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Internacional
martes, 4 de agosto de 2026

No multiplicarás los entes

Entia non sunt multiplicanda praeter necesitatem. Lo decía el filósofo Guillermo de Ockham en el siglo XIV, y su llamado a «no multiplicar los entes más allá de lo necesario» quizás resulte un consejo

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

LA TERCERA No multiplicarás los entes La IA incrementa simulacros, pero no alcanza la novedad radical. Su dominio de lo discreto amenaza con erosionar la atención, la memoria y la experiencia de la creación humana Regala esta noticia Añádenos en Google El escritor italiano, Roberto Calasso. (ABC) Ernesto Hernández Busto 04/08/2026 a las 19:48h. Entia non sunt multiplicanda praeter necesitatem.

Lo decía el filósofo Guillermo de Ockham en el siglo XIV, y su llamado a «no multiplicar los entes más allá de lo necesario» quizás resulte un consejo más profundo de lo que parece a primera vista. Rescatar el llamado «principio de parsimonia» puede protegernos de esa manía actual de usar las nuevas herramientas tecnológicas para obtener variantes supuestamente 'mejoradas' de cosas ya existentes (una inmersión 3D y animada en un cuadro famoso; la foto coloreada de algo que nunca llevó color; las banales ilustraciones de ciertos deseos políticos y eróticos que no podemos cumplir en la realidad...). Esta proliferación de simulacros no es mera anécdota.

Revela una de las limitaciones que caracterizan a la Inteligencia Artificial: su incapacidad para generar la auténtica y radical novedad. La IA no crea, recombina. Opera sobre vastos corpus de datos, interpolando patrones con deslumbrante maestría, pero buena parte de «lo que aún no está» se le escapa y, en cambio, satura el mundo de copias hiperrealistas que acaban por diluir el valor y el aura de lo original.

Podría argumentarse que toda creación utiliza lo precedente, pero también es obvio que la creatividad humana no se reduce al algoritmo, a las meras correlaciones y relaciones jerárquicas entre lo que ya existe. La máquina integra sin ese 'ruido' aunque, al perderlo, excluye también las bases de la originalidad. ¿Ha cumplido a IA generativa su promesa de democratizar la creación?

Hoy casi cualquiera puede producir un texto, una imagen o un vídeo en segundos. Esa facilidad también expone los límites de modelos que funcionan mediante predicción probabilística: dada una secuencia de tokens, calculan la siguiente con mayor acierto según patrones entrenados. No comprenden el significado, correlacionan frecuencias.

Esta ausencia de comprensión es algo estructural. Un humano escribe impulsado por una intención, una experiencia, una memoria emocional y un contexto vivo. La IA simula coherentemente todas esas condiciones.

Su 'creatividad' es un collage sofisticado, y su mundo interior se limita a funciones computables: aquello que un algoritmo puede resolver en un tiempo finito. Tanto los nuevos 'qualia' como la intuición que acompaña al acto creativo quedan fuera de su alcance. Dentro del ámbito humanístico, el efecto más visible de la IA parece ser la acelerada erosión de la atención y la memoria humanas.

¿Para qué memorizar o razonar paso a paso si una máquina entrega respuestas instantáneas? Se ha demostrado que la dependencia de ese mecanismo genera atrofia cognitiva. Los estudiantes que se habitúan a él pierden la capacidad de estructurar argumentos propios; los artistas que generan imágenes por 'prompt' olvidan el placer laborioso que define un 'ars'.

Así, la herramienta que prometía amplificar la inteligencia humana termina sustituyéndola por procesos superficiales. La mayoría de los reparos actuales a la IA tienen que ver con su incapacidad ética o cuestiones de sesgo. Sin embargo, antes de entrar en el debate sobre limitaciones morales, deben constatarse ciertas limitaciones, digamos ontológicas, que no desaparecen con más datos o parámetros.

La escala –el paradigma de 'más grande es mejor'– produce mejoras marginales, pero no resuelve el salto cualitativo hacia la inteligencia general. Los modelos actuales siguen siendo limitados y frágiles ante lo imprevisto. En sus últimos libros, particularmente en 'La actualidad innombrable', el escritor Roberto Calasso exploró con agudeza la contraposición entre el pensamiento analógico, basado en correspondencias, afinidades, resonancias entre lo visible y lo invisible, y el pensamiento digital, que opera por corte y recomposición binaria.

Esta oposición moderna reencarna la antigua tensión filosófica entre lo continuo y lo discreto, entre lo conectivo y lo sustitutivo. Para Calasso, lo continuo es el mar; lo discreto, la arena. «El modo conectivo –explica– se asemeja a lo continuo en que produce sin cesar una amalgama, una franja ininterrumpida de figuras que se entrelazan.

