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Internacional
viernes, 31 de julio de 2026

Ceuta, la ciudad sin ley: «Nuestras vidas han estado en riesgo y no han movido un dedo»

Ceuta es la ciudad sin ley: la única que impera es la que escriben a golpe de capricho las riadas y riadas de inmigrantes que han entrado su antojo al territorio nacional de un modo ilegal y como si v

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Ceuta, la ciudad sin ley: «Nuestras vidas han estado en riesgo y no han movido un dedo» Con la mayoría de los comercios y los bancos cerrados por la avalancha de inmigrantes, la población autóctona acusa problemas de desabastecimiento y problemas con los servicios públicos básicos Escucha el artículo. 7 min Escucha el artículo. 7 min Regala esta noticia Añádenos en Google (Víctor Rodríguez) Rafael A. Aguilar Enviado especial a Ceuta 01/08/2026 Actualizado a las 01:43h.

Ceuta es la ciudad sin ley: la única que impera es la que escriben a golpe de capricho las riadas y riadas de inmigrantes que han entrado su antojo al territorio nacional de un modo ilegal y como si vinieran de excursión a un paraíso ... soñado. Cualquiera que haya asistido a su llegada en tropel por la verja vencida a un paso de la frontera entre España y Marruecos en El Tarajal, a unos ocho kilómetros del puerto, se habrá preguntado para qué estaban los militares apostados en la zona con sus vehículos blindados, los guardias civiles y los policías, que los dejaban penetrar en la ciudad autónoma a sus anchas. El resultado ha sido que los marroquíes, hasta sesenta mil, se han sentido libres para pasar el tiempo que les ha parecido en un lugar que no es el suyo y sin ningún permiso para ello, tampoco sin nadie que les hiciera ver que habían elegido un camino equivocado.

Hasta este viernes por la tarde, cuando ciento de jóvenes habían emprendido la senda de regreso a su país, no ha sido cuando las fuerzas de seguridad se han tomado en serio la situación y les han pedido a los visitantes que se marcharan, a veces teniendo que emplear sus porras. Pero, para entonces, el daño estaba más que hecho: los ceutíes no daban crédito a lo que vivían y se habían encerrado en sus casas por temor a cualquier altercado. El centro de la capital ha estado desierto desde primera hora de la mañana, con muy pocos comercios abiertos, incluidos los supermercados y las sucursales bancarias: solo algunas de estas últimas oficinas han abierto, y al poco han tenido que desistir de su empeño porque la presión a la que estaban sometidas era brutal.

Igual que venían con teléfonos móviles de última generación envueltos en plásticos protectores, los invasores no se han olvidado de sus tarjetas de crédito, que intentaban hacer valer ante los cajeros y a pie de mostrador. «Es imposible atenderlos, nos tienen atemorizados», se quejaba un empleado de banca cerca de la plaza de la Constitución a mediodía, literalmente rodeado por magrebíes que igual pedían cambiar un fajo de billetes de la moneda corriente en su país -y que traían en un bolsillo del traje de neopreno con el que nadaron hasta España- que un cargador portátil para el teléfono, una botella de agua o un cigarro rubio. Una vecina entrada en años se quejaba con sorna en el estanco de la céntrica plaza en la que está ubicada la Delegación del Gobierno.

«Habéis llegado los últimos y os queréis poner los primeros. Cuando a mí me den mi Nobel os tocará a vosotros», se defendía la mujer del enjambre de chavales con bañador de marca y chanclas caras que hacían piña frente a la ventanilla del despacho de tabacos. Al lado, un empleado de un Covirán, una tienda de alimentos, tenía que salir a la calle para ordenar una cola imposible, caótica y exigente de foráneos que no entendían que tenían que entrar con calma.

