El nacimiento de la centenaria hermandad de San Esteban en la sacristía de San Bartolomé
Después de festejar con intensidad las populares Cruces de Mayo, aquella Sevilla de 1926 que se encontraba en un momento de profunda transformación urbanística preparando la llegada celebrativa de la
Historia El nacimiento de la centenaria hermandad de San Esteban en la sacristía de San Bartolomé Nuestra Semana Santa experimentó un gran auge en el transcurso de la década de 1920, convirtiéndose en la principal seña de identidad de Sevilla tras recuperarse antiguas cofradías y nacer otras nuevas como la de la Puerta de Carmona Regala esta noticia Añádenos en Google La presidencia y el paso del Cristo de la Salud y Buen Viaje en los años treinta. (ABC) Julio Mayo 19/08/2026 a las 00:15h. Después de festejar con intensidad las populares Cruces de Mayo, aquella Sevilla de 1926 que se encontraba en un momento de profunda transformación urbanística preparando la llegada celebrativa de la Exposición Iberoamericana de 1929, tenía su Ayuntamiento gobernado por una Gestora municipal bajo la ... dictadura militar impuesta por Primo de Rivera, en medio de cierta inestabilidad política porque se cocinaba ya el intento de golpe de Estado de la «Sanjuanada», aunque la sublevación terminaría fracasando. En el plano religioso, el Arzobispado hispalense lo regía desde el año 1920 don Eustaquio Ilundain, quien, después de haber sido nombrado cardenal en 1925, se propuso reafirmar la potenciación de Acción Católica, con el propósito de contrarrestar el desarrollo del liberalismo anticlerical y mantener así el papel central de la Iglesia en la vida diaria de los sevillanos.
Para ello no escatimó esfuerzo en sostener la ferviente devoción popular de las hermandades de gloria y penitencia, para lo que incorporó no pocas cofradías a la carrera oficial desde su nombramiento como arzobispo. Todavía era un espacio urbano de gran trasiego humano y comercial el barrio de San Bartolomé y la Puerta de Carmona, como estratégica entrada a la ciudad, por lo que todo su entorno albergó una vecindad bastante variopinta de trabajadores de la construcción y otros oficios artesanales, así como del sector servicios y el comercio minorista. Aquella mezcolanza provocó que se viviesen, a menudo, tensiones de conflictividad laboral en todo el vecindario.
Pero, a diferencia de otras zonas obreras con mayoría anarquista o socialista, la Iglesia trató de mantener en este céntrico enclave mayor presencia activa mediante círculos de obreros católicos que ofrecían mejorar las condiciones laborales, ofreciendo una alternativa interclasista a la lucha de clases, frente a los sindicatos laicos del movimiento obrero sevillano de la época. El Cristo de la Salud y Buen Viaje en la plaza de Pilatos EN 1929. (ABC) Un escenario de continua labor pastoral y social fue la calle Vidrio, que es la arteria que une la plaza de San Bartolomé con la calle San Esteban, conectándola con las calles Cristo del Buen Viaje, Armenta, Garci Pérez y la plaza de las Mercedarias, en la que desarrolló una encomiable atención espiritual San Manuel González, popularmente conocido como el «santo de la calle Vidrio». En base a la gran tradición que representaba para este sector la impagable labor de servicio ejercitada por el beato González, el sacerdote encargado de administrar la iglesia de San Esteban en los años veinte, el malagueño de Tebas don Rafael Galán Escalante, no dudó en atender la inquietud que le trasladó un grupo de vecinos, que solía reunirse en la sede de los sindicatos católicos de la calle Vidrio, de constituir una cofradía para salir en Semana Santa.
