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Internacional
jueves, 17 de septiembre de 2026

San Hermenegildo: la cárcel y la iglesia de la Puerta de Córdoba

Desde marzo de este año, el templo acoge también la actividad parroquial de San Julián mientras se restaura su sede. Tras aquellos muros hay una antigua capilla, recuerdos de reyes y una historia en l

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

UNA HISTORIA DE SEVILLA San Hermenegildo: la cárcel y la iglesia de la Puerta de Córdoba Junto a la Puerta de Córdoba se conserva una estancia que los sevillanos conocen como la cárcel de San Hermenegildo. A su lado, la hermandad abrió en 1616 la iglesia donde aún mantiene el culto al hijo de Leovigildo. Regala esta noticia Añádenos en Google El pequeño oratorio de la Puerta de Córdoba, vinculado a la tradición de la cárcel de San Hermenegildo. (Jesús Pozuelo Díaz) Jesús Pozuelo 17/09/2026 a las 07:17h. Desde marzo de este año, el templo acoge también la actividad parroquial de San Julián mientras se restaura su sede. Tras aquellos muros hay una antigua capilla, recuerdos de reyes y una historia en la que también aparece Velázquez. El prisionero político y el mártir Cuando Leovigildo tomó Sevilla en 584, ... Hermenegildo escapó, pero fue apresado poco después en Córdoba. Había perdido la guerra contra su padre: se había proclamado rey, acuñado moneda con su nombre y conseguido el apoyo de varias ciudades. El cronista Juan de Biclaro cuenta que lo despojaron de su reino y lo enviaron al destierro en Valencia. Al año siguiente, el mismo cronista sitúa su muerte en Tarragona a manos de Sisberto. El papa Gregorio Magno contó en sus Diálogos cómo, según las noticias que le llegaron de Hispania, el príncipe había rechazado en prisión la comunión de un obispo arriano enviado por su padre durante la Pascua. Aceptarla suponía renunciar a su fe católica. Según Gregorio, Leovigildo ordenó entonces matarlo de un hachazo. Detalle de la imagen de San Hermenegildo que preside el retablo mayor, atribuida a Juan Martínez Montañés. (Jesús Pozuelo Díaz.) De este relato procede la imagen de Hermenegildo como mártir, con el hacha y la palma que lo acompañan en tantas pinturas y esculturas. Gregorio también relacionó su muerte con la conversión de Recaredo, su hermano. El nuevo rey abrazó el catolicismo, que se convirtió en la religión oficial del reino en el III Concilio de Toledo, celebrado en 589. La reja y el techo de madera del antiguo oratorio de San Hermenegildo. (Jesús Pozuelo Díaz.) La ermita y la cárcel de la Puerta de Córdoba La tradición sevillana situó la cárcel y el martirio en la torre de la Puerta de Córdoba. Así lo recogieron Alonso de Morgado en su Historia de Sevilla, publicada en 1587, y Diego Ortiz de Zúñiga en sus Anales, de 1677. Esta misma semana pude entrar gracias al hermano mayor de San Hermenegildo. Tras la reja se descubre un pequeño oratorio con un vistoso techo de madera de tradición mudéjar. Es uno de esos rincones que muchos sevillanos aún no conocen. Acceso a la iglesia de San Hermenegildo junto a la Puerta de Córdoba. (Jesús Pozuelo Díaz.) La torre que vemos pertenece a la muralla medieval y es posterior al príncipe visigodo. No podemos asegurar que estuviera preso en este lugar, aunque los sevillanos llevan siglos venerándolo como su cárcel. Esa devoción sí ha dejado documentos, inscripciones y obras de arte. La hermandad sitúa su fundación tras la conquista de Sevilla en 1248. Lo que consta por escrito es que ya tenía cofrades junto a la Puerta de Córdoba en 1467. Una donación de 1482 destinaba parte del aceite de un olivar a mantener encendidas las lámparas del santo. Antes del templo actual había allí una pequeña capilla vinculada a la torre, cuyo origen desconocemos. Paso interior de la Puerta de Córdoba, junto al recinto de la hermandad. (esús Pozuelo Díaz.) En 1569 se reparó el recinto a costa de Francisco Guerrero, un armero sevillano, con el impulso de Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II