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Internacional
martes, 18 de agosto de 2026

Muere Benjamín Romeo, uno de los grandes nombres del Rioja contemporáneo

Benjamín Romeo pertenecía a esa generación de elaboradores que cambió el vino español sin necesidad de alejarse de casa. En su caso, sin salir de San Vicente de la Sonsierra . Allí había nacido, estab

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Muere Benjamín Romeo, uno de los grandes nombres del Rioja contemporáneo Enólogo, viticultor y fundador de Bodega Contador, ha fallecido a los 61 años en Bilbao Regala esta noticia Añádenos en Google Benjamín Romeo. Pilar Cavero MADRID 18/08/2026 a las 11:08h. Benjamín Romeo pertenecía a esa generación de elaboradores que cambió el vino español sin necesidad de alejarse de casa.

En su caso, sin salir de San Vicente de la Sonsierra. Allí había nacido, estaban las viñas de su familia, comenzó a hacer sus ... propios vinos en una cueva excavada bajo el castillo y construyó después una de las bodegas que mejor representan la renovación del Rioja contemporáneo. El enólogo y viticultor, fundador de Bodega Contador, falleció este lunes 17 de agosto a los 61 años después de una larga enfermedad.

Cuarta generación de viticultores, Romeo conocía desde pequeño las viñas de San Vicente. Fue el primero de su familia que transformó aquel vínculo con el campo en un proyecto vinícola propio. Antes había pasado una etapa fundamental en Artadi, donde trabajó como enólogo entre mediados de los años ochenta y principios de siglo, junto a Juan Carlos López de Lacalle.

Fueron años decisivos para Rioja: comenzaba a abrirse camino una generación que miraba cada vez más al origen de la uva, a las parcelas y a las diferencias entre pueblos y viñedos, frente a una clasificación basada fundamentalmente en los tiempos de crianza. Romeo participó en la elaboración de vinos como Grandes Añadas o Viña El Pisón, que acabarían siendo referencias de aquella transformación. Mientras todavía trabajaba en Artadi comenzó a emprender, poco a poco, su propio destino.

En 1995 compró una cueva centenaria excavada en la roca bajo el castillo de San Vicente de la Sonsierra. Un año después salió de allí la primera cosecha de La Cueva del Contador. El nombre procedía del lugar de la cueva donde antiguamente se anotaba lo que entraba y salía; además, sobre ella estaba el reloj del castillo, otro particular «contador» del tiempo.

Aquellos primeros años tuvieron bastante más de paciencia que de infraestructura. Romeo fue comprando pequeñas viñas que le interesaban por su edad, suelo, orientación o ubicación y realizando vinificaciones diminutas. En 1999 elaboró por primera vez Contador.

Un año después dejó definitivamente Artadi para concentrarse en su proyecto. La siguiente bodega fue el garaje de la casa de sus padres. En 2001 lo acondicionó para poder aumentar la producción.

El lugar apenas tenía 200 metros cuadrados y conservaba incluso una vieja canasta de baloncesto entre depósitos, herramientas y cajas. Allí se elaboraron precisamente los dos vinos que cambiarían su carrera. Contador 2004 recibió 100 puntos Parker y la añada 2005 repitió la puntuación perfecta.

La historia tenía todos los ingredientes para viajar: un elaborador prácticamente desconocido fuera de los círculos especializados, un pueblo riojano, pequeñas viñas y uno de los vinos mejor puntuados del mundo saliendo del garaje familiar. La prensa internacional se fijó inmediatamente en él y las botellas de Contador comenzaron a aparecer en algunos de los mercados y restaurantes más importantes. The Wine Advocate destacó el carácter singular de sus vinos y la crítica estadounidense comenzó a situar a Romeo entre los productores españoles de referencia.

Contador también fue seguido regularmente por publicaciones y críticos como Wine Spectator, Vinous, Jancis Robinson o, posteriormente, Tim Atkin. Los 100 puntos llegaron además en un momento especialmente favorable para el vino español. Durante los primeros años del siglo XXI, nombres como Pingus, L'Ermita, Artadi o Contador demostraban fuera de España que era posible competir en el segmento de los grandes vinos internacionales sin imitar necesariamente los modelos históricos franceses.

