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Internacional
viernes, 31 de julio de 2026

La obesidad infantil deja huella en el organismo

El verano cambia los horarios, multiplica las horas al aire libre y ofrece más tiempo en familia. Precisamente por eso, los especialistas consideran que estos meses son una oportunidad única para impl

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

La obesidad infantil deja huella en el organismo El verano, señalan los expertos, se convierte en una oportunidad excelente para inculcar movimiento y combatir el sedentarismo infantil y sus consecuencias Regala esta noticia Añádenos en Google Un niño mide con una cinta métrica el tamaño de su barriga. (ABC) Carlota Fominaya Madrid 01/08/2026 Actualizado a las 01:24h. El verano cambia los horarios, multiplica las horas al aire libre y ofrece más tiempo en familia. Precisamente por eso, los especialistas consideran que estos meses son una oportunidad única para implantar rutinas saludables que perduren cuando llegue septiembre.

Caminar más, jugar en parques, montar ... en bicicleta, nadar o practicar cualquier actividad física adaptada a la edad puede convertirse en el primer paso para prevenir uno de los grandes problemas de salud infantil: la obesidad. El mensaje cobra especial relevancia a la luz de dos estudios desarrollados por el Servicio de Medicina Física y Rehabilitación y la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad Pediátrica (UTIO-P) del Hospital Universitario Vall d'Hebron de Barcelona, presentados en el 64º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF). Los trabajos desmontan la idea de que la obesidad infantil sea únicamente una cuestión de kilos de más y revelan que muchos menores ya presentan alteraciones metabólicas y funcionales cuando todavía parecen llevar una vida completamente normal.

Por ello, los médicos rehabilitadores hacen un llamamiento a las familias para aprovechar el periodo estival e incorporar más movimiento a la vida cotidiana. «Caminar, jugar al aire libre o practicar actividades adaptadas a la edad y a la capacidad funcional de cada menor puede ayudar a reducir el sedentarismo y favorecer hábitos saludables», subrayan. Noticia relacionada Aurelio Rojas, cardiólogo: «Estos alimentos que parecen inofensivos y deliciosos para nuestros hijos están programando un futuro de obesidad, diabetes y problemas de corazón»

Jordi Martínez Las investigaciones muestran que la obesidad infantil empieza a dejar huella en el organismo mucho antes de que aparezcan complicaciones evidentes. Uno de los datos más llamativos es que el 66,3% de los niños y adolescentes estudiados presentaba una capacidad funcional reducida en el test de sentarse y levantarse, una prueba sencilla que evalúa la fuerza y la funcionalidad de las extremidades inferiores mediante un gesto cotidiano. Esta limitación puede pasar desapercibida en una exploración convencional porque muchos menores mantienen una apariencia de normalidad en sus actividades diarias.

Sin embargo, las pruebas funcionales permiten detectar precozmente un deterioro físico que, si no se aborda, puede empeorar con el tiempo. Así lo han afirmado y recogido en sus estudios la doctora Inmaculada Donat y el doctor Percy Daminani, especialistas del Hospital Universitario Vall d'Hebron y miembros de SERMEF, la sociedad científica que reúne a los especialistas españoles en Medicina Física y Rehabilitación. Complicaciones metabólicas La primera investigación analizó el perfil clínico, corporal y funcional de 126 niños y adolescentes con obesidad remitidos al Servicio de Rehabilitación del hospital barcelonés.

Los datos reflejaron una importante carga de enfermedad desde edades muy tempranas. En concreto, el 67,5% ya presenta alguna comorbilidad metabólica, es decir, problemas de salud asociados al exceso de peso como alteraciones hepáticas, hipertensión arterial o resistencia a la insulina. La investigación se centró en demostrar que el deterioro funcional puede mejorar mediante un tratamiento específico Newsletter A ello se suma un estilo de vida claramente sedentario.

Según explicó la doctora Donat, más de la mitad de los pacientes no practica ejercicio físico de forma regular, una circunstancia que «favorece la persistencia del riesgo cardiometabólico y contribuye tanto al desarrollo como al mantenimiento de la obesidad». El estudio también analizó la composición corporal mediante una prueba DEXA, que permite conocer con precisión la cantidad de grasa, músculo y masa ósea del organismo. Los resultados mostraron un porcentaje medio de grasa corporal cercano al 42%, con un predominio de la grasa localizada en el tronco, precisamente la distribución que se asocia con un mayor riesgo cardiovascular.

El ejercicio también puede revertir el deterioro funcional La segunda investigación se centró en demostrar que ese deterioro funcional puede mejorar mediante un tratamiento específico. En esta ocasión, se consiguió gracias a un método que integra Endocrinología, Nutrición, Psicología y Rehabilitación. El programa combinaba entrenamiento de fuerza, resistencia aeróbica y ejercicios de movilidad durante un periodo estructurado, alternando sesiones presenciales con telerehabilitación y sus resultados mostraron mejoras significativas en la fuerza muscular, la capacidad funcional y la velocidad de la marcha una vez finalizado el tratamiento.

