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Internacional
jueves, 17 de septiembre de 2026

La felicidad es sinónimo en el Sevilla de tranquilidad

Los cerca de mil aficionados del Sevilla que se cruzaron el país para ver a su equipo un miércoles de septiembre, inundando de colorao y blanco las calles de La Coruña, se han traído de vuelta una res

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

La felicidad es sinónimo en el Sevilla de tranquilidad Mucho tiempo después, el sevillista atisba un futuro deportivo menos oscuro y duerme por fin a pierna suelta Regala esta noticia Añádenos en Google Alberto Fernández 17/09/2026 a las 16:00h. Los cerca de mil aficionados del Sevilla que se cruzaron el país para ver a su equipo un miércoles de septiembre, inundando de colorao y blanco las calles de La Coruña, se han traído de vuelta una resaca emocional de las que gustan. ... El mal cuerpo resacoso puede molestar por las falta de horas de sueño, no por lo habitual a lo que se le asocia, pero es que además esa felicidad sostenida, que no es más que una tranquilidad general de ver que el equipo por fin defiende esa palabra de conjunto al unísono y sobre todo ofrece sensaciones de no sufrir como en años anteriores, quita cualquier mal del cuerpo.

Hacía tiempo que la afición del Sánchez-Pizjuán no dormía a pierna suelta. Relajada. Soñadora.

Las pesadillas de los meses de abril y mayo han terminado de agolparse detrás de la almohada, haciendo cola para recrear goles encajados y oportunidades perdidas. El fútbol no es que dé segundas oportunidades porque, si puede, te aniquila. Pero sí que guarda o conserva pequeñas rendijas por donde a veces se cuelan soluciones que uno ni espera.

Tras caerse la venta a Sergio Ramos, el club no tuvo más remedio que quedarse con el entrenador milagro que le había salvado el cuello (tenía contrato) y recurrió a un hombre de la casa, aunque regresase de la mano de Antonio Cordón, para rehacer un equipo que había jugueteado con una pistola cargada. Todo estaba en casa. Curioso.

Y le ha salido bien. O eso al menos parece en un arranque de Liga donde casi todo han sido buenas noticias por Nervión. El trabajo siempre paga dicen los que acostumbran a doblar el lomo.

Y suele ser una rara avis en el mundo del fútbol, donde la palabrería vacía engatusa como una tablet o cualquier pantalla con ruido y color a los chiquillos de esta generación. No veo a José Ignacio Navarro muy locuaz como para defender su labor en público, pero sí con el colmillo lo suficientemente retorcido como para tener sentado a su entrenador a su vera mientras cerraba la plantilla sevillista en las dos últimas horas de mercado. Así llegó Fofana.

Y el penúltimo día lo hicieron Lucas Stassin y Félix Correia. Todos titulares ante el Deportivo, cuajando cada uno en su papel y posición un partido más que correcto. García Plaza está consiguiendo ensamblar un verdadero equipo.

Que no se rompe. Que no duda. Que trabaja y golpea.

Que sabe sufrir a la misma vez que hace sufrir a su rival. No saben cómo meterle mano. Sólo se ha visto desarbolado ante el Atlético y porque las circunstancias del mercado habían avinagrado algo el ambiente.

La felicidad nunca será completa si no sabes dónde estás parado. Cuál es el lugar o el objetivo que te corresponde, por mucho que años atrás viajaras en un Ferrari de esos que ahora echan humo. Cuatro victorias en seis partidos.

Este Sevilla lo han cambiado. El entrenador, y hace bien, no se sale de su discurso. No gana nada vendiendo euforia.

Y con duelos ante Barcelona y Real Madrid en las próximas tres jornadas, la anecdótica clasificación en zonas europeas, aparentemente, será historia. Sin embargo, pienso que es bueno sentirse poderoso. Capaz de hacer más de lo que nos han asignado.

Que para lamerse las heridas e invocar a tu gente para que te salve el culo siempre hay tiempo. Si la Liga sigue transitando por este camino de mediocridad quitando a cuatro o cinco equipos, el Sevilla debe ponerse la zanahoria de estar en la zona noble de los mortales. Compitiendo así pocas veces hincará la rodilla.

El entorno lo sabe, pero le da miedo decirlo. Qué importa. El aficionado lo que necesita sentir es que su equipo le representa.

Cuando tenía una plantilla que costaba 200 millones y jugaba Champions le pedía que rindiese al máximo nivel ante todos los adversarios. A la actual se le suplica que no baje los brazos, según se conocen sus limitaciones. Y la identificación resulta incluso superior.

Ver a Kike Salas apretar los dientes y salir de la cueva; a Castrín dando porrazos como Diego Carlos; la honestidad de Juan Iglesias y Suazo; la tranquilidad de Odysseas; la doble bomba francesa del medio; la visión de Guridi; la disciplina de Correia; o la finta de Stassin. Dejo por último a Miguel Sierra porque ofrece una lección más que interesante. El canterano o futbolista en general con condiciones que siente de verdad que se confía en él es casi imparable.

Ha crecido en un mes probablemente más que en toda su carrera. Lo intenta todo. Asume riesgos y galones.

La pide y la quiere. Y sus diagonales son imparables. Es el espejo del alma de este Sevilla.

Trabajador. Resiliente. Consciente.

Responsable. Ultracompetitivo. Un Sevilla al que nadie le regalará nada.

Y un Sevilla que sí ha regalado a su gente un inicio de temporada que es la mejor medicina contra el insomnio. Nunca se sabe cuándo llega el punto de inflexión para tirar hacia arriba. Hay que estar preparados.

