La extraña pareja y el negocio de 'los niños de Trump'
La mujer que se dispone a tocar la campana de la Bolsa de Nueva York tiene 62 años, es delgada y fibrosa, una deportista que compite en las pruebas más duras del triatlón. A su lado está su marido, un
La extraña pareja y el negocio de 'los niños de Trump' El empresario Michael Dell y su esposa han donado 6000 millones a una causa filantrópica promovida por Trump: mil dólares para cada recién nacido que se invierten en bolsa hasta que cumplen 18 años. Y, al mismo tiempo, han firmado un contrato de 10.000 millones con el ejército. Te contamos una de las operaciones más inquietantes de la actual administración.
Regala esta noticia Añádenos en Google Carlos Manuel Sánchez 29/07/2026 a las 13:55h. La mujer que se dispone a tocar la campana de la Bolsa de Nueva York tiene 62 años, es delgada y fibrosa, una deportista que compite en las pruebas más duras del triatlón. A su lado está su marido, un año más joven, con aspecto ... de que le van más las barbacoas que el gimnasio.
Junto a la pareja han colocado a un niño para la foto. Uno de los 25 millones para los que el matrimonio se ha comprometido a abrir una cuenta de inversión de 250 dólares que no podrán tocar hasta los 18 años. Una operación filantrópica de 6250 millones de dólares que Wall Street celebra por todo lo alto y que se vincula a las llamadas 'cuentas Trump'.
Es lo que cuesta fabricar 2000 misiles Tomahawk, calcula la revista Time, que los ha llevado a su portada. Dinero empleado en una buena causa, dice la publicación que ahora pertenece a Marc Benioff, CEO de Salesforce y otro entusiasta de Trump. La mujer es Susan Dell.
Y el que está a su lado es Michael Dell, magnate de los ordenadores y el hombre más rico de Texas. El patrimonio familiar se estima en torno a los 165.000 millones de dólares. Los Dell reparten el año entre un ático de cien millones en Manhattan, una finca a orillas de un lago en Austin y un complejo en la costa de Kona, en Hawái.
Y Kona no es un destino cualquiera para Susan: es la catedral del Ironman, la carrera que ha completado a una edad en la que la mayoría de la gente ha hecho las paces con el ascensor. Nadar 3,8 kilómetros en mar abierto, pedalear 180 y, de postre, correr una maratón. Entrena cinco días a la semana y fue asesora de educación física en el gobierno de George W.
Bush. Antes de ser la señora Dell fue Susan Lieberman, hija de un médico de Dallas y agente inmobiliaria. Conoció a Michael en una cita a ciegas en 1988.
Se casaron al año siguiente. Susan y Michael Dell se han convertido en habituales de la residencia presidencial. Michael Dell nació en Houston en 1965, hijo de un ortodoncista y de una agente de Bolsa.
Con 15 años destripó un Apple II para ver cómo funcionaba por dentro. Sus padres querían que fuese médico. Se matriculó en la Universidad de Texas en Medicina y montó, en su cuarto de la residencia universitaria, un negocio de ensamblar ordenadores y venderlos por correo, más baratos que IBM.
Dejó la carrera a los 19. En 1992, con 27 años, era el consejero delegado más joven en dirigir una empresa de la lista Fortune 500. Con el tiempo, la compañía que fundó Michael convirtió la capital de Texas en un imán de dinero tecnológico y a la pareja en una especie de realeza local.
Hoy, Susan Dell preside la Michael & Susan Dell Foundation, creada en 1999: una facultad de medicina, un hospital infantil, becas, microcréditos en la India y en Kenia... Janet Mountain, la directora ejecutiva, lo explica sin rodeos: «Los dos están muy centrados en ganar. Si no te fijas una meta de verdad ambiciosa, ¿para qué hacerlo?».
Los Dell son competitivos hasta en la filantropía. En 1984, Michael Dell creó la compañía que lleva su nombre, con solo mil dólares, en su habitación de la Universidad de Texas, en Austin, para vender ordenadores personalizados directamente a los clientes. La donación de los Dell se anunció en diciembre en la Casa Blanca, donde se han convertido en invitados fijos.
