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Internacional
viernes, 31 de julio de 2026

La sintonía entre Trump y Marruecos deja a España sin margen en la crisis de Ceuta

No fue una reacción improvisada. Apenas unas horas después de la entrada masiva de decenas de miles de inmigrantes en Ceuta, la Casa Blanca culpó directamente al Gobierno de Pedro Sánchez de haber fav

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

La sintonía entre Trump y Marruecos deja a España sin margen en la crisis de Ceuta La rápida condena de Washington al Gobierno de Pedro Sánchez tras la crisis de Ceuta culmina seis años de creciente acercamiento entre Estados Unidos y el gobierno de Rabat Escucha el artículo. 7 min Escucha el artículo. 7 min Regala esta noticia Añádenos en Google Este vídeo es exclusivo para suscriptores Disfruta de acceso ilimitado Suscríbete ¿Ya tienes una suscripción ? Inicia sesión Sánchez y Trump, en el encuentro de octubre del año pasado. (Reuters) David Alandete Corresponsal en Washington 01/08/2026 Actualizado a las 01:41h. No fue una reacción improvisada.

Apenas unas horas después de la entrada masiva de decenas de miles de inmigrantes en Ceuta, la Casa Blanca culpó directamente al Gobierno de Pedro Sánchez de haber favorecido la crisis con sus políticas migratorias. 24 horas después, el ... Departamento de Estado endureció todavía más el mensaje y responsabilizó al Ejecutivo español de facilitar la inmigración ilegal hacia Europa. De forma llamativa, el mismo día del asalto a Ceuta, el secretario de Estado, Marco Rubio, aprovechaba el Día del Trono para felicitar al rey Mohamed VI, elogiar la relación entre ambos países y reiterar el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

La coincidencia difícilmente podía ser más elocuente. En el momento de mayor tensión diplomática entre España y Marruecos desde 2021, Washington evitó cualquier crítica pública a Rabat y dirigió toda su presión política al norte, hacia Madrid. La explicación va mucho más allá de Ceuta y Melilla.

Responde a una transformación profunda de la política estadounidense hacia el norte de África que comenzó hace casi seis años y que hoy sitúa a Marruecos entre los aliados más estrechos de EE.UU. Lo ocurrido estas últimas horas confirma una tendencia que ha sobrevivido a dos presidentes estadounidenses y que el regreso de Donald Trump al poder ha acelerado. Noticia relacionada EE.UU. culpa directamente a Sánchez: «Él facilita la inmigración ilegal masiva a Europa»

David Alandete El punto de inflexión llegó el 10 de diciembre de 2020. A pocas semanas de abandonar la Casa Blanca, Trump rompió con casi medio siglo de política exterior estadounidense y reconoció oficialmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. El movimiento no fue aislado.

Formaba parte de una negociación mucho más amplia: Marruecos establecía relaciones diplomáticas plenas con Israel y se incorporaba a los Acuerdos de Abraham, uno de los grandes proyectos geopolíticos de la primera Administración Trump para redibujar Oriente Próximo. Desde la perspectiva de Washington, Rabat dejaba de ser únicamente un socio regional para convertirse en un aliado estratégico, dispuesto hasta a establecer lazos con Israel. La decisión supuso una victoria histórica para Mohamed VI.

Durante décadas, ningún presidente estadounidense había aceptado respaldar las tesis marroquíes sobre el Sáhara. Trump no solo lo hizo, sino que calificó el plan de autonomía marroquí como la única base realista para resolver el conflicto. España no fue consultada previamente pese a haber sido la antigua potencia administradora del territorio, una muestra de que Washington ya no consideraba imprescindible coordinar con Madrid una decisión de semejante alcance.

Newsletter Muchos esperaban que el demócrata Joe Biden corrigiera aquella decisión. Nunca ocurrió. Es cierto que congeló algunas iniciativas simbólicas, como la apertura del consulado estadounidense en la ciudad de Dajla, pero mantuvo intacto el reconocimiento del Sáhara como marroquí.

