Los tenderos de Ceuta que resisten ante una muchedumbre hambrienta
Son pocos los que, tras la ola migratoria que ha invadido Ceuta, se atreven a abrir sus comercios. La ciudad es casi fantasma en muchos aspectos, pues apenas hay vecinos y prácticamente todas la persi
Los tenderos de Ceuta que resisten ante una muchedumbre hambrienta En la ciudad autónoma, casi todos los comercios y supermercados tienen las persianas echadas. Apenas pocas tiendas se atreven a mantenerse abiertas mientras temen que con la llegada de la noche comiencen los saqueos Escucha el artículo. 1 min Escucha el artículo. 1 min Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen del exterior de una de las pocas tiendas abiertas en la ciudad autónoma. (Natalia Loizaga) Natalia Loizaga Ceuta 31/07/2026 Actualizado a las 17:52h. Son pocos los que, tras la ola migratoria que ha invadido Ceuta, se atreven a abrir sus comercios.
La ciudad es casi fantasma en muchos aspectos, pues apenas hay vecinos y prácticamente todas la persianas están bajadas. Conseguir comida y agua es tarea compleja. Pero ... en medio de la suerte de desierto en la que se ha convertido la ciudad han aparecido quienes quieren ayudar a los que claman tener hambre y sed.
Una mujer, la encargada de una tienda alimentación, trata de repartir pan entre algunos congregados frente a su tienda, pero cada vez son más y ella rompe a llorar porque le rompen la persiana y salen corriendo con el susto en el cuerpo para luego volver. Así que, desesperada, sale de bajo la pequeña rendija abierta de la tienda con una tabla de madera y trata de ahuyentar a los congregados. En el suelo, llora cuando un segurata del aparcamiento frente a su establecimiento acude a prestarle socorro.
Noticia relacionada Los testimonios de los llegados Los magrebíes que cruzaron «sin problemas»: «Habían posteado que España no nos devuelve» Natalia Loizaga Y en otra de las tiendas la situación se repite. Es, si no el único, casi el único comercio en el que uno puede hacerse con provisiones para pasar el día, la noche.
Así que se forman colas y cada pocos minutos quienes han organizado el reparto tienen que salir con palos o lo que encuentran en su mano a disuadir a una muchedumbre hambrienta. A Ceuta llegan con lo puesto, refugiados en promesas de que en ella encontrarán algo de comer o beber tras una cansada travesía a nado. Y si ya la ropa húmeda incomoda, más lo hace la sensación de no sacar un hambre voraz, que genera puntos de tensión en la ciudad.
Los inmigrantes también rodean supermercados desde primera hora de la mañana aunque ni siquiera saben si abrirán. Se sientan frente a ellos, aprovechan las pocas sombras que encuentran. Mientras, los pocos vecinos que salen a la calle se preguntan qué harán ellos, hasta cuándo durará la situación y, quienes tienen una familia que mantener, qué darán de comer a sus hijos esta noche.
Temas Marruecos España Ceuta UH ABC comentarios Reportar un error Los tenderos de Ceuta que resisten ante una muchedumbre hambrienta En la ciudad autónoma, casi todos los comercios y supermercados tienen las persianas echadas. Apenas pocas tiendas se atreven a mantenerse abiertas mientras temen que con la llegada de la noche comiencen los saqueos Escucha el artículo. 1 min Escucha el artículo. 1 min Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen del exterior de una de las pocas tiendas abiertas en la ciudad autónoma. (Natalia Loizaga) Natalia Loizaga Ceuta 31/07/2026 Actualizado a las 17:52h. Son pocos los que, tras la ola migratoria que ha invadido Ceuta, se atreven a abrir sus comercios.
La ciudad es casi fantasma en muchos aspectos, pues apenas hay vecinos y prácticamente todas la persianas están bajadas. Conseguir comida y agua es tarea compleja. Pero ... en medio de la suerte de desierto en la que se ha convertido la ciudad han aparecido quienes quieren ayudar a los que claman tener hambre y sed.
Una mujer, la encargada de una tienda alimentación, trata de repartir pan entre algunos congregados frente a su tienda, pero cada vez son más y ella rompe a llorar porque le rompen la persiana y salen corriendo con el susto en el cuerpo para luego volver. Así que, desesperada, sale de bajo la pequeña rendija abierta de la tienda con una tabla de madera y trata de ahuyentar a los congregados. En el suelo, llora cuando un segurata del aparcamiento frente a su establecimiento acude a prestarle socorro.
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Así que se forman colas y cada pocos minutos quienes han organizado el reparto tienen que salir con palos o lo que encuentran en su mano a disuadir a una muchedumbre hambrienta. A Ceuta llegan con lo puesto, refugiados en promesas de que en ella encontrarán algo de comer o beber tras una cansada travesía a nado. Y si ya la ropa húmeda incomoda, más lo hace la sensación de no sacar un hambre voraz, que genera puntos de tensión en la ciudad.
Los inmigrantes también rodean supermercados desde primera hora de la mañana aunque ni siquiera saben si abrirán. Se sientan frente a ellos, aprovechan las pocas sombras que encuentran. Mientras, los pocos vecinos que salen a la calle se preguntan qué harán ellos, hasta cuándo durará la situación y, quienes tienen una familia que mantener, qué darán de comer a sus hijos esta noche.
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