← Volver a la portada
Internacional
miércoles, 5 de agosto de 2026

La revolución inesperada de las alpargatas que aplaudió el Rey

« La vida sigue terne que terne, sube que sube ». No, aunque suene tan actual, Antonio Díaz-Cañabate no se refería a la continua alza de precios que, según calculan, ha encarecido un 30% el coste de l

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Decíamos ayer La revolución inesperada de las alpargatas que aplaudió el Rey Ante la subida imparable de precios que, como ahora, vivían los españoles, nació una pintoresca protesta que se extendió como la pólvora por todo el país Regala esta noticia Añádenos en Google El rey Alfonso XIII aplaudiendo, desde uno de los balcones de palacio, a la manifestación en pro del uso de la alpargata. (Duque) Mónica Arrizabalaga 06/08/2026 a las 01:47h. «La vida sigue terne que terne, sube que sube». No, aunque suene tan actual, Antonio Díaz-Cañabate no se refería a la continua alza de precios que, según calculan, ha encarecido un 30% el coste de la vida en los últimos años. ...

El crítico de ABC escribía sobre la carestía de alimentos y los problemas de subsistencia que fueron noticia en España en 1920, tras la Primera Guerra Mundial. Día sí, día también, se repetían las colas ante los establecimientos que vendían arroz, patatas y aceite o a las puertas de los estancos. Las huelgas brotaban por doquier y hasta se llegaron a registrar asaltos a tahonas por la escasez de pan.

«¡Se vive!», titulaba Luis Gabaldón por entonces, antes de añadir a renglón seguido: «Es decir, se intenta vivir, que no es lo mismo». Ante los prohibitivos precios que alcanzó el calzado, nació en Almería una pintoresca protesta que prendió en el Casino de Autores de Madrid y se extendió como una mancha de aceite por todo el país. Al grito de «¡abajo la suela y viva el cáñamo!», legiones de 'alpargatistas' se juramentaron para poner freno a la codicia de comerciantes, intermediarios y abastecedores, enarbolando la popular alpargata como bandera.

La Liga de la alpargata fue ganando adeptos por centenas entre la clase media, la más maltratada por la subida del coste de la vida. Señoras y señoritas, damas y caballeros asistían a iglesias, paseos y teatros de toda España calzando el económico calzado. Incluso los cómicos y actores salían a escena con arreglo a su personaje, pero en alpargatas, siguiendo la protesta popular.

«He aquí, de un modo inesperado, cómo se ha hecho la revolución desde abajo, porque más bajo que la alpargata no hay nada», constataba Gabaldón el mismo día en que ABC publicaba una fotografía del rey Alfonso XIII aplaudiendo desde un balcón del Palacio Real a los manifestantes en pro del uso de la alpargata. Noticia relacionada Decíamos ayer El Nautilus español de las 13.000 leguas de viaje marino Mónica Arrizabalaga Para Pedro Mata, no se trataba «de una pose, de un 'bello gesto', de un desplante» de unos cuantos señoritos elegantes y aristocráticos, sino de una medida práctica adoptada por la burguesía para «contrarrestar del único modo eficaz que puede hacerse la codicia de los explotadores». No era un alarde romántico, era «una determinación financiera», aunque auguraba, tal como ocurrió, que fabricantes y vendedores aumentarían pronto el precio de las alpargatas y en un mes un par de alpargatas costarían tanto como un par de botas.

«La Liga de la alpargata y otras cosas por el estilo no resuelven nada, no tienen eficacia», alertaba su compañero de redacción José María Salaverría, quien sin embargo se alegraba de que España vibrara por una vez «a tono con el momento universal», aunque fuera para ensayar «las mismas tonterías que están de moda en Norteamérica». La reconquista de la alpargata fue efímera. A pesar de las recetas que publicaron los periódicos para conservar las alpargatas el mayor tiempo posible, con las lluvias y el frío perdieron inevitablemente la batalla ante los zapatos y las botas.

Aunque, según recordó Fernando Fernán Gómez en una Tercera, el boicot de las alpargatas fracasó mucho antes de lo que sus organizadores habían calculado. Una de las razones -«y no la menos trascendente», decía este coloso del teatro y el cine español- fue que en los estrenos teatrales el público no podía meter ruido con los pies al patear el suelo si no le gustaba el espectáculo. Newsletter El hábito del pateo era un aliciente de los estrenos de la época y el cáñamo o el esparto de las alpargatas no resultaba tan sonoro como el cuero de las suelas de los zapatos.

«Este suceso de alpargatas y zapatos, un tanto disparatado -estamos en tierra de disparates, como vieron Goya y Ramón Gómez de la Serna-, aunque en apariencia trivial para la historia de la nación, es buena prueba de la pasión por el teatro del público de aquellos tiempos», sostuvo el académico de la RAE. Temas Calzado RAE Real Academia Española Primera Guerra Mundial Hemeroteca de ABC Almería Palacio Real Madrid (ciudad) España Alfonso XIII de España comentarios Reportar un error Decíamos ayer La revolución inesperada de las alpargatas que aplaudió el Rey Ante la subida imparable de precios que, como ahora, vivían los españoles, nació una pintoresca protesta que se extendió como la pólvora por todo el país Regala esta noticia Añádenos en Google El rey Alfonso XIII aplaudiendo, desde uno de los balcones de palacio, a la manifestación en pro del uso de la alpargata. (Duque) Mónica Arrizabalaga 06/08/2026 a las 01:47h. «La vida sigue terne que terne, sube que sube».