Más aún: su Administración terminó adoptando el mismo lenguaje que Trump. Antony Blinken, secretario de Estado con Biden, describió repetidamente el plan marroquí como una propuesta «seria, creíble y realista», exactamente los mismos términos que posteriormente utilizaría Pedro Sánchez cuando modificó la posición histórica española sobre el conflicto. Durante esos años Marruecos no se limitó a conservar el respaldo estadounidense.

Lo amplió. Intensificó su actividad diplomática en Washington, reforzó su presencia mediante despachos especializados en relaciones institucionales y multiplicó sus contactos con el Capitolio, el Pentágono y el departamento de Estado. Incluso durante la crisis migratoria de Ceuta de mayo de 2021, cuando Rabat relajó los controles fronterizos tras la hospitalización en España del líder polisario Brahim Ghali, Washington optó por destacar públicamente la importancia de su relación con Marruecos en lugar de cuestionar su actuación.

Paralelamente fue creciendo y mucho la cooperación en seguridad. Marruecos pasó a ser uno de los principales interlocutores estadounidenses en el Sahel, consolidó la cooperación antiterrorista, reforzó su papel en la estabilidad del norte de África y estrechó la coordinación militar con el Pentágono. Incluso decisiones aparentemente menores reflejaban esa confianza, como la repatriación desde Guantánamo del único preso marroquí que permanecía allí, acompañada por un agradecimiento público del Departamento de Defensa a Rabat por su colaboración.

El regreso de Trump El regreso de Trump a la Casa Blanca ha llevado esa aproximación un paso más allá. Marruecos fue uno de los primeros países en incorporarse a la Junta de Paz impulsada por el presidente estadounidense, se ha convertido en socio preferente en iniciativas sobre minerales estratégicos y nuevas tecnologías y aparece cada vez con más frecuencia en los debates estratégicos estadounidenses sobre África. En algunos círculos incluso ha reaparecido la posibilidad de que el mando militar para África, AFRICOM, pueda establecerse algún día en territorio marroquí, una idea que hace unos años también situaba a España entre las posibles candidatas.

Rabat ha entendido además la importancia que Trump concede a los gestos personales. El ejemplo más llamativo de esa aceptación llegó esta semana, cuando el presidente anunció que la gran carretera de 1.055 kilómetros entre Tiznit y Dajla llevará oficialmente su nombre. No es una autopista cualquiera, pues recorre precisamente el Sáhara Occidental cuya soberanía Washington reconoce como marroquí desde 2020.

El mensaje es doble: homenaje personal a Trump y consolidación simbólica del reconocimiento estadounidense sobre el terreno. El presidente respondió agradeciendo personalmente el gesto de Mohamed VI, diciendo que espera algún día recorrer esa autovía. Ese mismo acercamiento explica también la ofensiva diplomática marroquí para conseguir que la final del Mundial de 2030 se dispute en Casablanca y no en Madrid.

Rabat considera que su excelente relación con Trump y con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, constituye un activo adicional en una decisión todavía abierta. Infantino estuvo precisamente esta semana en Marruecos con motivo del Día del Trono. Una relación erosionada Mientras Marruecos reforzaba todos esos vínculos, la relación entre Washington y el Gobierno de Pedro Sánchez ha seguido deteriorándose.

Las diferencias por el gasto en defensa dentro de la OTAN, las críticas estadounidenses por la presencia de Huawei en infraestructuras sensibles, las tensiones sobre el uso de Rota y Morón en los ataques a Irán, las discrepancias comerciales y la creciente competencia estratégica de Marruecos en el norte de África fueron acumulando fricciones que hoy condicionan la relación bilateral. Por eso la respuesta estadounidense a la crisis de Ceuta resulta tan llamativa y a la vez predecible. Fue la expresión pública de una nueva jerarquía de prioridades en Washington.

