El 'respiro familiar', uno de los recursos asistenciales que más crece en verano
«Pensábamos que sería solo durante el verano. Mi madre ya no podía quedarse sola mientras nosotros estábamos fuera y una estancia temporal nos parecía la mejor solución. Al principio no quería ni oír
El 'respiro familiar', uno de los recursos asistenciales que más crece en verano Las vacaciones, con sus desplazamientos y la necesidad de reorganizar los cuidados, suele convertirse en el momento en que muchas familias se plantean por primera vez el ingreso de sus mayores en una residencia Escucha el artículo. 6 min Escucha el artículo. 6 min Regala esta noticia Añádenos en Google Detrás de la visita semanal hay una decisión que cada vez afrontan más familias españolas: qué hacer cuando un padre o un abuelo ya no puede seguir viviendo solo. (Belen Díaz) Soledad Barbacil Madrid 28/07/2026 Actualizado a las 01:15h. «Pensábamos que sería solo durante el verano. Mi madre ya no podía quedarse sola mientras nosotros estábamos fuera y una estancia temporal nos parecía la mejor solución.
Al principio no quería ni oír hablar de una residencia. Decía que aquello no era para ... ella, que prefería seguir en su casa. Pero bastaron unas semanas para que cambiara completamente de opinión.
Empezó a participar en las actividades, hizo amistades, volvió a ilusionarse con pequeñas rutinas que había ido perdiendo desde que enviudó y recuperó una tranquilidad que nosotros también necesitábamos. Cuando llegó septiembre, fue ella quien nos dijo que quería quedarse. Entendimos entonces que no estaba renunciando a su vida, sino empezando una etapa distinta», reflexiona Inés R.
Su historia refleja una circunstancia que cada verano viven miles de familias españolas. Las vacaciones, la conciliación laboral y el aumento de personas mayores que viven solas convierten estos meses en uno de los periodos con mayor demanda de estancias temporales en residencias. En muchos casos, lo que comienza como una solución para cubrir unas semanas termina convirtiéndose en un ingreso definitivo cuando tanto la persona mayor como su familia descubren que la adaptación ha sido positiva.
Se trata de una realidad que no para de crecer. España supera ya los 10 millones de personas mayores de 65 años, que representan más del 20 % de la población, según el Imserso. A ello se suma otro fenómeno cada vez más frecuente: el incremento de personas que envejecen solas.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), más de dos millones de mayores de 65 años viven solos, una cifra que aumenta especialmente entre quienes superan los 85 años. Noticia relacionada La exdirectora de una residencia de ancianos, condenada por ocultar una muerte y desviar 140.000 euros Davinia Delgado El verano pone todavía más presión sobre esa realidad. La necesidad de reorganizar los cuidados durante las vacaciones hace que muchas familias recurran a recursos de apoyo para garantizar la seguridad y el bienestar de sus mayores.
Según la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (AESTE), una de cada cuatro estancias temporales en residencias durante el verano responde a la necesidad de ofrecer un respiro a los cuidadores familiares. La entidad recuerda además que, según datos del Imserso, el 72 % de los cuidadores no profesionales presenta síntomas de sobrecarga física o emocional, una situación que repercute tanto en su salud como en la calidad de los cuidados que prestan. Sin embargo, detrás de esas cifras también se esconde un cambio de mentalidad.
Si hace unos años muchas familias asociaban el ingreso en una residencia con un fracaso o con una ruptura de la convivencia, hoy comienza a entenderse como una forma distinta de cuidar. Los especialistas insisten en que el objetivo no es sustituir a la familia, sino complementarla cuando la persona mayor necesita un apoyo que ya no puede recibir únicamente en casa. El ingreso puede mejorar la calidad de vida cuando la persona mayor comienza a tener dificultades para desenvolverse sola. (Belen Díaz) «Entendemos que cuidar va mucho más allá de atender las necesidades físicas.