Romeo aportaba una interpretación muy personal de Rioja: vinos concentrados y ambiciosos, con una selección extrema de la uva y una atención casi obsesiva a cada detalle. La construcción de su actual bodega fue la consecuencia lógica del crecimiento. Romeo participó en su diseño junto al arquitecto Héctor Herrera entre 2004 y 2006 y el edificio abrió sus puertas en junio de 2008.

Situado entre los viñedos de San Vicente, se organizó en tres terrazas que permitían trabajar por gravedad y seguían el desnivel natural del terreno. No buscaba una arquitectura monumental: quería una herramienta de trabajo. Con el tiempo fue reuniendo un extraordinario mosaico de pequeñas parcelas alrededor del pueblo.

En los últimos años trabajaba alrededor de 55 hectáreas distribuidas en unas 75 parcelas, cada una con diferentes altitudes, exposiciones, suelos y edades. Esa fragmentación, que podía parecer un inconveniente, se convirtió en uno de los fundamentos de su manera de entender Rioja. Romeo supervisaba personalmente prácticamente todo.

Desde la poda y la selección de las uvas hasta la elección de los robles, los corchos o las etiquetas. Llegaba incluso a seleccionar los alcornoques destinados a producir los tapones de sus botellas. La producción creció, pero nunca quiso convertir Contador en una gran bodega industrial.

En 2026 rondaba las 200.000 botellas anuales y una parte muy importante viajaba al extranjero. Estados Unidos fue durante años uno de sus grandes mercados y, más recientemente, China, Brasil y otros destinos internacionales ampliaron la presencia de la casa. Alrededor de Contador fue apareciendo una familia de vinos que permitía conocer distintas caras de su trabajo.

La Cueva del Contador permaneció como uno de los grandes tintos de la casa; Predicador permitió llegar a un público más amplio; Qué Bonito Cacareaba fue un hito blanco en una tierra hasta entonces de tintos; y La Viña de Andrés Romeo llevó el nombre de su padre. Después llegaron vinos de parcela y pequeñas elaboraciones en las que volvió a llevar al extremo aquella curiosidad por las diferencias entre viñedos. Entre ellos, otro proyecto de especial significado personal.

Alma, bautizado con el nombre de su hija y concebido también a partir de una idea de su hijo Andrés, nació del ensamblaje de tres parcelas de San Vicente situadas a distintas altitudes. Con él quiso buscar una expresión algo más delicada de sus vinos y consiguió entrar en uno de los canales comerciales más exclusivos del mundo: La Place de Bordeaux. La primera añada, 2020, comenzó a comercializarse allí en 2023, convirtiendo a Contador en una de las escasas bodegas españolas presentes en la histórica red de négociants bordeleses.

En 2011 impulsó La III Estación, un wine bar instalado en una antigua casa de piedra de San Vicente de la Sonsierra. El lugar tenía además un significado particular: estaba relacionado con aquellos espacios familiares donde había elaborado durante sus primeros años. Romeo no quiso convertirlo simplemente en un escaparate para vender Contador.

Lo utilizó como lugar de encuentro. Por La III Estación pasaron algunos de los nombres fundamentales del vino español. Allí organizó catas de añadas históricas y encuentros dedicados a CVNE, Muga, Telmo Rodríguez, Clos Erasmus, Pingus o Vega Sicilia, normalmente con grupos reducidos que terminaban alrededor de una mesa.

La intención era sencilla y poco habitual entonces en un pequeño pueblo riojano: hacer de San Vicente un lugar al que hubiera que ir para hablar, probar y aprender de vino. El bar terminó siendo también la prolongación natural de las visitas a la bodega. Romeo prefería vender allí sus botellas, a precios razonables y por unidades, antes que instalar una tienda convencional dentro de Contador.

La III Estación contribuyó además a algo que hoy parece evidente pero que hace quince años lo era bastante menos: convertir un pueblo productor en un destino vinícola por sí mismo. San Vicente de la Sonsierra ocupa hoy un lugar privilegiado en el mapa internacional de Rioja. Allí trabajan, además de Contador, productores que han convertido sus parcelas y su paisaje en una de las zonas más observadas de la denominación.