No, aunque suene tan actual, Antonio Díaz-Cañabate no se refería a la continua alza de precios que, según calculan, ha encarecido un 30% el coste de la vida en los últimos años. ... El crítico de ABC escribía sobre la carestía de alimentos y los problemas de subsistencia que fueron noticia en España en 1920, tras la Primera Guerra Mundial. Día sí, día también, se repetían las colas ante los establecimientos que vendían arroz, patatas y aceite o a las puertas de los estancos.

Las huelgas brotaban por doquier y hasta se llegaron a registrar asaltos a tahonas por la escasez de pan. «¡Se vive!», titulaba Luis Gabaldón por entonces, antes de añadir a renglón seguido: «Es decir, se intenta vivir, que no es lo mismo». Ante los prohibitivos precios que alcanzó el calzado, nació en Almería una pintoresca protesta que prendió en el Casino de Autores de Madrid y se extendió como una mancha de aceite por todo el país.

Al grito de «¡abajo la suela y viva el cáñamo!», legiones de 'alpargatistas' se juramentaron para poner freno a la codicia de comerciantes, intermediarios y abastecedores, enarbolando la popular alpargata como bandera. La Liga de la alpargata fue ganando adeptos por centenas entre la clase media, la más maltratada por la subida del coste de la vida. Señoras y señoritas, damas y caballeros asistían a iglesias, paseos y teatros de toda España calzando el económico calzado.

Incluso los cómicos y actores salían a escena con arreglo a su personaje, pero en alpargatas, siguiendo la protesta popular. «He aquí, de un modo inesperado, cómo se ha hecho la revolución desde abajo, porque más bajo que la alpargata no hay nada», constataba Gabaldón el mismo día en que ABC publicaba una fotografía del rey Alfonso XIII aplaudiendo desde un balcón del Palacio Real a los manifestantes en pro del uso de la alpargata. Noticia relacionada Decíamos ayer El Nautilus español de las 13.000 leguas de viaje marino Mónica Arrizabalaga Para Pedro Mata, no se trataba «de una pose, de un 'bello gesto', de un desplante» de unos cuantos señoritos elegantes y aristocráticos, sino de una medida práctica adoptada por la burguesía para «contrarrestar del único modo eficaz que puede hacerse la codicia de los explotadores».

No era un alarde romántico, era «una determinación financiera», aunque auguraba, tal como ocurrió, que fabricantes y vendedores aumentarían pronto el precio de las alpargatas y en un mes un par de alpargatas costarían tanto como un par de botas. «La Liga de la alpargata y otras cosas por el estilo no resuelven nada, no tienen eficacia», alertaba su compañero de redacción José María Salaverría, quien sin embargo se alegraba de que España vibrara por una vez «a tono con el momento universal», aunque fuera para ensayar «las mismas tonterías que están de moda en Norteamérica». La reconquista de la alpargata fue efímera.

A pesar de las recetas que publicaron los periódicos para conservar las alpargatas el mayor tiempo posible, con las lluvias y el frío perdieron inevitablemente la batalla ante los zapatos y las botas. Aunque, según recordó Fernando Fernán Gómez en una Tercera, el boicot de las alpargatas fracasó mucho antes de lo que sus organizadores habían calculado. Una de las razones -«y no la menos trascendente», decía este coloso del teatro y el cine español- fue que en los estrenos teatrales el público no podía meter ruido con los pies al patear el suelo si no le gustaba el espectáculo.

Newsletter El hábito del pateo era un aliciente de los estrenos de la época y el cáñamo o el esparto de las alpargatas no resultaba tan sonoro como el cuero de las suelas de los zapatos. «Este suceso de alpargatas y zapatos, un tanto disparatado -estamos en tierra de disparates, como vieron Goya y Ramón Gómez de la Serna-, aunque en apariencia trivial para la historia de la nación, es buena prueba de la pasión por el teatro del público de aquellos tiempos», sostuvo el académico de la RAE. Temas Calzado RAE Real Academia Española Primera Guerra Mundial Hemeroteca de ABC Almería Palacio Real Madrid (ciudad) España Alfonso XIII de España comentarios Reportar un error Decíamos ayer El Nautilus español de las 13.000 leguas de viaje marino Mónica Arrizabalaga 4 almohadas cervicales que mantienen la forma después de un año y evitan el dolor de cuello Teresa Rodríguez García David Bustamante: «No teníamos para vacaciones, pero nunca faltaba el plato combinado de la churrería»

Borja Sánchez Pedro Ruiz ve que Sánchez se marcha de vacaciones en plena crisis migratoria: «No es muy presentable» Borja Sánchez

Publicado por Redacción · miércoles, 5 de agosto de 2026

ReversoDigital — Pensamiento crítico, anti‑propaganda.

← Ver más noticias
La revolución inesperada de las alpargatas que aplaudió el Rey · ReversoDigital