El carcelero –y sin embargo amigo– de Mandela
A doce kilómetros de Ciudad del Cabo emerge Robben Island, una siniestra isla que durante décadas simbolizó la crueldad del 'apartheid'. Entre sus muros de máxima seguridad, Nelson Mandela pasó 18 de
El carcelero –y sin embargo amigo– de Mandela «Trata a todos con el mismo respeto», esa enseñanza de su padre guió la relación entre Christo Brand y el preso más famoso del mundo durante sus 18 años en el penal de máxima seguridad de Robben Island, en Sudáfrica. Ahora cuenta su historia en un documental. Regala esta noticia Añádenos en Google Brand, entre Mandela y su esposa, Graça Machel, en 1998, cuando el líder sudafricano ya llevaba cuatro años como presidente de su país.
Ambos conservaron la amistad hasta el final de los días de Madiba. José Antonio Guerrero Madrid 04/08/2026 a las 14:32h. A doce kilómetros de Ciudad del Cabo emerge Robben Island, una siniestra isla que durante décadas simbolizó la crueldad del 'apartheid'.
Entre sus muros de máxima seguridad, Nelson Mandela pasó 18 de los 27 años que permaneció encarcelado por combatir el régimen racista de Sudáfrica. ... Sin embargo, en aquel 'Alcatraz' concebido para destruir cualquier esperanza de libertad, nació una amistad inesperada, la del preso político más famoso del mundo y un joven carcelero blanco, Christo Brand, llamado así por la fe cristiana de sus padres. Esta historia, que Brand contó en el libro 'Mandela, mi prisionero, mi amigo' (Península, 2014), regresa ahora a las pantallas en el documental 'Free Nelson Mandela', que emite el canal británico de televisión, Channel 4.
Cuando Brand llegó a Robben Island en 1978 apenas tenía 19 años. Había crecido escuchando la propaganda oficial que presentaba a Mandela como un peligroso terrorista dispuesto a subvertir el país. Su misión inicial era clasificar el correo que llegaba al 'peligroso' prisionero, pero aquel encargo cambiaría para siempre la percepción que tenía del recluso 46664 (el 466 del año 1964, cuando el activista ingresó en la cárcel). 55.000 tarjetas de cumpleaños Poco antes del 60 cumpleaños de Mandela, Brand recibió la orden de seleccionar únicamente seis tarjetas de felicitación para entregárselas en su celda (a Mandela sólo se le permitían doce tarjetas en total cada año, seis para su cumpleaños).
Frente a él aparecieron sacas repletas de correspondencia. Empezó a contar y se detuvo cuando alcanzó las 55.000. Comprendió entonces que aquel hombre, al que el gobierno supremacista describía como un monstruo, despertaba una admiración inmensa extramuros.
«Este tipo debe de ser especial», pensó. Eligió seis cartas de su familia y quemó el resto. Aquel episodio sembró la primera duda: ¿cómo podía ser un criminal alguien capaz de inspirar semejante afecto?
Tras escribir un libro, Brand, que hoy tiene de 67 años, cuenta su historia de amistad con Madiba en el documental 'Free Nelson Mandela', que emite el canal británico Channel 4. La convivencia terminó de desmontar los prejuicios. Brand recuerda en el documental que Mandela y otros opositores del Congreso Nacional Africano encarcelados se comportaban con una educación y una dignidad que desmentían el retrato oficial del régimen segregacionista.
«Ni mucho menos tenían el aspecto de gángsteres», apunta. Además, llevaba consigo una enseñanza heredada de su padre, un agricultor 'afrikáner' que desconfiaba del racismo institucional y que le repetía: «Trata a todos con el mismo respeto». Con el tiempo, el guardián hizo pequeños gestos que aliviaron el cautiverio de Mandela.
Le permitió leer correspondencia sin censura y le hizo llegar a escondidas a Zoleka, una de sus nietas, para que la tuviera en brazos. El abuelo lloró. Madiba (como cariñosamente se le conocía) nunca olvidó esa muestra de humanidad.
De hecho, cuando el joven Brand tuvo problemas judiciales tras un accidente de moto, el preso, que había estudiado Derecho, actuó como improvisado abogado y le ayudó a redactar los escritos legales con los que ganó su caso. En 1994, Mandela volvió, ya como un hombre libre, a la antigua prisión de Robben Island, donde pasó 18 de los 27 años que estuvo encerrado. Jürgen Schadeberg captó la imagen más icónica del líder sudafricano de regreso a su diminuta celda de 2 por 2 metros.