«Como sigamos así vamos a tener que cerrar», lamentaba el trabajador del súper, que vio cumplido su pronóstico a las pocas horas: las persianas del establecimiento se echaron y ya no volvieron a levantarse en todo el día. Noticia relacionada El Gobierno reconoce la «pasividad» de Marruecos, pero evita escalar para cerrar la crisis «cuanto antes» Ainhoa Martínez Una situación parecida se ha vivido en otras muchas tiendas de alimentos, como por ejemplo en un Mercadona, que ha sido literalmente rodeado por quienes vienen de fuera y han impedido que los vecinos de aquí hagan sus compras.

«Llevamos dos días sin comer pan en casa: nos da miedo a salir a la calle, y además la panadería ha cerrado», se quejaba con amargura Mario Rivas, un autónomo que no trabaja desde el jueves porque su oficina se halla próxima al barrio del Príncipe, de la que los magrebíes se han hecho dueños. «Allí no hay quien vaya: es una temeridad», añadía el hombre. «Hemos vivido otros episodios parecidos en estos años de atrás, pero esto nos ha superado, nos ha hecho preguntarnos dónde está el Gobierno»

En los alrededores del Puerto se dieron ayer momentos de mucha tensión. Las pequeñas tiendas de alimentos de la zona estuvieron más que saturadas durante toda la mañana y buena parte de la tarde. «No hemos vivido saqueos, pero sí malos modos, exigencias, malas palabras, hemos tenido que llamar a la Policía», suscribe Noelia, una dependienta de un 24 horas.

«A la presión de los de fuera, que ha sido insoportable, se ha sumado la de los propios ceutíes, más que comprensible, porque venían aquí a por leche, azúcar o bebidas y pan porque los 'súpers' estaban a medio gas o directamente cerrados», completaba. (Imágenes: Víctor Rodríguez) La hostelería también ha sufrido lo suyo. «Anoche [por la del jueves] tuvimos que echar la persiana a las diez de la noche, porque las manadas no dejaban respirar a los clientes: es verdad que no eran violentos, pero sí intimidaban: se acercaban a ellos pidiendo agua, comida, el móvil para llamar a su casa, y la gente se acababa yendo de puro miedo», declara Raúl, veterano camarero de una cervecería del Centro. «Hemos vivido otros episodios parecidos en estos años de atrás, pero esto nos ha superado, nos ha hecho preguntarnos dónde está el Gobierno, quien nos defiende.

Nos da la impresión de que estamos desprotegidos, a merced de estos chavales que se pasean por nuestra ciudad como Pedro por su casa sembrando el caos y el miedo, arruinando nuestros negocios», se extendía su compañero de faena. El Tarajal Paso fronterizo Despliegue del Ejército Jueves 30 Entrada masiva Regreso (31/07) Viernes 31 Despliegue militar y regreso a Marruecos Entrada (30/07) Bloqueo Playa del Tarajal Paso fronterizo Espigón Regreso a Marruecos Entrada a Ceuta N Fuente: Elaboración propia / ABC Detalle del puesto fronterizo Situación del viernes 31 de julio en El Tarajal de Ceuta CEUTA Despliegue del Ejército MARRUECOS Playa del Tarajal Bloqueo militar Entrada (jueves 30 ) Regreso (viernes 31 ) Paso fronterizo del Tarajal Playa del Tarajal Regreso a Marruecos Espigón Jueves 30 Entrada masiva Entrada a Ceuta Viernes 31 Despliegue militar y regreso a Marruecos Fuente: Elaboración propia / ABC Newsletter La avalancha inmigrante ha hecho una mella importante en los servicios básicos. A mediodía, el conductor de un autobús público se echaba las manos a la cabeza: «He tenido que convencer a viajeros de que se subieran, de que no pasaba nada, pero no he podido: tienen pánico a encontrarse a éstos dentro, a que los intimiden, a que los asusten; me consta que hay gente que se ha quedado sin ir a trabajar porque no tenían medio de transporte.

Esto es un caos absoluto y nadie hace nada por remediarlo», exponía el empleado. «Recogí a esta niña por temor a que la violaran» La escena se produjo a media mañana de este viernes en una zona de naves trasera a la frontera del Tarajal, donde cientos, si no miles, de inmigrantes habían pasado la noche.

