Seguidores de María Corina Machado salen en defensa de la libertad en la capital venezolana
El 28 de julio la ciudad amanece con dos memorias peleándose la misma fecha. Es el día de nacimiento de Hugo Chávez, que cumpliría 72 años, y es también el aniversario de las elecciones que la oposici
Seguidores de María Corina Machado salen en defensa de la libertad en la capital venezolana El 1 de agosto, la Asamblea Nacional electa en 2015 y el chavismo que quedó tras la caída de Maduro se sientan a hablar de reconciliación y transición, con Washington de padrino Regala esta noticia Añádenos en Google Sindicalistas protestan exigiendo elecciones con una gran bandera nacional venezolana en Caracas. (AFP) Jorge Benezra Caracas 28/07/2026 a las 21:39h. El 28 de julio la ciudad amanece con dos memorias peleándose la misma fecha. Es el día de nacimiento de Hugo Chávez, que cumpliría 72 años, y es también el aniversario de las elecciones que la oposición reclama haber ganado.
Dos aniversarios, dos multitudes, dos países ... que caben en una sola Caracas y nunca se rozan. La primera se junta en Plaza Venezuela, y la geografía le juega una ironía. A pocos metros se alza la Plaza de la Victoria, el monumento que Venezuela y Rusia levantaron para honrar los 80 años del triunfo del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi.
Justo ahí, bajo la sombra de un homenaje soviético, arranca una marcha que dentro de un rato gritará contra el comunismo. En Caracas los símbolos se amontonan sin pedir permiso. Son dirigentes y trabajadores de la Coalición Sindical Nacional, esta vez bajo la llamada de María Corina Machado y su partido, que han hecho del 28J una fecha bandera.
La calle lo traduce a megáfono: «¡Elecciones ya!», «el pueblo pide calle», «calle y lucha». Piden convocatoria urgente de comicios, renovación completa del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo, salarios que alcancen para llenar la cesta de la compra y la excarcelación de los presos políticos. Noticia relacionada Félix Plasencia, el hombre que negoció el deshielo con Washington y ahora dirige la diplomacia venezolana Jorge Benezra Pero el fondo del reclamo es otro, y es más incómodo.
Marchan porque no creen en 'la mesa'. El 1 de agosto, Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional de Venezuela elegida en 2015, y Jorge Rodríguez, actual presidente del Parlamento y representante del chavismo que quedó tras la caída de Maduro, se sentarán a hablar de reconciliación y transición, en un diálogo apadrinado por Washington. José Patínez, secretario nacional del sindicato de la Cancillería, lo dice sin rodeos: «No puede iniciarse un diálogo si aún tenemos presos políticos».
La calle no quiere un pacto entre cúpulas. Quiere votar. Y ahí asoma la grieta que nadie nombra en voz alta.
Desde Manila, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, bendijo esa mesa como un avance y lanzó una frase que en Caracas suena a instrucción: los partidos, dijo, tienen que dejar de ser movimientos de protesta callejera para convertirse en fuerzas electorales. Newsletter Sobre María Corina Machado fue tibio: puede tener un papel, deslizó, si los venezolanos así lo desean. Un respaldo con distancia.
Cunde la sensación de que Washington apunta hacia el diálogo pactado y buena parte de la oposición hacia las urnas, y que no marcan el mismo paso. Por eso la marcha, que debía ir al centro, tuerce. Enfila hacia el hotel Marriott de El Rosal, donde se hospeda personal de la Embajada estadounidense.
El giro dice más que cualquier consigna: la calle va a reclamarle, sin decirlo, a quien sostiene la mesa que ella rechaza. Al otro lado de la ciudad, el chavismo se repliega a lo suyo. En la parroquia 23 de Enero, su fortín histórico, mujeres, trabajadores y jóvenes marchan hacia el Cuartel de la Montaña, donde reposan los restos del comandante.
No hay reclamo aquí, hay liturgia. «A pesar de todo lo que hemos vivido este año Chávez vive en el pueblo y permanecerá en nosotros», dice Ruben Ramírez entre banderas rojas. Consignas de amor para un difunto que todavía ordena la mitad del calendario.
Para el venezolano que hoy mira desde el exilio, y son cientos de miles, la escena tiene el sabor amargo de lo conocido: su país partido en dos avenidas paralelas. Una pide futuro. La otra custodia una tumba.