Promover y fortalecer los vínculos familiares forma parte de nuestro modelo de atención porque contribuye al bienestar emocional, la identidad y la calidad de vida de cada mayor», explica María Ramos, directora de Operaciones de Grupo Villamor. La entidad impulsa actividades compartidas entre residentes y familiares, favorece las visitas y fomenta que hijos y nietos continúen formando parte de la vida cotidiana de los mayores. Los profesionales coinciden en que mantener esos vínculos resulta fundamental para una buena adaptación.
Seguir contando con la opinión de la persona mayor, celebrar reuniones familiares, mantener visitas frecuentes o conservar pequeñas tradiciones ayuda a que el ingreso no suponga una pérdida de identidad ni de su papel dentro de la familia. Eso fue precisamente lo que ocurrió con Manuel. Mantener el papel dentro de la familia Newsletter Tras quedarse viudo, pasó diez años viviendo solo.
Cocinaba, hacía la compra, recorría Madrid en transporte público y llevaba una vida completamente independiente. Dos caídas consecutivas hicieron que tanto él como su hija comprendieran que necesitaba un entorno más seguro. La decisión se tomó entre todos.
«Todo fue hablado», recuerda. También cuestiones posteriores, como qué hacer con su vivienda. «Lo que queráis vosotros.
Lo mío es vuestro», les dijo a su hija y a su yerno. Su nieto Rubén reconoce que el mayor temor era comprobar cómo afrontaría el cambio. Sin embargo, la adaptación fue mucho más rápida de lo esperado.
«Llegó prácticamente sin poder caminar y ahora se levanta solo, sube y baja a la habitación por sí mismo y vuelve a moverse con mucha autonomía. Eso supone una mejora enorme en su calidad de vida», explica. «Lo único que ha cambiado es el lugar donde vivimos»
Manuel Alonso Álvarez Además de recuperar movilidad, Manuel ha vuelto a disfrutar de una intensa vida social. Participa en las actividades del centro y mantiene intactas muchas de las costumbres que siempre le han unido a su familia. Su hija le llama dos veces al día y Rubén procura visitarlo todas las semanas.
Los domingos siguen reservados para comer juntos, compartir una copa de Verdejo y hablar del Real Madrid o recordar anécdotas de Galicia. «No puedes vivir pensando continuamente en cómo era tu vida antes. Los recuerdos siguen ahí, pero tienes que adaptarte», resume.
Para Rubén, el ingreso no ha cambiado el papel que su abuelo ocupa dentro de la familia. «Cuando éramos pequeños era él quien estaba pendiente de nosotros. Ahora somos nosotros quienes venimos a verle.
Pero eso habría cambiado igual aunque siguiera viviendo en casa. Hemos crecido. La única diferencia es el lugar donde vivimos.
Más allá de la atención sanitaria o asistencial, los especialistas coinciden en que el éxito de una adaptación depende en buena medida de que la persona mayor siga sintiéndose útil y vinculada a su entorno. Mantener las visitas, participar en celebraciones familiares o seguir formando parte de las decisiones cotidianas ayuda a preservar su identidad y reduce el riesgo de aislamiento. «Cuando la familia continúa presente, la residencia deja de ser un punto de llegada para convertirse en un espacio desde el que seguir compartiendo la vida», defienden desde Grupo Villamor.
En un país cada vez más envejecido, donde aumenta el número de personas mayores que viven solas y la conciliación familiar continúa siendo un desafío, los especialistas consideran que el gran reto no consiste únicamente en ofrecer buenos cuidados. También pasa por conseguir que quienes ingresan en una residencia sigan sintiéndose parte activa de su familia. Porque, cuando los vínculos se mantienen, un cambio de domicilio no tiene por qué significar una ruptura, sino el comienzo de una nueva etapa. comentarios Reportar un error El 'respiro familiar', uno de los recursos asistenciales que más crece en verano Las vacaciones, con sus desplazamientos y la necesidad de reorganizar los cuidados, suele convertirse en el momento en que muchas familias se plantean por primera vez el ingreso de sus mayores en una residencia Escucha el artículo. 6 min Escucha el artículo. 6 min Regala esta noticia Añádenos en Google Detrás de la visita semanal hay una decisión que cada vez afrontan más familias españolas: qué hacer cuando un padre o un abuelo ya no puede seguir viviendo solo. (Belen Díaz) Soledad Barbacil Madrid 28/07/2026 Actualizado a las 01:15h.
