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Internacional
martes, 18 de agosto de 2026

El nombre de estas cabañas palentinas, que daban cobijo a ganado y pastores, alude a la forma de dragón que tienen al estar unidas por un pasillo

La comarca del Cerrato aún conserva una singular construcción, ubicada en el término municipal de Cevico de la Torre y cuya disposición externa es la que otorga al conjunto su sugerente y místico nomb

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

El nombre de estas cabañas palentinas, que daban cobijo a ganado y pastores, alude a la forma de dragón que tienen al estar unidas por un pasillo La comarca del Cerrato aún conserva una singular construcción, ubicada en el término municipal de Cevico de la Torre y cuya disposición externa es la que otorga al conjunto su sugerente y místico nombre — Hechas con piedra y techo de paja, estas originales construcciones servían de refugio para ganaderos y pastores — Para llegar hasta este pueblo esloveno de pastores con casas de madera y 500 hectáreas de prado lo mejor es hacerlo en teleférico Los pastores utilizaban piedras calizas del páramo, colocándolas en hiladas que se iban cerrando en altura Alberto Gómez 18 de agosto de 2026 12:01 h 0 En el páramo de Capaperros, dentro de la comarca del Cerrato palentino, existe un monumento pastoral conocido popularmente como los Corrales del Dragón. Esta singular construcción se ubica en el término municipal de Cevico de la Torre, muy cerca de la Cañada Real Burgalesa. Se trata de un conjunto arquitectónico único en su tipo, conformado por tres corralizas en forma de L y tres cabañas circulares.

Su relevancia etnográfica es tal que ha sido catalogado como un bien de gran valor dentro del patrimonio de la zona. Los pastores de la región lo han mantenido vivo en la memoria colectiva como un testigo mudo de su oficio ancestral. Su silueta sigue dominando el paisaje del páramo de Palencia, con una estructura que destaca por su monumentalidad y por la peculiaridad de su diseño y que rompe con la sencillez habitual.

Es un legado de piedra que narra la historia de una tierra vinculada estrechamente al pastoreo y la naturaleza. La gran originalidad de este complejo radica en la unión de dos chozos circulares mediante un pasillo corredor central. Esta disposición externa es la que otorga al conjunto su sugerente y místico nombre de Dragón de piedra.

Desde la distancia, la construcción parece una criatura fantástica agazapada en el terreno, esperando a su presa. Exteriormente, se aprecian dos torres en los extremos conectadas por una zona techada que es algo más baja. Es una paridera alargada que se estrecha en el centro y se redondea significativamente en sus dos cabeceras.

Su relevancia etnográfica es tal que ha sido catalogado como un bien de gran valor dentro del patrimonio de la zona Diputación de Palencia Este diseño es extremadamente raro, ya que la mayoría de los chozos palentinos suelen ser construcciones aisladas. La vista desde el este revela una estructura esmerada que comunica visualmente la complejidad de su interior. Representa una evolución local de técnicas constructivas que podrían remontarse a tiempos prehistóricos muy remotos.

Para el observador curioso, cada parte de la construcción de Cevico de la Torre evoca una extremidad del mítico animal. La puerta de entrada, inusualmente alta, se interpreta como la boca abierta de esta fabulosa criatura pétrea. El corredor que une ambas cámaras representa un cuello fuerte y robusto que sostiene la estructura del edificio.

El chozo principal o cámara más interna se identifica con el cuerpo del animal, donde se refugiaba la vida. Las piedras calizas sin escuadrar, colocadas con maestría, asemejan las grandes escamas que protegen al dragón. Es una metáfora visual que convierte una simple herramienta de trabajo en una joya de la arquitectura popular.

Ninguna otra construcción en las comarcas limítrofes presenta este aspecto tan característico y sorprendente. Se trata de un ejemplo sublime de cómo el ser humano integra su necesidad de abrigo con la imaginación. La técnica empleada para levantar este coloso es la piedra seca, sin ningún tipo de argamasa o cemento.

Los pastores utilizaban piedras calizas del páramo, colocándolas en hiladas que se iban cerrando en altura. Este sistema constructivo genera una falsa cúpula o bóveda por aproximación, requiriendo gran pericia técnica. Las piedras de la base son de mayor tamaño para garantizar la estabilidad y contundencia del edificio.

El cerramiento superior solía culminar con una piedra-laja que podía moverse para facilitar la salida de humos. El uso de grandes lajas de piedra es fundamental para cubrir los vanos y el corredor central del conjunto. Todo el material pétreo se extraía del entorno inmediato, fundiendo la obra con la geología del paisaje.

