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Internacional
martes, 28 de julio de 2026

Eli Lilly está reinventando el sector farmacéutico

En 1876, Eli Lilly, un veterano de la guerra civil, fundó una empresa en Indianápolis con el objetivo de aportar rigor científico a un mercado farmacéutico inundado de curas charlatanescas y remedios

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Eli Lilly está reinventando el sector farmacéutico La mayor empresa farmacéutica del mundo está apostando fuerte por los medicamentos preventivos y aprendiendo de las grandes tecnológicas Regala esta noticia Añádenos en Google The Economist 29/07/2026 a las 00:06h. En 1876, Eli Lilly, un veterano de la guerra civil, fundó una empresa en Indianápolis con el objetivo de aportar rigor científico a un mercado farmacéutico inundado de curas charlatanescas y remedios milagrosos. Con ello, contribuyó a sentar las bases de la industria farmacéutica moderna. ...

Un siglo y medio después, la empresa que lleva su nombre quiere reinventarla de nuevo. Cuenta con la envergadura necesaria para intentarlo. Lilly es la farmacéutica más valiosa del mundo y la primera en superar el billón de dólares de valor, uniéndose así a un club dominado en su mayoría por gigantes tecnológicos.

Desde principios de 2023, el precio de sus acciones se ha triplicado con creces. Los analistas prevén que sus ingresos crezcan alrededor de un 15 % anual de media hasta finales de la década, más de tres veces la mediana de sus competidores. Los inversores valoran ahora a Lilly más como a un gigante tecnológico que como a una farmacéutica.

Gran parte de esa euforia se debe a los GLP-1, una nueva clase de medicamentos contra la obesidad que han transformado tanto a la empresa como al sector. Zepbound, la inyección adelgazante de Lilly, generó 4900 millones de dólares en ventas en 2024, su primer año completo en el mercado. Este año, los analistas esperan que las ventas cuadrupliquen esa cifra.

La empresa representa ahora tres quintas partes de las ventas de GLP-1 en Estados Unidos. Bloomberg Intelligence, un grupo de investigación, estima que Lilly podría acaparar dos terceras partes de un mercado mundial de medicamentos contra la obesidad valorado en más de 120 000 millones de dólares al año para 2030. Newsletter Para numerosos directivos, conquistar uno de los mayores mercados de la historia farmacéutica sería suficiente.

Sin embargo, no para Dave Ricks, director ejecutivo de Lilly. En una entrevista con The Economist, Ricks expuso un plan aún más ambicioso. Quiere convertir su empresa en un tipo diferente de fabricante de medicamentos: uno centrado en mantener sanas a las personas en lugar de limitarse a tratar enfermedades, al tiempo que toma prestadas ideas empresariales de Silicon Valley.

El rápido auge de Lilly en el ámbito de los medicamentos contra la obesidad ayuda a explicar su confianza. Novo Nordisk, un rival danés, lanzó su tratamiento en Estados Unidos más de dos años antes que Lilly. Sin embargo, en 2025, Zepbound había superado al medicamento de Novo.

Ricks atribuye este éxito tanto a una ciencia superior como a una ejecución más eficaz. Zepbound produjo una mayor pérdida de peso con menos efectos secundarios. Lilly también invirtió desde el principio en la fabricación, fijó un precio más bajo y reconoció rápidamente que la obesidad se convertiría en un mercado de consumo tanto como en uno médico.

Su liderazgo en medicamentos contra la obesidad se está poniendo ahora a prueba. Más de 120 empresas están desarrollando fármacos y existen al menos 190 candidatos en ensayos clínicos. La respuesta de Lilly es «cubrir el tablero de ajedrez» con tratamientos que ofrezcan diferentes combinaciones de eficacia, tolerabilidad y comodidad.

La fabricación es otra ventaja. La obesidad es un «juego de capacidad», afirma Ricks. Desde 2020, Lilly ha destinado más de 50 000 millones de dólares a ampliar la producción, apostando por que la capacidad de fabricar estos medicamentos a gran escala será tan importante como descubrirlos.

