Ceuta: por qué Marlaska pide a Frontex ahora lo que rechazó hace tres semanas
El Gobierno pidió el 28 de agosto a la Comisión Europea el apoyo de Frontex y Europol para "identificar y clasificar" a los migrantes que aún quedan en Ceuta, un mes después de la entrada masiva del 30 de julio. Ese mismo día, la ministra de Migraciones, Elma Saiz, anunció ante el Congreso que el crédito para la atención humanitaria sube hasta 44,51 millones de euros. Dos gestos, un solo día. La pregunta de siempre: ¿a quién benefician?
Vayamos a los hechos, que son tozudos. La noche del 30 al 31 de julio se produjo el pico: el Ministerio del Interior llegó a hablar de hasta 50.000 entradas en una sola noche por el espigón del Tarajal, y a 4 de agosto cifró en 72.000 las personas que habían accedido irregularmente en los últimos días del mes. La inmensa mayoría —unas 70.000, según el propio Interior— fueron devueltas a Marruecos en cuestión de días. El Gobierno reconoció un "baile de cifras" entre quienes entraron y quienes salieron, así que conviene tratar esos números como lo que son: estimaciones oficiales en caliente, no verdades grabadas en piedra.
Lo verificado es esto. Lo que sigue es análisis.
El calendario que no cuadra
El dato que más chirría no es cuántos entraron, sino cuándo se pide ayuda. Según ha publicado El Español, en la primera quincena de agosto Interior rechazó hasta en dos ocasiones el despliegue de Frontex que ofrecía Bruselas, por considerar que no era una medida "práctica". El 24 de agosto el Gobierno solicitó ayuda de emergencia europea por más de 32 millones. Y el 28 de agosto —casi un mes después del pico— Marlaska firma por fin la carta pidiendo agentes.
¿Qué se soluciona pidiendo Frontex ahora que no se pudiera pedir el 1 de agosto, cuando el problema era más agudo? Materialmente, poco: los diez agentes que se reclaman llegarían a una situación ya estabilizada, con el grueso de las devoluciones hecho. El gesto, en cambio, sí cambia de significado según el momento. Rechazar la ayuda europea en pleno pico permite exhibir gestión propia; pedirla tres semanas después, con las cámaras aún encendidas, permite exhibir cooperación europea sin admitir que la primera respuesta se quedó corta. El migrante varado no gana un día por ese calendario. El relato, sí.
"Triaje": abramos el papel de regalo
La palabra clave de la carta es triaje. Marlaska pide diez agentes de Frontex para "identificar y clasificar" a los migrantes; la asistencia de la Agencia de Asilo (EUAA) para entrevistas e intérpretes; el mantenimiento del buque Duque de Ahumada en aguas españolas durante 2027; la vigilancia satelital de EUROSUR, y más cooperación con Europol contra las redes de tráfico. En concreto, el "triaje" consiste, según la propia petición, en determinar si las personas tienen necesidades médicas, son realmente solicitantes de asilo o requieren protección específica.
Hasta aquí, un procedimiento razonable: alguien tiene que averiguar quién es quién. Pero el término no es neutro. Triaje viene de la medicina de catástrofes y de la logística; clasificar es lo que se hace con la mercancía en un puerto. Nombrar a un grupo de personas como una cola que se "clasifica" no describe una realidad, la ordena: convierte un derecho —el de pedir asilo, individual y examinable— en una operación de cribado por lotes. No se trata de indignarse de oficio ni de aplaudir la firmeza. Se trata de ver qué hace el eufemismo: rebaja la temperatura política de una decisión sensible y la disfraza de trámite técnico. Quien controla la palabra, controla el marco.
La cifra, sin envolver
44,51 millones suena a mucho, y por eso conviene desmontarlo antes de darlo por bueno. La partida arrancó el 3 de agosto con una declaración de emergencia de unos 6,5 millones y se ha ido ampliando hasta ese máximo. La ejecuta principalmente Cruz Roja, que hasta el 27 de agosto había repartido 93.650 kits de alimentación, prestado 6.687 atenciones sanitarias y realizado 256 traslados hospitalarios, según los datos que la propia ministra llevó al Congreso. El CETI de Ceuta pasó de 512 a 1.105 plazas y se habilitaron cuatro emplazamientos nuevos con 1.500 plazas iniciales.
La tentación es dividir 44,51 millones entre las personas y sacar un titular. No lo haga, porque miente. Repartido entre los 72.000 que transitaron saldría a unos 618 euros por cabeza; pero la mayoría se marchó en días, así que ese gasto se concentra en realidad en los pocos miles que se quedan —solicitantes de asilo, menores y casos médicos—, para quienes la factura por persona es mucho mayor. Ni una cifra ni la otra sirven de titular honesto: es un crédito acumulado para un episodio entero, no un cheque por migrante. Lo relevante no es el número redondo, sino quién fiscaliza que esos millones lleguen al plato y a la cama, y no se queden por el camino.
Externalizar el cribado
Queda la pregunta de fondo. Identificar a quien pisa suelo español es una competencia nacional. Pedir a Frontex y a Europol que hagan el "triaje" puede leerse como cooperación europea real —más manos, más medios— o como un descargo de responsabilidad: si la clasificación la firma una agencia de Bruselas, el coste político de cada decisión se reparte. Las dos lecturas caben en la misma carta. Distinguirlas exige mirar, dentro de unos meses, quién tomó de verdad las decisiones sobre cada persona: si un funcionario español o un protocolo europeo aplicado a distancia por intérpretes "telemáticos", como reconoce la propia petición por falta de espacio.
Qué mirar a partir de ahora
Dos cosas, y ninguna es un titular de hoy. Primera: si Bruselas acepta la petición, cuántos de esos diez agentes llegan realmente y qué hacen —porque una carta no es un despliegue. Segunda: la ejecución de los 44,51 millones, euro a euro, cuando pasen los focos. El ciudadano de a pie, el ceutí que ha visto su ciudad desbordada y el contribuyente que paga la factura, no necesita saber quién ganó el relato de agosto. Necesita saber si, cuando nadie mire, el triaje sigue siendo una palabra técnica o se convierte en una forma elegante de decidir a quién se escucha y a quién no.
Carmen Vega | Madrid