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Internacional
lunes, 3 de agosto de 2026

Palacio y jardines de Branitz: el sueño de un extravagante príncipe que desafió la imaginación

En el estado alemán de Brandenburgo , dentro del término municipal de la ciudad de Cottbus , está uno de los palacios más espectaculares del país, y no solo por sus exóticos interiores, sino también p

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Palacio y jardines de Branitz: el sueño de un extravagante príncipe que desafió la imaginación Considerado como uno de los principales atractivos del este de Alemania, este monumental complejo cuenta la interesante vida e historia del noble Hermann von Pückler y su esposa Lucie Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen del Palacio de Branitz y sus jardines, Brandemburgo. (Rocío Jiménez) Rocío Jiménez 03/08/2026 a las 15:37h. En el estado alemán de Brandenburgo, dentro del término municipal de la ciudad de Cottbus, está uno de los palacios más espectaculares del país, y no solo por sus exóticos interiores, sino también por el parque que lo rodea, un espacio verde en ... el que un príncipe gastó toda su fortuna para convertirlo en una obra maestra del paisajismo. Hermann von Pückler-Muskau fue uno de los mayores paisajistas de Europa, además de un dandi, un exitoso escritor de libros de viajes y un amante de la buena mesa.

Este príncipe era conocido por su extravagante forma de vivir y de ver la vida. A lo largo de esta sumó a su diario curiosas actividades, como la de sumergirse en el Támesis dentro de una campana de buceo o la de embarcarse en un costoso vuelo en globo, el cual terminó enganchado a las ramas de un árbol, para su vergüenza. Pero, sin duda, la etapa de su vida más enriquecedora fue aquella en la que dedicó seis años a viajar por Oriente.

De este destino tomo varias ideas que luego trataría de aplicar en su patio de recreo particular. Noticia relacionada Frankfurt, la 'otra capital' alemana que es referente en diseño Rocío Jiménez A la muerte de su padre, este heredó la finca de Muskau, considerada, por aquel entonces, como la mayor propiedad en territorio alemán. Allí comenzó a trazar sus primeros planes para un diseño paisajístico de estilo inglés.

Su proyecto fue de tal envergadura que, asfixiado por las deudas, tuvo que acabar vendiendo el terreno en 1845. Fue en ese momento cuando se trasladó junto a su esposa Lucie a Branitz, un palacio de estilo barroco tardío que hizo de residencia para sus antepasados y se construyó en 1772. Un año después, el príncipe Pückler encargó una profunda remodelación del edificio y se sumergió de nuevo en la creación de un parque sin precedentes con un terreno con más de 620 hectáreas.

Entrada principal del Palacio de Branitz. (Rocío Jiménez) Estancias a todo color Una vez se cruzan las puertas de este magnífico palacio se puede apreciar ese estilo de vida llamativo y colorista a la par que refinado. Lámparas de araña diseñadas por Karl Friedrich Schinkel, mobiliario de fino damasco de seda o papel pintado con motivos orientales, son algunos detalles decorativos que reflejan el particular gusto de este miembro de la realeza. Nada más entrar, en el vestíbulo, se puede ver una galería de antepasados que el príncipe trajo hasta aquí al mudarse.

En la planta superior, por ejemplo, creó tres salas de estilo oriental con todo tipo de detalles que copió de sus viajes. Otras estancias a destacar son el magnífico Salón Verde, que conserva su estado original desde la construcción del palacio en 1772 con techo de estuco con instrumentos musicales y medallones; la Sala de Música de estilo rococó tardío en la que hoy día se realizan espectáculos íntimos y reducidos, la habitación de la Princesa, donde esta pasó sus últimos años, o la biblioteca. Pückler se encargó personalmente de amueblar el palacio y para ello tomó ideas de la revista de decoración parisina Le Garde-meuble, ancien et moderne, publicada entre 1839 y 1935.

Sala de Música, una colorida estancia del palacio y la habitación de la Princesa. (Rocío Jiménez) Más de 600 hectáreas para pasear El entorno inmediato al palacio fue diseñado como una zona de recreo siguiendo el modelo inglés. Si bien la mayoría del parque fue trazado con una apariencia lo más natural posible, esta área presenta un diseño con mayor opulencia y esplendor, pues los distintos jardines fueron concebidos como salones al aire libre. De las numerosas glorietas y pabellones que adornaban los jardines de recreo hoy solo se conserva el quiosco construido en 1848 que luce el busto dorado de Henriette Sontag, cantante de ópera de fama mundial con quien Pückler mantuvo un romance en 1828.

El parque está considerado un hito en la evolución del diseño de jardines paisajísticos y un monumento jardinero de relevancia internacional. Pückler figura junto a Peter Joseph Lenné y Friedrich Ludwig von Sckell entre los paisajistas alemanes más renombrados del siglo XIX. Para este gran espacio verde fue modelando artísticamente el terreno y el trazado de los senderos mediante la disposición de árboles y arbustos.