Desde luego, en aquellos momentos, no podía haber un colectivo, o plataforma, de carácter humano más adecuado que una hermandad para integrar a un buen número de familias del barrio bajo la doctrina de la Iglesia, pues ninguna otra entidad ha conseguido alcanzar una cohesión social tan plena de todo su vecindario, a lo largo de estos años, como la de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje y su Madre de los Desamparados. Acta fundacional La hermandad de San Esteban tiene la suerte de conocer con exactitud cómo y cuándo se produjo su nacimiento, gracias al acta fundacional recogida en su primer libro capitular, cuyo contenido literal quedó redactado en estos términos: «En la ciudad de Sevilla, a 9 de mayo de 1926, se reunieron en la sacristía de la Parroquia de San Bartolomé, los señores que al margen se expresan (se relacionan treinta y dos personas), bajo la presidencia del señor coadjutor de dicha parroquia, don Rafael Galán Escalante; Expuesto por varios señores el objeto de la reunión, referente a la constitución de una Hermandad o Cofradía en la Iglesia de San Esteban de esta ciudad, manifestó el señor don Rafael Galán Escalante que él veía con sumo agrado la buena voluntad y es buen deseo de todos los reunidos, pero que no teniendo la autoridad eclesiástica noticia alguna de los deseos de los señores presentes de constituirse en Hermandad, rogaba a todos que se nombrase una Junta Organizadora, que se levantara acta de esta reunión y volverse a reunir para que la Junta Organizadora presentase proyecto de Reglas. Y, una vez aprobadas dichas Reglas, solicitar de la autoridad eclesiástica su aprobación.
Todos los allí presentes, conociendo las razones expuestas por el señor Galán Escalante, aprueban por unanimidad su proposición y se nombran su Junta Organizadora, que queda constituida de la siguiente forma: Presidente: don Licinio Mediavilla García; Secretario: don Francisco Comitre Sánchez; Vice-secretario: don Manuel Rodríguez Navas y los vocales Manuel Martínez de Guzmán, Juan García Pérez, Rafael Jiménez Luzón, Miguel González y Antonio Álvarez Cansino». Aunque la corporación de la Puerta de Carmona se fundó en mayo de 1926, no realizó su primera estación de penitencia hasta el Martes Santo de 1929 Resulta curioso que la primera reunión de quienes pretendían constituir una cofradía en San Esteban se celebrase en la sacristía, pero de San Bartolomé, a cuya demarcación parroquial pertenecía la iglesia de San Esteban que se encontraba cerrada al culto por obras de restauración. El encargado de atenderla en aquellos años, el presbítero don Rafael Galán Escalante, coadjutor precisamente de San Bartolomé que no dudó en apoyar con decisión esta buena causa, aunque supeditó la constitución formal de la corporación a la creación de una junta organizadora que esta se encargase de redactar un borrador de reglas, que habría de aprobar el Arzobispado, como precepto ineludible para la erección canónica de la misma.
Newsletter Fue elegido como presidente de la junta organizadora el leonés de Sahagún, Licinio Mediavilla, principal impulsor de la creación de esta cofradía, quien desde su llegada a Sevilla trabajaba en la administración del hospital de las Cinco Llagas, en cuyo barrio de la Macarena residió inicialmente. Pese a ello, don Licinio, que llegó a ser hermano mayor hasta en dos ocasiones distintas, mantuvo una estrechísima relación con San Esteban, a donde vino a establecerse con su familia pasados unos años. Integran la nómina de cofrades fundadores personas de iglesia como el propio Antonio Álvarez Cansino, campanero mayor de la catedral y todo un personaje en la Sevilla de aquella época.
En el primer mes de funcionamiento de la recién constituida hermandad, la Iglesia aceptó el borrador de reglamento y ordenanzas elaborado por la junta organizadora, autorizando así la constitución canónica del incipiente colectivo, si bien, no llegará a reportarle la aprobación oficial de sus reglas, en las que ya se incluía el Martes Santo como día para la estación penitencial, hasta el año 1928. Fue prioridad inmediata recaudar fondos para sufragar los gastos que se generarían en el proceso de creación de la cofradía, por lo que comenzaron a organizarse rifas y actividades recaudatorias. El 19 de mayo de 1926, se acordó crear una comisión de adquisiciones para gestionar la adquisición de enseres como varas de presidencia y su estandarte corporativo.
A finales de aquel primer mes de existencia de la hermandad, se cifraba ya el número de cofrades inscritos en sesenta y cuatro miembros. Sagrados titulares La fundación de esta hermandad del Martes Santo se produjo paradójicamente fuera de San Esteban, en cuya sede canónica no se establecerá físicamente hasta la reapertura del templo en mayo de 1928. Pese a ello, los hermanos precursores mostraron la fe, desde un primer momento, de rendir culto público al «Señor de la Ventana», una antigua imagen de terracota que se veneraba en una capilla de San Esteban, con ventana abierta a la calle, por la que desde antiguo los viandantes que transitaban por la Puerta de Carmona imploraban protección y auxilio a la milagrosa efigie.