Una mujer de unos cuarenta y cinco años, vecina de Ceuta, llevaba de la mano a una adolescente marroquí, vestida con una bata azul claro. «Se la llevo a los militares de están ahí de patrulla, a ver si la pueden ayudar a volver a su casa. Me la encontré anoche asustada y sola en un portal: había perdido de vista a sus amigos en el mar y se vio sola en Ceuta.

Pensé que o me la llevaba a casa o la violaban esa noche. Ahora no tiene adónde ir ni sabe cómo volver», relataba la mujer antes de dirigirse a los soldados. Si el Hospital Universitario de Ceuta ha mantenido con cierta normalidad su actividad habitual, los servicios de urgencias y los de Atención Primaria se han resentido mucho por la llegada masiva de magrebíes.

«Mi mujer tenía cita para una revisión de sus cosas en el centro de Salud del Tarajal, al lado de la frontera, y la han llamado para anularle la consulta: los médicos le han dicho que se están limitando a lo urgente porque no dan para más, que los accesos al centro son imposibles [está muy cerca de la frontera del Tarajal] y que hay compañeros sanitarios que no han podido ir a trabajar con el lío que hay montado», relataba un barrendero en Plaza de África a media tarde. La sensación de abandono del Gobierno central se acrecentó con la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. «No sé para qué viene.

Ya podría ordenarle a quien debe que cumpla con su trabajo y eche a esa gente que nos está volviendo la vida del revés. Que se vaya por donde ha venido si no va a hacer nada por que recuperemos la normalidad. A ver si se entera de que esto también es España», clamaba Josefina Ruiz, una jubilada del sector público a la caída de la tarde y en el recibidor de un hotel al que acudía a encontrarse con un guardia civil destacado en la ciudad a cuenta de la avalancha de magrebíes.

«Los ceutíes no vamos a olvidar este despropósito: nuestras vidas han estado en riesgo y no han movido un dedo por nosotros», concluía. Temas Marruecos Ceuta Pedro Sánchez comentarios Reportar un error Ceuta, la ciudad sin ley: «Nuestras vidas han estado en riesgo y no han movido un dedo» Con la mayoría de los comercios y los bancos cerrados por la avalancha de inmigrantes, la población autóctona acusa problemas de desabastecimiento y problemas con los servicios públicos básicos Escucha el artículo. 7 min Escucha el artículo. 7 min Regala esta noticia Añádenos en Google (Víctor Rodríguez) Rafael A.

Aguilar Enviado especial a Ceuta 01/08/2026 Actualizado a las 01:43h. Ceuta es la ciudad sin ley: la única que impera es la que escriben a golpe de capricho las riadas y riadas de inmigrantes que han entrado su antojo al territorio nacional de un modo ilegal y como si vinieran de excursión a un paraíso ... soñado. Cualquiera que haya asistido a su llegada en tropel por la verja vencida a un paso de la frontera entre España y Marruecos en El Tarajal, a unos ocho kilómetros del puerto, se habrá preguntado para qué estaban los militares apostados en la zona con sus vehículos blindados, los guardias civiles y los policías, que los dejaban penetrar en la ciudad autónoma a sus anchas.

El resultado ha sido que los marroquíes, hasta sesenta mil, se han sentido libres para pasar el tiempo que les ha parecido en un lugar que no es el suyo y sin ningún permiso para ello, tampoco sin nadie que les hiciera ver que habían elegido un camino equivocado. Hasta este viernes por la tarde, cuando ciento de jóvenes habían emprendido la senda de regreso a su país, no ha sido cuando las fuerzas de seguridad se han tomado en serio la situación y les han pedido a los visitantes que se marcharan, a veces teniendo que emplear sus porras. Pero, para entonces, el daño estaba más que hecho: los ceutíes no daban crédito a lo que vivían y se habían encerrado en sus casas por temor a cualquier altercado.