y devoto del santo. Se arreglaron el acceso a la llamada cárcel y la subida al oratorio. La inscripción que recuerda aquella devoción aún pide al caminante que venere el lugar consagrado con la sangre de Hermenegildo. Inscripción en latín y castellano que recuerda la tradición del martirio de Hermenegildo en este lugar. (Jesús Pozuelo Díaz.) Felipe II y el cráneo que llegó a El Escorial Felipe II entró en Sevilla el 1 de mayo de 1570 por la Puerta de Goles. La ciudad lo recibió con arcos triunfales, descritos por Juan de Mal Lara en un libro publicado aquel mismo año. En uno de ellos aparecían Hermenegildo, con la cabeza herida por un hacha, y su hermano Recaredo. Los dos príncipes visigodos formaron así parte del homenaje sevillano al monarca. La devoción llegó también a la familia real. El futuro Felipe III nació el 14 de abril de 1578, al día siguiente de la fiesta de San Hermenegildo, y recibió también el nombre del santo: Felipe Hermenegildo. Felipe III, retratado por Juan Pantoja de la Cruz. El monarca recibió también el nombre de Hermenegildo. En el monasterio de Santa María de Sigena, en Huesca, se veneraba un cráneo atribuido a san Hermenegildo. Felipe II pidió a las religiosas que se lo entregaran para llevarlo a El Escorial. En una carta fechada en Tortosa el 21 de diciembre de 1585, el rey confirmaba que ya había visto la reliquia. A las monjas les devolvieron una pequeña porción. Monasterio de Santa María de Sigena, en Huesca, donde se veneraba la reliquia solicitada por Felipe II. La reliquia se custodia en la basílica de El Escorial. En las ceremonias de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, los monjes llevan el relicario en procesión, escoltados por alumnos de las academias militares. Procesión del relicario de san Hermenegildo en El Escorial, con escolta militar. Sevilla recibió otra reliquia atribuida al santo en 1592. El latinista Bartolomé Pozuelo Calero, de la Universidad de Cádiz, encontró en las actas de la Catedral los preparativos de una fiesta en su honor y recuperó una oda del licenciado Francisco Pacheco dedicada a su llegada. El poema cuenta que venía de Zaragoza y que fue recibida en el colegio jesuita de San Hermenegildo, cerca de la desaparecida parroquia de San Miguel. La antigua iglesia del colegio jesuita de San Hermenegildo, junto a la plaza de la Concordia. (Jesús Pozuelo Díaz.) No conviene confundir las dos iglesias sevillanas del mismo nombre. La de los jesuitas es la que se conserva junto a la plaza de la Concordia, construida después de aquella llegada. La de la Puerta de Córdoba es la de la hermandad, vinculada al lugar de martirio o encierro del santo. Algunas crónicas relacionaron la reliquia llegada a Sevilla con la cabeza de Sigena, aunque no sabemos si procedían del mismo resto. Tampoco conocemos el paradero de la reliquia recibida por los jesuitas. Pozuelo localizó en una antigua relación de la Catedral otra atribuida a san Hermenegildo, guardada bajo una campana de cristal y procedente de la capilla privada del arzobispo Joaquín Lluch y Garriga. No sabemos si era la misma. Cristóbal Suárez de Ribera: una iglesia para la hermandad Al terminar el siglo XVI, la pequeña capilla se había quedado corta. El sacerdote Cristóbal Suárez de Ribera, administrador de la hermandad, impulsó la construcción de una iglesia más amplia. El Ayuntamiento concedió terreno en 1606, las obras comenzaron en 1607 y el templo abrió en abril de 1616, con la antigua torre integrada en su acceso. Retablo mayor de la iglesia de la Puerta de Córdoba, presidido por la imagen de san Hermenegildo. (Jesús Pozuelo Díaz.) Suárez de Ribera buscó ayuda para una obra que la hermandad no podía pagar sola. Entre sus benefactores destacó Melchor Maldonado de Saavedra, tesorero de la Casa de la Contratación, que aportó dinero y pidió limosnas entre personas vinculadas al comercio con América. Según la hermandad, la iglesia costó más de 20.000 ducados. Parte de aquel dinero llegó, por tanto, del negocio de las Indias. El sacerdote