Vínculo con Triana La hermandad guarda una estrecha relación con el barrio trianero, pues la herencia gitana de San Esteban, reflejada en uno de los nombres del Cristo de la Salud y Buen Viaje, entronca con Triana, donde se coció la fundación de los Gitanos en 1753. El Cristo realizó su primera salida procesional el año 1929, sobre unas andas talladas en estilo neogótico, cedidas por la Estrella. Al siguiente de 1930, fue sustituido aquel primer paso por otro que San Esteban adquirió a la hermandad del Cachorro.
El palio de la Virgen de los Desamparados llevó en su techo de palio un medallón con la Virgen del Rocío y el Niño, tallados en miniatura por Sebastián Santos, y contorneado con labor de orfebrería de Seco Velasco (1949-1963). En su cortejo figura un guion de la Virgen del Rocío y, al menos desde los años de 1960, celebra una función religiosa, dedicada a la Blanca Paloma, el segundo domingo de Pentecostés. Parece ser que el actual titular cristífero es una antigua imagen que fue traída a la iglesia de San Esteban procedente del colegio jesuita de San Hermenegildo, a finales del siglo XVIII, en donde recibió culto en el seno de la desaparecida congregación de la Anunciata, según ha documentado el historiador Francisco Amores.
No hay que descartar que esta imagen, originariamente jesuítica, reemplazase a otro Ecce-Homo anterior que debió existir en la iglesia de San Esteban, bajo la advocación del Buen Viaje, del que tomó nombre una calle próxima al templo, denominada con el mismo título piadoso desde el siglo XVII. El Cristo de San Esteban recibe la advocación de la Salud, junto al título de Buen Viaje, en recuerdo del Nazareno de la hermandad de los Gitanos que radicó en la iglesia de San Esteban unos veinticinco años, los transcurridos entre 1837 y 1860, en cuyas inmediaciones existió cierta población gitana avecindada en el siglo XIX, atraídos por el privilegiado eje comercial de la Puerta de Carmona. A inicios de 1927 adquirió la junta organizadora una dolorosa al imaginero Manuel Galiano, quien mantenía una gran amistad con el presidente Mediavilla, cuya imagen se depositó en la capilla del hospital de las Cinco Llagas por encontrarse en obras San Esteban.
Sobre el hábil artífice Galiano ha realizado una completa biografía la historiadora de la hermandad, doña María Ruiz Copete. La Virgen de los Desamparados en el hospital de las Cinco Llagas en 1928. (ABC) Aunque quiso consagrarse al nombre de la Asunción, el propio cardenal Ilundain recomendó a la hermandad, cuando la bendijo, que la dolorosa se renombrara con el nombre de Madre de los Desamparados. El solemne acto de bendición tuvo lugar el 8 de mayo de 1927, justo un año después de la fundación de la hermandad, en la iglesia del ya citado hospital al que estaba vinculado laboralmente el promotor y presidente, como ya hemos referido anteriormente.
El historiador Rafael Jiménez Sampedro reflexionó en un artículo que la génesis y los primeros pasos tuvo que darlos esta corporación religiosa en el exilio, desde cuya diáspora forjó los comienzos devocionales de su titular mariana. De hecho, la Virgen de los Desamparados no pudo ser trasladada a San Esteban hasta el 18 de mayo de 1928, tres años después de haberse creado la hermandad, una vez que se reabrió al culto tras concluir las obras de remodelación. Por tanto, esta incipiente cofradía no pudo procesionar en Semana Santa hasta la siguiente primavera, cumpliendo así su primera estación de penitencia el Martes Santo, 26 de marzo de 1929, con dos pasos y luciendo sus nazarenos túnicas de color crema con capa y antifaz azules.
