Pedro, no los protegiste
Acusaste. Señalaste. Lamentaste. Proclamaste. Explicaste. Justificaste. Pero no, no protegiste. Una ciudad española fue abandonada a su suerte mientras miles de jóvenes marroquíes irrumpían en sus cal
Pedro, no los protegiste Se hizo tristemente real que el Estado no estuvo donde se le esperaba, como el padre que deja al niño abandonado en el coche a pleno sol Regala esta noticia Añádenos en Google El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en Ceuta. (EFE) Agustín Pery 04/08/2026 a las 19:45h. Acusaste. Señalaste.
Lamentaste. Proclamaste. Explicaste.
Justificaste. Pero no, no protegiste. Una ciudad española fue abandonada a su suerte mientras miles de jóvenes marroquíes irrumpían en sus calles, obligaban a cerrar comercios, bloqueaban el tráfico y hacían saltar por los aires la normalidad.
Repito: una ... ciudad española. Compareciste para explicarnos las causas. Los porqués.
El contexto. Marruecos. La pobreza.
La presión migratoria. Todo muy interesante. Todo muy académico.
Todo muy útil si uno aspira a aprobar una oposición y no a gobernar un país. Pero de lo verdaderamente importante apenas dijiste una palabra: que no supiste o, peor aún, no quisiste responder como la situación exigía. Se hizo tristemente real que el Estado no estuvo donde se le esperaba, como el padre que deja al niño olvidado en el coche a pleno sol.
No estuviste tampoco para afear al vecino al que tanta patética pleitesía rindes su responsabilidad en las decenas de muertes por ahogamiento que deja este trágico esperpento en la frontera ceutí. Igual, sólo quizá, debería haber funcionado nuestro servicio de inteligencia. A lo mejor incluso te avisó e ignoraste la advertencia.
Muertes entonces también sobre tu conciencia. Ahora vendrán tus voceros —los orgánicos y los sobrealimentados— a repetir el catecismo de siempre. Que ya vienen los fachas a lomos de los pobres inmigrantes.
¿Y? Ese espantajo ya no intimida a nadie. Porque aquí no se está juzgando al que cruza una frontera.
Aquí solo debería ocuparnos y preocuparnos que el presidente de playlist sea incapaz de defenderla. En Ceuta hubo un Estado humillado. Una frontera degradada a decorado.
Y, sobre todo, una ciudad española abandonada a su suerte mientras Sánchez buscaba el adjetivo adecuado para no llamar a las cosas por su nombre. Porque también hay una forma de incumplir la Constitución sin romperla y esa es olvidarse de la primera obligación de quien gobierna: dirigir la defensa de la Nación, garantizar la seguridad y proteger las fronteras y a sus ciudadanos. No es un eslogan, es su misión.
Por eso no bastaba con comparecer. Un presidente que por tacticismo, por sectarismo o por pura soberbia ideológica deja tirados a miles de compatriotas; que rebaja un problema de seguridad nacional a un molesto incidente de orden público; que prefiere blindar su relato antes que una frontera, deja de cumplir el primer mandato al que se debe cualquier gobernante: proteger a los suyos, que deberíamos ser todos. Acusaste.
Señalaste. Lamentaste. Proclamaste.
Explicaste. Justificaste y, como siempre, te erigiste en víctima de esos oscuros intereses reaccionarios que tratan de opacar al ser de luz que eres. Todo menos lo único que esperaban de ti, en Ceuta y en el resto de España.
Temas Seguridad Marruecos Ceuta Pedro Sánchez comentarios Reportar un error Pedro, no los protegiste Se hizo tristemente real que el Estado no estuvo donde se le esperaba, como el padre que deja al niño abandonado en el coche a pleno sol Regala esta noticia Añádenos en Google El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en Ceuta. (EFE) Agustín Pery 04/08/2026 a las 19:45h. Acusaste. Señalaste.
Lamentaste. Proclamaste. Explicaste.
Justificaste. Pero no, no protegiste. Una ciudad española fue abandonada a su suerte mientras miles de jóvenes marroquíes irrumpían en sus calles, obligaban a cerrar comercios, bloqueaban el tráfico y hacían saltar por los aires la normalidad.
Repito: una ... ciudad española. Compareciste para explicarnos las causas. Los porqués.
El contexto. Marruecos. La pobreza.
La presión migratoria. Todo muy interesante. Todo muy académico.
Todo muy útil si uno aspira a aprobar una oposición y no a gobernar un país. Pero de lo verdaderamente importante apenas dijiste una palabra: que no supiste o, peor aún, no quisiste responder como la situación exigía. Se hizo tristemente real que el Estado no estuvo donde se le esperaba, como el padre que deja al niño olvidado en el coche a pleno sol.
No estuviste tampoco para afear al vecino al que tanta patética pleitesía rindes su responsabilidad en las decenas de muertes por ahogamiento que deja este trágico esperpento en la frontera ceutí. Igual, sólo quizá, debería haber funcionado nuestro servicio de inteligencia. A lo mejor incluso te avisó e ignoraste la advertencia.
Muertes entonces también sobre tu conciencia. Ahora vendrán tus voceros —los orgánicos y los sobrealimentados— a repetir el catecismo de siempre. Que ya vienen los fachas a lomos de los pobres inmigrantes.
¿Y? Ese espantajo ya no intimida a nadie. Porque aquí no se está juzgando al que cruza una frontera.
Aquí solo debería ocuparnos y preocuparnos que el presidente de playlist sea incapaz de defenderla. En Ceuta hubo un Estado humillado. Una frontera degradada a decorado.
Y, sobre todo, una ciudad española abandonada a su suerte mientras Sánchez buscaba el adjetivo adecuado para no llamar a las cosas por su nombre. Porque también hay una forma de incumplir la Constitución sin romperla y esa es olvidarse de la primera obligación de quien gobierna: dirigir la defensa de la Nación, garantizar la seguridad y proteger las fronteras y a sus ciudadanos. No es un eslogan, es su misión.
Por eso no bastaba con comparecer. Un presidente que por tacticismo, por sectarismo o por pura soberbia ideológica deja tirados a miles de compatriotas; que rebaja un problema de seguridad nacional a un molesto incidente de orden público; que prefiere blindar su relato antes que una frontera, deja de cumplir el primer mandato al que se debe cualquier gobernante: proteger a los suyos, que deberíamos ser todos. Acusaste.
Señalaste. Lamentaste. Proclamaste.
Explicaste. Justificaste y, como siempre, te erigiste en víctima de esos oscuros intereses reaccionarios que tratan de opacar al ser de luz que eres. Todo menos lo único que esperaban de ti, en Ceuta y en el resto de España.
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