Los expertos consideran necesario adaptar las plataformas digitales a la población pediátrica Según explicó el doctor Daminani, estas mejoras se observaron especialmente en pruebas dinámicas como la fuerza de prensión manual y el propio test de sentarse y levantarse. En cambio, en otras evaluaciones más generales los cambios son menos llamativos porque muchos pacientes mantienen inicialmente una función aparentemente conservada. Precisamente por ello, insiste el especialista, las pruebas funcionales específicas son fundamentales tanto para detectar limitaciones ocultas como para comprobar la eficacia de las intervenciones.

El reto de conseguir que los niños mantengan la actividad Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue la menor adherencia al programa de rehabilitación virtual. Aunque la posibilidad de realizar ejercicios desde casa facilita el acceso al tratamiento, mantener la motivación de niños y adolescentes, reconocen, «continúa siendo un desafío». Por ello, los especialistas consideran necesario adaptar las plataformas digitales, actualmente diseñadas principalmente para adultos, incorporen herramientas más atractivas para la población pediátrica.

Entre las propuestas planteadas figuran el uso de realidad virtual, videojuegos, dinámicas de juego o ejercicios apoyados en música y baile que conviertan la rehabilitación en una experiencia más entretenida y aumenten la continuidad del tratamiento. Mirar más allá del índice de masa corporal Las conclusiones de ambos estudios coinciden en un mismo mensaje: el índice de masa corporal (IMC), aunque sigue siendo una herramienta útil para detectar la obesidad, resulta insuficiente para conocer el verdadero impacto que esta enfermedad tiene sobre la salud de los menores. Los investigadores defienden incorporar de forma sistemática otras evaluaciones, como el análisis de la composición corporal y las pruebas funcionales, que permiten detectar alteraciones antes de que aparezcan complicaciones clínicas importantes.

Su conclusión es clara: la obesidad infantil no debe abordarse únicamente como un exceso de peso, sino como una enfermedad que afecta de forma temprana al funcionamiento del organismo. Detectarla pronto y actuar mediante programas multidisciplinares en los que el ejercicio físico desempeñe un papel central puede modificar la evolución de la enfermedad, mejorar la capacidad funcional y aumentar la calidad de vida de niños y adolescentes. Y qué mejor momento que el verano, con más tiempo para jugar, caminar y moverse en familia, para comenzar ese cambio de hábitos que continúe durante el resto del año.

Temas Niños Verano Obesidad infantil comentarios Reportar un error La obesidad infantil deja huella en el organismo El verano, señalan los expertos, se convierte en una oportunidad excelente para inculcar movimiento y combatir el sedentarismo infantil y sus consecuencias Regala esta noticia Añádenos en Google Un niño mide con una cinta métrica el tamaño de su barriga. (ABC) Carlota Fominaya Madrid 01/08/2026 Actualizado a las 01:24h. El verano cambia los horarios, multiplica las horas al aire libre y ofrece más tiempo en familia. Precisamente por eso, los especialistas consideran que estos meses son una oportunidad única para implantar rutinas saludables que perduren cuando llegue septiembre.

Caminar más, jugar en parques, montar ... en bicicleta, nadar o practicar cualquier actividad física adaptada a la edad puede convertirse en el primer paso para prevenir uno de los grandes problemas de salud infantil: la obesidad. El mensaje cobra especial relevancia a la luz de dos estudios desarrollados por el Servicio de Medicina Física y Rehabilitación y la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad Pediátrica (UTIO-P) del Hospital Universitario Vall d'Hebron de Barcelona, presentados en el 64º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF). Los trabajos desmontan la idea de que la obesidad infantil sea únicamente una cuestión de kilos de más y revelan que muchos menores ya presentan alteraciones metabólicas y funcionales cuando todavía parecen llevar una vida completamente normal.

Por ello, los médicos rehabilitadores hacen un llamamiento a las familias para aprovechar el periodo estival e incorporar más movimiento a la vida cotidiana. «Caminar, jugar al aire libre o practicar actividades adaptadas a la edad y a la capacidad funcional de cada menor puede ayudar a reducir el sedentarismo y favorecer hábitos saludables», subrayan. Noticia relacionada Aurelio Rojas, cardiólogo: «Estos alimentos que parecen inofensivos y deliciosos para nuestros hijos están programando un futuro de obesidad, diabetes y problemas de corazón»

Jordi Martínez Las investigaciones muestran que la obesidad infantil empieza a dejar huella en el organismo mucho antes de que aparezcan complicaciones evidentes. Uno de los datos más llamativos es que el 66,3% de los niños y adolescentes estudiados presentaba una capacidad funcional reducida en el test de sentarse y levantarse, una prueba sencilla que evalúa la fuerza y la funcionalidad de las extremidades inferiores mediante un gesto cotidiano. Esta limitación puede pasar desapercibida en una exploración convencional porque muchos menores mantienen una apariencia de normalidad en sus actividades diarias.

