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jueves, 30 de julio de 2026

La religión del pop: cómo Taylor Swift inspiró la nueva película de Anne Hathaway

Hace tiempo que las grandes divas del pop contemporáneo dejaron de ser solo cantantes. La música de Taylor Swift, Beyoncé o Lady Gaga es apenas una parte del espectáculo que ellas ofrecen; el resto lo

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

La religión del pop: cómo Taylor Swift inspiró la nueva película de Anne Hathaway James Lowery explica cómo el Reputation Tour marcó la construcción de 'Mother Mary' y por qué cree que los grandes conciertos funcionan hoy como una forma de liturgia contemporánea Regala esta noticia Añádenos en Google Anne Hathaway en 'Mother Mary'. Carmen Burné 31/07/2026 a las 01:39h. Hace tiempo que las grandes divas del pop contemporáneo dejaron de ser solo cantantes.

La música de Taylor Swift, Beyoncé o Lady Gaga es apenas una parte del espectáculo que ellas ofrecen; el resto lo componen una iconografía cuidadosamente construida, una narrativa que trasciende a ... los discos y una capacidad para transformar un estadio en una catedral donde decenas de miles de personas comparten el mismo acto de fe. Ese es, precisamente, el territorio que explora 'Mother Mary', y como ocurre con las grandes mitologías pop, la película también terminó encontrando su forma prácticamente por accidente. En un punto del rodaje de 'Mother Mary', David Lowery se encontró filmando casi toda su película dentro de un barco.

Se trataba de una embarcación real, levantada originalmente en el siglo XI, que su equipo había encontrado mientras buscaba localizaciones más convencionales. El plan inicial, claro, era otro: flashbacks tradicionales, escenarios separados, una estructura temporal ordenada. Pero el barco terminó por imponer su propia lógica, y cambió el diseño de los conciertos, la disposición de las escenas, la manera de contar las historias dentro de las historias que atraviesan la película.

David Lowery ('A Ghost Story', 'El caballero verde'), de 45 años, es uno de los cineastas estadounidenses más reconocibles de su generación por una razón que a primera vista no tiene mucho que ver con el pop: ha construido su obra alrededor de lo intangible. Su nueva película cambia de escenario sin cambiar de obsesión: abandona los bosques medievales y las casas encantadas por un estadio, una gira, un vestido, para llegar, por otro camino, a la misma pregunta de siempre: qué significa entregarse por completo a algo más grande que uno mismo. Anne Hathaway en 'Mother Mary'.

Pero esa tesis, tan grandilocuente en apariencia tiene un giro hacia lo personal que explica por qué esta película, y no otra, nació de las manos de Lowery en este momento de su carrera: «Soy más viejo que Taylor Swift». Cuenta que empezó a escribir el guion cerca de los cuarenta años y que ahora tiene cuarenta y cinco, en un punto de la vida donde el mundo empieza a mirarse distinto. No podía imaginar una estrella pop con la trayectoria de Swift —insiste en que jamás tendrá esa clase de carrera— pero sí podía imaginar una versión de sí mismo si hubiera nacido para cantar en estadios en lugar de filmar.

«Hay una gran equivalencia entre la iconografía pop y la iconografía religiosa» La película sigue a Mother Mary, una estrella del pop de escala planetaria interpretada por Anne Hathaway, que en la víspera de su gran regreso a los escenarios busca a Sam Anselm, su antigua amiga y diseñadora de vestuario, encarnada por Michaela Coel. Lo que empieza como un encargo se convierte en la reapertura de una herida compartida, una relación rota que el filme reconstruye a través de flashbacks, alucinaciones y secuencias de concierto de una escala inusual para un presupuesto de veinte millones de dólares.

Viendo la actitud de la propia Mother Mary y el entorno que la rodea, es difícil ver la película e intentar escabullirse de la idea de que se trata de una historia de fantasmas pensada para el descanso del Eras Tour de Taylor Swift. Lowery lo confirma él mismo: la referencia estructural del filme no fue otra que el Reputation Tour de Swift. Su equipo desglosó tres números de ese concierto plano por plano, calculando cuánto costaría reproducir efectos similares con un presupuesto independiente, y usó ese ejercicio como herramienta de planificación financiera para las secuencias de estadio del filme.

La otra referencia documental que marcó la preproducción fue 'McQueen', el retrato del diseñador Alexander McQueen, que ayudó a Lowery «a pensar la moda como lenguaje narrativo». Newsletter «Hay una gran equivalencia entre la iconografía pop y la iconografía religiosa», dice. Lowery describe lo que siente cuando asiste a un gran concierto: miles de personas sintiendo lo mismo al mismo tiempo, adorando a la misma figura bajo la misma luz.