Recuerden, yo he visto al Sevilla... Temas Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán Sevilla FC Atlético de Madrid Sergio Ramos comentarios Reportar un error La felicidad es sinónimo en el Sevilla de tranquilidad Mucho tiempo después, el sevillista atisba un futuro deportivo menos oscuro y duerme por fin a pierna suelta Regala esta noticia Añádenos en Google Alberto Fernández 17/09/2026 a las 16:00h. Los cerca de mil aficionados del Sevilla que se cruzaron el país para ver a su equipo un miércoles de septiembre, inundando de colorao y blanco las calles de La Coruña, se han traído de vuelta una resaca emocional de las que gustan. ...

El mal cuerpo resacoso puede molestar por las falta de horas de sueño, no por lo habitual a lo que se le asocia, pero es que además esa felicidad sostenida, que no es más que una tranquilidad general de ver que el equipo por fin defiende esa palabra de conjunto al unísono y sobre todo ofrece sensaciones de no sufrir como en años anteriores, quita cualquier mal del cuerpo. Hacía tiempo que la afición del Sánchez-Pizjuán no dormía a pierna suelta. Relajada.

Soñadora. Las pesadillas de los meses de abril y mayo han terminado de agolparse detrás de la almohada, haciendo cola para recrear goles encajados y oportunidades perdidas. El fútbol no es que dé segundas oportunidades porque, si puede, te aniquila.

Pero sí que guarda o conserva pequeñas rendijas por donde a veces se cuelan soluciones que uno ni espera. Tras caerse la venta a Sergio Ramos, el club no tuvo más remedio que quedarse con el entrenador milagro que le había salvado el cuello (tenía contrato) y recurrió a un hombre de la casa, aunque regresase de la mano de Antonio Cordón, para rehacer un equipo que había jugueteado con una pistola cargada. Todo estaba en casa.

Curioso. Y le ha salido bien. O eso al menos parece en un arranque de Liga donde casi todo han sido buenas noticias por Nervión.

El trabajo siempre paga dicen los que acostumbran a doblar el lomo. Y suele ser una rara avis en el mundo del fútbol, donde la palabrería vacía engatusa como una tablet o cualquier pantalla con ruido y color a los chiquillos de esta generación. No veo a José Ignacio Navarro muy locuaz como para defender su labor en público, pero sí con el colmillo lo suficientemente retorcido como para tener sentado a su entrenador a su vera mientras cerraba la plantilla sevillista en las dos últimas horas de mercado.

Así llegó Fofana. Y el penúltimo día lo hicieron Lucas Stassin y Félix Correia. Todos titulares ante el Deportivo, cuajando cada uno en su papel y posición un partido más que correcto.

García Plaza está consiguiendo ensamblar un verdadero equipo. Que no se rompe. Que no duda.

Que trabaja y golpea. Que sabe sufrir a la misma vez que hace sufrir a su rival. No saben cómo meterle mano.

Sólo se ha visto desarbolado ante el Atlético y porque las circunstancias del mercado habían avinagrado algo el ambiente. La felicidad nunca será completa si no sabes dónde estás parado. Cuál es el lugar o el objetivo que te corresponde, por mucho que años atrás viajaras en un Ferrari de esos que ahora echan humo.

Cuatro victorias en seis partidos. Este Sevilla lo han cambiado. El entrenador, y hace bien, no se sale de su discurso.

No gana nada vendiendo euforia. Y con duelos ante Barcelona y Real Madrid en las próximas tres jornadas, la anecdótica clasificación en zonas europeas, aparentemente, será historia. Sin embargo, pienso que es bueno sentirse poderoso.

Capaz de hacer más de lo que nos han asignado. Que para lamerse las heridas e invocar a tu gente para que te salve el culo siempre hay tiempo. Si la Liga sigue transitando por este camino de mediocridad quitando a cuatro o cinco equipos, el Sevilla debe ponerse la zanahoria de estar en la zona noble de los mortales.

Compitiendo así pocas veces hincará la rodilla. El entorno lo sabe, pero le da miedo decirlo. Qué importa.

El aficionado lo que necesita sentir es que su equipo le representa. Cuando tenía una plantilla que costaba 200 millones y jugaba Champions le pedía que rindiese al máximo nivel ante todos los adversarios. A la actual se le suplica que no baje los brazos, según se conocen sus limitaciones.

Y la identificación resulta incluso superior. Ver a Kike Salas apretar los dientes y salir de la cueva; a Castrín dando porrazos como Diego Carlos; la honestidad de Juan Iglesias y Suazo; la tranquilidad de Odysseas; la doble bomba francesa del medio; la visión de Guridi; la disciplina de Correia; o la finta de Stassin. Dejo por último a Miguel Sierra porque ofrece una lección más que interesante.

El canterano o futbolista en general con condiciones que siente de verdad que se confía en él es casi imparable. Ha crecido en un mes probablemente más que en toda su carrera. Lo intenta todo.

Asume riesgos y galones. La pide y la quiere. Y sus diagonales son imparables.

Es el espejo del alma de este Sevilla. Trabajador. Resiliente.

Consciente. Responsable. Ultracompetitivo.

Un Sevilla al que nadie le regalará nada. Y un Sevilla que sí ha regalado a su gente un inicio de temporada que es la mejor medicina contra el insomnio. Nunca se sabe cuándo llega el punto de inflexión para tirar hacia arriba.

Hay que estar preparados. Recuerden, yo he visto al Sevilla... Temas Estadio Ramón Sánchez-Pizjuán Sevilla FC Atlético de Madrid Sergio Ramos comentarios Reportar un error La caja de herramientas de Cecotec con 380 piezas que querrás tener en casa Teresa Rodríguez García Juan y Medio, 63 años: «Hago todos los días 15 kilómetros, monto un ratito en bici por la mañana y siempre estoy alrededor de los animales y en el campo»

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Publicado por Redacción · jueves, 17 de septiembre de 2026

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