Sin embargo, las pruebas funcionales permiten detectar precozmente un deterioro físico que, si no se aborda, puede empeorar con el tiempo. Así lo han afirmado y recogido en sus estudios la doctora Inmaculada Donat y el doctor Percy Daminani, especialistas del Hospital Universitario Vall d'Hebron y miembros de SERMEF, la sociedad científica que reúne a los especialistas españoles en Medicina Física y Rehabilitación. Complicaciones metabólicas La primera investigación analizó el perfil clínico, corporal y funcional de 126 niños y adolescentes con obesidad remitidos al Servicio de Rehabilitación del hospital barcelonés.

Los datos reflejaron una importante carga de enfermedad desde edades muy tempranas. En concreto, el 67,5% ya presenta alguna comorbilidad metabólica, es decir, problemas de salud asociados al exceso de peso como alteraciones hepáticas, hipertensión arterial o resistencia a la insulina. La investigación se centró en demostrar que el deterioro funcional puede mejorar mediante un tratamiento específico Newsletter A ello se suma un estilo de vida claramente sedentario.

Según explicó la doctora Donat, más de la mitad de los pacientes no practica ejercicio físico de forma regular, una circunstancia que «favorece la persistencia del riesgo cardiometabólico y contribuye tanto al desarrollo como al mantenimiento de la obesidad». El estudio también analizó la composición corporal mediante una prueba DEXA, que permite conocer con precisión la cantidad de grasa, músculo y masa ósea del organismo. Los resultados mostraron un porcentaje medio de grasa corporal cercano al 42%, con un predominio de la grasa localizada en el tronco, precisamente la distribución que se asocia con un mayor riesgo cardiovascular.

El ejercicio también puede revertir el deterioro funcional La segunda investigación se centró en demostrar que ese deterioro funcional puede mejorar mediante un tratamiento específico. En esta ocasión, se consiguió gracias a un método que integra Endocrinología, Nutrición, Psicología y Rehabilitación. El programa combinaba entrenamiento de fuerza, resistencia aeróbica y ejercicios de movilidad durante un periodo estructurado, alternando sesiones presenciales con telerehabilitación y sus resultados mostraron mejoras significativas en la fuerza muscular, la capacidad funcional y la velocidad de la marcha una vez finalizado el tratamiento.

Los expertos consideran necesario adaptar las plataformas digitales a la población pediátrica Según explicó el doctor Daminani, estas mejoras se observaron especialmente en pruebas dinámicas como la fuerza de prensión manual y el propio test de sentarse y levantarse. En cambio, en otras evaluaciones más generales los cambios son menos llamativos porque muchos pacientes mantienen inicialmente una función aparentemente conservada. Precisamente por ello, insiste el especialista, las pruebas funcionales específicas son fundamentales tanto para detectar limitaciones ocultas como para comprobar la eficacia de las intervenciones.

El reto de conseguir que los niños mantengan la actividad Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue la menor adherencia al programa de rehabilitación virtual. Aunque la posibilidad de realizar ejercicios desde casa facilita el acceso al tratamiento, mantener la motivación de niños y adolescentes, reconocen, «continúa siendo un desafío». Por ello, los especialistas consideran necesario adaptar las plataformas digitales, actualmente diseñadas principalmente para adultos, incorporen herramientas más atractivas para la población pediátrica.

Entre las propuestas planteadas figuran el uso de realidad virtual, videojuegos, dinámicas de juego o ejercicios apoyados en música y baile que conviertan la rehabilitación en una experiencia más entretenida y aumenten la continuidad del tratamiento. Mirar más allá del índice de masa corporal Las conclusiones de ambos estudios coinciden en un mismo mensaje: el índice de masa corporal (IMC), aunque sigue siendo una herramienta útil para detectar la obesidad, resulta insuficiente para conocer el verdadero impacto que esta enfermedad tiene sobre la salud de los menores. Los investigadores defienden incorporar de forma sistemática otras evaluaciones, como el análisis de la composición corporal y las pruebas funcionales, que permiten detectar alteraciones antes de que aparezcan complicaciones clínicas importantes.

Su conclusión es clara: la obesidad infantil no debe abordarse únicamente como un exceso de peso, sino como una enfermedad que afecta de forma temprana al funcionamiento del organismo. Detectarla pronto y actuar mediante programas multidisciplinares en los que el ejercicio físico desempeñe un papel central puede modificar la evolución de la enfermedad, mejorar la capacidad funcional y aumentar la calidad de vida de niños y adolescentes. Y qué mejor momento que el verano, con más tiempo para jugar, caminar y moverse en familia, para comenzar ese cambio de hábitos que continúe durante el resto del año.

Temas Niños Verano Obesidad infantil comentarios Reportar un error Aurelio Rojas, cardiólogo: «Estos alimentos que parecen inofensivos y deliciosos para nuestros hijos están programando un futuro de obesidad, diabetes y problemas de corazón» Jordi Martínez Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola»

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Publicado por Redacción · viernes, 31 de julio de 2026

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