Meses antes, Estados Unidos había puesto en marcha las llamadas 'cuentas Trump', una pieza de la gran ley fiscal del presidente, que fuera del país ha pasado casi inadvertida en medio de todas las medidas desconcertantes del mandatario. Los Dell han ampliado las 'cuentas Trump' a nacidos antes de 2025. El presidente compró después entre uno y cinco millones de dólares en acciones de Dell Las 'cuentas Trump' son, en realidad, del Estado, que se compromete a abrir una cuenta con una cantidad de mil dólares para cada bebé nacido entre 2025 y 2028, con la condición de que ese dinero esté obligatoriamente ligado a su inversión en Bolsa y bloqueado hasta la mayoría de edad.
El 'regalo' del Gobierno es universal y ciego a la renta: los mil dólares caen igual en la cuenta del hijo de un banquero de Manhattan que en la de cualquier otro, pero en ningún caso los padres pueden sacar ese dinero: estará en todo momento invertido en Bolsa, supuestamente, generando beneficios. El presidente americano promocionó las 'cuentas Trump' —con los Dell detrás— en el Despacho Oval en presencia de varios niños. Los Dell se han unido a la iniciativa.
Abren cuentas de 250 dólares a los nacidos entre 2016 y 2024, que la ley dejó fuera, aunque en su caso filtrados por código postal: quedan fuera los niños de los barrios cuya renta media esté por encima de los 150.000 dólares anuales, las zonas muy ricas. Susan Dell está en el centro de una operación que se parece mucho a una política pública: decide qué niños reciben dinero, en qué lugares y bajo qué condiciones. La Casa Blanca asegura que los mil dólares que el Estado da a cada niño se convierten, invertidos en Bolsa, en 5800 cuando este tiene 18 años.
Es la 'magia financiera', dicen Pero eso no es lo más preocupante. Lo que vino después es lo que ha encendido las alarmas. A finales de mayo, el Pentágono adjudicó un acuerdo de cinco años por 9690 millones de dólares para agrupar las licencias de software de Microsoft de todo el Ejército, la inteligencia y la Guardia Costera.
El adjudicatario único es Dell Federal Systems, la filial pública de la empresa. La adjudicación, insisten los responsables, se ganó en concurso. A los expertos en ética, el concurso no les tranquiliza.
«La respuesta corta es que tiene una pinta horrible», dijo Greg Williams, del Project on Government Oversight, un organismo de control que ve en el contrato un posible pago de vuelta por la donación. Porque el asunto se vuelve aún más escandaloso. El 10 de febrero, meses antes de la adjudicación del contrato de Defensa, la cartera de Trump compró entre uno y cinco millones de dólares en acciones de Dell.
Nueve días después, en un mitin en Georgia, el presidente animó a sus seguidores a salir y comprarse un ordenador Dell. La acción casi se ha triplicado en un año. Susan y Michael Dell se conocieron en 1988 (en la foto).
Ella, licenciada en diseño de moda y fanática del deporte, le propuso para la segunda cita una ruta en bici de ochenta kilómetros. «Aguantó como un campeón», recuerda. Se casaron poco después.
Es decir, la jugada se recapitula así: primero, Michael y Susan Dell se convierten en los grandes padrinos privados de un programa que lleva el nombre del presidente. Después, el presidente compra acciones de su empresa y la promociona. Finalmente, una filial de esa empresa se lleva un contrato federal de casi diez mil millones ligado al Ejército de ese mismo presidente.
Ya no hay pudor. No hay que 'maquillar' ninguna operación ni asumir la norma histórica de que un presidente deba evitar hasta la apariencia de estar enriqueciéndose. Trump alardea de que le llueve el dinero desde que volvió a la Casa Blanca.
De los Dell también. A lo sumo, para colar las 'cuentas Trump' hay que vender 'la magia financiera del interés compuesto'. En la Bolsa de Nueva York anunciando su inversión en las 'cuentas Trump'.
El Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca ha calculado qué pasa con una cuenta a la que no se aporta nada más: los mil dólares del Estado, con rendimientos medios de mercado, se convierten en unos 5800 cuando el niño cumple 18. Casi se multiplican por seis. Es más, dicen, si la familia del niño se puede permitir añadir 5000 dólares cada año a esa cuenta, con los mismos rendimientos ese niño llega a la mayoría de edad con 303.800 dólares.
¿Alguien da más? Por supuesto, no es tan sencillo. Lo increíble es que a los votantes de Trump, que se precian de desconfiar de todo y del «a mí no me la cuelan», este cálculo no les parezca, por lo menos, sospechoso.
