el siglo I d.C., alumbró el 'Liber spectaculorum' o 'Libro de los Espectáculos'; un compendio de epigramas –poemas breves– en los que narraba los largos juegos ofrecidos por Tito a lo largo del año 80 d.C. con motivo de la inauguración del Coliseo. Cien días, ni más ni menos.

Noticia relacionada El aceite de oliva de la almazara más importante de Hispania viajaba de Jaén a Roma desde el siglo I d.C Cecilia Gallo Marcial narró, en el poema titulado 'Vencedores ambos', que Vero y Prisco se enfrentaron en el Coliseo, pero que, al prolongarse la contienda, «y al estar igualado el combate durante largo tiempo, se pidió de forma reiterada y con gran griterío la licencia para ambos». Tito no estaba de acuerdo en principio: «La norma era luchar, dejando el broquel, hasta que uno de los dos levante el dedo». Es decir: hasta que alguno se rindiera a su adversario.

Pero los minutos pasaron, la batalla continuó y, según parece, el emperador terminó por apiadarse tras observar el valor que habían demostrado. Al final, les concedió la libertad entregándoles la famosa espada de madera y «los otros emblemas de la victoria». Así lo escribió el cronista: «Esto no le sucedió a nadie sino bajo tu reinado, César, que al luchar dos, uno y otro fueran vencedores».

En el 'Liber spectaculorum' quedaron descritas también las gestas de un popular 'venator'; un tipo de combatiente que, aunque de forma estricta no era un gladiador, se enfrentaba a animales salvajes sobre la arena. El luchador que recogió en sus textos Marcial era conocido como Carpóforo y se había ganado su fama por acabar con una larga lista de bestias. «Hirió con su dardo a un ágil oso y […] aterró a un león de tan enorme tamaño que nunca se había visto uno igual […].

Y a un velocísimo leopardo privó del aliento con una horrenda herida», escribió. Al parecer, «sus prodigios» le valieron el reconocimiento de todo el Coliseo. Debió de ser famoso, ya que el poeta le dedicó nada menos que tres epigramas y aseguró que había «domado a veinte fieros monstruos».

Una proeza, en sus palabras, digna del mismísimo Hércules. El último de los grandes guerreros a los que hace referencia Marcial fue un gladiador conocido con el sobrenombre de Hermes. Porque sí, era habitual que estos combatientes recibieran un apodo que les acompañara durante toda su carrera.

El poeta dijo de este atleta que había sido «entrenado en todas las armas»; que era «gladiador y maestro» y que la multitud le aplaudía por ser el temor de los juegos. Poco más se conoce de él más allá de las loas que le dedicó el autor, que fueron muchas; entre ellas, que manejaba a la perfección el tridente y la lanza, que era «tres veces único» en la arena y que se había convertido, a golpe de victorias, en la «gloria de Marte», el dios de la guerra. Mal ejemplo Las crónicas no contaban solo las bondades de los gladiadores.

En su 'Vida de los doce Césares', Suetonio recogió las peripecias de Spículo. Aunque poco narró de sus glorias en la arena, pues este atleta pasó a la historia por su cercanía con Nerón, quien «le regaló muchos patrimonios y casas pertenecientes a ciudadanos honrados». Según recogió el autor, cuando el emperador fue declarado enemigo público de Roma y se vio cercado por sus adversarios en el 68 d.C., pidió que fuese este deportista quien le diese muerte de un espadazo.

Para su desgracia, el gladiador se negó y al mandamás no le quedó otro remedio que suicidarse con una daga poco tiempo después. Tal y como afirmó el también historiador Plutarco, Spículo acabó sus días asesinado por una turba furibunda bajo una estatua de su viejo amigo. Coquetear con el poder le salió caro, vaya.