Romeo tuvo mucho que ver con esa notoriedad. Su éxito demostró que desde unas pocas hectáreas, trabajando por parcelas y poniendo el nombre del elaborador y del lugar por delante de una gran estructura empresarial, se podía llegar al mercado mundial. Benjamín Romeo alcanzó el reconocimiento internacional en los años en los que el vino español buscaba una nueva identidad y ayudó a demostrar que Rioja podía hablar otro lenguaje.

Siempre estaremos agradecidos por ello. comentarios Reportar un error Muere Benjamín Romeo, uno de los grandes nombres del Rioja contemporáneo Enólogo, viticultor y fundador de Bodega Contador, ha fallecido a los 61 años en Bilbao Regala esta noticia Añádenos en Google Benjamín Romeo. Pilar Cavero MADRID 18/08/2026 a las 11:08h. Benjamín Romeo pertenecía a esa generación de elaboradores que cambió el vino español sin necesidad de alejarse de casa.

En su caso, sin salir de San Vicente de la Sonsierra. Allí había nacido, estaban las viñas de su familia, comenzó a hacer sus ... propios vinos en una cueva excavada bajo el castillo y construyó después una de las bodegas que mejor representan la renovación del Rioja contemporáneo. El enólogo y viticultor, fundador de Bodega Contador, falleció este lunes 17 de agosto a los 61 años después de una larga enfermedad.

Cuarta generación de viticultores, Romeo conocía desde pequeño las viñas de San Vicente. Fue el primero de su familia que transformó aquel vínculo con el campo en un proyecto vinícola propio. Antes había pasado una etapa fundamental en Artadi, donde trabajó como enólogo entre mediados de los años ochenta y principios de siglo, junto a Juan Carlos López de Lacalle.

Fueron años decisivos para Rioja: comenzaba a abrirse camino una generación que miraba cada vez más al origen de la uva, a las parcelas y a las diferencias entre pueblos y viñedos, frente a una clasificación basada fundamentalmente en los tiempos de crianza. Romeo participó en la elaboración de vinos como Grandes Añadas o Viña El Pisón, que acabarían siendo referencias de aquella transformación. Mientras todavía trabajaba en Artadi comenzó a emprender, poco a poco, su propio destino.

En 1995 compró una cueva centenaria excavada en la roca bajo el castillo de San Vicente de la Sonsierra. Un año después salió de allí la primera cosecha de La Cueva del Contador. El nombre procedía del lugar de la cueva donde antiguamente se anotaba lo que entraba y salía; además, sobre ella estaba el reloj del castillo, otro particular «contador» del tiempo.

Aquellos primeros años tuvieron bastante más de paciencia que de infraestructura. Romeo fue comprando pequeñas viñas que le interesaban por su edad, suelo, orientación o ubicación y realizando vinificaciones diminutas. En 1999 elaboró por primera vez Contador.

Un año después dejó definitivamente Artadi para concentrarse en su proyecto. La siguiente bodega fue el garaje de la casa de sus padres. En 2001 lo acondicionó para poder aumentar la producción.

El lugar apenas tenía 200 metros cuadrados y conservaba incluso una vieja canasta de baloncesto entre depósitos, herramientas y cajas. Allí se elaboraron precisamente los dos vinos que cambiarían su carrera. Contador 2004 recibió 100 puntos Parker y la añada 2005 repitió la puntuación perfecta.

La historia tenía todos los ingredientes para viajar: un elaborador prácticamente desconocido fuera de los círculos especializados, un pueblo riojano, pequeñas viñas y uno de los vinos mejor puntuados del mundo saliendo del garaje familiar. La prensa internacional se fijó inmediatamente en él y las botellas de Contador comenzaron a aparecer en algunos de los mercados y restaurantes más importantes. The Wine Advocate destacó el carácter singular de sus vinos y la crítica estadounidense comenzó a situar a Romeo entre los productores españoles de referencia.

Contador también fue seguido regularmente por publicaciones y críticos como Wine Spectator, Vinous, Jancis Robinson o, posteriormente, Tim Atkin. Los 100 puntos llegaron además en un momento especialmente favorable para el vino español. Durante los primeros años del siglo XXI, nombres como Pingus, L'Ermita, Artadi o Contador demostraban fuera de España que era posible competir en el segmento de los grandes vinos internacionales sin imitar necesariamente los modelos históricos franceses.

