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Internacional
sábado, 1 de agosto de 2026

El primer deber de un artista

A Fritz Lang, fallecido el 2 de agosto de 1976, le preocupaban la ferocidad del poder, las duplicidades éticas, el determinismo, la complejidad de la condición humana. Pero no iba a permitir que el mu

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

El primer deber de un artista A Fritz Lang, fallecido el 2 de agosto de 1976, le preocupaban la ferocidad del poder, las duplicidades éticas, el determinismo, la complejidad de la condición humana. Pero no iba a permitir que el mundo le estropeara los planes Fritz Lang en la inauguración del XVIII Festival de Cine de San Sebastián en 1970 EFE 1 de agosto de 2026 23:12 h Actualizado el 02/08/2026 05:30 h 0 François Truffaut no descubrió la luna al afirmar en Las películas de mi vida que las gentes supuestamente respetables –en el sentido clasista del adjetivo– son “unos cabrones”; pero la obviedad queda más que justificada cuando se pone en esa cosa que lo explica casi todo y se tiende a obviar con frecuencia: el contexto. En este caso, el de una película “subversiva y generosa” que enfatiza el contraste entre “la bajeza” de ciertos estratos y “la nobleza” de una pareja “asocial”, la protagonista de Sólo se vive una vez.

A su director, un tal Fritz Lang –fallecido el 2 de agosto de 1976–, le preocupaban la ferocidad del poder, las duplicidades éticas, la culpa, la fatalidad, el determinismo, la complejidad de la condición humana; y a juicio de Truffaut, eran preocupaciones sometidas al “primer deber del artista”, que es “mostrar la belleza de lo que se considera feo” y su contrario, es decir, la fealdad de lo que se considera bello. La siempre inteligente Lotte H. Eisner, conservadora de la Cinemateca Francesa durante treinta años y autora de un texto fundamental para cualquier interesado en el cine expresionista (La pantalla diabólica), consideraba que la opinión de Truffaut era aplicable a toda la filmografía del cineasta nacido en Viena.

Desde luego, Eisner sabía de lo que estaba hablando; en parte, porque era una buena amiga de Lang, con quien solía discutir y hasta reñir “de vez en cuando” sobre sus películas y, en parte, porque él terminó legando “todos sus guiones estadounidenses” a la institución donde ella trabajaba, como recuerda en el prólogo del libro que le dedicó (Fritz Lang, sin más). En efecto, “su método y sus temas” asoman “con bastante claridad” en Sólo se vive una vez y, por si eso fuera poco, también es un gran ejemplo de “su característica obsesión por el detalle”. Pero, desde mi punto de vista, el hombre que fue se muestra mejor en lo que está después de dicho prólogo.

El primer deber de un artista A Fritz Lang, fallecido el 2 de agosto de 1976, le preocupaban la ferocidad del poder, las duplicidades éticas, el determinismo, la complejidad de la condición humana. Pero no iba a permitir que el mundo le estropeara los planes Fritz Lang en la inauguración del XVIII Festival de Cine de San Sebastián en 1970 EFE 1 de agosto de 2026 23:12 h Actualizado el 02/08/2026 05:30 h 0 François Truffaut no descubrió la luna al afirmar en Las películas de mi vida que las gentes supuestamente respetables –en el sentido clasista del adjetivo– son “unos cabrones”; pero la obviedad queda más que justificada cuando se pone en esa cosa que lo explica casi todo y se tiende a obviar con frecuencia: el contexto. En este caso, el de una película “subversiva y generosa” que enfatiza el contraste entre “la bajeza” de ciertos estratos y “la nobleza” de una pareja “asocial”, la protagonista de Sólo se vive una vez.

A su director, un tal Fritz Lang –fallecido el 2 de agosto de 1976–, le preocupaban la ferocidad del poder, las duplicidades éticas, la culpa, la fatalidad, el determinismo, la complejidad de la condición humana; y a juicio de Truffaut, eran preocupaciones sometidas al “primer deber del artista”, que es “mostrar la belleza de lo que se considera feo” y su contrario, es decir, la fealdad de lo que se considera bello. La siempre inteligente Lotte H. Eisner, conservadora de la Cinemateca Francesa durante treinta años y autora de un texto fundamental para cualquier interesado en el cine expresionista (La pantalla diabólica), consideraba que la opinión de Truffaut era aplicable a toda la filmografía del cineasta nacido en Viena.

Desde luego, Eisner sabía de lo que estaba hablando; en parte, porque era una buena amiga de Lang, con quien solía discutir y hasta reñir “de vez en cuando” sobre sus películas y, en parte, porque él terminó legando “todos sus guiones estadounidenses” a la institución donde ella trabajaba, como recuerda en el prólogo del libro que le dedicó (Fritz Lang, sin más). En efecto, “su método y sus temas” asoman “con bastante claridad” en Sólo se vive una vez y, por si eso fuera poco, también es un gran ejemplo de “su característica obsesión por el detalle”. Pero, desde mi punto de vista, el hombre que fue se muestra mejor en lo que está después de dicho prólogo.

Publicado por Redacción · sábado, 1 de agosto de 2026

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