Para ello, creó una especie de galería de imágenes que muestra al visitante una sucesión de escenas ajardinadas tridimensionales. Pirámide del lago en la que están enterrados los príncipes, mirador del parque y quiosco de 1848. (Rocío Jiménez ) En primer lugar, destacan dos grandes pirámides que, a diferencia de las que se pueden ver en Egipto o México, están hechas de tierra y cubiertas de vegetación. El príncipe las hizo construir con recuerdos de sus viajes a Oriente.

Su excentricidad le llevó hasta a orquestar su propio funeral y poder así asegurarse un dramático final. Para ello encargó su sepultura en la Pirámide del Lago, que está cubierta de enredaderas. Los restos de él se trasladaron en 1871, mientras que los de la princesa se llevaron en 1884.

Así mismo, encargó la construcción de un vivero que contaba con numerosos invernaderos, huertos frutales y de hortalizas, una zona de cajoneras frías, área de cultivo de flores y plantas perennes y un vivero de árboles. El primero en construirse fue 'la Casa Superior', entre 1848 y 1849. Para el año 1860 ya se habían levantado varios adicionales como 'la Casa Azul' o la Gran Casa de las Piñas.

El pabellón de la Puerta de Cottbus, sirve de entrada al parque para los que llegan desde esta ciudad y se ubica en el límite entre la zona interior, que pertenece al palacio, y la exterior, que es pública. Este edificio construido en estilo neoclásico entre 1848 y 1849 funcionaba como residencia del guarda que también se encargaba de la cría de faisanes. Otra de las pirámides que se puede ver en el parque de Branitz. (Rocío Jiménez) Otros edificios destacados son las Caballerizas Reales, que datan del siglo XVIII –remodelado en el XIX– y junto a estas el Kavalierhau que, originalmente, funcionaba como edificio de servicio.

Este fue remodelado en 1858 siguiendo el estilo neogótico Tudor inglés y se incluyó algunas decoraciones que lo dotaron de una apariencia de capilla privada. Por su parte, el Lago negro se creó ampliando y rediseñando el antiguo estanque de la aldea de Branitz. Allí creo la Casa de los cisnes, para la que el príncipe trajo un modelo de un viaje que realizó a Salzburgo, y el Balcón de los peces, cuya barandilla de hierro fundido se basa en un diseño de Karl Friedrich Schinkel.

Uno de los elementos más llamativos del recinto es el Kugelberg, una esfera de vidrio plateado con mercurio que ofrece al observador un reflejo del parque cuando se contempla de cerca. comentarios Reportar un error Palacio y jardines de Branitz: el sueño de un extravagante príncipe que desafió la imaginación Considerado como uno de los principales atractivos del este de Alemania, este monumental complejo cuenta la interesante vida e historia del noble Hermann von Pückler y su esposa Lucie Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen del Palacio de Branitz y sus jardines, Brandemburgo. (Rocío Jiménez) Rocío Jiménez 03/08/2026 a las 15:37h. En el estado alemán de Brandenburgo, dentro del término municipal de la ciudad de Cottbus, está uno de los palacios más espectaculares del país, y no solo por sus exóticos interiores, sino también por el parque que lo rodea, un espacio verde en ... el que un príncipe gastó toda su fortuna para convertirlo en una obra maestra del paisajismo. Hermann von Pückler-Muskau fue uno de los mayores paisajistas de Europa, además de un dandi, un exitoso escritor de libros de viajes y un amante de la buena mesa.

Este príncipe era conocido por su extravagante forma de vivir y de ver la vida. A lo largo de esta sumó a su diario curiosas actividades, como la de sumergirse en el Támesis dentro de una campana de buceo o la de embarcarse en un costoso vuelo en globo, el cual terminó enganchado a las ramas de un árbol, para su vergüenza. Pero, sin duda, la etapa de su vida más enriquecedora fue aquella en la que dedicó seis años a viajar por Oriente.

De este destino tomo varias ideas que luego trataría de aplicar en su patio de recreo particular. Noticia relacionada Frankfurt, la 'otra capital' alemana que es referente en diseño Rocío Jiménez A la muerte de su padre, este heredó la finca de Muskau, considerada, por aquel entonces, como la mayor propiedad en territorio alemán. Allí comenzó a trazar sus primeros planes para un diseño paisajístico de estilo inglés.

Su proyecto fue de tal envergadura que, asfixiado por las deudas, tuvo que acabar vendiendo el terreno en 1845. Fue en ese momento cuando se trasladó junto a su esposa Lucie a Branitz, un palacio de estilo barroco tardío que hizo de residencia para sus antepasados y se construyó en 1772. Un año después, el príncipe Pückler encargó una profunda remodelación del edificio y se sumergió de nuevo en la creación de un parque sin precedentes con un terreno con más de 620 hectáreas.

Entrada principal del Palacio de Branitz. (Rocío Jiménez) Estancias a todo color Una vez se cruzan las puertas de este magnífico palacio se puede apreciar ese estilo de vida llamativo y colorista a la par que refinado. Lámparas de araña diseñadas por Karl Friedrich Schinkel, mobiliario de fino damasco de seda o papel pintado con motivos orientales, son algunos detalles decorativos que reflejan el particular gusto de este miembro de la realeza. Nada más entrar, en el vestíbulo, se puede ver una galería de antepasados que el príncipe trajo hasta aquí al mudarse.