Frente a una crisis que afecta simultáneamente a dos socios históricos, Washington ha optado por respaldar tácitamente al que considera hoy uno de sus aliados estratégicos más valiosos en África y Oriente Próximo. Ceuta ha servido únicamente para hacer visible un cambio geopolítico que llevaba años en gestación. Temas Ceuta Rabat Europa España Marruecos africa Estados Unidos Pedro Sánchez comentarios Reportar un error La sintonía entre Trump y Marruecos deja a España sin margen en la crisis de Ceuta La rápida condena de Washington al Gobierno de Pedro Sánchez tras la crisis de Ceuta culmina seis años de creciente acercamiento entre Estados Unidos y el gobierno de Rabat Escucha el artículo. 7 min Escucha el artículo. 7 min Regala esta noticia Añádenos en Google Este vídeo es exclusivo para suscriptores Disfruta de acceso ilimitado Suscríbete ¿Ya tienes una suscripción ?

Inicia sesión Sánchez y Trump, en el encuentro de octubre del año pasado. (Reuters) David Alandete Corresponsal en Washington 01/08/2026 Actualizado a las 01:41h. No fue una reacción improvisada. Apenas unas horas después de la entrada masiva de decenas de miles de inmigrantes en Ceuta, la Casa Blanca culpó directamente al Gobierno de Pedro Sánchez de haber favorecido la crisis con sus políticas migratorias. 24 horas después, el ...

Departamento de Estado endureció todavía más el mensaje y responsabilizó al Ejecutivo español de facilitar la inmigración ilegal hacia Europa. De forma llamativa, el mismo día del asalto a Ceuta, el secretario de Estado, Marco Rubio, aprovechaba el Día del Trono para felicitar al rey Mohamed VI, elogiar la relación entre ambos países y reiterar el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. La coincidencia difícilmente podía ser más elocuente.

En el momento de mayor tensión diplomática entre España y Marruecos desde 2021, Washington evitó cualquier crítica pública a Rabat y dirigió toda su presión política al norte, hacia Madrid. La explicación va mucho más allá de Ceuta y Melilla. Responde a una transformación profunda de la política estadounidense hacia el norte de África que comenzó hace casi seis años y que hoy sitúa a Marruecos entre los aliados más estrechos de EE.UU.

Lo ocurrido estas últimas horas confirma una tendencia que ha sobrevivido a dos presidentes estadounidenses y que el regreso de Donald Trump al poder ha acelerado. Noticia relacionada EE.UU. culpa directamente a Sánchez: «Él facilita la inmigración ilegal masiva a Europa» David Alandete El punto de inflexión llegó el 10 de diciembre de 2020.

A pocas semanas de abandonar la Casa Blanca, Trump rompió con casi medio siglo de política exterior estadounidense y reconoció oficialmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. El movimiento no fue aislado. Formaba parte de una negociación mucho más amplia: Marruecos establecía relaciones diplomáticas plenas con Israel y se incorporaba a los Acuerdos de Abraham, uno de los grandes proyectos geopolíticos de la primera Administración Trump para redibujar Oriente Próximo.

Desde la perspectiva de Washington, Rabat dejaba de ser únicamente un socio regional para convertirse en un aliado estratégico, dispuesto hasta a establecer lazos con Israel. La decisión supuso una victoria histórica para Mohamed VI. Durante décadas, ningún presidente estadounidense había aceptado respaldar las tesis marroquíes sobre el Sáhara.

Trump no solo lo hizo, sino que calificó el plan de autonomía marroquí como la única base realista para resolver el conflicto. España no fue consultada previamente pese a haber sido la antigua potencia administradora del territorio, una muestra de que Washington ya no consideraba imprescindible coordinar con Madrid una decisión de semejante alcance. Newsletter Muchos esperaban que el demócrata Joe Biden corrigiera aquella decisión.

Nunca ocurrió. Es cierto que congeló algunas iniciativas simbólicas, como la apertura del consulado estadounidense en la ciudad de Dajla, pero mantuvo intacto el reconocimiento del Sáhara como marroquí. Más aún: su Administración terminó adoptando el mismo lenguaje que Trump.

Antony Blinken, secretario de Estado con Biden, describió repetidamente el plan marroquí como una propuesta «seria, creíble y realista», exactamente los mismos términos que posteriormente utilizaría Pedro Sánchez cuando modificó la posición histórica española sobre el conflicto. Durante esos años Marruecos no se limitó a conservar el respaldo estadounidense. Lo amplió.