La confianza entre ambos llegó a tal extremo que, cuando en 1985 las autoridades sudafricanas intentaron utilizar a Brand para convencer a Mandela de aceptar una oferta de libertad (les preocupaba que muriera entre rejas y se desencadenara una guerra civil), el vigilante encontró la manera de advertirle de que llevaba un micrófono oculto. Mandela siguió el juego a su amigo, al tiempo que dejaba clara su postura y, de paso, sus principios: «Señor Brand», como le llamaba siempre Madiba, «tiene usted razón. Soy un estúpido por no aceptar la oferta, pero prefiero morir en prisión que ser libre mientras mis camaradas no lo son».
«No podía creerlo» Christo Brand recuerda que siempre hubo «magnanimidad» en su reo más querido y especial. «Nunca vi ira en su mirada.
Me preguntaba a todas horas por mi familia. Yo le llegué a considerar como un padre», dice. El carcelero se convirtió en los ojos y en los oídos de Mandela fuera de los muros de Robben Island.
Él le contaba de primera mano las noticias de la gran proyección internacional que estaba alcanzando la causa antiapartheid. En 1988 se celebró un concierto en el estadio de Wembley para conmemorar el 70 cumpleaños de Madiba con la participación de George Michael, Sting, Whitney Houston y Stevie Wonder, entre otros. Fue visto por 600 millones de personas en un centenar de países.
«Nelson Mandela no podía creerlo», comenta Brand asombrado. «Le permitieron ver algunos fragmentos, pero le conseguí las once horas completas en vídeo, y dijo: 'Eso es lo que queremos lograr: jóvenes, blancos y negros, conviviendo. ¿Por qué no podemos simplemente disfrutar de la vida juntos?'».
Brand, como no podía se menos, celebró la liberación de Mandela el 11 de febrero de 1990. Y más aún su elección como el primer presidente negro de Sudáfrica, en mayo de 1994. «Ahora miro hacia atrás y pienso que contribuí con mi granito de arena a la reconciliación».
Unas semanas antes de morir en su hogar de Johannesburgo, el 5 de diciembre de 2013 a los 95 años, Mandela vio por última vez al hombre que fue sombra durante su largo cautiverio. «Estaba ya muy enfermo, pero le llevé las galeradas del libro en octubre y llegué a leerle el primer capítulo. Creo que me dio su aprobación final y me dio la impresión de que moría feliz, con la sensación de haber conseguido lo que buscaba en la vida».
Reportar un error El carcelero –y sin embargo amigo– de Mandela «Trata a todos con el mismo respeto», esa enseñanza de su padre guió la relación entre Christo Brand y el preso más famoso del mundo durante sus 18 años en el penal de máxima seguridad de Robben Island, en Sudáfrica. Ahora cuenta su historia en un documental. Regala esta noticia Añádenos en Google Brand, entre Mandela y su esposa, Graça Machel, en 1998, cuando el líder sudafricano ya llevaba cuatro años como presidente de su país.
Ambos conservaron la amistad hasta el final de los días de Madiba. José Antonio Guerrero Madrid 04/08/2026 a las 14:32h. A doce kilómetros de Ciudad del Cabo emerge Robben Island, una siniestra isla que durante décadas simbolizó la crueldad del 'apartheid'.
Entre sus muros de máxima seguridad, Nelson Mandela pasó 18 de los 27 años que permaneció encarcelado por combatir el régimen racista de Sudáfrica. ... Sin embargo, en aquel 'Alcatraz' concebido para destruir cualquier esperanza de libertad, nació una amistad inesperada, la del preso político más famoso del mundo y un joven carcelero blanco, Christo Brand, llamado así por la fe cristiana de sus padres. Esta historia, que Brand contó en el libro 'Mandela, mi prisionero, mi amigo' (Península, 2014), regresa ahora a las pantallas en el documental 'Free Nelson Mandela', que emite el canal británico de televisión, Channel 4.
Cuando Brand llegó a Robben Island en 1978 apenas tenía 19 años. Había crecido escuchando la propaganda oficial que presentaba a Mandela como un peligroso terrorista dispuesto a subvertir el país. Su misión inicial era clasificar el correo que llegaba al 'peligroso' prisionero, pero aquel encargo cambiaría para siempre la percepción que tenía del recluso 46664 (el 466 del año 1964, cuando el activista ingresó en la cárcel). 55.000 tarjetas de cumpleaños Poco antes del 60 cumpleaños de Mandela, Brand recibió la orden de seleccionar únicamente seis tarjetas de felicitación para entregárselas en su celda (a Mandela sólo se le permitían doce tarjetas en total cada año, seis para su cumpleaños).