Es una arquitectura sostenible que ha resistido el paso de los siglos gracias al equilibrio de sus fuerzas. Durante décadas, estos corrales cumplieron la función vital de dar cobijo al ganado y a los pastores. El chozo doble podía albergar un rebaño entero de hasta doscientas cabezas, especialmente tras el esquileo.

Mientras las ovejas descansaban protegidas, los pastores pernoctaban en el habitáculo más pequeño para vigilarlas. Esta protección era fundamental frente a las duras condiciones climáticas del páramo y posibles depredadores. El conjunto se dividía funcionalmente en tres apartados para organizar a los animales de forma cómoda.

Se utilizaban estos espacios para apartar a las ovejas paridas o aquellas que estaban próximas a dar a luz. El abono generado en el interior era un recurso muy preciado para enriquecer las tierras de labor cercanas. Era un ecosistema humano y animal perfectamente adaptado a los ciclos estacionales de la región del Cerrato.

Tradiciones megalíticas El interior del Dragón sorprende por su luminosidad y por la altura de sus techos, que permiten caminar sin agacharse. Presenta una puerta muy original con un falso arco de aproximación de hiladas cerrado por una gran piedra. Sobre la entrada se ubica una ventana rectangular que ilumina el primer espacio circular del edificio.

Un pasillo de unos siete metros de profundidad conduce a la cámara interna, que alcanza los tres metros. El techo de este corredor está formado por espectaculares piedras-laja colocadas a una altura descendente. Existen otras ventanas pequeñas que aseguran la ventilación, algo poco común en estas construcciones tradicionales.

Este diseño permitía una circulación de aire constante, evitando la acumulación de humedad en el recinto. El contexto histórico del complejo se vincula a las antiguas tradiciones de la Cañada Real Burgalesa. Ya en el siglo XVIII, documentos como el Catastro de Ensenada registraban la existencia de estas corralizas.

Su estructura guarda una asombrosa similitud con complejos prehistóricos mediterráneos como las Nuragas o los Talayotes. Algunos investigadores sugieren que podría ser un reflejo de tradiciones megalíticas que han perdurado en el tiempo. Los pastores de Cevico la Torre cuidaron estas construcciones generación tras generación con gran esmero y dedicación.

El uso de estas cabañas se regía por periodos anuales, frecuentemente de la festividad de San Pedro a San Pedro. Estas prácticas ancestrales permitieron la conservación de un legado que hoy es testimonio de la identidad castellana. Es un patrimonio que conecta el presente con las primeras bóvedas registradas en la cultura mesopotámica.

Etiquetas / SPIN / Palencia / Patrimonio / Historia / Arquitectura El nombre de estas cabañas palentinas, que daban cobijo a ganado y pastores, alude a la forma de dragón que tienen al estar unidas por un pasillo La comarca del Cerrato aún conserva una singular construcción, ubicada en el término municipal de Cevico de la Torre y cuya disposición externa es la que otorga al conjunto su sugerente y místico nombre — Hechas con piedra y techo de paja, estas originales construcciones servían de refugio para ganaderos y pastores — Para llegar hasta este pueblo esloveno de pastores con casas de madera y 500 hectáreas de prado lo mejor es hacerlo en teleférico Los pastores utilizaban piedras calizas del páramo, colocándolas en hiladas que se iban cerrando en altura Alberto Gómez 18 de agosto de 2026 12:01 h 0 En el páramo de Capaperros, dentro de la comarca del Cerrato palentino, existe un monumento pastoral conocido popularmente como los Corrales del Dragón. Esta singular construcción se ubica en el término municipal de Cevico de la Torre, muy cerca de la Cañada Real Burgalesa. Se trata de un conjunto arquitectónico único en su tipo, conformado por tres corralizas en forma de L y tres cabañas circulares.

Su relevancia etnográfica es tal que ha sido catalogado como un bien de gran valor dentro del patrimonio de la zona. Los pastores de la región lo han mantenido vivo en la memoria colectiva como un testigo mudo de su oficio ancestral. Su silueta sigue dominando el paisaje del páramo de Palencia, con una estructura que destaca por su monumentalidad y por la peculiaridad de su diseño y que rompe con la sencillez habitual.

Es un legado de piedra que narra la historia de una tierra vinculada estrechamente al pastoreo y la naturaleza. La gran originalidad de este complejo radica en la unión de dos chozos circulares mediante un pasillo corredor central. Esta disposición externa es la que otorga al conjunto su sugerente y místico nombre de Dragón de piedra.

Desde la distancia, la construcción parece una criatura fantástica agazapada en el terreno, esperando a su presa. Exteriormente, se aprecian dos torres en los extremos conectadas por una zona techada que es algo más baja. Es una paridera alargada que se estrecha en el centro y se redondea significativamente en sus dos cabeceras.

