«La vida ya me dio dos oportunidades»: la española que sobrevivió a dos tragedias en La Guaira
Oriana Brache es ciudadana española, nieta de emigrantes de Las Palmas de Gran Canaria que llegaron a las costas del Caribe venezolano hace décadas. Sobrevivió con su esposo y su hijo de cuatro años a
«La vida ya me dio dos oportunidades»: la española que sobrevivió a dos tragedias en La Guaira Oriana Brache sobrevivió con su esposo y su hijo de cuatro años sepultados bajo toneladas de hormigón. Dos meses después del terremoto, sigue buscando entre los escombros los restos de su vida anterior Regala esta noticia Añádenos en Google Este vídeo es exclusivo para suscriptores Disfruta de acceso ilimitado Suscríbete ¿Ya tienes una suscripción ? Inicia sesión La familia xxxxuela. (Jorge Benezra) Jorge Benezra Caracas 20/08/2026 Actualizado a las 01:43h.
Oriana Brache es ciudadana española, nieta de emigrantes de Las Palmas de Gran Canaria que llegaron a las costas del Caribe venezolano hace décadas. Sobrevivió con su esposo y su hijo de cuatro años a veinticuatro horas sepultados bajo un edificio colapsado en Playa Grande. ... Dio su orina para que el niño no muriera deshidratado.
Perdió a su hermana menor y a su sobrino. Tiene a su hermana mayor aún hospitalizada. El proceso de asistencia consular española ha sido, según la familia, burocrático y con poco acompañamiento.
Los encuentro a las afueras de lo que fue su edificio. Jofram Gallipoli está agachado sobre una montaña de cascajo, moviendo escombros con las manos, tratando de drenar el suelo para encontrar algún documento de valor. Oriana Brache lo mira desde unos metros, en silencio.
No trajeron a Luciano. No quieren que el niño reviva esas veinticuatro horas. En las cercanías se escuchan máquinas triturando lo que queda de otros edificios derrumbados.
En pocos días se cumplirán dos meses del terremoto. Ellos siguen viniendo. «No he sacado ni un bolígrafo, ni un lápiz», dice Jofram sin levantar la vista.
En el mismo edificio, pisos más arriba, tenía su estudio de producción audiovisual, la empresa familiar con la que cubrían bodas y eventos. Todo sigue sepultado bajo las placas del sexto piso. «Algo tiene que resistir», repite, como si decirlo lo hiciera cierto.
Noticia relacionada La tierra no espera a nadie: por qué tiembla América Latina y Europa no está exenta Jorge Benezra Dos meses atrás, el 24 de junio, estaban celebrando su aniversario de boda. «Siempre salimos y ese día preferimos no», recuerda Oriana. A las seis y cuatro de la tarde, el edificio de siete pisos se partió por la mitad y los tragó.
Los tres quedaron atrapados en lo que había sido la sala de su apartamento en el primer piso. El techo se detuvo a cuarenta centímetros del cuerpo de Jofram, que sostenía al niño en brazos. El sofá fue lo único que impidió que murieran aplastados.
«Tener los ojos abiertos o cerrados no hacía diferencia», dice Jofram. La oscuridad era absoluta. Luciano lloraba.
«Ni siquiera la cerámica del piso era entera. El sofá era lo único que reconocía. El resto no respondía».
Las horas pasaban y la sed empezó a matar. Fue Oriana quien tomó la decisión: recolectó su orina en un vaso de plástico para que Luciano bebiera y no muriera deshidratado. En la oscuridad total, bajo toneladas de cemento, una madre hizo lo que tenía que hacer.
Trece horas después sonó la alarma del teléfono. Jofram lo encontró por el sonido y la vibración. «Lo usé como linterna para ver la magnitud del problema.
Fue peor. Ahí entendimos visualmente dónde estábamos». Se grabó para ver sus heridas.
Pensó en dejar un registro. «¿Será que grabo por si no logramos salir, alguien consigue el teléfono? Pero no lo van a poder desbloquear igual».
Después no tocaron más el teléfono sino para ver la hora y buscar señal. Foto con un dron del edificio donde estaba la OPP, los urbanismos construidos por el Gobierno en 2010. (J.B.) Sin Estado y con familias rotas Newsletter No hubo bomberos. No hubo militares.