LA LETRA PEQUEÑA DE LAS 'CUENTAS TRUMP' Esto es lo que no se explica claramente. → ¿QUIÉN GUARDA EL DINERO MIENTRAS LOS NIÑOS CRECEN? El programa 'las cuentas Trump' lo supervisa el Tesoro de Estados Unidos, que ha montado la maquinaria con dos socios privados: el banco BNY y la plataforma de inversión Robinhood. Esta plataforma, reconocida como corredor de Bolsa, es la que convirtió la inversión en algo parecido a un videojuego —con animaciones digitales de confeti al comprar— y una de las protagonistas del escándalo de GameStop de 2021, cuando congeló la compra de acciones a sus propios usuarios.
Ha pagado una sanción récord de 70 millones de dólares por los daños causados a sus usuarios y una multa de 65 millones por engañar a sus clientes. El programa que promete enseñar a una generación la paciencia del interés compuesto arranca de la mano de la empresa símbolo de la inversión como tragaperras. → ¿CÓMO SE DECIDE EN QUÉ VALORES DE BOLSA SE INVIERTE? El dinero no lo maneja ningún gestor que elija acciones: la ley obliga a invertirlo en fondos indexados.
En el arranque, además, todo va a un único fondo que replica el S&P 500, el índice de las grandes cotizadas del país. El gestor se limita a 'copiar' la composición del índice. Si el índice sube, tu inversión sube; si baja, baja. → ¿ES VERDAD QUE MIL DÓLARES SE CONVIERTEN EN 6000 SIN HACER NADA?
No. Las cifras oficiales son proyecciones basadas en lo que la Bolsa ha rendido de media en el pasado, porque la renta variable sube a largo plazo, pero también se desploma. Si llega una crisis como la de 2008, la cuenta absorbe la caída entera, sin que la familia del niño haya podido poner el dinero a salvo. → ¿A LOS 18 AÑOS EL CHAVAL PUEDE SACAR EL DINERO?
Tampoco. La cuenta es, jurídicamente, una IRA: el plan de jubilación americano, solo que abierto en la cuna. Al terminar el periodo de crecimiento, el joven puede disponer del dinero, pero la parte imponible de una retirada anticipada tributa como renta y soporta, además, un recargo del 10 por ciento.
No es una hucha que se rompe a los 18: es un plan de pensiones. → ¿Y POR QUÉ EL ESTADO DA ESE DINERO PARA INVERTIR EN BOLSA Y NO EN SANIDAD? La misma ley hace explícitas dos decisiones: coloca mil dólares de dinero público en Bolsa a nombre de cada bebé elegible y, a la vez, recorta el gasto y endurece el acceso a Medicaid, el programa sanitario de los hogares de bajos ingresos. Lo dijo el propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, que llegó a describir las cuentas como «una puerta trasera para privatizar la Seguridad Social».
Luego, la Administración aclaró que «la complementan, no la sustituyen». La sospecha de que esto es, ante todo, una gigantesca campaña para que el país entero invierta en Bolsa no necesita teóricos de la conspiración: la formuló el propio Gobierno. → ¿ES LA MEDIDA PARTE DE LA CAMPAÑA 'NATALISTA'? La cuenta encaja en esa agenda.
Trump se ha proclamado «el presidente de la fertilidad» e impulsa la natalidad, como Elon Musk y sus seguidores neocristianos. Los críticos señalan la contradicción: se premia el nacimiento con una inversión en Bolsa mientras se reduce Medicaid, del que dependen millones de niños y embarazadas. Mil dólares inaccesibles durante la infancia no pagan la guardería ni los pañales. → ¿EXISTIRÁ TODO ESE DINERO DENTRO DE 18 AÑOS?
Nadie puede prometerlo, y hay un precedente que invita a la duda. El Reino Unido creó en los años 2000 un programa casi idéntico, el Child Trust Fund de Tony Blair: una cuenta con dinero público para cada bebé británico. En 2010, con la crisis, el Gobierno siguiente suspendió las aportaciones públicas y cerró el programa.