«Pensábamos que sería solo durante el verano. Mi madre ya no podía quedarse sola mientras nosotros estábamos fuera y una estancia temporal nos parecía la mejor solución. Al principio no quería ni oír hablar de una residencia.
Decía que aquello no era para ... ella, que prefería seguir en su casa. Pero bastaron unas semanas para que cambiara completamente de opinión. Empezó a participar en las actividades, hizo amistades, volvió a ilusionarse con pequeñas rutinas que había ido perdiendo desde que enviudó y recuperó una tranquilidad que nosotros también necesitábamos.
Cuando llegó septiembre, fue ella quien nos dijo que quería quedarse. Entendimos entonces que no estaba renunciando a su vida, sino empezando una etapa distinta», reflexiona Inés R. Su historia refleja una circunstancia que cada verano viven miles de familias españolas.
Las vacaciones, la conciliación laboral y el aumento de personas mayores que viven solas convierten estos meses en uno de los periodos con mayor demanda de estancias temporales en residencias. En muchos casos, lo que comienza como una solución para cubrir unas semanas termina convirtiéndose en un ingreso definitivo cuando tanto la persona mayor como su familia descubren que la adaptación ha sido positiva. Se trata de una realidad que no para de crecer.
España supera ya los 10 millones de personas mayores de 65 años, que representan más del 20 % de la población, según el Imserso. A ello se suma otro fenómeno cada vez más frecuente: el incremento de personas que envejecen solas. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística (INE), más de dos millones de mayores de 65 años viven solos, una cifra que aumenta especialmente entre quienes superan los 85 años.
Noticia relacionada La exdirectora de una residencia de ancianos, condenada por ocultar una muerte y desviar 140.000 euros Davinia Delgado El verano pone todavía más presión sobre esa realidad. La necesidad de reorganizar los cuidados durante las vacaciones hace que muchas familias recurran a recursos de apoyo para garantizar la seguridad y el bienestar de sus mayores. Según la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (AESTE), una de cada cuatro estancias temporales en residencias durante el verano responde a la necesidad de ofrecer un respiro a los cuidadores familiares.
La entidad recuerda además que, según datos del Imserso, el 72 % de los cuidadores no profesionales presenta síntomas de sobrecarga física o emocional, una situación que repercute tanto en su salud como en la calidad de los cuidados que prestan. Sin embargo, detrás de esas cifras también se esconde un cambio de mentalidad. Si hace unos años muchas familias asociaban el ingreso en una residencia con un fracaso o con una ruptura de la convivencia, hoy comienza a entenderse como una forma distinta de cuidar.
Los especialistas insisten en que el objetivo no es sustituir a la familia, sino complementarla cuando la persona mayor necesita un apoyo que ya no puede recibir únicamente en casa. El ingreso puede mejorar la calidad de vida cuando la persona mayor comienza a tener dificultades para desenvolverse sola. (Belen Díaz) «Entendemos que cuidar va mucho más allá de atender las necesidades físicas. Promover y fortalecer los vínculos familiares forma parte de nuestro modelo de atención porque contribuye al bienestar emocional, la identidad y la calidad de vida de cada mayor», explica María Ramos, directora de Operaciones de Grupo Villamor.