El modo sustitutivo multiplica indefinidamente los granos que, vistos desde cierta distancia, componen una figura única y claramente diferenciada, del mismo modo que la pantalla permite reconocer los objetos fotografiados». Lo analógico remite a la experiencia del flujo: la duración bergsoniana, el 'continuum' de la conciencia, las correspondencias poéticas y míticas donde un símbolo remite a otro en una red viva de significados. Lo digital, en cambio, fragmenta la realidad en unidades discretas (bits, píxeles, tokens) que pueden manipularse con precisión matemática pero están desligadas de la densidad ontológica del continuo.

Calasso también detecta en la sociedad secular contemporánea la victoria provisoria de lo discreto: un mundo de señales sin referentes profundos, de simulacros sin aura, donde la analogía (esa capacidad de ver el todo en la parte y lo divino en lo mundano) acaba por atrofiarse. Las diversas formas actuales de la IA ilustran esta reducción un tanto apocalíptica. Sus redes procesan información en capas discretas de activaciones numéricas, y generan imágenes dividiendo el espacio en píxeles y prediciendo su distribución.

Incluso cuando se produce algo con apariencia fluida –un vídeo, un texto narrativo, está construido mediante el muestreo discreto. Esto permite la escalabilidad y la manipulación, pero sacrifica la continuidad vivida de la experiencia creadora de los humanos. La oposición propuesta por Calasso no es técnica sino metafísica.

El pensamiento analógico, heredero de tradiciones míticas y poéticas, mantiene abierto el acceso a lo innombrable, que escapa a la cuantificación. El digital lo reduce todo a algo manipulable, predecible, controlable. La proliferación de entes IA —imágenes casi infinitas, textos clonados, realidades virtuales— es la manifestación concreta de esta reducción: un mundo donde lo continuo se disuelve en una infinidad de discretos recombinables, y la novedad auténtica (lo imprevisible desde lo más profundo) acaba sustituida por permutaciones optimizadas.

Esta apoteosis de lo discreto no debería ser total ni definitiva. La IA puede multiplicar lo que existe, pero no reemplaza ese ente irreductible que es la conciencia. En lugar de rendirnos a la 'digitalización' total, podríamos usar las nuevas herramientas con sabiduría analógica: amplificar nuestra capacidad de establecer conexiones profundas, en vez de sumergirnos en un océano de simulacros.

Ernesto Hernández Busto es escritor y traductor Temas Inteligencia Inteligencia artificial Memoria La Tercera de ABC comentarios Reportar un error LA TERCERA No multiplicarás los entes La IA incrementa simulacros, pero no alcanza la novedad radical. Su dominio de lo discreto amenaza con erosionar la atención, la memoria y la experiencia de la creación humana Regala esta noticia Añádenos en Google El escritor italiano, Roberto Calasso. (ABC) Ernesto Hernández Busto 04/08/2026 a las 19:48h. Entia non sunt multiplicanda praeter necesitatem.

Lo decía el filósofo Guillermo de Ockham en el siglo XIV, y su llamado a «no multiplicar los entes más allá de lo necesario» quizás resulte un consejo más profundo de lo que parece a primera vista. Rescatar el llamado «principio de parsimonia» puede protegernos de esa manía actual de usar las nuevas herramientas tecnológicas para obtener variantes supuestamente 'mejoradas' de cosas ya existentes (una inmersión 3D y animada en un cuadro famoso; la foto coloreada de algo que nunca llevó color; las banales ilustraciones de ciertos deseos políticos y eróticos que no podemos cumplir en la realidad...). Esta proliferación de simulacros no es mera anécdota.

Revela una de las limitaciones que caracterizan a la Inteligencia Artificial: su incapacidad para generar la auténtica y radical novedad. La IA no crea, recombina. Opera sobre vastos corpus de datos, interpolando patrones con deslumbrante maestría, pero buena parte de «lo que aún no está» se le escapa y, en cambio, satura el mundo de copias hiperrealistas que acaban por diluir el valor y el aura de lo original.

Podría argumentarse que toda creación utiliza lo precedente, pero también es obvio que la creatividad humana no se reduce al algoritmo, a las meras correlaciones y relaciones jerárquicas entre lo que ya existe. La máquina integra sin ese 'ruido' aunque, al perderlo, excluye también las bases de la originalidad. ¿Ha cumplido a IA generativa su promesa de democratizar la creación?

Hoy casi cualquiera puede producir un texto, una imagen o un vídeo en segundos. Esa facilidad también expone los límites de modelos que funcionan mediante predicción probabilística: dada una secuencia de tokens, calculan la siguiente con mayor acierto según patrones entrenados. No comprenden el significado, correlacionan frecuencias.

Esta ausencia de comprensión es algo estructural. Un humano escribe impulsado por una intención, una experiencia, una memoria emocional y un contexto vivo. La IA simula coherentemente todas esas condiciones.