No hubo Estado. Fue José Alberto Gallipoli, el padre de Jofram, quien lideró el rescate. Vivía en Macuto, a seis kilómetros.
«Se fue caminando desde las seis de la tarde y llegó a las diez de la noche», dice Jofram. «Cuatro horas». Organizó a los vecinos, consiguió herramientas y perforaron una placa de concreto y acero de cuarenta centímetros.
Los sacaron por el hueco de la lavadora. Casi treinta horas después del colapso. El video del momento en que Oriana sale con Luciano en brazos y le dicen «Lo lograste, eres un valiente» se hizo viral en todo el mundo.
Pero eso fue hace dos meses. Hoy la familia está fracturada. La hermana menor de Oriana y su sobrino mayor murieron en el colapso.
Una cuñada fue rescatada con las piernas destrozadas, sufrió una amputación y falleció horas después. Otra cuñada apareció sin vida a los dieciséis días bajo los escombros compactados de un edificio vecino. La hermana mayor de Oriana sigue ingresada en una clínica de Caracas.
«No hemos arrancado con el duelo como tal», dice Oriana. «Nuestra prioridad es que ella salga de la clínica. Ya después vendrá lo demás».
La cuenta de la clínica crece cada semana. Jefrain, hermano de Jofram, creó una campaña de recaudación desde Los Ángeles, pero lo recaudado no alcanza. El esposo de la hermana hospitalizada, también ciudadano español, solicitó ayuda a la embajada y obtuvo tres mil euros.
Oriana y Jofram enviaron un correo, les pidieron documentos, pero no continuaron el trámite. «El proceso es muy burocrático y hay poco acompañamiento», dice Jofram. Tres mil euros no cubren una semana de clínica en Caracas.
Oriana Brache es ciudadana española, como su hermana, como los hijos de su hermana. Sus abuelos salieron de Las Palmas de Gran Canaria y llegaron a estas mismas costas caribeñas hace décadas, como miles de canarios que hicieron de Venezuela su segunda patria. Tiene treinta y siete años.
«Yo viví la tragedia del 99 en Carmen de Uria», dice. «Ya me dieron la oportunidad dos veces». Según el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, cincuenta y seis españoles han fallecido en el doble terremoto y 136 permanecen desaparecidos.
Vivir de prestado Viven prestados en un apartamento en Caracas. No han inscrito a Luciano en el colegio porque no saben dónde van a vivir la semana que viene. «Él sabe todo.
Y lo cuenta y lo habla», dice Oriana sobre su hijo. «Las primeras semanas se ponía sobresaltado: 'No me toquen la luz, no me toquen la luz'». Apenas salieron de los escombros, Jofram y Oriana volvieron a las ruinas.
No a buscar sus cosas. A buscar a otros. Excavaron con las manos junto a los voluntarios para intentar sacar a su prima Luisana y a los vecinos que seguían atrapados.
Cuando la tierra tembló no midió si eras clase media, pobre o rico. A espaldas del Palma Real se levantaban las torres de las OPPPE, los complejos de vivienda popular construidos por el gobierno de Hugo Chávez bajo la Gran Misión Vivienda, el programa estrella de la revolución bolivariana que prometió casa propia a millones de venezolanos. Dieciséis de esas torres colapsaron por completo.
Veintisiete más quedaron agrietadas y listas para la demolición. Muchos residentes del estado habían advertido durante años que las estructuras eran vulnerables a seísmos. Nadie los escuchó.
La clase media del Palma Real y los sectores populares de las OPPPE cayeron igual. La tierra no hizo distinciones. Hoy La Guaira se vacía.
Las maquinarias pesadas demuelen lo que quedó en pie. En las calles hay cientos de militares, los mismos que no aparecieron durante las primeras cuarenta y ocho horas. El balance oficial registra 6.438 muertos, pero el gobierno lleva una semana sin actualizar la cifra.
«A La Guaira no queremos regresar. Jamás», dice Oriana. La vida ya le dio dos oportunidades.