Lo llama, sin rodeos, una experiencia religiosa. «Es la tesis que sostiene toda la película, la idea de que cantar frente a un estadio repleto es, en términos funcionales, la forma contemporánea de oficiar una liturgia», explica. Lowery insiste en que la pieza clave de la cinta ha sido la propia Anne Hathaway, cuya voz e interpretación necesitaban sentir cada canción como propia, casi como si tuviera un crédito de coautoría no oficial.

«Si no hubiésemos tenido a Anne Hathaway, la música no hubiera funcionado», dice, sin matices. «Y cuando hablo de la música, también hablo de la propia película». Una relación peligrosamente correspondida ¿Puede el arte contemporáneo, tan mediado por la industria del espectáculo, seguir sirviendo como instrumento de sanación, o se ha convertido en una forma sofisticada de evasión?

«Creo que el arte puede curar», responde Lowery, sin ambigüedad. Cree que es una de las pocas cosas capaces de reunir a la gente en tiempos polarizados, y explica que por eso el filme termina con dos personajes que se han distanciado durante toda la trama reconciliándose a través de la expresión creativa. Anne Hathaway en 'Mother Mary'.

Esa apuesta conecta 'Mother Mary' con una genealogía de películas recientes que han tratado el estrellato pop como objeto de estudio cultural. Lowery menciona con admiración el terror satírico de 'Smile 2' y, sobre todo, 'Vox Lux', de Brady Corbet, aunque señala una diferencia de fondo: mientras aquella película «representaba la industria musical en un nivel cultural», una crónica que él mismo describe como «una odisea del siglo XXI, una odisea pop», la suya intenta averiguar cómo la música pop se vuelve personal, al punto de poder llegar a a ser devocional para quien la consume. La comparación, de hecho, no es casual: revela una tensión que atraviesa buena parte del cine contemporáneo sobre la fama, dividido entre leer al ídolo como síntoma social o como espejo emocional.

En otro momento de la conversación, alguien le pregunta por la iconografía, por la importancia de la imagen en la música actual. «Creo que la iconografía es una de las pocas cosas que puede cortar el ruido», responde, antes de citar a Lady Gaga, Beyoncé y Taylor Swift como artistas que han logrado destilar su arte y su persona en «una silueta capaz de imponerse sobre el ruido de la vida moderna». Sin necesidad de decirlo abiertamente, esa idea condensa la aspiración de 'Mother Mary': erigir, desde las limitaciones del cine independiente, una catedral de neón capaz de despertar en el espectador, durante dos horas, el deseo de arrodillarse ante ella Temas Música Pop Conciertos Arte Lady Gaga Taylor Swift Anne Hathaway comentarios Reportar un error La religión del pop: cómo Taylor Swift inspiró la nueva película de Anne Hathaway James Lowery explica cómo el Reputation Tour marcó la construcción de 'Mother Mary' y por qué cree que los grandes conciertos funcionan hoy como una forma de liturgia contemporánea Regala esta noticia Añádenos en Google Anne Hathaway en 'Mother Mary'.

Carmen Burné 31/07/2026 a las 01:39h. Hace tiempo que las grandes divas del pop contemporáneo dejaron de ser solo cantantes. La música de Taylor Swift, Beyoncé o Lady Gaga es apenas una parte del espectáculo que ellas ofrecen; el resto lo componen una iconografía cuidadosamente construida, una narrativa que trasciende a ... los discos y una capacidad para transformar un estadio en una catedral donde decenas de miles de personas comparten el mismo acto de fe.

Ese es, precisamente, el territorio que explora 'Mother Mary', y como ocurre con las grandes mitologías pop, la película también terminó encontrando su forma prácticamente por accidente. En un punto del rodaje de 'Mother Mary', David Lowery se encontró filmando casi toda su película dentro de un barco. Se trataba de una embarcación real, levantada originalmente en el siglo XI, que su equipo había encontrado mientras buscaba localizaciones más convencionales.

El plan inicial, claro, era otro: flashbacks tradicionales, escenarios separados, una estructura temporal ordenada. Pero el barco terminó por imponer su propia lógica, y cambió el diseño de los conciertos, la disposición de las escenas, la manera de contar las historias dentro de las historias que atraviesan la película. David Lowery ('A Ghost Story', 'El caballero verde'), de 45 años, es uno de los cineastas estadounidenses más reconocibles de su generación por una razón que a primera vista no tiene mucho que ver con el pop: ha construido su obra alrededor de lo intangible.

Su nueva película cambia de escenario sin cambiar de obsesión: abandona los bosques medievales y las casas encantadas por un estadio, una gira, un vestido, para llegar, por otro camino, a la misma pregunta de siempre: qué significa entregarse por completo a algo más grande que uno mismo. Anne Hathaway en 'Mother Mary'. Pero esa tesis, tan grandilocuente en apariencia tiene un giro hacia lo personal que explica por qué esta película, y no otra, nació de las manos de Lowery en este momento de su carrera: «Soy más viejo que Taylor Swift».