Línea de desarrollo Para Lilly, sin embargo, hay un premio mayor que reducir la cintura. Los GLP-1 están demostrando ser útiles más allá de su propósito original, ya que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares, apnea del sueño y enfermedad renal crónica. Los primeros datos sugieren que también podrían ayudar con las adicciones y las enfermedades psiquiátricas.

Ahora, la gran pregunta para Lilly es: ¿pueden sus medicamentos evitar que las enfermedades lleguen a desarrollarse? La apuesta por la prevención está marcando la línea de desarrollo de Lilly. En junio pagó 7800 millones de dólares por la adquisición de Centessa Pharmaceuticals, una empresa biotecnológica que desarrolla un tratamiento para la narcolepsia, que afecta a la capacidad del cerebro para regular los ciclos del sueño.

Daniel Skovronsky, científico jefe de Lilly, afirma que parte del atractivo de los fármacos que regulan el sueño radica en que sus beneficios pueden ser tan amplios como los de los GLP-1. Lilly también está probando su fármaco contra el Alzheimer, el donanemab, en pacientes asintomáticos para comprobar si el tratamiento precoz puede retrasar, o incluso prevenir, la enfermedad. Una idea en ciernes El modelo plantea numerosos retos, admite Ricks.

Los sistemas sanitarios actuales, señala, están diseñados para tratar las enfermedades, no para prevenirlas. Además, está la espinosa cuestión de quién paga. Los costes de los medicamentos preventivos son inmediatos, pero es posible que el ahorro no se materialice hasta dentro de años, lo que dificulta que las aseguradoras los valoren y los reembolsen.

La prevención también conlleva el riesgo de sobrediagnóstico y exceso de tratamiento, lo que plantea cuestiones difíciles sobre quién debe recibir los medicamentos y cuándo. Una empresa basada en la prevención tiene que estar mucho más cerca de los pacientes de lo que tradicionalmente ha estado la industria farmacéutica. Debe convencer a las personas de que inicien el tratamiento antes, facilitar el acceso a los medicamentos y mantenerlas en tratamiento durante años.

Por eso, Ricks habla cada vez más de Lilly no tanto como una farmacéutica, sino como una compañía tecnológica, haciendo hincapié en una experiencia del cliente fluida y en la creación de plataformas. Las gestiones sanitarias se encuentran entre «las cosas más penosas y difíciles» que vive la gente, afirma Ricks. A los pacientes les cuesta entender los precios y desenvolverse en un sistema fragmentado, sobre todo en Estados Unidos, lo que les deja con poco control sobre su atención médica.

Ricks sostiene que comprar un medicamento debería ser tan sencillo como conocer el precio y conseguirlo fácilmente. LillyDirect, la farmacia en línea de la empresa, es un intento de lograrlo mediante el establecimiento de una relación más directa con los consumidores. Hoy en día, más de la mitad de los nuevos pacientes que comienzan a tomar sus GLP-1 lo hacen a través de canales en línea, incluido LillyDirect.

Hasta que la IA sea capaz de razonar sobre las reglas subyacentes del organismo, su papel en el descubrimiento de fármacos seguirá siendo limitado Luego está la propia fabricación de medicamentos. Descubrir y lanzar un medicamento suele llevar más de una década, cuesta más de 2500 millones de dólares y, en gran medida, empieza desde cero cada vez. Lilly pretende cambiar eso.

Ricks describe los GLP-1 no como un producto, sino como una plataforma: una base común sobre la que se pueden desarrollar múltiples medicamentos añadiendo otras hormonas. Las sinergias en la fabricación son igual de importantes. Otros medicamentos, especialmente los inyectables, pueden «circular por las mismas vías» que los GLP-1, compartiendo gran parte de la red de fabricación, lo que contribuye a reducir los costes.

