María Eugenia, monja ermitaña: «No tengo miedo de vivir sola en la montaña porque tengo el Sagrario. Si se presenta alguna persona allí es cuando tengo un poco»
Dejar toda tu vida para ponerte al servicio de Dios es una decisión que pocos se atreven siquiera a valorar. No obstante, cuando la vocación religiosa llama a tu puerta y las preguntas sobre el sentid
María Eugenia, monja ermitaña: «No tengo miedo de vivir sola en la montaña porque tengo el Sagrario. Si se presenta alguna persona allí es cuando tengo un poco» La religiosa reside desde hace 10 años en el Santuario de Lord, donde se dedica a rezar y a pastorear ovejas alejada de la vida en comunidad Regala esta noticia Añádenos en Google María Eugenia, monja ermitaña en el Santuario de Lord. (Fundación DeClausura) ABC 19/08/2026 a las 11:21h.
Dejar toda tu vida para ponerte al servicio de Dios es una decisión que pocos se atreven siquiera a valorar. No obstante, cuando la vocación religiosa llama a tu puerta y las preguntas sobre el sentido de tu vida y tu fe comienzan a aparecer, para muchos no existe más respuesta que consagrarse a la vida contemplativa, ya sea en el seminario, en un convento o incluso en un monasterio de clausura. Dentro de las distintas maneras de poner tu corazón al servicio de la Iglesia, los hay que prefieren hacerlo alejados de la comunidad para disfrutar por sí mismos de la soledad con Dios.
Es el caso de María Eugenia de Jesús Lastras, la única monja ermitaña del Santuario de Lord, en Solsona (Lérida), que ha encontrado en este día a día rural y huraño la manera de conectar mejor con el Señor. Esta mujer, doctora en Medicina Veterinaria, llegó a la diócesis en 2016, tras casi 16 años siendo carmelita, impulsada por Javier Sartorius, un extenista que renunció a una vida privilegiada para hacerse monje eremita y que acabó viviendo sus últimos días en este mismo monasterio antes de fallecer a causa de una colitis ulcerosa. Al igual que otros tantos creyentes, a María Eugenia también le conmocionó la historia de este aristócrata español y la animó a probar esta nueva manera de entender su fe.
Ahora, la religiosa reside en una pequeña ermita situada a 1.200 metros de altitud, a apenas diez minutos andando del monasterio de la comunidad de Lord. Allí, custodia el santuario, pasa el día rezando y hace labores de pastoreo, y disfruta de la soledad que la une más a Dios. De hecho, solo se une al resto para la Eucaristía diaria, así como para ayudar en tareas de hospedería.
Sobre esta rutina alejada del resto de la comunidad religiosa y en la más plena intimidad de la naturaleza habló hace unos meses en un encuentro online organizado por la Fundación DeClausura con motivo de la publicación del libro 'El Buen Pastor', escrito por ella misma. Pastorea ovejas y corderos en su día a día Como monja ermitaña, María Eugenia ha aprendido a disfrutar del tiempo en soledad, también en sus tareas diarias. Dedica gran parte de su día a la oración mental, aunque también le entusiasma «el estudio de la Sagrada Escritura»: «Me ayuda muchísimo, es un pozo sin fondo.
Tengo que ponerme un reloj para parar porque no haría otra cosa. Saboreo la Biblia». A pesar de que esta vocación monástica y ermitaña, también se dedica a cuidar de las ovejas y corderos de la orden, una de sus grandes pasiones antes de comenzar con su vida contemplativa.
«Cuando estoy atendiendo las ovejas, estoy haciéndolo con todo el amor de mi corazón y sé que eso es lo que Dios me pide», reconoce. Noticia relacionada María del Mar: «Me proporcionan la casa, pero tengo que buscarme mi subsistencia» Borja Sánchez María Eugenia insiste en que las ovejas le «han evangelizado» y le han llevado a reflexionar sobre muchas de las parábolas bíblicas, donde el tema pastoril está muy presente: «Es algo recurrente desde el principio, desde Abel que fue pastor de ovejas y hasta pasando por David.