Nadie protestó. Uno de sus diseñadores, el profesor Julian Le Grand, explicó por qué ese cierre apenas le pasó factura política a Blair: como el dinero estaba inmovilizado hasta la mayoría de edad, ninguna familia perdía prestación alguna, como sí ocurriría con una ayuda, pensión o subsidio. comentarios Reportar un error La extraña pareja y el negocio de 'los niños de Trump' El empresario Michael Dell y su esposa han donado 6000 millones a una causa filantrópica promovida por Trump: mil dólares para cada recién nacido que se invierten en bolsa hasta que cumplen 18 años. Y, al mismo tiempo, han firmado un contrato de 10.000 millones con el ejército.
Te contamos una de las operaciones más inquietantes de la actual administración. Regala esta noticia Añádenos en Google Carlos Manuel Sánchez 29/07/2026 a las 13:55h. La mujer que se dispone a tocar la campana de la Bolsa de Nueva York tiene 62 años, es delgada y fibrosa, una deportista que compite en las pruebas más duras del triatlón.
A su lado está su marido, un año más joven, con aspecto ... de que le van más las barbacoas que el gimnasio. Junto a la pareja han colocado a un niño para la foto. Uno de los 25 millones para los que el matrimonio se ha comprometido a abrir una cuenta de inversión de 250 dólares que no podrán tocar hasta los 18 años.
Una operación filantrópica de 6250 millones de dólares que Wall Street celebra por todo lo alto y que se vincula a las llamadas 'cuentas Trump'. Es lo que cuesta fabricar 2000 misiles Tomahawk, calcula la revista Time, que los ha llevado a su portada. Dinero empleado en una buena causa, dice la publicación que ahora pertenece a Marc Benioff, CEO de Salesforce y otro entusiasta de Trump.
La mujer es Susan Dell. Y el que está a su lado es Michael Dell, magnate de los ordenadores y el hombre más rico de Texas. El patrimonio familiar se estima en torno a los 165.000 millones de dólares.
Los Dell reparten el año entre un ático de cien millones en Manhattan, una finca a orillas de un lago en Austin y un complejo en la costa de Kona, en Hawái. Y Kona no es un destino cualquiera para Susan: es la catedral del Ironman, la carrera que ha completado a una edad en la que la mayoría de la gente ha hecho las paces con el ascensor. Nadar 3,8 kilómetros en mar abierto, pedalear 180 y, de postre, correr una maratón.
Entrena cinco días a la semana y fue asesora de educación física en el gobierno de George W. Bush. Antes de ser la señora Dell fue Susan Lieberman, hija de un médico de Dallas y agente inmobiliaria.
Conoció a Michael en una cita a ciegas en 1988. Se casaron al año siguiente. Susan y Michael Dell se han convertido en habituales de la residencia presidencial.
Michael Dell nació en Houston en 1965, hijo de un ortodoncista y de una agente de Bolsa. Con 15 años destripó un Apple II para ver cómo funcionaba por dentro. Sus padres querían que fuese médico.
Se matriculó en la Universidad de Texas en Medicina y montó, en su cuarto de la residencia universitaria, un negocio de ensamblar ordenadores y venderlos por correo, más baratos que IBM. Dejó la carrera a los 19. En 1992, con 27 años, era el consejero delegado más joven en dirigir una empresa de la lista Fortune 500.
Con el tiempo, la compañía que fundó Michael convirtió la capital de Texas en un imán de dinero tecnológico y a la pareja en una especie de realeza local. Hoy, Susan Dell preside la Michael & Susan Dell Foundation, creada en 1999: una facultad de medicina, un hospital infantil, becas, microcréditos en la India y en Kenia... Janet Mountain, la directora ejecutiva, lo explica sin rodeos: «Los dos están muy centrados en ganar.
Si no te fijas una meta de verdad ambiciosa, ¿para qué hacerlo?». Los Dell son competitivos hasta en la filantropía. En 1984, Michael Dell creó la compañía que lleva su nombre, con solo mil dólares, en su habitación de la Universidad de Texas, en Austin, para vender ordenadores personalizados directamente a los clientes.
La donación de los Dell se anunció en diciembre en la Casa Blanca, donde se han convertido en invitados fijos. Meses antes, Estados Unidos había puesto en marcha las llamadas 'cuentas Trump', una pieza de la gran ley fiscal del presidente, que fuera del país ha pasado casi inadvertida en medio de todas las medidas desconcertantes del mandatario. Los Dell han ampliado las 'cuentas Trump' a nacidos antes de 2025.