Y en medio, un hotel donde duermen unos diplomáticos de cuyo cálculo, quizás, dependa cuál de las dos Venezuelas termine imponiéndose. comentarios Reportar un error Seguidores de María Corina Machado salen en defensa de la libertad en la capital venezolana El 1 de agosto, la Asamblea Nacional electa en 2015 y el chavismo que quedó tras la caída de Maduro se sientan a hablar de reconciliación y transición, con Washington de padrino Regala esta noticia Añádenos en Google Sindicalistas protestan exigiendo elecciones con una gran bandera nacional venezolana en Caracas. (AFP) Jorge Benezra Caracas 28/07/2026 a las 21:39h. El 28 de julio la ciudad amanece con dos memorias peleándose la misma fecha. Es el día de nacimiento de Hugo Chávez, que cumpliría 72 años, y es también el aniversario de las elecciones que la oposición reclama haber ganado.
Dos aniversarios, dos multitudes, dos países ... que caben en una sola Caracas y nunca se rozan. La primera se junta en Plaza Venezuela, y la geografía le juega una ironía. A pocos metros se alza la Plaza de la Victoria, el monumento que Venezuela y Rusia levantaron para honrar los 80 años del triunfo del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi.
Justo ahí, bajo la sombra de un homenaje soviético, arranca una marcha que dentro de un rato gritará contra el comunismo. En Caracas los símbolos se amontonan sin pedir permiso. Son dirigentes y trabajadores de la Coalición Sindical Nacional, esta vez bajo la llamada de María Corina Machado y su partido, que han hecho del 28J una fecha bandera.
La calle lo traduce a megáfono: «¡Elecciones ya!», «el pueblo pide calle», «calle y lucha». Piden convocatoria urgente de comicios, renovación completa del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo, salarios que alcancen para llenar la cesta de la compra y la excarcelación de los presos políticos. Noticia relacionada Félix Plasencia, el hombre que negoció el deshielo con Washington y ahora dirige la diplomacia venezolana Jorge Benezra Pero el fondo del reclamo es otro, y es más incómodo.
Marchan porque no creen en 'la mesa'. El 1 de agosto, Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional de Venezuela elegida en 2015, y Jorge Rodríguez, actual presidente del Parlamento y representante del chavismo que quedó tras la caída de Maduro, se sentarán a hablar de reconciliación y transición, en un diálogo apadrinado por Washington. José Patínez, secretario nacional del sindicato de la Cancillería, lo dice sin rodeos: «No puede iniciarse un diálogo si aún tenemos presos políticos».
La calle no quiere un pacto entre cúpulas. Quiere votar. Y ahí asoma la grieta que nadie nombra en voz alta.
Desde Manila, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, bendijo esa mesa como un avance y lanzó una frase que en Caracas suena a instrucción: los partidos, dijo, tienen que dejar de ser movimientos de protesta callejera para convertirse en fuerzas electorales. Newsletter Sobre María Corina Machado fue tibio: puede tener un papel, deslizó, si los venezolanos así lo desean. Un respaldo con distancia.
Cunde la sensación de que Washington apunta hacia el diálogo pactado y buena parte de la oposición hacia las urnas, y que no marcan el mismo paso. Por eso la marcha, que debía ir al centro, tuerce. Enfila hacia el hotel Marriott de El Rosal, donde se hospeda personal de la Embajada estadounidense.
El giro dice más que cualquier consigna: la calle va a reclamarle, sin decirlo, a quien sostiene la mesa que ella rechaza. Al otro lado de la ciudad, el chavismo se repliega a lo suyo. En la parroquia 23 de Enero, su fortín histórico, mujeres, trabajadores y jóvenes marchan hacia el Cuartel de la Montaña, donde reposan los restos del comandante.
No hay reclamo aquí, hay liturgia. «A pesar de todo lo que hemos vivido este año Chávez vive en el pueblo y permanecerá en nosotros», dice Ruben Ramírez entre banderas rojas. Consignas de amor para un difunto que todavía ordena la mitad del calendario.
Para el venezolano que hoy mira desde el exilio, y son cientos de miles, la escena tiene el sabor amargo de lo conocido: su país partido en dos avenidas paralelas. Una pide futuro. La otra custodia una tumba.
Y en medio, un hotel donde duermen unos diplomáticos de cuyo cálculo, quizás, dependa cuál de las dos Venezuelas termine imponiéndose. comentarios Reportar un error Félix Plasencia, el hombre que negoció el deshielo con Washington y ahora dirige la diplomacia venezolana Jorge Benezra Con GPS y asistente de voz para hablar sin móvil: el Huawei Watch GT6 aguanta 21 días sin cargar Alejandra Santisteban Guiu Boticaria García, nutricionista: «El melón no fermenta en el estómago después de la cena. No es peor comerlo por la noche» Francisco J.
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