Su relevancia etnográfica es tal que ha sido catalogado como un bien de gran valor dentro del patrimonio de la zona Diputación de Palencia Este diseño es extremadamente raro, ya que la mayoría de los chozos palentinos suelen ser construcciones aisladas. La vista desde el este revela una estructura esmerada que comunica visualmente la complejidad de su interior. Representa una evolución local de técnicas constructivas que podrían remontarse a tiempos prehistóricos muy remotos.

Para el observador curioso, cada parte de la construcción de Cevico de la Torre evoca una extremidad del mítico animal. La puerta de entrada, inusualmente alta, se interpreta como la boca abierta de esta fabulosa criatura pétrea. El corredor que une ambas cámaras representa un cuello fuerte y robusto que sostiene la estructura del edificio.

El chozo principal o cámara más interna se identifica con el cuerpo del animal, donde se refugiaba la vida. Las piedras calizas sin escuadrar, colocadas con maestría, asemejan las grandes escamas que protegen al dragón. Es una metáfora visual que convierte una simple herramienta de trabajo en una joya de la arquitectura popular.

Ninguna otra construcción en las comarcas limítrofes presenta este aspecto tan característico y sorprendente. Se trata de un ejemplo sublime de cómo el ser humano integra su necesidad de abrigo con la imaginación. La técnica empleada para levantar este coloso es la piedra seca, sin ningún tipo de argamasa o cemento.

Los pastores utilizaban piedras calizas del páramo, colocándolas en hiladas que se iban cerrando en altura. Este sistema constructivo genera una falsa cúpula o bóveda por aproximación, requiriendo gran pericia técnica. Las piedras de la base son de mayor tamaño para garantizar la estabilidad y contundencia del edificio.

El cerramiento superior solía culminar con una piedra-laja que podía moverse para facilitar la salida de humos. El uso de grandes lajas de piedra es fundamental para cubrir los vanos y el corredor central del conjunto. Todo el material pétreo se extraía del entorno inmediato, fundiendo la obra con la geología del paisaje.

Es una arquitectura sostenible que ha resistido el paso de los siglos gracias al equilibrio de sus fuerzas. Durante décadas, estos corrales cumplieron la función vital de dar cobijo al ganado y a los pastores. El chozo doble podía albergar un rebaño entero de hasta doscientas cabezas, especialmente tras el esquileo.

Mientras las ovejas descansaban protegidas, los pastores pernoctaban en el habitáculo más pequeño para vigilarlas. Esta protección era fundamental frente a las duras condiciones climáticas del páramo y posibles depredadores. El conjunto se dividía funcionalmente en tres apartados para organizar a los animales de forma cómoda.

Se utilizaban estos espacios para apartar a las ovejas paridas o aquellas que estaban próximas a dar a luz. El abono generado en el interior era un recurso muy preciado para enriquecer las tierras de labor cercanas. Era un ecosistema humano y animal perfectamente adaptado a los ciclos estacionales de la región del Cerrato.

Tradiciones megalíticas El interior del Dragón sorprende por su luminosidad y por la altura de sus techos, que permiten caminar sin agacharse. Presenta una puerta muy original con un falso arco de aproximación de hiladas cerrado por una gran piedra. Sobre la entrada se ubica una ventana rectangular que ilumina el primer espacio circular del edificio.

Un pasillo de unos siete metros de profundidad conduce a la cámara interna, que alcanza los tres metros. El techo de este corredor está formado por espectaculares piedras-laja colocadas a una altura descendente. Existen otras ventanas pequeñas que aseguran la ventilación, algo poco común en estas construcciones tradicionales.

Este diseño permitía una circulación de aire constante, evitando la acumulación de humedad en el recinto. El contexto histórico del complejo se vincula a las antiguas tradiciones de la Cañada Real Burgalesa. Ya en el siglo XVIII, documentos como el Catastro de Ensenada registraban la existencia de estas corralizas.

Su estructura guarda una asombrosa similitud con complejos prehistóricos mediterráneos como las Nuragas o los Talayotes. Algunos investigadores sugieren que podría ser un reflejo de tradiciones megalíticas que han perdurado en el tiempo. Los pastores de Cevico la Torre cuidaron estas construcciones generación tras generación con gran esmero y dedicación.

El uso de estas cabañas se regía por periodos anuales, frecuentemente de la festividad de San Pedro a San Pedro. Estas prácticas ancestrales permitieron la conservación de un legado que hoy es testimonio de la identidad castellana. Es un patrimonio que conecta el presente con las primeras bóvedas registradas en la cultura mesopotámica.

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Publicado por Redacción · martes, 18 de agosto de 2026

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