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Internacional
sábado, 1 de agosto de 2026

Tiembla, que viene el eclipse solar: del miedo al fin del mundo a la angustia por la radiación

Qué aterrador debió de ser para esos primeros humanos que, repentinamente y en pleno día, un sombra negra fuera tapando el Sol hasta hacerlo desaparecer, las aves silenciaran sus cantos, los grillos c

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Tiembla, que viene el eclipse solar: del miedo al fin del mundo a la angustia por la radiación Durante milenios, estos fenómenos celestes han suscitado todo tipo de mitos, supersticiones y malos augurios en diferentes culturas; hoy son esperados con entusiasmo, pero todavía hay quien teme enfermedades o cree que debe ir con las gafas homologadas todo el día Regala esta noticia Añádenos en Google Monjes hindúes, observan el eclipse solar a través de gafas especiales en Allahabad, India, en julio de 2009. (AP) Judith de Jorge 02/08/2026 a las 01:16h. Qué aterrador debió de ser para esos primeros humanos que, repentinamente y en pleno día, un sombra negra fuera tapando el Sol hasta hacerlo desaparecer, las aves silenciaran sus cantos, los grillos comenzaran a chirriar y los cánidos aullaran a la oscuridad. Qué pequeños y ... frágiles debieron de sentirse esos hombres y mujeres ante algo que no podían entender pero que probablemente intuían mucho más grande y poderoso que ellos, capaz de desbaratar el ciclo de los días y las noches, y de arrebatarles a su antojo la luz, la primera fuente de protección, seguridad y confort de la humanidad.

Los eclipses solares, especialmente si son totales como el que el atardecer del 12 de agosto cruzará España de oeste a este, desde Galicia hasta Baleares, han provocado desde nuestros orígenes fascinación y miedo a partes iguales. Sin el conocimiento de la mecánica celeste, el fenómeno se interpretaba como una señal de mal augurio, una batalla entre dioses o la destrucción del orden natural. En la actualidad, sabemos que se trata de un espectacular juego de sombras en el que participan el Sol, la Tierra y la Luna, sin ninguna repercusión relevante en la marcha del mundo.

Sin embargo, el excéntrico modisto Paco Rabanne, fallecido en 2023, advirtió de que el fin de los tiempos llegaría el 11 de agosto de 1999, fecha que coincidía con el último eclipse total del milenio. Y durante décadas el observatorio Griffith de Los Ángeles (EE.UU.) ha recibido llamadas de ciudadanos preocupados por sufrir una inexistente 'enfermedad del eclipse', ser víctima de la radiación durante la fase de oscuridad e incluso el temor ancestral a perder un embarazo, una creencia arraigada en mesoamérica sin ningún tipo de base científica. «En nuestra sociedad dividimos de forma un tanto artificial lo que ocurre por encima o por debajo del horizonte.

Pero a lo largo de la historia, esa división no ha estado tan clara: el Sol, la Luna, los planetas o las estrellas eran considerados seres que interactuaban con los humanos», explica César González García, arqueoastrónomo e investigador del Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit - CSIC). Noticia relacionada 12 de agosto Del castillo templario a un barco: lugares singulares para ver el eclipse El dios jaguar Muchos pueblos tenían la creencia de que, durante un eclipse, el Sol era devorado por todo tipo de animales hambrientos: lobos gigantes en la mitología nórdica; dragones o un perro mágico llamado Tangou para los chinos; una rana en Vietnam o un puma en los Andes. Para los aztecas, el dios jaguar Tepeyólloti mordía el Sol y amenazaba con devorarlo por completo.

En la mitología javanesa y balinesa era el dios de la oscuridad, Batara Kala, el que se lo tragaba. Recoge estas historias de manera detallada el libro 'Eclipses', recientemente publicado por el Ministerio de Ciencia y el CSIC con motivo del trío de eclipses de 2026, 2027 y 2028 que se podrán ver desde nuestra geografía. Entre esas interpretaciones, González García destaca una muy bella de la sociedad hindú: «Dentro del hinduismo, todavía hoy en día, se adora a una serie de cuerpos celestes: los cinco planetas que podemos ver a simple vista -Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno-, el Sol, la Luna, y otros dos planetas invisibles llamados Raju y Ketu que se personifican en las dos partes de una especie de dragón.