Aquel comienzo humilde marcó la senda de lo que, con el paso de este siglo, se ha convertido en la conformación de una hermandad con sello propio que ha logrado arraigarse entre las más genuinas y apreciadas de nuestra Semana Santa. comentarios Reportar un error Historia El nacimiento de la centenaria hermandad de San Esteban en la sacristía de San Bartolomé Nuestra Semana Santa experimentó un gran auge en el transcurso de la década de 1920, convirtiéndose en la principal seña de identidad de Sevilla tras recuperarse antiguas cofradías y nacer otras nuevas como la de la Puerta de Carmona Regala esta noticia Añádenos en Google La presidencia y el paso del Cristo de la Salud y Buen Viaje en los años treinta. (ABC) Julio Mayo 19/08/2026 a las 00:15h. Después de festejar con intensidad las populares Cruces de Mayo, aquella Sevilla de 1926 que se encontraba en un momento de profunda transformación urbanística preparando la llegada celebrativa de la Exposición Iberoamericana de 1929, tenía su Ayuntamiento gobernado por una Gestora municipal bajo la ... dictadura militar impuesta por Primo de Rivera, en medio de cierta inestabilidad política porque se cocinaba ya el intento de golpe de Estado de la «Sanjuanada», aunque la sublevación terminaría fracasando. En el plano religioso, el Arzobispado hispalense lo regía desde el año 1920 don Eustaquio Ilundain, quien, después de haber sido nombrado cardenal en 1925, se propuso reafirmar la potenciación de Acción Católica, con el propósito de contrarrestar el desarrollo del liberalismo anticlerical y mantener así el papel central de la Iglesia en la vida diaria de los sevillanos.
Para ello no escatimó esfuerzo en sostener la ferviente devoción popular de las hermandades de gloria y penitencia, para lo que incorporó no pocas cofradías a la carrera oficial desde su nombramiento como arzobispo. Todavía era un espacio urbano de gran trasiego humano y comercial el barrio de San Bartolomé y la Puerta de Carmona, como estratégica entrada a la ciudad, por lo que todo su entorno albergó una vecindad bastante variopinta de trabajadores de la construcción y otros oficios artesanales, así como del sector servicios y el comercio minorista. Aquella mezcolanza provocó que se viviesen, a menudo, tensiones de conflictividad laboral en todo el vecindario.
Pero, a diferencia de otras zonas obreras con mayoría anarquista o socialista, la Iglesia trató de mantener en este céntrico enclave mayor presencia activa mediante círculos de obreros católicos que ofrecían mejorar las condiciones laborales, ofreciendo una alternativa interclasista a la lucha de clases, frente a los sindicatos laicos del movimiento obrero sevillano de la época. El Cristo de la Salud y Buen Viaje en la plaza de Pilatos EN 1929. (ABC) Un escenario de continua labor pastoral y social fue la calle Vidrio, que es la arteria que une la plaza de San Bartolomé con la calle San Esteban, conectándola con las calles Cristo del Buen Viaje, Armenta, Garci Pérez y la plaza de las Mercedarias, en la que desarrolló una encomiable atención espiritual San Manuel González, popularmente conocido como el «santo de la calle Vidrio». En base a la gran tradición que representaba para este sector la impagable labor de servicio ejercitada por el beato González, el sacerdote encargado de administrar la iglesia de San Esteban en los años veinte, el malagueño de Tebas don Rafael Galán Escalante, no dudó en atender la inquietud que le trasladó un grupo de vecinos, que solía reunirse en la sede de los sindicatos católicos de la calle Vidrio, de constituir una cofradía para salir en Semana Santa.
Desde luego, en aquellos momentos, no podía haber un colectivo, o plataforma, de carácter humano más adecuado que una hermandad para integrar a un buen número de familias del barrio bajo la doctrina de la Iglesia, pues ninguna otra entidad ha conseguido alcanzar una cohesión social tan plena de todo su vecindario, a lo largo de estos años, como la de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Buen Viaje y su Madre de los Desamparados. Acta fundacional La hermandad de San Esteban tiene la suerte de conocer con exactitud cómo y cuándo se produjo su nacimiento, gracias al acta fundacional recogida en su primer libro capitular, cuyo contenido literal quedó redactado en estos términos: «En la ciudad de Sevilla, a 9 de mayo de 1926, se reunieron en la sacristía de la Parroquia de San Bartolomé, los señores que al margen se expresan (se relacionan treinta y dos personas), bajo la presidencia del señor coadjutor de dicha parroquia, don Rafael Galán Escalante; Expuesto por varios señores el objeto de la reunión, referente a la constitución de una Hermandad o Cofradía en la Iglesia de San Esteban de esta ciudad, manifestó el señor don Rafael Galán Escalante que él veía con sumo agrado la buena voluntad y es buen deseo de todos los reunidos, pero que no teniendo la autoridad eclesiástica noticia alguna de los deseos de los señores presentes de constituirse en Hermandad, rogaba a todos que se nombrase una Junta Organizadora, que se levantara acta de esta reunión y volverse a reunir para que la Junta Organizadora presentase proyecto de Reglas. Y, una vez aprobadas dichas Reglas, solicitar de la autoridad eclesiástica su aprobación.