No piensa tentar una tercera. No volverá al litoral. comentarios Reportar un error «La vida ya me dio dos oportunidades»: la española que sobrevivió a dos tragedias en La Guaira Oriana Brache sobrevivió con su esposo y su hijo de cuatro años sepultados bajo toneladas de hormigón. Dos meses después del terremoto, sigue buscando entre los escombros los restos de su vida anterior Regala esta noticia Añádenos en Google Este vídeo es exclusivo para suscriptores Disfruta de acceso ilimitado Suscríbete ¿Ya tienes una suscripción ?
Inicia sesión La familia xxxxuela. (Jorge Benezra) Jorge Benezra Caracas 20/08/2026 Actualizado a las 01:43h. Oriana Brache es ciudadana española, nieta de emigrantes de Las Palmas de Gran Canaria que llegaron a las costas del Caribe venezolano hace décadas. Sobrevivió con su esposo y su hijo de cuatro años a veinticuatro horas sepultados bajo un edificio colapsado en Playa Grande. ...
Dio su orina para que el niño no muriera deshidratado. Perdió a su hermana menor y a su sobrino. Tiene a su hermana mayor aún hospitalizada.
El proceso de asistencia consular española ha sido, según la familia, burocrático y con poco acompañamiento. Los encuentro a las afueras de lo que fue su edificio. Jofram Gallipoli está agachado sobre una montaña de cascajo, moviendo escombros con las manos, tratando de drenar el suelo para encontrar algún documento de valor.
Oriana Brache lo mira desde unos metros, en silencio. No trajeron a Luciano. No quieren que el niño reviva esas veinticuatro horas.
En las cercanías se escuchan máquinas triturando lo que queda de otros edificios derrumbados. En pocos días se cumplirán dos meses del terremoto. Ellos siguen viniendo.
«No he sacado ni un bolígrafo, ni un lápiz», dice Jofram sin levantar la vista. En el mismo edificio, pisos más arriba, tenía su estudio de producción audiovisual, la empresa familiar con la que cubrían bodas y eventos. Todo sigue sepultado bajo las placas del sexto piso.
«Algo tiene que resistir», repite, como si decirlo lo hiciera cierto. Noticia relacionada La tierra no espera a nadie: por qué tiembla América Latina y Europa no está exenta Jorge Benezra Dos meses atrás, el 24 de junio, estaban celebrando su aniversario de boda. «Siempre salimos y ese día preferimos no», recuerda Oriana.
A las seis y cuatro de la tarde, el edificio de siete pisos se partió por la mitad y los tragó. Los tres quedaron atrapados en lo que había sido la sala de su apartamento en el primer piso. El techo se detuvo a cuarenta centímetros del cuerpo de Jofram, que sostenía al niño en brazos.
El sofá fue lo único que impidió que murieran aplastados. «Tener los ojos abiertos o cerrados no hacía diferencia», dice Jofram. La oscuridad era absoluta.
Luciano lloraba. «Ni siquiera la cerámica del piso era entera. El sofá era lo único que reconocía.
El resto no respondía». Las horas pasaban y la sed empezó a matar. Fue Oriana quien tomó la decisión: recolectó su orina en un vaso de plástico para que Luciano bebiera y no muriera deshidratado.
En la oscuridad total, bajo toneladas de cemento, una madre hizo lo que tenía que hacer. Trece horas después sonó la alarma del teléfono. Jofram lo encontró por el sonido y la vibración.
«Lo usé como linterna para ver la magnitud del problema. Fue peor. Ahí entendimos visualmente dónde estábamos».
Se grabó para ver sus heridas. Pensó en dejar un registro. «¿Será que grabo por si no logramos salir, alguien consigue el teléfono?
Pero no lo van a poder desbloquear igual». Después no tocaron más el teléfono sino para ver la hora y buscar señal. Foto con un dron del edificio donde estaba la OPP, los urbanismos construidos por el Gobierno en 2010. (J.B.) Sin Estado y con familias rotas Newsletter No hubo bomberos.
No hubo militares. No hubo Estado. Fue José Alberto Gallipoli, el padre de Jofram, quien lideró el rescate.
Vivía en Macuto, a seis kilómetros. «Se fue caminando desde las seis de la tarde y llegó a las diez de la noche», dice Jofram. «Cuatro horas».
