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Economía
sábado, 29 de agosto de 2026

¿De verdad es culpa de Irán? La letra pequeña de la cuesta de septiembre

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

La inflación repuntó hasta el 4,3% en agosto, su nivel más alto desde febrero de 2023, y el Euríbor cerró en torno al 2,95%, máximo desde 2024. El relato dominante lo atribuye al "enquistamiento del conflicto en Irán". Los datos del INE dibujan un cuadro más incómodo y más matizado.

El dato que casi nadie mira: la inflación de fondo baja

El INE publicó el 28 de agosto el indicador adelantado del IPC: 4,3% interanual, siete décimas por encima de julio (3,5%). Es la tasa más alta desde febrero de 2023 —cuando estaba en el 6%— y la primera vez por encima del 4% desde abril de 2023. Titular perfecto para el pánico. Pero en la misma nota hay una cifra que casi nadie destaca: la inflación subyacente —la que descuenta energía y alimentos frescos, la que mide la presión de fondo— bajó una décima, hasta el 2,9%. (Es un dato provisional; el definitivo, con el desglose por grupos, se conocerá a mediados de septiembre.)

Traducido: lo que empuja el índice no es una espiral generalizada de precios, sino una partida muy concreta y muy volátil. El propio INE lo atribuye sobre todo a los carburantes —que en agosto subieron cuando un año antes habían bajado— y, en menor medida, a los alimentos. Cuando el componente que dispara el IPC es la gasolina y el resto se enfría, hablar de "inflación desbocada" es, como poco, impreciso.

Correlación no es causa: ¿cuánto pesa Irán de verdad?

El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán es real y tuvo un impacto real. El Brent se disparó tras el estallido de finales de febrero y llegó a rozar los 126 dólares a finales de abril, su nivel más alto en cuatro años. Pero ese pico fue en primavera. Para el verano el crudo había corregido: cayó por debajo de los 70 dólares a comienzos de julio y volvió a repuntar por encima de los 96 tras romperse la tregua. En agosto el petróleo estaba caro, sí, pero lejos de sus máximos.

Aquí está el reverso: buena parte del salto de agosto es efecto base. Los carburantes disparan la comparación interanual no (solo) porque hoy estén carísimos, sino porque en agosto de 2025 bajaron. La estadística compara agosto con agosto: si hace un año el precio caía y ahora sube, el diferencial se agranda aunque el nivel actual sea moderado. Eso no lo decide Teherán; lo decide el calendario.

Lo que sí sube (y no viene de Oriente Próximo)

Dos factores muy domésticos aprietan el recibo y no aparecen en el relato de la guerra:

El fin de las rebajas fiscales a la luz. Desde el 1 de junio de 2026, el IVA de la electricidad volvió al 21% —tras años en tipos reducidos— y el impuesto especial sobre la electricidad recuperó su tipo general (del 0,5% de emergencia al 5,11% ordinario). Fue una decisión del Gobierno, no de un ayatolá: al moderarse los precios en primavera, se desactivó el escudo fiscal. Legítimo, pero encarece la factura por la vía impositiva.

El Euríbor lo fija Fráncfort, no Teherán. El índice cerró agosto en torno al 2,95%, su nivel más alto desde 2024. Quien revise ahora su hipoteca variable la comparará con el 2,11% de agosto de 2025: para un préstamo tipo de 175.000 euros a 30 años, son alrededor de 78 euros más al mes, más de 900 euros al año. Y el Euríbor sube porque el BCE reanudó las subidas de tipos en junio —la primera en casi tres años— y el mercado descuenta otra en su reunión de septiembre. Política monetaria, no geopolítica.

La "cuesta de septiembre": ¿fenómeno o cliché?

Cada septiembre reaparece el mismo titular. Y sí, existe un componente estacional medible —vuelta al cole, ropa de temporada, fin de las rebajas— que suele tensar el IPC del mes: en septiembre de 2025 subió tres décimas, hasta el 3,0%. Pero conviene distinguir el bache estacional recurrente, que se repite todos los años, del marco alarmista que lo presenta como catástrofe inédita. La cuesta existe; el drama, a menudo, se fabrica.

¿A quién beneficia el relato?

Atribuir toda la carestía a una guerra lejana es cómodo, y no por casualidad. Descarga al Gobierno: si la culpa es de Irán, nadie pregunta por el regreso del IVA al 21%. Descarga a las energéticas: si la culpa es del crudo, nadie mira sus márgenes ni el diseño marginalista del mercado eléctrico, donde la central más cara fija el precio de todas. Y descarga al BCE: si la culpa es de la geopolítica, nadie discute que sean sus tipos los que encarecen las hipotecas.

Nada de esto exonera a la geopolítica: el petróleo caro es un factor y presiona. Pero convertirlo en el único culpable es un marco interesado. Los datos del INE apuntan a otra cosa: una inflación de fondo que se enfría, un repunte concentrado en carburantes con fuerte efecto base, y dos vueltas de tuerca —una fiscal, otra monetaria— decididas en Madrid y en Fráncfort, no en el golfo Pérsico.

La próxima vez que un titular le diga que la cuesta de septiembre "es culpa de Irán", hágase la pregunta que incomoda: ¿de verdad lo es, o es solo el culpable más cómodo?

Pablo Reina | Economía

Publicado por Redacción · sábado, 29 de agosto de 2026

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