Ese dragón quiso beber de un elixir de los dioses para volverse inmortal, pero Vishnu lo cortó en dos mitades antes del sorbo final. Cada una de ellas fue a una parte del cielo, donde se manifiestan los eclipses», explica. De hecho, «hoy en día todavía hay templos en los que se celebran rituales para apaciguar a ese dragón y evitar que suceda algo malo durante los eclipses».

La estatua de Rāhu, planeta en la sombra que causa los eclipses en la mitología hindú, devorando la Luna o el Sol en el templo Wat Phra Loy, en la provincia de Suphanburi (Tailandia). (Wikipedia) Los aztecas sacrificaban a personas con acondroplasia o cifosis para evitar la desgracia Los eclipses han supuesto el presagio de desgracias, como niños que nacían deformes, en muchas culturas. Así lo creían los pueblos indígenas precolombinos, que temían que los bebés salieran bizcos o sin nariz, o que, como aún ocurre en algunos lugares, que el embarazo no llegara a término. Para evitar los malos augurios, los romanos echaban antorchas al aire, los hindúes golpeaban ollas y sartenes, y los chinos intentaban asustar el dragón con espejos.

También se encendían hogueras y se lanzaban flechas. O arena, como los masáis. Algunas de estas tradiciones aún se mantienen.

Otras, terribles, afortunadamente no: en México (los aztecas) sacrificaban a personas con acondroplasia o cifosis. «Un eclipse era una rareza, por lo que muchas veces se reaccionaba con actos para superarlo y volver a la vida normal», cuenta el investigador. Newsletter Lejos de suponer una maldición, los eclipses han ayudado en el avance científico.

Sin ir más lejos, Aristóteles dedujo, de la sombra terrestre proyectada sobre la Luna, que la Tierra era esférica. En 1868, la observación de un eclipse reveló la existencia del helio, un elemento desconocido en nuestro planeta. Y en 1919, las expediciones de Eddington midieron la curvatura de la luz estelar durante un eclipse total y confirmaron la teoría del relatividad de Einstein.

Atracción gravitatoria Sin embargo, a algunas personas los eclipses les siguen provocando inquietud. «Una de las preguntas con las que más nos encontramos es si durante el día del eclipse hay que llevar las gafas especiales toda la jornada. Algunos creen que si no lo hacen no van a poder salir a la calle con normalidad.

Obviamente, no es cierto», recuerda González García. «También hay gente que piensa que como el Sol y la Luna están en la misma dirección, la atracción gravitatoria es muchísimo mayor y pueden ejercer una mayor influencia en las personas. Tampoco es así.

El efecto de las mareas funciona sobre grandes masas de fluido, como los océanos, no en los seres humanos, aunque seamos un 70% agua. Un frigorífico o un armario cercanos ejercen más influencia gravitatoria sobre nosotros que el Sol o la Luna», aclara. Algunas sociedades todavía creen que las mujeres en cinta deben mantenerse a cubierto para no dañar al feto Respecto al mito de que las embarazadas deben estar a cubierto, «ya se recogía en las crónicas de los colonos españoles en América y todavía algunas sociedades de Panamá o Colombia las mantienen», señala.

Edwin Krupp, astrónomo y director del Observatorio Griffith, se ha dedicado durante años a divulgar sobre estas supersticiones. Aseguraba que la vieja idea de abortos espontáneos o malformaciones en los fetos todavía resonaba en algunos estadounidenses. Pero seguramente el mayor despropósito moderno lo protagonizó el diseñador Paco Rabanne.

En un momento en el que se hablaba persistentemente del efecto 2000 en los ordenadores y de las profecías apocalípticas de Nostradamus, el modisto advirtió de que la vieja estación rusa Mir caería sobre París el 11 de agosto de 1999, mismo día en el que el eclipse total del milenio oscurecería desde el Atlántico Norte, atravesando Europa central y meridional, hasta el golfo de Bengala. A partir de ahí, se sucederían una cascada de desastres que conducirían al fin del mundo. Millones de personas presenciaron el eclipse, convirtiéndolo en uno de los más observados de la historia.

¿Qué pasó ese día? Nada que impidiera que el mundo siguiera girando. Montserrat Villar, del Centro de Astrobiología CSIC-INTA, y la Sociedad Española de Astronomía (SEA), considera que los bulos sobre los eclipses solares «son poco frecuentes, supersticiones aisladas».