murió en 1618 y fue enterrado en la capilla mayor del templo que había promovido. Su retrato, pintado poco después por Velázquez, acabaría siendo una de las obras más conocidas de esta iglesia. El retablo mayor está presidido por una imagen de san Hermenegildo atribuida a Martínez Montañés. En la casa hermandad de la iglesia se conserva además una talla más pequeña, de enorme interés, datada hacia 1580 y relacionada con el círculo de Juan Bautista Vázquez el Viejo. Fue la antigua titular de la hermandad: representa al rey sentado, coronado y con las señales de su cautiverio. San Hermenegildo sedente, antigua imagen titular de la hermandad, fechada hacia 1580 y vinculada al círculo de Juan Bautista Vázquez el Viejo. (Jesús Pozuelo Díaz.) Una devoción todavía viva La hermandad continúa celebrando cada 13 de abril la fiesta de su titular. Su nombre también permanece en la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, creada en 1814. En Sevilla, la iglesia de la Puerta de Córdoba conserva esa devoción junto a la muralla, en la calle Muñoz León, frente al convento de Capuchinos. Desde marzo de 2026, el templo acoge la actividad parroquial de San Julián por las obras en su iglesia. A su culto habitual se han sumado así los feligreses de la parroquia vecina. La Puerta de Córdoba y la iglesia de San Hermenegildo, en la ronda histórica de Sevilla. (Jesús Pozuelo Díaz.) Velázquez, los Herrera y la memoria de San Hermenegildo En 1620, un joven Velázquez pintó el retrato póstumo de Cristóbal Suárez de Ribera. El sacerdote había sido padrino de bautismo de Juana Pacheco, la esposa del pintor. Lo representó arrodillado y con la mirada dirigida hacia el altar, pues el cuadro se colocó junto a su sepultura. El original se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla; en la iglesia hay una copia hoy visible a la derecha del presbiterio. Retrato de Cristóbal Suárez de Ribera, pintado por Velázquez en 1620. (Museo de Bellas Artes de Sevilla.) También está en el Museo de Bellas Artes la Apoteosis de San Hermenegildo, que Francisco de Herrera el Viejo pintó hacia 1620 para el colegio jesuita de la actual plaza de la Concordia. El santo aparece elevado entre ángeles, con los personajes de su historia a sus pies. Apoteosis de San Hermenegildo, de Francisco de Herrera el Viejo, hacia 1620. (Museo de Bellas Artes de Sevilla.) Su hijo, Francisco de Herrera el Mozo, pintó en 1654 El triunfo de san Hermenegildo para el convento madrileño de los carmelitas descalzos. El lienzo, hoy en el Museo del Prado, muestra al príncipe ascendiendo entre ángeles mientras Leovigildo y el obispo arriano quedan en la parte inferior. El triunfo de san Hermenegildo, de Francisco de Herrera el Mozo, 1654. (Museo Nacional del Prado.) Murillo le reservó un lugar en la Catedral de Sevilla. En 1668 lo pintó en uno de los medallones de la Sala Capitular, coronado y con el hacha y la palma del martirio. Allí acompaña a la Inmaculada, al igual que san Fernando. San Hermenegildo, de Bartolomé Esteban Murillo, 1668. (Sala Capitular de la Catedral de Sevilla.) Para conocer la iglesia y la estancia venerada como cárcel, la hermandad organiza visitas individuales y en grupo, previa consulta. Tras la puerta de la muralla se conservan la antigua capilla, las imágenes y el recuerdo de quienes mantuvieron su culto durante siglos. Detalle de la reja de la estancia que la tradición sevillana identifica como cárcel del santo. (Jesús Pozuelo Díaz.) Entre la muerte de Hermenegildo y aquella hermandad medieval queda una etapa de la que sabemos poco. Con la llegada de Musa en 712, su devoción pudo quedar silenciada, aunque desconocemos qué ocurrió con ella. Comenzaba entonces el periodo islámico de Sevilla, la Isbiliya andalusí. Pero esa es otra historia que contaremos más adelante. *Con la colaboración de la Consejería de Turismo y Andalucía Exterior de la Junta de Andalucía Temas Museo de Bellas Artes de Sevilla Una historia de Sevilla comentarios Reportar un error UNA HISTORIA DE SEVILLA