Todos los allí presentes, conociendo las razones expuestas por el señor Galán Escalante, aprueban por unanimidad su proposición y se nombran su Junta Organizadora, que queda constituida de la siguiente forma: Presidente: don Licinio Mediavilla García; Secretario: don Francisco Comitre Sánchez; Vice-secretario: don Manuel Rodríguez Navas y los vocales Manuel Martínez de Guzmán, Juan García Pérez, Rafael Jiménez Luzón, Miguel González y Antonio Álvarez Cansino». Aunque la corporación de la Puerta de Carmona se fundó en mayo de 1926, no realizó su primera estación de penitencia hasta el Martes Santo de 1929 Resulta curioso que la primera reunión de quienes pretendían constituir una cofradía en San Esteban se celebrase en la sacristía, pero de San Bartolomé, a cuya demarcación parroquial pertenecía la iglesia de San Esteban que se encontraba cerrada al culto por obras de restauración. El encargado de atenderla en aquellos años, el presbítero don Rafael Galán Escalante, coadjutor precisamente de San Bartolomé que no dudó en apoyar con decisión esta buena causa, aunque supeditó la constitución formal de la corporación a la creación de una junta organizadora que esta se encargase de redactar un borrador de reglas, que habría de aprobar el Arzobispado, como precepto ineludible para la erección canónica de la misma.
Newsletter Fue elegido como presidente de la junta organizadora el leonés de Sahagún, Licinio Mediavilla, principal impulsor de la creación de esta cofradía, quien desde su llegada a Sevilla trabajaba en la administración del hospital de las Cinco Llagas, en cuyo barrio de la Macarena residió inicialmente. Pese a ello, don Licinio, que llegó a ser hermano mayor hasta en dos ocasiones distintas, mantuvo una estrechísima relación con San Esteban, a donde vino a establecerse con su familia pasados unos años. Integran la nómina de cofrades fundadores personas de iglesia como el propio Antonio Álvarez Cansino, campanero mayor de la catedral y todo un personaje en la Sevilla de aquella época.
En el primer mes de funcionamiento de la recién constituida hermandad, la Iglesia aceptó el borrador de reglamento y ordenanzas elaborado por la junta organizadora, autorizando así la constitución canónica del incipiente colectivo, si bien, no llegará a reportarle la aprobación oficial de sus reglas, en las que ya se incluía el Martes Santo como día para la estación penitencial, hasta el año 1928. Fue prioridad inmediata recaudar fondos para sufragar los gastos que se generarían en el proceso de creación de la cofradía, por lo que comenzaron a organizarse rifas y actividades recaudatorias. El 19 de mayo de 1926, se acordó crear una comisión de adquisiciones para gestionar la adquisición de enseres como varas de presidencia y su estandarte corporativo.
A finales de aquel primer mes de existencia de la hermandad, se cifraba ya el número de cofrades inscritos en sesenta y cuatro miembros. Sagrados titulares La fundación de esta hermandad del Martes Santo se produjo paradójicamente fuera de San Esteban, en cuya sede canónica no se establecerá físicamente hasta la reapertura del templo en mayo de 1928. Pese a ello, los hermanos precursores mostraron la fe, desde un primer momento, de rendir culto público al «Señor de la Ventana», una antigua imagen de terracota que se veneraba en una capilla de San Esteban, con ventana abierta a la calle, por la que desde antiguo los viandantes que transitaban por la Puerta de Carmona imploraban protección y auxilio a la milagrosa efigie.