Organizó a los vecinos, consiguió herramientas y perforaron una placa de concreto y acero de cuarenta centímetros. Los sacaron por el hueco de la lavadora. Casi treinta horas después del colapso.
El video del momento en que Oriana sale con Luciano en brazos y le dicen «Lo lograste, eres un valiente» se hizo viral en todo el mundo. Pero eso fue hace dos meses. Hoy la familia está fracturada.
La hermana menor de Oriana y su sobrino mayor murieron en el colapso. Una cuñada fue rescatada con las piernas destrozadas, sufrió una amputación y falleció horas después. Otra cuñada apareció sin vida a los dieciséis días bajo los escombros compactados de un edificio vecino.
La hermana mayor de Oriana sigue ingresada en una clínica de Caracas. «No hemos arrancado con el duelo como tal», dice Oriana. «Nuestra prioridad es que ella salga de la clínica.
Ya después vendrá lo demás». La cuenta de la clínica crece cada semana. Jefrain, hermano de Jofram, creó una campaña de recaudación desde Los Ángeles, pero lo recaudado no alcanza.
El esposo de la hermana hospitalizada, también ciudadano español, solicitó ayuda a la embajada y obtuvo tres mil euros. Oriana y Jofram enviaron un correo, les pidieron documentos, pero no continuaron el trámite. «El proceso es muy burocrático y hay poco acompañamiento», dice Jofram.
Tres mil euros no cubren una semana de clínica en Caracas. Oriana Brache es ciudadana española, como su hermana, como los hijos de su hermana. Sus abuelos salieron de Las Palmas de Gran Canaria y llegaron a estas mismas costas caribeñas hace décadas, como miles de canarios que hicieron de Venezuela su segunda patria.
Tiene treinta y siete años. «Yo viví la tragedia del 99 en Carmen de Uria», dice. «Ya me dieron la oportunidad dos veces».
Según el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, cincuenta y seis españoles han fallecido en el doble terremoto y 136 permanecen desaparecidos. Vivir de prestado Viven prestados en un apartamento en Caracas. No han inscrito a Luciano en el colegio porque no saben dónde van a vivir la semana que viene.
«Él sabe todo. Y lo cuenta y lo habla», dice Oriana sobre su hijo. «Las primeras semanas se ponía sobresaltado: 'No me toquen la luz, no me toquen la luz'».
Apenas salieron de los escombros, Jofram y Oriana volvieron a las ruinas. No a buscar sus cosas. A buscar a otros.
Excavaron con las manos junto a los voluntarios para intentar sacar a su prima Luisana y a los vecinos que seguían atrapados. Cuando la tierra tembló no midió si eras clase media, pobre o rico. A espaldas del Palma Real se levantaban las torres de las OPPPE, los complejos de vivienda popular construidos por el gobierno de Hugo Chávez bajo la Gran Misión Vivienda, el programa estrella de la revolución bolivariana que prometió casa propia a millones de venezolanos.
Dieciséis de esas torres colapsaron por completo. Veintisiete más quedaron agrietadas y listas para la demolición. Muchos residentes del estado habían advertido durante años que las estructuras eran vulnerables a seísmos.
Nadie los escuchó. La clase media del Palma Real y los sectores populares de las OPPPE cayeron igual. La tierra no hizo distinciones.
Hoy La Guaira se vacía. Las maquinarias pesadas demuelen lo que quedó en pie. En las calles hay cientos de militares, los mismos que no aparecieron durante las primeras cuarenta y ocho horas.
El balance oficial registra 6.438 muertos, pero el gobierno lleva una semana sin actualizar la cifra. «A La Guaira no queremos regresar. Jamás», dice Oriana.
La vida ya le dio dos oportunidades. No piensa tentar una tercera. No volverá al litoral. comentarios Reportar un error La tierra no espera a nadie: por qué tiembla América Latina y Europa no está exenta Jorge Benezra La cancelación de ruido no es de auriculares de 200 euros: 5 modelos por menos que un tope de gama Alejandra Santisteban Guiu Javier Bardem: «Sé que tipo de padre quiero ser.
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