Ricks no está del todo enamorado de Silicon Valley. Advierte contra la «enshitificación», la tendencia de las plataformas a servirse a sí mismas en lugar de a sus usuarios. En el ámbito sanitario, afirma, ese es un riesgo que la industria no puede permitirse.

Tampoco es tan optimista como algunos con respecto a la inteligencia artificial. Sir Demis Hassabis, director de Google DeepMind, ha hablado del potencial de esta tecnología para «curar todas las enfermedades» en una década. Anthropic, un laboratorio de IA, ha puesto en marcha una iniciativa para descubrir fármacos utilizando sus modelos.

Lilly, por su parte, se ha asociado con Nvidia, fabricante de chips, para construir lo que describen como el superordenador de IA más potente del sector, que se utilizará para entrenar modelos biomédicos. También ha comenzado a compartir con empresas biotecnológicas seleccionadas modelos de IA entrenados con sus propios datos, a cambio de que estas les devuelvan más datos. Sin embargo, Ricks advierte de que los modelos actuales no entienden de biología.

Hasta que la IA sea capaz de razonar sobre las reglas subyacentes del organismo, su papel en el descubrimiento de fármacos seguirá siendo limitado. «Va a ser un camino largo y difícil». Los beneficios a corto plazo de la IA, argumenta, residen en hacer que el sistema sanitario en su conjunto, con su interminable papeleo, sea menos enrevesado.

Ricks ha adoptado otra costumbre de Silicon Valley. A diferencia de la mayoría de los directivos farmacéuticos, que rehúyen el foco de atención, se ha convertido en una presencia habitual en podcasts y foros públicos, donde habla tanto del futuro de la asistencia sanitaria como de la propia Lilly. En parte, afirma, eso refleja la posición de su empresa en la cima del sector.

Sin embargo, también cree que las grandes farmacéuticas pueden explicarse mejor. Con su presencia pública, espera que el sector —y su papel en la sociedad— resulte un poco más fácil de entender. comentarios Reportar un error Eli Lilly está reinventando el sector farmacéutico La mayor empresa farmacéutica del mundo está apostando fuerte por los medicamentos preventivos y aprendiendo de las grandes tecnológicas Regala esta noticia Añádenos en Google The Economist 29/07/2026 a las 00:06h. En 1876, Eli Lilly, un veterano de la guerra civil, fundó una empresa en Indianápolis con el objetivo de aportar rigor científico a un mercado farmacéutico inundado de curas charlatanescas y remedios milagrosos.

Con ello, contribuyó a sentar las bases de la industria farmacéutica moderna. ... Un siglo y medio después, la empresa que lleva su nombre quiere reinventarla de nuevo. Cuenta con la envergadura necesaria para intentarlo.

Lilly es la farmacéutica más valiosa del mundo y la primera en superar el billón de dólares de valor, uniéndose así a un club dominado en su mayoría por gigantes tecnológicos. Desde principios de 2023, el precio de sus acciones se ha triplicado con creces. Los analistas prevén que sus ingresos crezcan alrededor de un 15 % anual de media hasta finales de la década, más de tres veces la mediana de sus competidores.

Los inversores valoran ahora a Lilly más como a un gigante tecnológico que como a una farmacéutica. Gran parte de esa euforia se debe a los GLP-1, una nueva clase de medicamentos contra la obesidad que han transformado tanto a la empresa como al sector. Zepbound, la inyección adelgazante de Lilly, generó 4900 millones de dólares en ventas en 2024, su primer año completo en el mercado.

Este año, los analistas esperan que las ventas cuadrupliquen esa cifra. La empresa representa ahora tres quintas partes de las ventas de GLP-1 en Estados Unidos. Bloomberg Intelligence, un grupo de investigación, estima que Lilly podría acaparar dos terceras partes de un mercado mundial de medicamentos contra la obesidad valorado en más de 120 000 millones de dólares al año para 2030.