Moisés también pastoreaba cuando se encontró con Azarza ardiente. Todos pasaron directamente de del pastoreo al trono y Jesús recoge todo eso en sus parábolas y nos dice que es el buen pastor». La vida sola de una monja ermitaña a más de 1.200 metros de altitud Aunque no es sencillo vivir en plena soledad, María Eugenia se ha adaptado perfectamente a la ausencia de personas a su alrededor, tanto que a veces se lleva buenos sustos cuando alguien aparece en la ermita.
«Como tengo el Sagrario, allí no tengo miedo. A veces se me ha presentado alguna persona y eso me da un poco más de miedo porque no sé cómo han encontrado el camino, lo tengo bastante escondido», explicó al ser preguntada por si no le aterraba la vida de ermitaña. Los días que más llueve y nieva son muchos los que le preguntan a la religiosa que por qué prefiere quedarse en el santuario en vez de buscar un sitio donde cobijarse.
Ella fue clara: «Tengo un lugar donde poner las cosas y no voy a dejar al Señor allí solo en la montaña, es parte de mi ser». Sobre las dificultades de residir en medio de la montaña sin apenas medios para acudir a un centro sanitario, la monja recordó que «la vida ermitaña te propone y te fuerza a vivir al día». «No pienso en que mañana me podré poner enferma ni que luego voy a tener una edad que no podré bajar por las rocas y los barrancos.
No vivo más que el momento presente porque es en el que tengo el amor eterno de Dios y no pienso en más allá», comentó. Respecto a su decisión de estar aislada del resto de la comunidad religiosa, María Eugenia justificó que es su manera de acercarse más a Dios. «No me siento llamada a vivir en comunidad, prefiero hacerlo en soledad y silencio con una vida retirada.
No tengo esa vocación, aunque he vivido 16 años en comunidad y he sido feliz. El Señor me ha puesto otro ritmo en el corazón en que la soledad y el silencio me profundiza mucho más en él», sentenció la hermana en este encuentro acerca de la vida comentarios Reportar un error María Eugenia, monja ermitaña: «No tengo miedo de vivir sola en la montaña porque tengo el Sagrario. Si se presenta alguna persona allí es cuando tengo un poco»
La religiosa reside desde hace 10 años en el Santuario de Lord, donde se dedica a rezar y a pastorear ovejas alejada de la vida en comunidad Regala esta noticia Añádenos en Google María Eugenia, monja ermitaña en el Santuario de Lord. (Fundación DeClausura) ABC 19/08/2026 a las 11:21h. Dejar toda tu vida para ponerte al servicio de Dios es una decisión que pocos se atreven siquiera a valorar. No obstante, cuando la vocación religiosa llama a tu puerta y las preguntas sobre el sentido de tu vida y tu fe comienzan a aparecer, para muchos no existe más respuesta que consagrarse a la vida contemplativa, ya sea en el seminario, en un convento o incluso en un monasterio de clausura.
Dentro de las distintas maneras de poner tu corazón al servicio de la Iglesia, los hay que prefieren hacerlo alejados de la comunidad para disfrutar por sí mismos de la soledad con Dios. Es el caso de María Eugenia de Jesús Lastras, la única monja ermitaña del Santuario de Lord, en Solsona (Lérida), que ha encontrado en este día a día rural y huraño la manera de conectar mejor con el Señor. Esta mujer, doctora en Medicina Veterinaria, llegó a la diócesis en 2016, tras casi 16 años siendo carmelita, impulsada por Javier Sartorius, un extenista que renunció a una vida privilegiada para hacerse monje eremita y que acabó viviendo sus últimos días en este mismo monasterio antes de fallecer a causa de una colitis ulcerosa.