La entidad impulsa actividades compartidas entre residentes y familiares, favorece las visitas y fomenta que hijos y nietos continúen formando parte de la vida cotidiana de los mayores. Los profesionales coinciden en que mantener esos vínculos resulta fundamental para una buena adaptación. Seguir contando con la opinión de la persona mayor, celebrar reuniones familiares, mantener visitas frecuentes o conservar pequeñas tradiciones ayuda a que el ingreso no suponga una pérdida de identidad ni de su papel dentro de la familia.
Eso fue precisamente lo que ocurrió con Manuel. Mantener el papel dentro de la familia Newsletter Tras quedarse viudo, pasó diez años viviendo solo. Cocinaba, hacía la compra, recorría Madrid en transporte público y llevaba una vida completamente independiente.
Dos caídas consecutivas hicieron que tanto él como su hija comprendieran que necesitaba un entorno más seguro. La decisión se tomó entre todos. «Todo fue hablado», recuerda.
También cuestiones posteriores, como qué hacer con su vivienda. «Lo que queráis vosotros. Lo mío es vuestro», les dijo a su hija y a su yerno.
Su nieto Rubén reconoce que el mayor temor era comprobar cómo afrontaría el cambio. Sin embargo, la adaptación fue mucho más rápida de lo esperado. «Llegó prácticamente sin poder caminar y ahora se levanta solo, sube y baja a la habitación por sí mismo y vuelve a moverse con mucha autonomía.
Eso supone una mejora enorme en su calidad de vida», explica. «Lo único que ha cambiado es el lugar donde vivimos» Manuel Alonso Álvarez Además de recuperar movilidad, Manuel ha vuelto a disfrutar de una intensa vida social.
Participa en las actividades del centro y mantiene intactas muchas de las costumbres que siempre le han unido a su familia. Su hija le llama dos veces al día y Rubén procura visitarlo todas las semanas. Los domingos siguen reservados para comer juntos, compartir una copa de Verdejo y hablar del Real Madrid o recordar anécdotas de Galicia.
«No puedes vivir pensando continuamente en cómo era tu vida antes. Los recuerdos siguen ahí, pero tienes que adaptarte», resume. Para Rubén, el ingreso no ha cambiado el papel que su abuelo ocupa dentro de la familia.
«Cuando éramos pequeños era él quien estaba pendiente de nosotros. Ahora somos nosotros quienes venimos a verle. Pero eso habría cambiado igual aunque siguiera viviendo en casa.
Hemos crecido. La única diferencia es el lugar donde vivimos. Más allá de la atención sanitaria o asistencial, los especialistas coinciden en que el éxito de una adaptación depende en buena medida de que la persona mayor siga sintiéndose útil y vinculada a su entorno.
Mantener las visitas, participar en celebraciones familiares o seguir formando parte de las decisiones cotidianas ayuda a preservar su identidad y reduce el riesgo de aislamiento. «Cuando la familia continúa presente, la residencia deja de ser un punto de llegada para convertirse en un espacio desde el que seguir compartiendo la vida», defienden desde Grupo Villamor. En un país cada vez más envejecido, donde aumenta el número de personas mayores que viven solas y la conciliación familiar continúa siendo un desafío, los especialistas consideran que el gran reto no consiste únicamente en ofrecer buenos cuidados.
También pasa por conseguir que quienes ingresan en una residencia sigan sintiéndose parte activa de su familia. Porque, cuando los vínculos se mantienen, un cambio de domicilio no tiene por qué significar una ruptura, sino el comienzo de una nueva etapa. comentarios Reportar un error La exdirectora de una residencia de ancianos, condenada por ocultar una muerte y desviar 140.000 euros Davinia Delgado Qué reloj Garmin comprar según el deporte que haces: MediaMarkt rebaja toda la gama en verano Alejandra Santisteban Guiu Prueban las tortillas de patatas de Mercadona, Lidl, Alcampo y otros supermercados e indican cuál es la mejor de todas Francisco J. Jurado Dan Buettner: «Beber el café filtrado evita el aumento del colesterol»
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