Los acaloraítos
Una papelera en Sevilla, cuando aprieta la calor, es un vergel inverso. La temperatura es sahariana y si sopla el viento, produce el efecto de un secador de pelo aplicado a dos centímetros del rostro.
Los acaloraítos Las papeleras no se vacían con la frecuencia debida para evitar el «estrés térmico» de los empleados de Lipasam Regala esta noticia Añádenos en Google Lucas Haurie 29/07/2026 a las 20:44h. Una papelera en Sevilla, cuando aprieta la calor, es un vergel inverso. La temperatura es sahariana y si sopla el viento, produce el efecto de un secador de pelo aplicado a dos centímetros del rostro.
El paseante, entonces, divisa entre adoquines ardientes un oasis de ... metal y plástico brotado (nada) espontáneamente que no huele a frescor, sino a mierda pura. En el tacho, más desbordado que repleto y con decenas de bolsas de basura depositadas en derredor, una pegatina de vivos colores advierte que sus majestades los empleados de Lipasam –sistema monárquico en el que las canonjías son hereditarias– holgarán en las horas centrales del día, cuando peor peste hiede, para evitar el «estrés térmico». Tócate los pies.
Alguien dejó dicho, con tino, que los números son como los presos: «Terminan diciendo lo que tú quieres si los retuerces convenientemente». Y ahí que blande la autoridad juntera, municipal y buenista –todos son lo mismo: conservadores a regañadientes con querencia socialdemócrata– una estadística trágica para justificar su humanismo y dadivosidad: casi trescientas muertes por calor en Andalucía este verano. Lo dicta un método estimativo llamado MoMo, igual que aquella novelita de Michael Ende subtitulada 'Los hombres grises' que apenas si asustaba a los adolescentes del siglo pasado.
Infundir miedo a la plebe indocta, con motivo o sin él, es uno de los mecanismos más viejos (y eficaces) para procurarle mandarinato muelle al poderoso. Así que el «estrés térmico» mata, amados súbditos, evitémosles por tanto secreciones sudoríparas innecesarias a esas sagas de enchufados que usted mantiene con sus impuestos. ¿Cuántos recolectores de papeleras han requerido asistencia médica en Sevilla por golpe de calor o dolencia análoga?
MoMo sí sabe, pero no contesta. He ahí un número preciso y concreto, nada de estimaciones estadísticas, exiliado del discurso por discordancia con el relato oficial: la respuesta es cero. La salud es lo primero, oh sí, pero los hijos del contribuyente revientan de calor pasado San Antonio en los colegios públicos sin aire acondicionado ni un mal ventilador que los alivie.
¿Se prende calefacción en enero las escuelas de Burgos? El calentamiento será global, o eso cuentan, pero nuestras autoridades sólo se afanan en combatir el frío del invierno y en ensanchar los privilegios de quienes pastan del erario. En Sevilla nunca fuimos aficionados al eufemismo.
Igual que Antonio Burgos siempre se autodefinió como tartaja o que la trasera del Parque de Santo Domingo es conocida como «la calle de las putas», a los potenciales afectados por el estrés térmico podríamos llamarlos, sin más, flojos. 'Los acaloraítos' sería un buen nombre para una chirigota que se presentase en el Falla, mono naranja de tipo y pintado en el bombo un NO8DO, generoso patrocinio municipal. Temas Calor Limpieza Pública del Ayuntamiento de Sevilla (LIPASAM) Sevilla comentarios Reportar un error Los acaloraítos Las papeleras no se vacían con la frecuencia debida para evitar el «estrés térmico» de los empleados de Lipasam Regala esta noticia Añádenos en Google Lucas Haurie 29/07/2026 a las 20:44h. Una papelera en Sevilla, cuando aprieta la calor, es un vergel inverso.
La temperatura es sahariana y si sopla el viento, produce el efecto de un secador de pelo aplicado a dos centímetros del rostro. El paseante, entonces, divisa entre adoquines ardientes un oasis de ... metal y plástico brotado (nada) espontáneamente que no huele a frescor, sino a mierda pura. En el tacho, más desbordado que repleto y con decenas de bolsas de basura depositadas en derredor, una pegatina de vivos colores advierte que sus majestades los empleados de Lipasam –sistema monárquico en el que las canonjías son hereditarias– holgarán en las horas centrales del día, cuando peor peste hiede, para evitar el «estrés térmico».
Tócate los pies. Alguien dejó dicho, con tino, que los números son como los presos: «Terminan diciendo lo que tú quieres si los retuerces convenientemente». Y ahí que blande la autoridad juntera, municipal y buenista –todos son lo mismo: conservadores a regañadientes con querencia socialdemócrata– una estadística trágica para justificar su humanismo y dadivosidad: casi trescientas muertes por calor en Andalucía este verano.
Lo dicta un método estimativo llamado MoMo, igual que aquella novelita de Michael Ende subtitulada 'Los hombres grises' que apenas si asustaba a los adolescentes del siglo pasado. Infundir miedo a la plebe indocta, con motivo o sin él, es uno de los mecanismos más viejos (y eficaces) para procurarle mandarinato muelle al poderoso. Así que el «estrés térmico» mata, amados súbditos, evitémosles por tanto secreciones sudoríparas innecesarias a esas sagas de enchufados que usted mantiene con sus impuestos.
¿Cuántos recolectores de papeleras han requerido asistencia médica en Sevilla por golpe de calor o dolencia análoga? MoMo sí sabe, pero no contesta. He ahí un número preciso y concreto, nada de estimaciones estadísticas, exiliado del discurso por discordancia con el relato oficial: la respuesta es cero.
La salud es lo primero, oh sí, pero los hijos del contribuyente revientan de calor pasado San Antonio en los colegios públicos sin aire acondicionado ni un mal ventilador que los alivie. ¿Se prende calefacción en enero las escuelas de Burgos? El calentamiento será global, o eso cuentan, pero nuestras autoridades sólo se afanan en combatir el frío del invierno y en ensanchar los privilegios de quienes pastan del erario.
En Sevilla nunca fuimos aficionados al eufemismo. Igual que Antonio Burgos siempre se autodefinió como tartaja o que la trasera del Parque de Santo Domingo es conocida como «la calle de las putas», a los potenciales afectados por el estrés térmico podríamos llamarlos, sin más, flojos. 'Los acaloraítos' sería un buen nombre para una chirigota que se presentase en el Falla, mono naranja de tipo y pintado en el bombo un NO8DO, generoso patrocinio municipal. Temas Calor Limpieza Pública del Ayuntamiento de Sevilla (LIPASAM) Sevilla comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Javier Ruiz, sobre sus orígenes humildes: «Mi abuelo era minero y la familia de mi madre viene de un camionero que montó una yesería y trabajaba el olivar»
Inés Romero Mercadona confirma el origen de las sandías que vende en sus supermercados este verano David Maroto Valencia