Vínculo con Triana La hermandad guarda una estrecha relación con el barrio trianero, pues la herencia gitana de San Esteban, reflejada en uno de los nombres del Cristo de la Salud y Buen Viaje, entronca con Triana, donde se coció la fundación de los Gitanos en 1753. El Cristo realizó su primera salida procesional el año 1929, sobre unas andas talladas en estilo neogótico, cedidas por la Estrella. Al siguiente de 1930, fue sustituido aquel primer paso por otro que San Esteban adquirió a la hermandad del Cachorro.
El palio de la Virgen de los Desamparados llevó en su techo de palio un medallón con la Virgen del Rocío y el Niño, tallados en miniatura por Sebastián Santos, y contorneado con labor de orfebrería de Seco Velasco (1949-1963). En su cortejo figura un guion de la Virgen del Rocío y, al menos desde los años de 1960, celebra una función religiosa, dedicada a la Blanca Paloma, el segundo domingo de Pentecostés. Parece ser que el actual titular cristífero es una antigua imagen que fue traída a la iglesia de San Esteban procedente del colegio jesuita de San Hermenegildo, a finales del siglo XVIII, en donde recibió culto en el seno de la desaparecida congregación de la Anunciata, según ha documentado el historiador Francisco Amores.
No hay que descartar que esta imagen, originariamente jesuítica, reemplazase a otro Ecce-Homo anterior que debió existir en la iglesia de San Esteban, bajo la advocación del Buen Viaje, del que tomó nombre una calle próxima al templo, denominada con el mismo título piadoso desde el siglo XVII. El Cristo de San Esteban recibe la advocación de la Salud, junto al título de Buen Viaje, en recuerdo del Nazareno de la hermandad de los Gitanos que radicó en la iglesia de San Esteban unos veinticinco años, los transcurridos entre 1837 y 1860, en cuyas inmediaciones existió cierta población gitana avecindada en el siglo XIX, atraídos por el privilegiado eje comercial de la Puerta de Carmona. A inicios de 1927 adquirió la junta organizadora una dolorosa al imaginero Manuel Galiano, quien mantenía una gran amistad con el presidente Mediavilla, cuya imagen se depositó en la capilla del hospital de las Cinco Llagas por encontrarse en obras San Esteban.
Sobre el hábil artífice Galiano ha realizado una completa biografía la historiadora de la hermandad, doña María Ruiz Copete. La Virgen de los Desamparados en el hospital de las Cinco Llagas en 1928. (ABC) Aunque quiso consagrarse al nombre de la Asunción, el propio cardenal Ilundain recomendó a la hermandad, cuando la bendijo, que la dolorosa se renombrara con el nombre de Madre de los Desamparados. El solemne acto de bendición tuvo lugar el 8 de mayo de 1927, justo un año después de la fundación de la hermandad, en la iglesia del ya citado hospital al que estaba vinculado laboralmente el promotor y presidente, como ya hemos referido anteriormente.
El historiador Rafael Jiménez Sampedro reflexionó en un artículo que la génesis y los primeros pasos tuvo que darlos esta corporación religiosa en el exilio, desde cuya diáspora forjó los comienzos devocionales de su titular mariana. De hecho, la Virgen de los Desamparados no pudo ser trasladada a San Esteban hasta el 18 de mayo de 1928, tres años después de haberse creado la hermandad, una vez que se reabrió al culto tras concluir las obras de remodelación. Por tanto, esta incipiente cofradía no pudo procesionar en Semana Santa hasta la siguiente primavera, cumpliendo así su primera estación de penitencia el Martes Santo, 26 de marzo de 1929, con dos pasos y luciendo sus nazarenos túnicas de color crema con capa y antifaz azules.
Aquel comienzo humilde marcó la senda de lo que, con el paso de este siglo, se ha convertido en la conformación de una hermandad con sello propio que ha logrado arraigarse entre las más genuinas y apreciadas de nuestra Semana Santa. comentarios Reportar un error Navegación, música y manos libres del móvil en la misma pantalla para modernizar el coche Alejandra Santisteban Guiu Elsa Pataky: «Ceno a las 18.30 y ayuno hasta las 10. Acostarse con el estómago lleno no es beneficioso» María Albert Jesulín de Ubrique, sobre su infancia: «No fue la de un niño normal porque tenía una responsabilidad muy grande.
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