San Hermenegildo: la cárcel y la iglesia de la Puerta de Córdoba Junto a la Puerta de Córdoba se conserva una estancia que los sevillanos conocen como la cárcel de San Hermenegildo. A su lado, la hermandad abrió en 1616 la iglesia donde aún mantiene el culto al hijo de Leovigildo. Regala esta noticia Añádenos en Google El pequeño oratorio de la Puerta de Córdoba, vinculado a la tradición de la cárcel de San Hermenegildo. (Jesús Pozuelo Díaz) Jesús Pozuelo 17/09/2026 a las 07:17h. Desde marzo de este año, el templo acoge también la actividad parroquial de San Julián mientras se restaura su sede. Tras aquellos muros hay una antigua capilla, recuerdos de reyes y una historia en la que también aparece Velázquez. El prisionero político y el mártir Cuando Leovigildo tomó Sevilla en 584, ... Hermenegildo escapó, pero fue apresado poco después en Córdoba. Había perdido la guerra contra su padre: se había proclamado rey, acuñado moneda con su nombre y conseguido el apoyo de varias ciudades. El cronista Juan de Biclaro cuenta que lo despojaron de su reino y lo enviaron al destierro en Valencia. Al año siguiente, el mismo cronista sitúa su muerte en Tarragona a manos de Sisberto. El papa Gregorio Magno contó en sus Diálogos cómo, según las noticias que le llegaron de Hispania, el príncipe había rechazado en prisión la comunión de un obispo arriano enviado por su padre durante la Pascua. Aceptarla suponía renunciar a su fe católica. Según Gregorio, Leovigildo ordenó entonces matarlo de un hachazo. Detalle de la imagen de San Hermenegildo que preside el retablo mayor, atribuida a Juan Martínez Montañés. (Jesús Pozuelo Díaz.) De este relato procede la imagen de Hermenegildo como mártir, con el hacha y la palma que lo acompañan en tantas pinturas y esculturas. Gregorio también relacionó su muerte con la conversión de Recaredo, su hermano. El nuevo rey abrazó el catolicismo, que se convirtió en la religión oficial del reino en el III Concilio de Toledo, celebrado en 589. La reja y el techo de madera del antiguo oratorio de San Hermenegildo. (Jesús Pozuelo Díaz.) La ermita y la cárcel de la Puerta de Córdoba La tradición sevillana situó la cárcel y el martirio en la torre de la Puerta de Córdoba. Así lo recogieron Alonso de Morgado en su Historia de Sevilla, publicada en 1587, y Diego Ortiz de Zúñiga en sus Anales, de 1677. Esta misma semana pude entrar gracias al hermano mayor de San Hermenegildo. Tras la reja se descubre un pequeño oratorio con un vistoso techo de madera de tradición mudéjar. Es uno de esos rincones que muchos sevillanos aún no conocen. Acceso a la iglesia de San Hermenegildo junto a la Puerta de Córdoba. (Jesús Pozuelo Díaz.) La torre que vemos pertenece a la muralla medieval y es posterior al príncipe visigodo. No podemos asegurar que estuviera preso en este lugar, aunque los sevillanos llevan siglos venerándolo como su cárcel. Esa devoción sí ha dejado documentos, inscripciones y obras de arte. La hermandad sitúa su fundación tras la conquista de Sevilla en 1248. Lo que consta por escrito es que ya tenía cofrades junto a la Puerta de Córdoba en 1467. Una donación de 1482 destinaba parte del aceite de un olivar a mantener encendidas las lámparas del santo. Antes del templo actual había allí una pequeña capilla vinculada a la torre, cuyo origen desconocemos. Paso interior de la Puerta de Córdoba, junto al recinto de la hermandad. (esús Pozuelo Díaz.) En 1569 se reparó el recinto a costa de Francisco Guerrero, un armero sevillano, con el impulso de Ambrosio de Morales, cronista de Felipe II y devoto del santo. Se arreglaron el acceso a la llamada cárcel y la subida al oratorio. La inscripción que recuerda aquella devoción aún pide al caminante que venere el lugar consagrado con la sangre de Hermenegildo. Inscripción en latín y castellano que recuerda la tradición del martirio de Hermenegildo en este lugar. (Jesús Pozuelo Díaz.) Felipe II y el cráneo que llegó a El Escorial Felipe II entró en Sevilla el 1 de mayo de 1570 por la Puerta de Goles. La