Como Spículo, las crónicas recogen otros tantos nombres que ganaron su fama de forma poco normativa fuera de la arena. El mismo Suetonio, por ejemplo, dejó constancia de que un gladiador 'murmillo' que fue asesinado por Calígula: «Columbo salió vencedor en un combate, aunque ligeramente herido, y el emperador le introdujo en la herida un veneno al que después denominó Columbiano». Y Dion Casio, el político, militar e historiador del siglo II d.C., afirmó en su 'Historia romana' que Caracalla –al frente del Imperio entre los años 198 y 217 d.C.– era conocido entre el pueblo llano con el nombre de uno de estos atletas.

«Algunos lo llamaban Bassiano, su nombre original […] y aún otros Tarautas, el alias de un gladiador que era el más insignificante y feo de apariencia, y el de ánimo más temeroso y sanguinario». Temas Antigua Roma historia comentarios Reportar un error Los 7 gladiadores más letales de Roma: «Les honraban más que a los emperadores» Las gestas de atletas como Spículo o Hermes fueron de tal calado que quedaron grabadas en fuentes clásicas, inscripciones funerarias y grafitis Regala esta noticia Añádenos en Google Pollice Verso (1872), obra de Jean-Léon Gérôme. (ABC) Manuel P.

Villatoro 28/07/2026 a las 01:16h. No eran unos cualquiera. Cuenta el historiador Gayo Suetonio en su 'Vida de los doce Césares' que los gladiadores –los buenos, al menos– eran elogiados hasta que la voz del público se tornaba ronca y sus palmas enrojecían de aplaudir.

Y pone como ejemplo ... a un atleta llamado Prío; un tipo al que, «después de una brillante victoria, […] el pueblo le alabó con entusiasmo». Hasta tal punto llegó el fervor, que el mismísimo emperador sintió envidia. «Calígula salió tan apresuradamente del espectáculo que, pisándose la toga, cayó desde lo alto de las gradas, y exclamó con indignación que el pueblo honraba más a un gladiador por un fútil motivo que a la sagrada memoria de los césares», escribió.

Sin rencores don Calígula, porque, como demuestran las fuentes clásicas, las inscripciones funerarias y hasta los grafitis romanos, a lo largo de la República y el Imperio existieron una infinidad de gladiadores que eran venerados en todo el territorio romano. Combatientes con puñados de victorias a sus espaldas y fama de tipos duros que se ganaron su particular hueco en las crónicas. Y hoy, contamos la vida de algunos de ellos.

Héroes de las crónicas Mucho se ha escrito sobre dos personajes famosos en su era: Vero y Prisco, unos gladiadores que han sido los protagonistas de una infinidad de novelas históricas, documentales y relatos cortos. Y todas estas obras han exagerado la, por otro lado, escasa información que existe sobre ellos. El autor más destacado que nos acerca a su historia real es Marco Valerio Marcial, el poeta romano de origen hispano que, en el siglo I d.C., alumbró el 'Liber spectaculorum' o 'Libro de los Espectáculos'; un compendio de epigramas –poemas breves– en los que narraba los largos juegos ofrecidos por Tito a lo largo del año 80 d.C. con motivo de la inauguración del Coliseo.

Cien días, ni más ni menos. Noticia relacionada El aceite de oliva de la almazara más importante de Hispania viajaba de Jaén a Roma desde el siglo I d.C Cecilia Gallo Marcial narró, en el poema titulado 'Vencedores ambos', que Vero y Prisco se enfrentaron en el Coliseo, pero que, al prolongarse la contienda, «y al estar igualado el combate durante largo tiempo, se pidió de forma reiterada y con gran griterío la licencia para ambos». Tito no estaba de acuerdo en principio: «La norma era luchar, dejando el broquel, hasta que uno de los dos levante el dedo».

Es decir: hasta que alguno se rindiera a su adversario. Pero los minutos pasaron, la batalla continuó y, según parece, el emperador terminó por apiadarse tras observar el valor que habían demostrado. Al final, les concedió la libertad entregándoles la famosa espada de madera y «los otros emblemas de la victoria».

