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Internacional
lunes, 27 de julio de 2026

El fuego y el tesoro de la fe

El domingo, mientras nuestro país ardía por los cuatro costados y sentíamos el peso de la incertidumbre y la impotencia frente a una especie de dragón que nos hace percibir crudamente toda nuestra vul

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

El fuego y el tesoro de la fe Necesitamos identificar siempre en nuestra vida la perla de gran valor de la que habla el Evangelio Regala esta noticia Añádenos en Google Una efectivo del UME consuela a una vecina de Piedralaves (Ávila) tras quemarse la casa de su padre. (Ep) José Luis Restán 28/07/2026 a las 01:24h. El domingo, mientras nuestro país ardía por los cuatro costados y sentíamos el peso de la incertidumbre y la impotencia frente a una especie de dragón que nos hace percibir crudamente toda nuestra vulnerabilidad, el Papa afirmó durante el rezo de su último Ángelus en Castelgandolfo ... que necesitamos identificar siempre en nuestra vida la perla de gran valor de la que habla el Evangelio, reconocer ese tesoro por el que vale la pena venderlo todo. No es un tesoro que podamos conquistar o comprar, sólo lo podemos encontrar, reconocer y acoger.

Y León XIV afirmó que ese tesoro, sin el cual todas las riquezas de este mundo terminan volviéndose insípidas, «es la relación con Dios, que nos abre a la alegría y nos ayuda a vivir mejor las relaciones entre nosotros». Es lógico preguntarse por la relación entre esta propuesta central del Evangelio, que se estaba proclamando el domingo en todas nuestras iglesias, y el drama tremendo de los incendios que estamos viviendo estos días. Afrontar el miedo, la pérdida, el desalojo, la pena inmensa, las tremendas dificultades para reemprender la vida (ojalá que sea cuanto antes) requiere un punto firme, una certeza de Bien imbatible, una esperanza que sea como un puente entre el momento presente (con toda su pesadez y dificultad) y la Eternidad.

Ese es, precisamente, el tesoro que en buena medida ha extraviado nuestra sociedad, pero que sigue presente entre nosotros, a veces discreta y otras clamorosamente. Es el tesoro de la relación con Dios del que dan testimonio las iglesias modestas o imponentes de nuestros pueblos desalojados o desgarrados por las llamas; y también las imágenes de la Virgen o los Cruceros de piedra que salpican nuestros montes y caminos, por ejemplo, en la sierra madrileña. Es, sobre todo, el tesoro que se hace visible en la fe un pueblo que ha atravesado epidemias, guerras, sequías e inundaciones, y ahora incendios devastadores.

Con una perspectiva histórica, incluso laica (permítaseme la boutade), puede afirmarse que por ese tesoro vale la pena venderlo todo, según la imagen de la parábola. Y no es una «cosa espiritual», como dirían algunos reduciendo drásticamente su alcance. El tesoro de la fe no nos dispensa de poner en juego toda nuestra inteligencia, incluso nuestra astucia, nuestra capacidad de acuerdo, nuestra voluntad y sacrificio personal y colectivo.

Pero hace distinto toso. Es la palanca más poderosa para vivir de verdad, para retomar el trabajo, para servir a los otros, para perdonar, para empezar de nuevo, para construir mejor, incluso para prevenir nuevos fuegos de diverso tipo… que vendrán. Encontrarlo, dijo ayer el Papa, «es un punto de inflexión que no limita, sino que amplía la vida».

Quizás sin esta terrible circunstancia el rezo del Ángelus del domingo en Castelgandolfo me habría pasado inadvertido. Pero como dijo muy bien León XIV en Montserrat, sin papeles, «la fe da vida, la fe da esperanza». Temas Iglesias Incendios comentarios Reportar un error El fuego y el tesoro de la fe Necesitamos identificar siempre en nuestra vida la perla de gran valor de la que habla el Evangelio Regala esta noticia Añádenos en Google Una efectivo del UME consuela a una vecina de Piedralaves (Ávila) tras quemarse la casa de su padre. (Ep) José Luis Restán 28/07/2026 a las 01:24h.

El domingo, mientras nuestro país ardía por los cuatro costados y sentíamos el peso de la incertidumbre y la impotencia frente a una especie de dragón que nos hace percibir crudamente toda nuestra vulnerabilidad, el Papa afirmó durante el rezo de su último Ángelus en Castelgandolfo ... que necesitamos identificar siempre en nuestra vida la perla de gran valor de la que habla el Evangelio, reconocer ese tesoro por el que vale la pena venderlo todo. No es un tesoro que podamos conquistar o comprar, sólo lo podemos encontrar, reconocer y acoger. Y León XIV afirmó que ese tesoro, sin el cual todas las riquezas de este mundo terminan volviéndose insípidas, «es la relación con Dios, que nos abre a la alegría y nos ayuda a vivir mejor las relaciones entre nosotros».

Es lógico preguntarse por la relación entre esta propuesta central del Evangelio, que se estaba proclamando el domingo en todas nuestras iglesias, y el drama tremendo de los incendios que estamos viviendo estos días. Afrontar el miedo, la pérdida, el desalojo, la pena inmensa, las tremendas dificultades para reemprender la vida (ojalá que sea cuanto antes) requiere un punto firme, una certeza de Bien imbatible, una esperanza que sea como un puente entre el momento presente (con toda su pesadez y dificultad) y la Eternidad. Ese es, precisamente, el tesoro que en buena medida ha extraviado nuestra sociedad, pero que sigue presente entre nosotros, a veces discreta y otras clamorosamente.

Es el tesoro de la relación con Dios del que dan testimonio las iglesias modestas o imponentes de nuestros pueblos desalojados o desgarrados por las llamas; y también las imágenes de la Virgen o los Cruceros de piedra que salpican nuestros montes y caminos, por ejemplo, en la sierra madrileña. Es, sobre todo, el tesoro que se hace visible en la fe un pueblo que ha atravesado epidemias, guerras, sequías e inundaciones, y ahora incendios devastadores. Con una perspectiva histórica, incluso laica (permítaseme la boutade), puede afirmarse que por ese tesoro vale la pena venderlo todo, según la imagen de la parábola.

Y no es una «cosa espiritual», como dirían algunos reduciendo drásticamente su alcance. El tesoro de la fe no nos dispensa de poner en juego toda nuestra inteligencia, incluso nuestra astucia, nuestra capacidad de acuerdo, nuestra voluntad y sacrificio personal y colectivo. Pero hace distinto toso.

Es la palanca más poderosa para vivir de verdad, para retomar el trabajo, para servir a los otros, para perdonar, para empezar de nuevo, para construir mejor, incluso para prevenir nuevos fuegos de diverso tipo… que vendrán. Encontrarlo, dijo ayer el Papa, «es un punto de inflexión que no limita, sino que amplía la vida». Quizás sin esta terrible circunstancia el rezo del Ángelus del domingo en Castelgandolfo me habría pasado inadvertido.

Pero como dijo muy bien León XIV en Montserrat, sin papeles, «la fe da vida, la fe da esperanza». Temas Iglesias Incendios comentarios Reportar un error Qué reloj Garmin comprar según el deporte que haces: MediaMarkt rebaja toda la gama en verano Alejandra Santisteban Guiu Prueban las tortillas de patatas de Mercadona, Lidl, Alcampo y otros supermercados e indican cuál es la mejor de todas Francisco J. Jurado Dan Buettner: «Beber el café filtrado evita el aumento del colesterol»

Almudena Martín

Publicado por Redacción · lunes, 27 de julio de 2026

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