Su 'creatividad' es un collage sofisticado, y su mundo interior se limita a funciones computables: aquello que un algoritmo puede resolver en un tiempo finito. Tanto los nuevos 'qualia' como la intuición que acompaña al acto creativo quedan fuera de su alcance. Dentro del ámbito humanístico, el efecto más visible de la IA parece ser la acelerada erosión de la atención y la memoria humanas.

¿Para qué memorizar o razonar paso a paso si una máquina entrega respuestas instantáneas? Se ha demostrado que la dependencia de ese mecanismo genera atrofia cognitiva. Los estudiantes que se habitúan a él pierden la capacidad de estructurar argumentos propios; los artistas que generan imágenes por 'prompt' olvidan el placer laborioso que define un 'ars'.

Así, la herramienta que prometía amplificar la inteligencia humana termina sustituyéndola por procesos superficiales. La mayoría de los reparos actuales a la IA tienen que ver con su incapacidad ética o cuestiones de sesgo. Sin embargo, antes de entrar en el debate sobre limitaciones morales, deben constatarse ciertas limitaciones, digamos ontológicas, que no desaparecen con más datos o parámetros.

La escala –el paradigma de 'más grande es mejor'– produce mejoras marginales, pero no resuelve el salto cualitativo hacia la inteligencia general. Los modelos actuales siguen siendo limitados y frágiles ante lo imprevisto. En sus últimos libros, particularmente en 'La actualidad innombrable', el escritor Roberto Calasso exploró con agudeza la contraposición entre el pensamiento analógico, basado en correspondencias, afinidades, resonancias entre lo visible y lo invisible, y el pensamiento digital, que opera por corte y recomposición binaria.

Esta oposición moderna reencarna la antigua tensión filosófica entre lo continuo y lo discreto, entre lo conectivo y lo sustitutivo. Para Calasso, lo continuo es el mar; lo discreto, la arena. «El modo conectivo –explica– se asemeja a lo continuo en que produce sin cesar una amalgama, una franja ininterrumpida de figuras que se entrelazan.

El modo sustitutivo multiplica indefinidamente los granos que, vistos desde cierta distancia, componen una figura única y claramente diferenciada, del mismo modo que la pantalla permite reconocer los objetos fotografiados». Lo analógico remite a la experiencia del flujo: la duración bergsoniana, el 'continuum' de la conciencia, las correspondencias poéticas y míticas donde un símbolo remite a otro en una red viva de significados. Lo digital, en cambio, fragmenta la realidad en unidades discretas (bits, píxeles, tokens) que pueden manipularse con precisión matemática pero están desligadas de la densidad ontológica del continuo.

Calasso también detecta en la sociedad secular contemporánea la victoria provisoria de lo discreto: un mundo de señales sin referentes profundos, de simulacros sin aura, donde la analogía (esa capacidad de ver el todo en la parte y lo divino en lo mundano) acaba por atrofiarse. Las diversas formas actuales de la IA ilustran esta reducción un tanto apocalíptica. Sus redes procesan información en capas discretas de activaciones numéricas, y generan imágenes dividiendo el espacio en píxeles y prediciendo su distribución.

Incluso cuando se produce algo con apariencia fluida –un vídeo, un texto narrativo, está construido mediante el muestreo discreto. Esto permite la escalabilidad y la manipulación, pero sacrifica la continuidad vivida de la experiencia creadora de los humanos. La oposición propuesta por Calasso no es técnica sino metafísica.

El pensamiento analógico, heredero de tradiciones míticas y poéticas, mantiene abierto el acceso a lo innombrable, que escapa a la cuantificación. El digital lo reduce todo a algo manipulable, predecible, controlable. La proliferación de entes IA —imágenes casi infinitas, textos clonados, realidades virtuales— es la manifestación concreta de esta reducción: un mundo donde lo continuo se disuelve en una infinidad de discretos recombinables, y la novedad auténtica (lo imprevisible desde lo más profundo) acaba sustituida por permutaciones optimizadas.

Esta apoteosis de lo discreto no debería ser total ni definitiva. La IA puede multiplicar lo que existe, pero no reemplaza ese ente irreductible que es la conciencia. En lugar de rendirnos a la 'digitalización' total, podríamos usar las nuevas herramientas con sabiduría analógica: amplificar nuestra capacidad de establecer conexiones profundas, en vez de sumergirnos en un océano de simulacros.

Ernesto Hernández Busto es escritor y traductor Temas Inteligencia Inteligencia artificial Memoria La Tercera de ABC comentarios Reportar un error 4 almohadas cervicales que mantienen la forma después de un año y evitan el dolor de cuello Teresa Rodríguez García Edu Saz: «Si quieres enfriar tu piso sin poner aire acondicionado, usa plantas de interior» Borja Sánchez Antonio Orozco, sobre sus dos hijos: «Crie a Jan por videollamada, pero con Antonella intento hacer lo contrario» Francisco J.

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Publicado por Redacción · martes, 4 de agosto de 2026

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