El centro de la capital ha estado desierto desde primera hora de la mañana, con muy pocos comercios abiertos, incluidos los supermercados y las sucursales bancarias: solo algunas de estas últimas oficinas han abierto, y al poco han tenido que desistir de su empeño porque la presión a la que estaban sometidas era brutal. Igual que venían con teléfonos móviles de última generación envueltos en plásticos protectores, los invasores no se han olvidado de sus tarjetas de crédito, que intentaban hacer valer ante los cajeros y a pie de mostrador. «Es imposible atenderlos, nos tienen atemorizados», se quejaba un empleado de banca cerca de la plaza de la Constitución a mediodía, literalmente rodeado por magrebíes que igual pedían cambiar un fajo de billetes de la moneda corriente en su país -y que traían en un bolsillo del traje de neopreno con el que nadaron hasta España- que un cargador portátil para el teléfono, una botella de agua o un cigarro rubio.

Una vecina entrada en años se quejaba con sorna en el estanco de la céntrica plaza en la que está ubicada la Delegación del Gobierno. «Habéis llegado los últimos y os queréis poner los primeros. Cuando a mí me den mi Nobel os tocará a vosotros», se defendía la mujer del enjambre de chavales con bañador de marca y chanclas caras que hacían piña frente a la ventanilla del despacho de tabacos.

Al lado, un empleado de un Covirán, una tienda de alimentos, tenía que salir a la calle para ordenar una cola imposible, caótica y exigente de foráneos que no entendían que tenían que entrar con calma. «Como sigamos así vamos a tener que cerrar», lamentaba el trabajador del súper, que vio cumplido su pronóstico a las pocas horas: las persianas del establecimiento se echaron y ya no volvieron a levantarse en todo el día. Noticia relacionada El Gobierno reconoce la «pasividad» de Marruecos, pero evita escalar para cerrar la crisis «cuanto antes»

Ainhoa Martínez Una situación parecida se ha vivido en otras muchas tiendas de alimentos, como por ejemplo en un Mercadona, que ha sido literalmente rodeado por quienes vienen de fuera y han impedido que los vecinos de aquí hagan sus compras. «Llevamos dos días sin comer pan en casa: nos da miedo a salir a la calle, y además la panadería ha cerrado», se quejaba con amargura Mario Rivas, un autónomo que no trabaja desde el jueves porque su oficina se halla próxima al barrio del Príncipe, de la que los magrebíes se han hecho dueños. «Allí no hay quien vaya: es una temeridad», añadía el hombre.

«Hemos vivido otros episodios parecidos en estos años de atrás, pero esto nos ha superado, nos ha hecho preguntarnos dónde está el Gobierno» En los alrededores del Puerto se dieron ayer momentos de mucha tensión. Las pequeñas tiendas de alimentos de la zona estuvieron más que saturadas durante toda la mañana y buena parte de la tarde.

«No hemos vivido saqueos, pero sí malos modos, exigencias, malas palabras, hemos tenido que llamar a la Policía», suscribe Noelia, una dependienta de un 24 horas. «A la presión de los de fuera, que ha sido insoportable, se ha sumado la de los propios ceutíes, más que comprensible, porque venían aquí a por leche, azúcar o bebidas y pan porque los 'súpers' estaban a medio gas o directamente cerrados», completaba. (Imágenes: Víctor Rodríguez) La hostelería también ha sufrido lo suyo. «Anoche [por la del jueves] tuvimos que echar la persiana a las diez de la noche, porque las manadas no dejaban respirar a los clientes: es verdad que no eran violentos, pero sí intimidaban: se acercaban a ellos pidiendo agua, comida, el móvil para llamar a su casa, y la gente se acababa yendo de puro miedo», declara Raúl, veterano camarero de una cervecería del Centro.