Intensificó su actividad diplomática en Washington, reforzó su presencia mediante despachos especializados en relaciones institucionales y multiplicó sus contactos con el Capitolio, el Pentágono y el departamento de Estado. Incluso durante la crisis migratoria de Ceuta de mayo de 2021, cuando Rabat relajó los controles fronterizos tras la hospitalización en España del líder polisario Brahim Ghali, Washington optó por destacar públicamente la importancia de su relación con Marruecos en lugar de cuestionar su actuación. Paralelamente fue creciendo y mucho la cooperación en seguridad.

Marruecos pasó a ser uno de los principales interlocutores estadounidenses en el Sahel, consolidó la cooperación antiterrorista, reforzó su papel en la estabilidad del norte de África y estrechó la coordinación militar con el Pentágono. Incluso decisiones aparentemente menores reflejaban esa confianza, como la repatriación desde Guantánamo del único preso marroquí que permanecía allí, acompañada por un agradecimiento público del Departamento de Defensa a Rabat por su colaboración. El regreso de Trump El regreso de Trump a la Casa Blanca ha llevado esa aproximación un paso más allá.

Marruecos fue uno de los primeros países en incorporarse a la Junta de Paz impulsada por el presidente estadounidense, se ha convertido en socio preferente en iniciativas sobre minerales estratégicos y nuevas tecnologías y aparece cada vez con más frecuencia en los debates estratégicos estadounidenses sobre África. En algunos círculos incluso ha reaparecido la posibilidad de que el mando militar para África, AFRICOM, pueda establecerse algún día en territorio marroquí, una idea que hace unos años también situaba a España entre las posibles candidatas. Rabat ha entendido además la importancia que Trump concede a los gestos personales.

El ejemplo más llamativo de esa aceptación llegó esta semana, cuando el presidente anunció que la gran carretera de 1.055 kilómetros entre Tiznit y Dajla llevará oficialmente su nombre. No es una autopista cualquiera, pues recorre precisamente el Sáhara Occidental cuya soberanía Washington reconoce como marroquí desde 2020. El mensaje es doble: homenaje personal a Trump y consolidación simbólica del reconocimiento estadounidense sobre el terreno.

El presidente respondió agradeciendo personalmente el gesto de Mohamed VI, diciendo que espera algún día recorrer esa autovía. Ese mismo acercamiento explica también la ofensiva diplomática marroquí para conseguir que la final del Mundial de 2030 se dispute en Casablanca y no en Madrid. Rabat considera que su excelente relación con Trump y con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, constituye un activo adicional en una decisión todavía abierta.

Infantino estuvo precisamente esta semana en Marruecos con motivo del Día del Trono. Una relación erosionada Mientras Marruecos reforzaba todos esos vínculos, la relación entre Washington y el Gobierno de Pedro Sánchez ha seguido deteriorándose. Las diferencias por el gasto en defensa dentro de la OTAN, las críticas estadounidenses por la presencia de Huawei en infraestructuras sensibles, las tensiones sobre el uso de Rota y Morón en los ataques a Irán, las discrepancias comerciales y la creciente competencia estratégica de Marruecos en el norte de África fueron acumulando fricciones que hoy condicionan la relación bilateral.

Por eso la respuesta estadounidense a la crisis de Ceuta resulta tan llamativa y a la vez predecible. Fue la expresión pública de una nueva jerarquía de prioridades en Washington. Frente a una crisis que afecta simultáneamente a dos socios históricos, Washington ha optado por respaldar tácitamente al que considera hoy uno de sus aliados estratégicos más valiosos en África y Oriente Próximo.

Ceuta ha servido únicamente para hacer visible un cambio geopolítico que llevaba años en gestación. Temas Ceuta Rabat Europa España Marruecos africa Estados Unidos Pedro Sánchez comentarios Reportar un error EE.UU. culpa directamente a Sánchez: «Él facilita la inmigración ilegal masiva a Europa» David Alandete Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero.

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Publicado por Redacción · viernes, 31 de julio de 2026

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