En la planta superior, por ejemplo, creó tres salas de estilo oriental con todo tipo de detalles que copió de sus viajes. Otras estancias a destacar son el magnífico Salón Verde, que conserva su estado original desde la construcción del palacio en 1772 con techo de estuco con instrumentos musicales y medallones; la Sala de Música de estilo rococó tardío en la que hoy día se realizan espectáculos íntimos y reducidos, la habitación de la Princesa, donde esta pasó sus últimos años, o la biblioteca. Pückler se encargó personalmente de amueblar el palacio y para ello tomó ideas de la revista de decoración parisina Le Garde-meuble, ancien et moderne, publicada entre 1839 y 1935.

Sala de Música, una colorida estancia del palacio y la habitación de la Princesa. (Rocío Jiménez) Más de 600 hectáreas para pasear El entorno inmediato al palacio fue diseñado como una zona de recreo siguiendo el modelo inglés. Si bien la mayoría del parque fue trazado con una apariencia lo más natural posible, esta área presenta un diseño con mayor opulencia y esplendor, pues los distintos jardines fueron concebidos como salones al aire libre. De las numerosas glorietas y pabellones que adornaban los jardines de recreo hoy solo se conserva el quiosco construido en 1848 que luce el busto dorado de Henriette Sontag, cantante de ópera de fama mundial con quien Pückler mantuvo un romance en 1828.

El parque está considerado un hito en la evolución del diseño de jardines paisajísticos y un monumento jardinero de relevancia internacional. Pückler figura junto a Peter Joseph Lenné y Friedrich Ludwig von Sckell entre los paisajistas alemanes más renombrados del siglo XIX. Para este gran espacio verde fue modelando artísticamente el terreno y el trazado de los senderos mediante la disposición de árboles y arbustos.

Para ello, creó una especie de galería de imágenes que muestra al visitante una sucesión de escenas ajardinadas tridimensionales. Pirámide del lago en la que están enterrados los príncipes, mirador del parque y quiosco de 1848. (Rocío Jiménez ) En primer lugar, destacan dos grandes pirámides que, a diferencia de las que se pueden ver en Egipto o México, están hechas de tierra y cubiertas de vegetación. El príncipe las hizo construir con recuerdos de sus viajes a Oriente.

Su excentricidad le llevó hasta a orquestar su propio funeral y poder así asegurarse un dramático final. Para ello encargó su sepultura en la Pirámide del Lago, que está cubierta de enredaderas. Los restos de él se trasladaron en 1871, mientras que los de la princesa se llevaron en 1884.

Así mismo, encargó la construcción de un vivero que contaba con numerosos invernaderos, huertos frutales y de hortalizas, una zona de cajoneras frías, área de cultivo de flores y plantas perennes y un vivero de árboles. El primero en construirse fue 'la Casa Superior', entre 1848 y 1849. Para el año 1860 ya se habían levantado varios adicionales como 'la Casa Azul' o la Gran Casa de las Piñas.

El pabellón de la Puerta de Cottbus, sirve de entrada al parque para los que llegan desde esta ciudad y se ubica en el límite entre la zona interior, que pertenece al palacio, y la exterior, que es pública. Este edificio construido en estilo neoclásico entre 1848 y 1849 funcionaba como residencia del guarda que también se encargaba de la cría de faisanes. Otra de las pirámides que se puede ver en el parque de Branitz. (Rocío Jiménez) Otros edificios destacados son las Caballerizas Reales, que datan del siglo XVIII –remodelado en el XIX– y junto a estas el Kavalierhau que, originalmente, funcionaba como edificio de servicio.

Este fue remodelado en 1858 siguiendo el estilo neogótico Tudor inglés y se incluyó algunas decoraciones que lo dotaron de una apariencia de capilla privada. Por su parte, el Lago negro se creó ampliando y rediseñando el antiguo estanque de la aldea de Branitz. Allí creo la Casa de los cisnes, para la que el príncipe trajo un modelo de un viaje que realizó a Salzburgo, y el Balcón de los peces, cuya barandilla de hierro fundido se basa en un diseño de Karl Friedrich Schinkel.

Uno de los elementos más llamativos del recinto es el Kugelberg, una esfera de vidrio plateado con mercurio que ofrece al observador un reflejo del parque cuando se contempla de cerca. comentarios Reportar un error Frankfurt, la 'otra capital' alemana que es referente en diseño Rocío Jiménez Freidora de aire, heladera y ventilador: mis 3 imprescindibles de SharkNinja para el verano Alejandra Santisteban Guiu Gemma, monja de clausura: «Entrar en el convento fue para mis padres un escándalo y un dolor» Inés Romero Carlos Herrera: «El CNI supo en su momento que lo de Ceuta iba a pasar y avisó al Gobierno de España» Marina Ortiz

Publicado por Redacción · lunes, 3 de agosto de 2026

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