Cuenta que empezó a escribir el guion cerca de los cuarenta años y que ahora tiene cuarenta y cinco, en un punto de la vida donde el mundo empieza a mirarse distinto. No podía imaginar una estrella pop con la trayectoria de Swift —insiste en que jamás tendrá esa clase de carrera— pero sí podía imaginar una versión de sí mismo si hubiera nacido para cantar en estadios en lugar de filmar. «Hay una gran equivalencia entre la iconografía pop y la iconografía religiosa»

La película sigue a Mother Mary, una estrella del pop de escala planetaria interpretada por Anne Hathaway, que en la víspera de su gran regreso a los escenarios busca a Sam Anselm, su antigua amiga y diseñadora de vestuario, encarnada por Michaela Coel. Lo que empieza como un encargo se convierte en la reapertura de una herida compartida, una relación rota que el filme reconstruye a través de flashbacks, alucinaciones y secuencias de concierto de una escala inusual para un presupuesto de veinte millones de dólares. Viendo la actitud de la propia Mother Mary y el entorno que la rodea, es difícil ver la película e intentar escabullirse de la idea de que se trata de una historia de fantasmas pensada para el descanso del Eras Tour de Taylor Swift.

Lowery lo confirma él mismo: la referencia estructural del filme no fue otra que el Reputation Tour de Swift. Su equipo desglosó tres números de ese concierto plano por plano, calculando cuánto costaría reproducir efectos similares con un presupuesto independiente, y usó ese ejercicio como herramienta de planificación financiera para las secuencias de estadio del filme. La otra referencia documental que marcó la preproducción fue 'McQueen', el retrato del diseñador Alexander McQueen, que ayudó a Lowery «a pensar la moda como lenguaje narrativo».

Newsletter «Hay una gran equivalencia entre la iconografía pop y la iconografía religiosa», dice. Lowery describe lo que siente cuando asiste a un gran concierto: miles de personas sintiendo lo mismo al mismo tiempo, adorando a la misma figura bajo la misma luz. Lo llama, sin rodeos, una experiencia religiosa.

«Es la tesis que sostiene toda la película, la idea de que cantar frente a un estadio repleto es, en términos funcionales, la forma contemporánea de oficiar una liturgia», explica. Lowery insiste en que la pieza clave de la cinta ha sido la propia Anne Hathaway, cuya voz e interpretación necesitaban sentir cada canción como propia, casi como si tuviera un crédito de coautoría no oficial. «Si no hubiésemos tenido a Anne Hathaway, la música no hubiera funcionado», dice, sin matices.

«Y cuando hablo de la música, también hablo de la propia película». Una relación peligrosamente correspondida ¿Puede el arte contemporáneo, tan mediado por la industria del espectáculo, seguir sirviendo como instrumento de sanación, o se ha convertido en una forma sofisticada de evasión? «Creo que el arte puede curar», responde Lowery, sin ambigüedad.

Cree que es una de las pocas cosas capaces de reunir a la gente en tiempos polarizados, y explica que por eso el filme termina con dos personajes que se han distanciado durante toda la trama reconciliándose a través de la expresión creativa. Anne Hathaway en 'Mother Mary'. Esa apuesta conecta 'Mother Mary' con una genealogía de películas recientes que han tratado el estrellato pop como objeto de estudio cultural.

Lowery menciona con admiración el terror satírico de 'Smile 2' y, sobre todo, 'Vox Lux', de Brady Corbet, aunque señala una diferencia de fondo: mientras aquella película «representaba la industria musical en un nivel cultural», una crónica que él mismo describe como «una odisea del siglo XXI, una odisea pop», la suya intenta averiguar cómo la música pop se vuelve personal, al punto de poder llegar a a ser devocional para quien la consume. La comparación, de hecho, no es casual: revela una tensión que atraviesa buena parte del cine contemporáneo sobre la fama, dividido entre leer al ídolo como síntoma social o como espejo emocional. En otro momento de la conversación, alguien le pregunta por la iconografía, por la importancia de la imagen en la música actual.

«Creo que la iconografía es una de las pocas cosas que puede cortar el ruido», responde, antes de citar a Lady Gaga, Beyoncé y Taylor Swift como artistas que han logrado destilar su arte y su persona en «una silueta capaz de imponerse sobre el ruido de la vida moderna». Sin necesidad de decirlo abiertamente, esa idea condensa la aspiración de 'Mother Mary': erigir, desde las limitaciones del cine independiente, una catedral de neón capaz de despertar en el espectador, durante dos horas, el deseo de arrodillarse ante ella Temas Música Pop Conciertos Arte Lady Gaga Taylor Swift Anne Hathaway comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Tony Aguilar explica el estado de salud de su hijo Biel tras estar ingresado por una picadura de garrapata Francisco J. Jurado El chef José Andrés estalla por un ranking sin platos españoles: «Si necesitáis ayuda, aquí estoy»

Borja Sánchez

Publicado por Redacción · jueves, 30 de julio de 2026

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