Newsletter Para numerosos directivos, conquistar uno de los mayores mercados de la historia farmacéutica sería suficiente. Sin embargo, no para Dave Ricks, director ejecutivo de Lilly. En una entrevista con The Economist, Ricks expuso un plan aún más ambicioso.

Quiere convertir su empresa en un tipo diferente de fabricante de medicamentos: uno centrado en mantener sanas a las personas en lugar de limitarse a tratar enfermedades, al tiempo que toma prestadas ideas empresariales de Silicon Valley. El rápido auge de Lilly en el ámbito de los medicamentos contra la obesidad ayuda a explicar su confianza. Novo Nordisk, un rival danés, lanzó su tratamiento en Estados Unidos más de dos años antes que Lilly.

Sin embargo, en 2025, Zepbound había superado al medicamento de Novo. Ricks atribuye este éxito tanto a una ciencia superior como a una ejecución más eficaz. Zepbound produjo una mayor pérdida de peso con menos efectos secundarios.

Lilly también invirtió desde el principio en la fabricación, fijó un precio más bajo y reconoció rápidamente que la obesidad se convertiría en un mercado de consumo tanto como en uno médico. Su liderazgo en medicamentos contra la obesidad se está poniendo ahora a prueba. Más de 120 empresas están desarrollando fármacos y existen al menos 190 candidatos en ensayos clínicos.

La respuesta de Lilly es «cubrir el tablero de ajedrez» con tratamientos que ofrezcan diferentes combinaciones de eficacia, tolerabilidad y comodidad. La fabricación es otra ventaja. La obesidad es un «juego de capacidad», afirma Ricks.

Desde 2020, Lilly ha destinado más de 50 000 millones de dólares a ampliar la producción, apostando por que la capacidad de fabricar estos medicamentos a gran escala será tan importante como descubrirlos. Línea de desarrollo Para Lilly, sin embargo, hay un premio mayor que reducir la cintura. Los GLP-1 están demostrando ser útiles más allá de su propósito original, ya que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares, apnea del sueño y enfermedad renal crónica.

Los primeros datos sugieren que también podrían ayudar con las adicciones y las enfermedades psiquiátricas. Ahora, la gran pregunta para Lilly es: ¿pueden sus medicamentos evitar que las enfermedades lleguen a desarrollarse? La apuesta por la prevención está marcando la línea de desarrollo de Lilly.

En junio pagó 7800 millones de dólares por la adquisición de Centessa Pharmaceuticals, una empresa biotecnológica que desarrolla un tratamiento para la narcolepsia, que afecta a la capacidad del cerebro para regular los ciclos del sueño. Daniel Skovronsky, científico jefe de Lilly, afirma que parte del atractivo de los fármacos que regulan el sueño radica en que sus beneficios pueden ser tan amplios como los de los GLP-1. Lilly también está probando su fármaco contra el Alzheimer, el donanemab, en pacientes asintomáticos para comprobar si el tratamiento precoz puede retrasar, o incluso prevenir, la enfermedad.

Una idea en ciernes El modelo plantea numerosos retos, admite Ricks. Los sistemas sanitarios actuales, señala, están diseñados para tratar las enfermedades, no para prevenirlas. Además, está la espinosa cuestión de quién paga.

Los costes de los medicamentos preventivos son inmediatos, pero es posible que el ahorro no se materialice hasta dentro de años, lo que dificulta que las aseguradoras los valoren y los reembolsen. La prevención también conlleva el riesgo de sobrediagnóstico y exceso de tratamiento, lo que plantea cuestiones difíciles sobre quién debe recibir los medicamentos y cuándo. Una empresa basada en la prevención tiene que estar mucho más cerca de los pacientes de lo que tradicionalmente ha estado la industria farmacéutica.

Debe convencer a las personas de que inicien el tratamiento antes, facilitar el acceso a los medicamentos y mantenerlas en tratamiento durante años. Por eso, Ricks habla cada vez más de Lilly no tanto como una farmacéutica, sino como una compañía tecnológica, haciendo hincapié en una experiencia del cliente fluida y en la creación de plataformas. Las gestiones sanitarias se encuentran entre «las cosas más penosas y difíciles» que vive la gente, afirma Ricks.