ciudad lo recibió con arcos triunfales, descritos por Juan de Mal Lara en un libro publicado aquel mismo año. En uno de ellos aparecían Hermenegildo, con la cabeza herida por un hacha, y su hermano Recaredo. Los dos príncipes visigodos formaron así parte del homenaje sevillano al monarca. La devoción llegó también a la familia real. El futuro Felipe III nació el 14 de abril de 1578, al día siguiente de la fiesta de San Hermenegildo, y recibió también el nombre del santo: Felipe Hermenegildo. Felipe III, retratado por Juan Pantoja de la Cruz. El monarca recibió también el nombre de Hermenegildo. En el monasterio de Santa María de Sigena, en Huesca, se veneraba un cráneo atribuido a san Hermenegildo. Felipe II pidió a las religiosas que se lo entregaran para llevarlo a El Escorial. En una carta fechada en Tortosa el 21 de diciembre de 1585, el rey confirmaba que ya había visto la reliquia. A las monjas les devolvieron una pequeña porción. Monasterio de Santa María de Sigena, en Huesca, donde se veneraba la reliquia solicitada por Felipe II. La reliquia se custodia en la basílica de El Escorial. En las ceremonias de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, los monjes llevan el relicario en procesión, escoltados por alumnos de las academias militares. Procesión del relicario de san Hermenegildo en El Escorial, con escolta militar. Sevilla recibió otra reliquia atribuida al santo en 1592. El latinista Bartolomé Pozuelo Calero, de la Universidad de Cádiz, encontró en las actas de la Catedral los preparativos de una fiesta en su honor y recuperó una oda del licenciado Francisco Pacheco dedicada a su llegada. El poema cuenta que venía de Zaragoza y que fue recibida en el colegio jesuita de San Hermenegildo, cerca de la desaparecida parroquia de San Miguel. La antigua iglesia del colegio jesuita de San Hermenegildo, junto a la plaza de la Concordia. (Jesús Pozuelo Díaz.) No conviene confundir las dos iglesias sevillanas del mismo nombre. La de los jesuitas es la que se conserva junto a la plaza de la Concordia, construida después de aquella llegada. La de la Puerta de Córdoba es la de la hermandad, vinculada al lugar de martirio o encierro del santo. Algunas crónicas relacionaron la reliquia llegada a Sevilla con la cabeza de Sigena, aunque no sabemos si procedían del mismo resto. Tampoco conocemos el paradero de la reliquia recibida por los jesuitas. Pozuelo localizó en una antigua relación de la Catedral otra atribuida a san Hermenegildo, guardada bajo una campana de cristal y procedente de la capilla privada del arzobispo Joaquín Lluch y Garriga. No sabemos si era la misma. Cristóbal Suárez de Ribera: una iglesia para la hermandad Al terminar el siglo XVI, la pequeña capilla se había quedado corta. El sacerdote Cristóbal Suárez de Ribera, administrador de la hermandad, impulsó la construcción de una iglesia más amplia. El Ayuntamiento concedió terreno en 1606, las obras comenzaron en 1607 y el templo abrió en abril de 1616, con la antigua torre integrada en su acceso. Retablo mayor de la iglesia de la Puerta de Córdoba, presidido por la imagen de san Hermenegildo. (Jesús Pozuelo Díaz.) Suárez de Ribera buscó ayuda para una obra que la hermandad no podía pagar sola. Entre sus benefactores destacó Melchor Maldonado de Saavedra, tesorero de la Casa de la Contratación, que aportó dinero y pidió limosnas entre personas vinculadas al comercio con América. Según la hermandad, la iglesia costó más de 20.000 ducados. Parte de aquel dinero llegó, por tanto, del negocio de las Indias. El sacerdote murió en 1618 y fue enterrado en la capilla mayor del templo que había promovido. Su retrato, pintado poco después por Velázquez, acabaría siendo una de las obras más conocidas de esta iglesia. El retablo mayor está presidido por una imagen de san Hermenegildo atribuida a Martínez Montañés. En la casa hermandad de la iglesia se conserva además una talla más pequeña, de enorme interés, datada hacia 1580 y relacionada con el círculo de Juan Bautista Vázquez