Así lo escribió el cronista: «Esto no le sucedió a nadie sino bajo tu reinado, César, que al luchar dos, uno y otro fueran vencedores». En el 'Liber spectaculorum' quedaron descritas también las gestas de un popular 'venator'; un tipo de combatiente que, aunque de forma estricta no era un gladiador, se enfrentaba a animales salvajes sobre la arena. El luchador que recogió en sus textos Marcial era conocido como Carpóforo y se había ganado su fama por acabar con una larga lista de bestias.

«Hirió con su dardo a un ágil oso y […] aterró a un león de tan enorme tamaño que nunca se había visto uno igual […]. Y a un velocísimo leopardo privó del aliento con una horrenda herida», escribió. Al parecer, «sus prodigios» le valieron el reconocimiento de todo el Coliseo.

Debió de ser famoso, ya que el poeta le dedicó nada menos que tres epigramas y aseguró que había «domado a veinte fieros monstruos». Una proeza, en sus palabras, digna del mismísimo Hércules. El último de los grandes guerreros a los que hace referencia Marcial fue un gladiador conocido con el sobrenombre de Hermes.

Porque sí, era habitual que estos combatientes recibieran un apodo que les acompañara durante toda su carrera. El poeta dijo de este atleta que había sido «entrenado en todas las armas»; que era «gladiador y maestro» y que la multitud le aplaudía por ser el temor de los juegos. Poco más se conoce de él más allá de las loas que le dedicó el autor, que fueron muchas; entre ellas, que manejaba a la perfección el tridente y la lanza, que era «tres veces único» en la arena y que se había convertido, a golpe de victorias, en la «gloria de Marte», el dios de la guerra.

Mal ejemplo Las crónicas no contaban solo las bondades de los gladiadores. En su 'Vida de los doce Césares', Suetonio recogió las peripecias de Spículo. Aunque poco narró de sus glorias en la arena, pues este atleta pasó a la historia por su cercanía con Nerón, quien «le regaló muchos patrimonios y casas pertenecientes a ciudadanos honrados».

Según recogió el autor, cuando el emperador fue declarado enemigo público de Roma y se vio cercado por sus adversarios en el 68 d.C., pidió que fuese este deportista quien le diese muerte de un espadazo. Para su desgracia, el gladiador se negó y al mandamás no le quedó otro remedio que suicidarse con una daga poco tiempo después. Tal y como afirmó el también historiador Plutarco, Spículo acabó sus días asesinado por una turba furibunda bajo una estatua de su viejo amigo.

Coquetear con el poder le salió caro, vaya. Como Spículo, las crónicas recogen otros tantos nombres que ganaron su fama de forma poco normativa fuera de la arena. El mismo Suetonio, por ejemplo, dejó constancia de que un gladiador 'murmillo' que fue asesinado por Calígula: «Columbo salió vencedor en un combate, aunque ligeramente herido, y el emperador le introdujo en la herida un veneno al que después denominó Columbiano».

Y Dion Casio, el político, militar e historiador del siglo II d.C., afirmó en su 'Historia romana' que Caracalla –al frente del Imperio entre los años 198 y 217 d.C.– era conocido entre el pueblo llano con el nombre de uno de estos atletas. «Algunos lo llamaban Bassiano, su nombre original […] y aún otros Tarautas, el alias de un gladiador que era el más insignificante y feo de apariencia, y el de ánimo más temeroso y sanguinario». Temas Antigua Roma historia comentarios Reportar un error El aceite de oliva de la almazara más importante de Hispania viajaba de Jaén a Roma desde el siglo I d.C Cecilia Gallo Qué reloj Garmin comprar según el deporte que haces: MediaMarkt rebaja toda la gama en verano Alejandra Santisteban Guiu Prueban las tortillas de patatas de Mercadona, Lidl, Alcampo y otros supermercados e indican cuál es la mejor de todas Francisco J.

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Publicado por Redacción · lunes, 27 de julio de 2026

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