Además de la idea de que el eclipse puede «poner en peligro el feto en mujeres embarazadas, está la de que los rayos X del sol pueden 'freirnos' o que cambiamos de peso… Nada de esto es cierto», resume. Sin embargo, un peligro «que sí es muy real es mirar al Sol sin protección, ya que puede quemar la retina en segundos si no se toman precauciones estrictas. La mejor forma de evitarlo es utilizar gafas de eclipse certificadas con la norma ISO 12312-2 y que no hayan caducado», subraya.

Las crónicas medievales reflejan cómo los vecinos corrían a refugiarse en la iglesia y los clérigos pedían la misericordia de Dios Villar recuerda que, en el pasado, «hubo numerosas interpretaciones alineadas con esa percepción apocalíptica de los eclipses, dependiendo de la época y el lugar. Como ejemplo, los registros más numerosos sobre eclipses de Sol durante el medievo en el occidente cristiano, incluida la península ibérica, los encontramos en anales y crónicas medievales, buena parte de los cuales eran de origen monástico y escritas en latín». Como en tantas otras culturas, «los eclipses se asociaban con frecuencia con acontecimientos terribles (muertes de líderes políticos y religiosos, derrotas en batallas, hambrunas, terremotos…).

En algunos de esos registros se relata cómo los vecinos del lugar fueron corriendo a refugiarse en la iglesia, y los rezos y plegarias que entonaban los clérigos y sacerdotes pidiendo la misericordia de Dios», señala. Algunas de esas referencias aparecen en 'Un mundo de eclipses', un nuevo atlas digital interactivo desarrollado por la SEA en el que se recogen las interpretaciones culturales sobre los eclipses en todo el mundo. Para la investigadora, hoy en día, «es muy interesante la vivencia social del fenómeno, que puede llegar a congregar verdaderas multitudes.

Incluso las actividades que se organizan en colegios tienen ese aspecto comunitario y social muy interesante, que, más allá de enseñar ciencia, suponen convivir y compartir una experiencia que puede ser única para la mayoría». Eso sí que se puede vaticinar que ocurrirá durante el eclipse total de Sol de agosto, el primero visible desde la península Ibérica en más de un siglo. Temas Eclipse ciencia Astronomía Astrofísica comentarios Reportar un error Tiembla, que viene el eclipse solar: del miedo al fin del mundo a la angustia por la radiación Durante milenios, estos fenómenos celestes han suscitado todo tipo de mitos, supersticiones y malos augurios en diferentes culturas; hoy son esperados con entusiasmo, pero todavía hay quien teme enfermedades o cree que debe ir con las gafas homologadas todo el día Regala esta noticia Añádenos en Google Monjes hindúes, observan el eclipse solar a través de gafas especiales en Allahabad, India, en julio de 2009. (AP) Judith de Jorge 02/08/2026 a las 01:16h.

Qué aterrador debió de ser para esos primeros humanos que, repentinamente y en pleno día, un sombra negra fuera tapando el Sol hasta hacerlo desaparecer, las aves silenciaran sus cantos, los grillos comenzaran a chirriar y los cánidos aullaran a la oscuridad. Qué pequeños y ... frágiles debieron de sentirse esos hombres y mujeres ante algo que no podían entender pero que probablemente intuían mucho más grande y poderoso que ellos, capaz de desbaratar el ciclo de los días y las noches, y de arrebatarles a su antojo la luz, la primera fuente de protección, seguridad y confort de la humanidad. Los eclipses solares, especialmente si son totales como el que el atardecer del 12 de agosto cruzará España de oeste a este, desde Galicia hasta Baleares, han provocado desde nuestros orígenes fascinación y miedo a partes iguales.

Sin el conocimiento de la mecánica celeste, el fenómeno se interpretaba como una señal de mal augurio, una batalla entre dioses o la destrucción del orden natural. En la actualidad, sabemos que se trata de un espectacular juego de sombras en el que participan el Sol, la Tierra y la Luna, sin ninguna repercusión relevante en la marcha del mundo. Sin embargo, el excéntrico modisto Paco Rabanne, fallecido en 2023, advirtió de que el fin de los tiempos llegaría el 11 de agosto de 1999, fecha que coincidía con el último eclipse total del milenio.