«Hemos vivido otros episodios parecidos en estos años de atrás, pero esto nos ha superado, nos ha hecho preguntarnos dónde está el Gobierno, quien nos defiende. Nos da la impresión de que estamos desprotegidos, a merced de estos chavales que se pasean por nuestra ciudad como Pedro por su casa sembrando el caos y el miedo, arruinando nuestros negocios», se extendía su compañero de faena. El Tarajal Paso fronterizo Despliegue del Ejército Jueves 30 Entrada masiva Regreso (31/07) Viernes 31 Despliegue militar y regreso a Marruecos Entrada (30/07) Bloqueo Playa del Tarajal Paso fronterizo Espigón Regreso a Marruecos Entrada a Ceuta N Fuente: Elaboración propia / ABC Detalle del puesto fronterizo Situación del viernes 31 de julio en El Tarajal de Ceuta CEUTA Despliegue del Ejército MARRUECOS Playa del Tarajal Bloqueo militar Entrada (jueves 30 ) Regreso (viernes 31 ) Paso fronterizo del Tarajal Playa del Tarajal Regreso a Marruecos Espigón Jueves 30 Entrada masiva Entrada a Ceuta Viernes 31 Despliegue militar y regreso a Marruecos Fuente: Elaboración propia / ABC Newsletter La avalancha inmigrante ha hecho una mella importante en los servicios básicos.

A mediodía, el conductor de un autobús público se echaba las manos a la cabeza: «He tenido que convencer a viajeros de que se subieran, de que no pasaba nada, pero no he podido: tienen pánico a encontrarse a éstos dentro, a que los intimiden, a que los asusten; me consta que hay gente que se ha quedado sin ir a trabajar porque no tenían medio de transporte. Esto es un caos absoluto y nadie hace nada por remediarlo», exponía el empleado. «Recogí a esta niña por temor a que la violaran»

La escena se produjo a media mañana de este viernes en una zona de naves trasera a la frontera del Tarajal, donde cientos, si no miles, de inmigrantes habían pasado la noche. Una mujer de unos cuarenta y cinco años, vecina de Ceuta, llevaba de la mano a una adolescente marroquí, vestida con una bata azul claro. «Se la llevo a los militares de están ahí de patrulla, a ver si la pueden ayudar a volver a su casa.

Me la encontré anoche asustada y sola en un portal: había perdido de vista a sus amigos en el mar y se vio sola en Ceuta. Pensé que o me la llevaba a casa o la violaban esa noche. Ahora no tiene adónde ir ni sabe cómo volver», relataba la mujer antes de dirigirse a los soldados.

Si el Hospital Universitario de Ceuta ha mantenido con cierta normalidad su actividad habitual, los servicios de urgencias y los de Atención Primaria se han resentido mucho por la llegada masiva de magrebíes. «Mi mujer tenía cita para una revisión de sus cosas en el centro de Salud del Tarajal, al lado de la frontera, y la han llamado para anularle la consulta: los médicos le han dicho que se están limitando a lo urgente porque no dan para más, que los accesos al centro son imposibles [está muy cerca de la frontera del Tarajal] y que hay compañeros sanitarios que no han podido ir a trabajar con el lío que hay montado», relataba un barrendero en Plaza de África a media tarde. La sensación de abandono del Gobierno central se acrecentó con la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

«No sé para qué viene. Ya podría ordenarle a quien debe que cumpla con su trabajo y eche a esa gente que nos está volviendo la vida del revés. Que se vaya por donde ha venido si no va a hacer nada por que recuperemos la normalidad.

A ver si se entera de que esto también es España», clamaba Josefina Ruiz, una jubilada del sector público a la caída de la tarde y en el recibidor de un hotel al que acudía a encontrarse con un guardia civil destacado en la ciudad a cuenta de la avalancha de magrebíes. «Los ceutíes no vamos a olvidar este despropósito: nuestras vidas han estado en riesgo y no han movido un dedo por nosotros», concluía. Temas Marruecos Ceuta Pedro Sánchez comentarios Reportar un error El Gobierno reconoce la «pasividad» de Marruecos, pero evita escalar para cerrar la crisis «cuanto antes»

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Borja Sánchez

Publicado por Redacción · viernes, 31 de julio de 2026

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