El presidente compró después entre uno y cinco millones de dólares en acciones de Dell Las 'cuentas Trump' son, en realidad, del Estado, que se compromete a abrir una cuenta con una cantidad de mil dólares para cada bebé nacido entre 2025 y 2028, con la condición de que ese dinero esté obligatoriamente ligado a su inversión en Bolsa y bloqueado hasta la mayoría de edad. El 'regalo' del Gobierno es universal y ciego a la renta: los mil dólares caen igual en la cuenta del hijo de un banquero de Manhattan que en la de cualquier otro, pero en ningún caso los padres pueden sacar ese dinero: estará en todo momento invertido en Bolsa, supuestamente, generando beneficios. El presidente americano promocionó las 'cuentas Trump' —con los Dell detrás— en el Despacho Oval en presencia de varios niños.
Los Dell se han unido a la iniciativa. Abren cuentas de 250 dólares a los nacidos entre 2016 y 2024, que la ley dejó fuera, aunque en su caso filtrados por código postal: quedan fuera los niños de los barrios cuya renta media esté por encima de los 150.000 dólares anuales, las zonas muy ricas. Susan Dell está en el centro de una operación que se parece mucho a una política pública: decide qué niños reciben dinero, en qué lugares y bajo qué condiciones.
La Casa Blanca asegura que los mil dólares que el Estado da a cada niño se convierten, invertidos en Bolsa, en 5800 cuando este tiene 18 años. Es la 'magia financiera', dicen Pero eso no es lo más preocupante. Lo que vino después es lo que ha encendido las alarmas.
A finales de mayo, el Pentágono adjudicó un acuerdo de cinco años por 9690 millones de dólares para agrupar las licencias de software de Microsoft de todo el Ejército, la inteligencia y la Guardia Costera. El adjudicatario único es Dell Federal Systems, la filial pública de la empresa. La adjudicación, insisten los responsables, se ganó en concurso.
A los expertos en ética, el concurso no les tranquiliza. «La respuesta corta es que tiene una pinta horrible», dijo Greg Williams, del Project on Government Oversight, un organismo de control que ve en el contrato un posible pago de vuelta por la donación. Porque el asunto se vuelve aún más escandaloso.
El 10 de febrero, meses antes de la adjudicación del contrato de Defensa, la cartera de Trump compró entre uno y cinco millones de dólares en acciones de Dell. Nueve días después, en un mitin en Georgia, el presidente animó a sus seguidores a salir y comprarse un ordenador Dell. La acción casi se ha triplicado en un año.
Susan y Michael Dell se conocieron en 1988 (en la foto). Ella, licenciada en diseño de moda y fanática del deporte, le propuso para la segunda cita una ruta en bici de ochenta kilómetros. «Aguantó como un campeón», recuerda.
Se casaron poco después. Es decir, la jugada se recapitula así: primero, Michael y Susan Dell se convierten en los grandes padrinos privados de un programa que lleva el nombre del presidente. Después, el presidente compra acciones de su empresa y la promociona.
Finalmente, una filial de esa empresa se lleva un contrato federal de casi diez mil millones ligado al Ejército de ese mismo presidente. Ya no hay pudor. No hay que 'maquillar' ninguna operación ni asumir la norma histórica de que un presidente deba evitar hasta la apariencia de estar enriqueciéndose.
Trump alardea de que le llueve el dinero desde que volvió a la Casa Blanca. De los Dell también. A lo sumo, para colar las 'cuentas Trump' hay que vender 'la magia financiera del interés compuesto'.
En la Bolsa de Nueva York anunciando su inversión en las 'cuentas Trump'. El Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca ha calculado qué pasa con una cuenta a la que no se aporta nada más: los mil dólares del Estado, con rendimientos medios de mercado, se convierten en unos 5800 cuando el niño cumple 18. Casi se multiplican por seis.
Es más, dicen, si la familia del niño se puede permitir añadir 5000 dólares cada año a esa cuenta, con los mismos rendimientos ese niño llega a la mayoría de edad con 303.800 dólares. ¿Alguien da más? Por supuesto, no es tan sencillo.