Y durante décadas el observatorio Griffith de Los Ángeles (EE.UU.) ha recibido llamadas de ciudadanos preocupados por sufrir una inexistente 'enfermedad del eclipse', ser víctima de la radiación durante la fase de oscuridad e incluso el temor ancestral a perder un embarazo, una creencia arraigada en mesoamérica sin ningún tipo de base científica. «En nuestra sociedad dividimos de forma un tanto artificial lo que ocurre por encima o por debajo del horizonte. Pero a lo largo de la historia, esa división no ha estado tan clara: el Sol, la Luna, los planetas o las estrellas eran considerados seres que interactuaban con los humanos», explica César González García, arqueoastrónomo e investigador del Instituto de Ciencias del Patrimonio (Incipit - CSIC).

Noticia relacionada 12 de agosto Del castillo templario a un barco: lugares singulares para ver el eclipse El dios jaguar Muchos pueblos tenían la creencia de que, durante un eclipse, el Sol era devorado por todo tipo de animales hambrientos: lobos gigantes en la mitología nórdica; dragones o un perro mágico llamado Tangou para los chinos; una rana en Vietnam o un puma en los Andes. Para los aztecas, el dios jaguar Tepeyólloti mordía el Sol y amenazaba con devorarlo por completo. En la mitología javanesa y balinesa era el dios de la oscuridad, Batara Kala, el que se lo tragaba.

Recoge estas historias de manera detallada el libro 'Eclipses', recientemente publicado por el Ministerio de Ciencia y el CSIC con motivo del trío de eclipses de 2026, 2027 y 2028 que se podrán ver desde nuestra geografía. Entre esas interpretaciones, González García destaca una muy bella de la sociedad hindú: «Dentro del hinduismo, todavía hoy en día, se adora a una serie de cuerpos celestes: los cinco planetas que podemos ver a simple vista -Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno-, el Sol, la Luna, y otros dos planetas invisibles llamados Raju y Ketu que se personifican en las dos partes de una especie de dragón. Ese dragón quiso beber de un elixir de los dioses para volverse inmortal, pero Vishnu lo cortó en dos mitades antes del sorbo final.

Cada una de ellas fue a una parte del cielo, donde se manifiestan los eclipses», explica. De hecho, «hoy en día todavía hay templos en los que se celebran rituales para apaciguar a ese dragón y evitar que suceda algo malo durante los eclipses». La estatua de Rāhu, planeta en la sombra que causa los eclipses en la mitología hindú, devorando la Luna o el Sol en el templo Wat Phra Loy, en la provincia de Suphanburi (Tailandia). (Wikipedia) Los aztecas sacrificaban a personas con acondroplasia o cifosis para evitar la desgracia Los eclipses han supuesto el presagio de desgracias, como niños que nacían deformes, en muchas culturas.

Así lo creían los pueblos indígenas precolombinos, que temían que los bebés salieran bizcos o sin nariz, o que, como aún ocurre en algunos lugares, que el embarazo no llegara a término. Para evitar los malos augurios, los romanos echaban antorchas al aire, los hindúes golpeaban ollas y sartenes, y los chinos intentaban asustar el dragón con espejos. También se encendían hogueras y se lanzaban flechas.

O arena, como los masáis. Algunas de estas tradiciones aún se mantienen. Otras, terribles, afortunadamente no: en México (los aztecas) sacrificaban a personas con acondroplasia o cifosis.

«Un eclipse era una rareza, por lo que muchas veces se reaccionaba con actos para superarlo y volver a la vida normal», cuenta el investigador. Newsletter Lejos de suponer una maldición, los eclipses han ayudado en el avance científico. Sin ir más lejos, Aristóteles dedujo, de la sombra terrestre proyectada sobre la Luna, que la Tierra era esférica.

En 1868, la observación de un eclipse reveló la existencia del helio, un elemento desconocido en nuestro planeta. Y en 1919, las expediciones de Eddington midieron la curvatura de la luz estelar durante un eclipse total y confirmaron la teoría del relatividad de Einstein. Atracción gravitatoria Sin embargo, a algunas personas los eclipses les siguen provocando inquietud.

«Una de las preguntas con las que más nos encontramos es si durante el día del eclipse hay que llevar las gafas especiales toda la jornada. Algunos creen que si no lo hacen no van a poder salir a la calle con normalidad. Obviamente, no es cierto», recuerda González García.