Frente a él aparecieron sacas repletas de correspondencia. Empezó a contar y se detuvo cuando alcanzó las 55.000. Comprendió entonces que aquel hombre, al que el gobierno supremacista describía como un monstruo, despertaba una admiración inmensa extramuros.
«Este tipo debe de ser especial», pensó. Eligió seis cartas de su familia y quemó el resto. Aquel episodio sembró la primera duda: ¿cómo podía ser un criminal alguien capaz de inspirar semejante afecto?
Tras escribir un libro, Brand, que hoy tiene de 67 años, cuenta su historia de amistad con Madiba en el documental 'Free Nelson Mandela', que emite el canal británico Channel 4. La convivencia terminó de desmontar los prejuicios. Brand recuerda en el documental que Mandela y otros opositores del Congreso Nacional Africano encarcelados se comportaban con una educación y una dignidad que desmentían el retrato oficial del régimen segregacionista.
«Ni mucho menos tenían el aspecto de gángsteres», apunta. Además, llevaba consigo una enseñanza heredada de su padre, un agricultor 'afrikáner' que desconfiaba del racismo institucional y que le repetía: «Trata a todos con el mismo respeto». Con el tiempo, el guardián hizo pequeños gestos que aliviaron el cautiverio de Mandela.
Le permitió leer correspondencia sin censura y le hizo llegar a escondidas a Zoleka, una de sus nietas, para que la tuviera en brazos. El abuelo lloró. Madiba (como cariñosamente se le conocía) nunca olvidó esa muestra de humanidad.
De hecho, cuando el joven Brand tuvo problemas judiciales tras un accidente de moto, el preso, que había estudiado Derecho, actuó como improvisado abogado y le ayudó a redactar los escritos legales con los que ganó su caso. En 1994, Mandela volvió, ya como un hombre libre, a la antigua prisión de Robben Island, donde pasó 18 de los 27 años que estuvo encerrado. Jürgen Schadeberg captó la imagen más icónica del líder sudafricano de regreso a su diminuta celda de 2 por 2 metros.
La confianza entre ambos llegó a tal extremo que, cuando en 1985 las autoridades sudafricanas intentaron utilizar a Brand para convencer a Mandela de aceptar una oferta de libertad (les preocupaba que muriera entre rejas y se desencadenara una guerra civil), el vigilante encontró la manera de advertirle de que llevaba un micrófono oculto. Mandela siguió el juego a su amigo, al tiempo que dejaba clara su postura y, de paso, sus principios: «Señor Brand», como le llamaba siempre Madiba, «tiene usted razón. Soy un estúpido por no aceptar la oferta, pero prefiero morir en prisión que ser libre mientras mis camaradas no lo son».
«No podía creerlo» Christo Brand recuerda que siempre hubo «magnanimidad» en su reo más querido y especial. «Nunca vi ira en su mirada.
Me preguntaba a todas horas por mi familia. Yo le llegué a considerar como un padre», dice. El carcelero se convirtió en los ojos y en los oídos de Mandela fuera de los muros de Robben Island.
Él le contaba de primera mano las noticias de la gran proyección internacional que estaba alcanzando la causa antiapartheid. En 1988 se celebró un concierto en el estadio de Wembley para conmemorar el 70 cumpleaños de Madiba con la participación de George Michael, Sting, Whitney Houston y Stevie Wonder, entre otros. Fue visto por 600 millones de personas en un centenar de países.
«Nelson Mandela no podía creerlo», comenta Brand asombrado. «Le permitieron ver algunos fragmentos, pero le conseguí las once horas completas en vídeo, y dijo: 'Eso es lo que queremos lograr: jóvenes, blancos y negros, conviviendo. ¿Por qué no podemos simplemente disfrutar de la vida juntos?'».
Brand, como no podía se menos, celebró la liberación de Mandela el 11 de febrero de 1990. Y más aún su elección como el primer presidente negro de Sudáfrica, en mayo de 1994. «Ahora miro hacia atrás y pienso que contribuí con mi granito de arena a la reconciliación».
Unas semanas antes de morir en su hogar de Johannesburgo, el 5 de diciembre de 2013 a los 95 años, Mandela vio por última vez al hombre que fue sombra durante su largo cautiverio. «Estaba ya muy enfermo, pero le llevé las galeradas del libro en octubre y llegué a leerle el primer capítulo. Creo que me dio su aprobación final y me dio la impresión de que moría feliz, con la sensación de haber conseguido lo que buscaba en la vida».
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