Al igual que otros tantos creyentes, a María Eugenia también le conmocionó la historia de este aristócrata español y la animó a probar esta nueva manera de entender su fe. Ahora, la religiosa reside en una pequeña ermita situada a 1.200 metros de altitud, a apenas diez minutos andando del monasterio de la comunidad de Lord. Allí, custodia el santuario, pasa el día rezando y hace labores de pastoreo, y disfruta de la soledad que la une más a Dios.
De hecho, solo se une al resto para la Eucaristía diaria, así como para ayudar en tareas de hospedería. Sobre esta rutina alejada del resto de la comunidad religiosa y en la más plena intimidad de la naturaleza habló hace unos meses en un encuentro online organizado por la Fundación DeClausura con motivo de la publicación del libro 'El Buen Pastor', escrito por ella misma. Pastorea ovejas y corderos en su día a día Como monja ermitaña, María Eugenia ha aprendido a disfrutar del tiempo en soledad, también en sus tareas diarias.
Dedica gran parte de su día a la oración mental, aunque también le entusiasma «el estudio de la Sagrada Escritura»: «Me ayuda muchísimo, es un pozo sin fondo. Tengo que ponerme un reloj para parar porque no haría otra cosa. Saboreo la Biblia».
A pesar de que esta vocación monástica y ermitaña, también se dedica a cuidar de las ovejas y corderos de la orden, una de sus grandes pasiones antes de comenzar con su vida contemplativa. «Cuando estoy atendiendo las ovejas, estoy haciéndolo con todo el amor de mi corazón y sé que eso es lo que Dios me pide», reconoce. Noticia relacionada María del Mar: «Me proporcionan la casa, pero tengo que buscarme mi subsistencia»
Borja Sánchez María Eugenia insiste en que las ovejas le «han evangelizado» y le han llevado a reflexionar sobre muchas de las parábolas bíblicas, donde el tema pastoril está muy presente: «Es algo recurrente desde el principio, desde Abel que fue pastor de ovejas y hasta pasando por David. Moisés también pastoreaba cuando se encontró con Azarza ardiente. Todos pasaron directamente de del pastoreo al trono y Jesús recoge todo eso en sus parábolas y nos dice que es el buen pastor».
La vida sola de una monja ermitaña a más de 1.200 metros de altitud Aunque no es sencillo vivir en plena soledad, María Eugenia se ha adaptado perfectamente a la ausencia de personas a su alrededor, tanto que a veces se lleva buenos sustos cuando alguien aparece en la ermita. «Como tengo el Sagrario, allí no tengo miedo. A veces se me ha presentado alguna persona y eso me da un poco más de miedo porque no sé cómo han encontrado el camino, lo tengo bastante escondido», explicó al ser preguntada por si no le aterraba la vida de ermitaña.
Los días que más llueve y nieva son muchos los que le preguntan a la religiosa que por qué prefiere quedarse en el santuario en vez de buscar un sitio donde cobijarse. Ella fue clara: «Tengo un lugar donde poner las cosas y no voy a dejar al Señor allí solo en la montaña, es parte de mi ser». Sobre las dificultades de residir en medio de la montaña sin apenas medios para acudir a un centro sanitario, la monja recordó que «la vida ermitaña te propone y te fuerza a vivir al día».
«No pienso en que mañana me podré poner enferma ni que luego voy a tener una edad que no podré bajar por las rocas y los barrancos. No vivo más que el momento presente porque es en el que tengo el amor eterno de Dios y no pienso en más allá», comentó. Respecto a su decisión de estar aislada del resto de la comunidad religiosa, María Eugenia justificó que es su manera de acercarse más a Dios.
«No me siento llamada a vivir en comunidad, prefiero hacerlo en soledad y silencio con una vida retirada. No tengo esa vocación, aunque he vivido 16 años en comunidad y he sido feliz. El Señor me ha puesto otro ritmo en el corazón en que la soledad y el silencio me profundiza mucho más en él», sentenció la hermana en este encuentro acerca de la vida comentarios Reportar un error María del Mar: «Me proporcionan la casa, pero tengo que buscarme mi subsistencia»
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