«También hay gente que piensa que como el Sol y la Luna están en la misma dirección, la atracción gravitatoria es muchísimo mayor y pueden ejercer una mayor influencia en las personas. Tampoco es así. El efecto de las mareas funciona sobre grandes masas de fluido, como los océanos, no en los seres humanos, aunque seamos un 70% agua.

Un frigorífico o un armario cercanos ejercen más influencia gravitatoria sobre nosotros que el Sol o la Luna», aclara. Algunas sociedades todavía creen que las mujeres en cinta deben mantenerse a cubierto para no dañar al feto Respecto al mito de que las embarazadas deben estar a cubierto, «ya se recogía en las crónicas de los colonos españoles en América y todavía algunas sociedades de Panamá o Colombia las mantienen», señala. Edwin Krupp, astrónomo y director del Observatorio Griffith, se ha dedicado durante años a divulgar sobre estas supersticiones.

Aseguraba que la vieja idea de abortos espontáneos o malformaciones en los fetos todavía resonaba en algunos estadounidenses. Pero seguramente el mayor despropósito moderno lo protagonizó el diseñador Paco Rabanne. En un momento en el que se hablaba persistentemente del efecto 2000 en los ordenadores y de las profecías apocalípticas de Nostradamus, el modisto advirtió de que la vieja estación rusa Mir caería sobre París el 11 de agosto de 1999, mismo día en el que el eclipse total del milenio oscurecería desde el Atlántico Norte, atravesando Europa central y meridional, hasta el golfo de Bengala.

A partir de ahí, se sucederían una cascada de desastres que conducirían al fin del mundo. Millones de personas presenciaron el eclipse, convirtiéndolo en uno de los más observados de la historia. ¿Qué pasó ese día?

Nada que impidiera que el mundo siguiera girando. Montserrat Villar, del Centro de Astrobiología CSIC-INTA, y la Sociedad Española de Astronomía (SEA), considera que los bulos sobre los eclipses solares «son poco frecuentes, supersticiones aisladas». Además de la idea de que el eclipse puede «poner en peligro el feto en mujeres embarazadas, está la de que los rayos X del sol pueden 'freirnos' o que cambiamos de peso… Nada de esto es cierto», resume.

Sin embargo, un peligro «que sí es muy real es mirar al Sol sin protección, ya que puede quemar la retina en segundos si no se toman precauciones estrictas. La mejor forma de evitarlo es utilizar gafas de eclipse certificadas con la norma ISO 12312-2 y que no hayan caducado», subraya. Las crónicas medievales reflejan cómo los vecinos corrían a refugiarse en la iglesia y los clérigos pedían la misericordia de Dios Villar recuerda que, en el pasado, «hubo numerosas interpretaciones alineadas con esa percepción apocalíptica de los eclipses, dependiendo de la época y el lugar.

Como ejemplo, los registros más numerosos sobre eclipses de Sol durante el medievo en el occidente cristiano, incluida la península ibérica, los encontramos en anales y crónicas medievales, buena parte de los cuales eran de origen monástico y escritas en latín». Como en tantas otras culturas, «los eclipses se asociaban con frecuencia con acontecimientos terribles (muertes de líderes políticos y religiosos, derrotas en batallas, hambrunas, terremotos…). En algunos de esos registros se relata cómo los vecinos del lugar fueron corriendo a refugiarse en la iglesia, y los rezos y plegarias que entonaban los clérigos y sacerdotes pidiendo la misericordia de Dios», señala.

Algunas de esas referencias aparecen en 'Un mundo de eclipses', un nuevo atlas digital interactivo desarrollado por la SEA en el que se recogen las interpretaciones culturales sobre los eclipses en todo el mundo. Para la investigadora, hoy en día, «es muy interesante la vivencia social del fenómeno, que puede llegar a congregar verdaderas multitudes. Incluso las actividades que se organizan en colegios tienen ese aspecto comunitario y social muy interesante, que, más allá de enseñar ciencia, suponen convivir y compartir una experiencia que puede ser única para la mayoría».

Eso sí que se puede vaticinar que ocurrirá durante el eclipse total de Sol de agosto, el primero visible desde la península Ibérica en más de un siglo. Temas Eclipse ciencia Astronomía Astrofísica comentarios Reportar un error 12 de agosto Del castillo templario a un barco: lugares singulares para ver el eclipse Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola»

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Publicado por Redacción · sábado, 1 de agosto de 2026

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