el Viejo. Fue la antigua titular de la hermandad: representa al rey sentado, coronado y con las señales de su cautiverio. San Hermenegildo sedente, antigua imagen titular de la hermandad, fechada hacia 1580 y vinculada al círculo de Juan Bautista Vázquez el Viejo. (Jesús Pozuelo Díaz.) Una devoción todavía viva La hermandad continúa celebrando cada 13 de abril la fiesta de su titular. Su nombre también permanece en la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, creada en 1814. En Sevilla, la iglesia de la Puerta de Córdoba conserva esa devoción junto a la muralla, en la calle Muñoz León, frente al convento de Capuchinos. Desde marzo de 2026, el templo acoge la actividad parroquial de San Julián por las obras en su iglesia. A su culto habitual se han sumado así los feligreses de la parroquia vecina. La Puerta de Córdoba y la iglesia de San Hermenegildo, en la ronda histórica de Sevilla. (Jesús Pozuelo Díaz.) Velázquez, los Herrera y la memoria de San Hermenegildo En 1620, un joven Velázquez pintó el retrato póstumo de Cristóbal Suárez de Ribera. El sacerdote había sido padrino de bautismo de Juana Pacheco, la esposa del pintor. Lo representó arrodillado y con la mirada dirigida hacia el altar, pues el cuadro se colocó junto a su sepultura. El original se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla; en la iglesia hay una copia hoy visible a la derecha del presbiterio. Retrato de Cristóbal Suárez de Ribera, pintado por Velázquez en 1620. (Museo de Bellas Artes de Sevilla.) También está en el Museo de Bellas Artes la Apoteosis de San Hermenegildo, que Francisco de Herrera el Viejo pintó hacia 1620 para el colegio jesuita de la actual plaza de la Concordia. El santo aparece elevado entre ángeles, con los personajes de su historia a sus pies. Apoteosis de San Hermenegildo, de Francisco de Herrera el Viejo, hacia 1620. (Museo de Bellas Artes de Sevilla.) Su hijo, Francisco de Herrera el Mozo, pintó en 1654 El triunfo de san Hermenegildo para el convento madrileño de los carmelitas descalzos. El lienzo, hoy en el Museo del Prado, muestra al príncipe ascendiendo entre ángeles mientras Leovigildo y el obispo arriano quedan en la parte inferior. El triunfo de san Hermenegildo, de Francisco de Herrera el Mozo, 1654. (Museo Nacional del Prado.) Murillo le reservó un lugar en la Catedral de Sevilla. En 1668 lo pintó en uno de los medallones de la Sala Capitular, coronado y con el hacha y la palma del martirio. Allí acompaña a la Inmaculada, al igual que san Fernando. San Hermenegildo, de Bartolomé Esteban Murillo, 1668. (Sala Capitular de la Catedral de Sevilla.) Para conocer la iglesia y la estancia venerada como cárcel, la hermandad organiza visitas individuales y en grupo, previa consulta. Tras la puerta de la muralla se conservan la antigua capilla, las imágenes y el recuerdo de quienes mantuvieron su culto durante siglos. Detalle de la reja de la estancia que la tradición sevillana identifica como cárcel del santo. (Jesús Pozuelo Díaz.) Entre la muerte de Hermenegildo y aquella hermandad medieval queda una etapa de la que sabemos poco. Con la llegada de Musa en 712, su devoción pudo quedar silenciada, aunque desconocemos qué ocurrió con ella. Comenzaba entonces el periodo islámico de Sevilla, la Isbiliya andalusí. Pero esa es otra historia que contaremos más adelante. *Con la colaboración de la Consejería de Turismo y Andalucía Exterior de la Junta de Andalucía Temas Museo de Bellas Artes de Sevilla Una historia de Sevilla comentarios Reportar un error Moldeador de pelo Cecotec AirGlisse 14in1: 14 accesorios en un solo aparato Teresa Rodríguez García El Gran Wyoming, sobre sus estudios universitarios: «Hice Medicina y trabajé como médico, pero había mucho paro» Inés Romero Juan del Val, sobre las próximas elecciones: «Hay gente que piensa que lo que viene es mucho peor y por eso se queda con Pedro Sánchez» Marina Ortiz

Publicado por Redacción · jueves, 17 de septiembre de 2026

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