A los pacientes les cuesta entender los precios y desenvolverse en un sistema fragmentado, sobre todo en Estados Unidos, lo que les deja con poco control sobre su atención médica. Ricks sostiene que comprar un medicamento debería ser tan sencillo como conocer el precio y conseguirlo fácilmente. LillyDirect, la farmacia en línea de la empresa, es un intento de lograrlo mediante el establecimiento de una relación más directa con los consumidores.

Hoy en día, más de la mitad de los nuevos pacientes que comienzan a tomar sus GLP-1 lo hacen a través de canales en línea, incluido LillyDirect. Hasta que la IA sea capaz de razonar sobre las reglas subyacentes del organismo, su papel en el descubrimiento de fármacos seguirá siendo limitado Luego está la propia fabricación de medicamentos. Descubrir y lanzar un medicamento suele llevar más de una década, cuesta más de 2500 millones de dólares y, en gran medida, empieza desde cero cada vez.

Lilly pretende cambiar eso. Ricks describe los GLP-1 no como un producto, sino como una plataforma: una base común sobre la que se pueden desarrollar múltiples medicamentos añadiendo otras hormonas. Las sinergias en la fabricación son igual de importantes.

Otros medicamentos, especialmente los inyectables, pueden «circular por las mismas vías» que los GLP-1, compartiendo gran parte de la red de fabricación, lo que contribuye a reducir los costes. Ricks no está del todo enamorado de Silicon Valley. Advierte contra la «enshitificación», la tendencia de las plataformas a servirse a sí mismas en lugar de a sus usuarios.

En el ámbito sanitario, afirma, ese es un riesgo que la industria no puede permitirse. Tampoco es tan optimista como algunos con respecto a la inteligencia artificial. Sir Demis Hassabis, director de Google DeepMind, ha hablado del potencial de esta tecnología para «curar todas las enfermedades» en una década.

Anthropic, un laboratorio de IA, ha puesto en marcha una iniciativa para descubrir fármacos utilizando sus modelos. Lilly, por su parte, se ha asociado con Nvidia, fabricante de chips, para construir lo que describen como el superordenador de IA más potente del sector, que se utilizará para entrenar modelos biomédicos. También ha comenzado a compartir con empresas biotecnológicas seleccionadas modelos de IA entrenados con sus propios datos, a cambio de que estas les devuelvan más datos.

Sin embargo, Ricks advierte de que los modelos actuales no entienden de biología. Hasta que la IA sea capaz de razonar sobre las reglas subyacentes del organismo, su papel en el descubrimiento de fármacos seguirá siendo limitado. «Va a ser un camino largo y difícil».

Los beneficios a corto plazo de la IA, argumenta, residen en hacer que el sistema sanitario en su conjunto, con su interminable papeleo, sea menos enrevesado. Ricks ha adoptado otra costumbre de Silicon Valley. A diferencia de la mayoría de los directivos farmacéuticos, que rehúyen el foco de atención, se ha convertido en una presencia habitual en podcasts y foros públicos, donde habla tanto del futuro de la asistencia sanitaria como de la propia Lilly.

En parte, afirma, eso refleja la posición de su empresa en la cima del sector. Sin embargo, también cree que las grandes farmacéuticas pueden explicarse mejor. Con su presencia pública, espera que el sector —y su papel en la sociedad— resulte un poco más fácil de entender. comentarios Reportar un error Con GPS y asistente de voz para hablar sin móvil: el Huawei Watch GT6 aguanta 21 días sin cargar Alejandra Santisteban Guiu Boticaria García, nutricionista: «El melón no fermenta en el estómago después de la cena.

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Borja Sánchez

Publicado por Redacción · martes, 28 de julio de 2026

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