Lo increíble es que a los votantes de Trump, que se precian de desconfiar de todo y del «a mí no me la cuelan», este cálculo no les parezca, por lo menos, sospechoso. LA LETRA PEQUEÑA DE LAS 'CUENTAS TRUMP' Esto es lo que no se explica claramente. → ¿QUIÉN GUARDA EL DINERO MIENTRAS LOS NIÑOS CRECEN? El programa 'las cuentas Trump' lo supervisa el Tesoro de Estados Unidos, que ha montado la maquinaria con dos socios privados: el banco BNY y la plataforma de inversión Robinhood.
Esta plataforma, reconocida como corredor de Bolsa, es la que convirtió la inversión en algo parecido a un videojuego —con animaciones digitales de confeti al comprar— y una de las protagonistas del escándalo de GameStop de 2021, cuando congeló la compra de acciones a sus propios usuarios. Ha pagado una sanción récord de 70 millones de dólares por los daños causados a sus usuarios y una multa de 65 millones por engañar a sus clientes. El programa que promete enseñar a una generación la paciencia del interés compuesto arranca de la mano de la empresa símbolo de la inversión como tragaperras. → ¿CÓMO SE DECIDE EN QUÉ VALORES DE BOLSA SE INVIERTE?
El dinero no lo maneja ningún gestor que elija acciones: la ley obliga a invertirlo en fondos indexados. En el arranque, además, todo va a un único fondo que replica el S&P 500, el índice de las grandes cotizadas del país. El gestor se limita a 'copiar' la composición del índice.
Si el índice sube, tu inversión sube; si baja, baja. → ¿ES VERDAD QUE MIL DÓLARES SE CONVIERTEN EN 6000 SIN HACER NADA? No. Las cifras oficiales son proyecciones basadas en lo que la Bolsa ha rendido de media en el pasado, porque la renta variable sube a largo plazo, pero también se desploma.
Si llega una crisis como la de 2008, la cuenta absorbe la caída entera, sin que la familia del niño haya podido poner el dinero a salvo. → ¿A LOS 18 AÑOS EL CHAVAL PUEDE SACAR EL DINERO? Tampoco. La cuenta es, jurídicamente, una IRA: el plan de jubilación americano, solo que abierto en la cuna.
Al terminar el periodo de crecimiento, el joven puede disponer del dinero, pero la parte imponible de una retirada anticipada tributa como renta y soporta, además, un recargo del 10 por ciento. No es una hucha que se rompe a los 18: es un plan de pensiones. → ¿Y POR QUÉ EL ESTADO DA ESE DINERO PARA INVERTIR EN BOLSA Y NO EN SANIDAD? La misma ley hace explícitas dos decisiones: coloca mil dólares de dinero público en Bolsa a nombre de cada bebé elegible y, a la vez, recorta el gasto y endurece el acceso a Medicaid, el programa sanitario de los hogares de bajos ingresos.
Lo dijo el propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, que llegó a describir las cuentas como «una puerta trasera para privatizar la Seguridad Social». Luego, la Administración aclaró que «la complementan, no la sustituyen». La sospecha de que esto es, ante todo, una gigantesca campaña para que el país entero invierta en Bolsa no necesita teóricos de la conspiración: la formuló el propio Gobierno. → ¿ES LA MEDIDA PARTE DE LA CAMPAÑA 'NATALISTA'?
La cuenta encaja en esa agenda. Trump se ha proclamado «el presidente de la fertilidad» e impulsa la natalidad, como Elon Musk y sus seguidores neocristianos. Los críticos señalan la contradicción: se premia el nacimiento con una inversión en Bolsa mientras se reduce Medicaid, del que dependen millones de niños y embarazadas.
Mil dólares inaccesibles durante la infancia no pagan la guardería ni los pañales. → ¿EXISTIRÁ TODO ESE DINERO DENTRO DE 18 AÑOS? Nadie puede prometerlo, y hay un precedente que invita a la duda. El Reino Unido creó en los años 2000 un programa casi idéntico, el Child Trust Fund de Tony Blair: una cuenta con dinero público para cada bebé británico.
En 2010, con la crisis, el Gobierno siguiente suspendió las aportaciones públicas y cerró el programa. Nadie protestó. Uno de sus diseñadores, el profesor Julian Le Grand, explicó por qué ese cierre apenas le pasó factura política a Blair: como el dinero estaba inmovilizado hasta la mayoría de edad, ninguna familia perdía prestación alguna, como sí ocurriría con una ayuda, pensión o subsidio. comentarios Reportar un error