Romeo aportaba una interpretación muy personal de Rioja: vinos concentrados y ambiciosos, con una selección extrema de la uva y una atención casi obsesiva a cada detalle. La construcción de su actual bodega fue la consecuencia lógica del crecimiento. Romeo participó en su diseño junto al arquitecto Héctor Herrera entre 2004 y 2006 y el edificio abrió sus puertas en junio de 2008.

Situado entre los viñedos de San Vicente, se organizó en tres terrazas que permitían trabajar por gravedad y seguían el desnivel natural del terreno. No buscaba una arquitectura monumental: quería una herramienta de trabajo. Con el tiempo fue reuniendo un extraordinario mosaico de pequeñas parcelas alrededor del pueblo.

En los últimos años trabajaba alrededor de 55 hectáreas distribuidas en unas 75 parcelas, cada una con diferentes altitudes, exposiciones, suelos y edades. Esa fragmentación, que podía parecer un inconveniente, se convirtió en uno de los fundamentos de su manera de entender Rioja. Romeo supervisaba personalmente prácticamente todo.

Desde la poda y la selección de las uvas hasta la elección de los robles, los corchos o las etiquetas. Llegaba incluso a seleccionar los alcornoques destinados a producir los tapones de sus botellas. La producción creció, pero nunca quiso convertir Contador en una gran bodega industrial.

En 2026 rondaba las 200.000 botellas anuales y una parte muy importante viajaba al extranjero. Estados Unidos fue durante años uno de sus grandes mercados y, más recientemente, China, Brasil y otros destinos internacionales ampliaron la presencia de la casa. Alrededor de Contador fue apareciendo una familia de vinos que permitía conocer distintas caras de su trabajo.

La Cueva del Contador permaneció como uno de los grandes tintos de la casa; Predicador permitió llegar a un público más amplio; Qué Bonito Cacareaba fue un hito blanco en una tierra hasta entonces de tintos; y La Viña de Andrés Romeo llevó el nombre de su padre. Después llegaron vinos de parcela y pequeñas elaboraciones en las que volvió a llevar al extremo aquella curiosidad por las diferencias entre viñedos. Entre ellos, otro proyecto de especial significado personal.

Alma, bautizado con el nombre de su hija y concebido también a partir de una idea de su hijo Andrés, nació del ensamblaje de tres parcelas de San Vicente situadas a distintas altitudes. Con él quiso buscar una expresión algo más delicada de sus vinos y consiguió entrar en uno de los canales comerciales más exclusivos del mundo: La Place de Bordeaux. La primera añada, 2020, comenzó a comercializarse allí en 2023, convirtiendo a Contador en una de las escasas bodegas españolas presentes en la histórica red de négociants bordeleses.

En 2011 impulsó La III Estación, un wine bar instalado en una antigua casa de piedra de San Vicente de la Sonsierra. El lugar tenía además un significado particular: estaba relacionado con aquellos espacios familiares donde había elaborado durante sus primeros años. Romeo no quiso convertirlo simplemente en un escaparate para vender Contador.

Lo utilizó como lugar de encuentro. Por La III Estación pasaron algunos de los nombres fundamentales del vino español. Allí organizó catas de añadas históricas y encuentros dedicados a CVNE, Muga, Telmo Rodríguez, Clos Erasmus, Pingus o Vega Sicilia, normalmente con grupos reducidos que terminaban alrededor de una mesa.

La intención era sencilla y poco habitual entonces en un pequeño pueblo riojano: hacer de San Vicente un lugar al que hubiera que ir para hablar, probar y aprender de vino. El bar terminó siendo también la prolongación natural de las visitas a la bodega. Romeo prefería vender allí sus botellas, a precios razonables y por unidades, antes que instalar una tienda convencional dentro de Contador.

La III Estación contribuyó además a algo que hoy parece evidente pero que hace quince años lo era bastante menos: convertir un pueblo productor en un destino vinícola por sí mismo. San Vicente de la Sonsierra ocupa hoy un lugar privilegiado en el mapa internacional de Rioja. Allí trabajan, además de Contador, productores que han convertido sus parcelas y su paisaje en una de las zonas más observadas de la denominación.

Romeo tuvo mucho que ver con esa notoriedad. Su éxito demostró que desde unas pocas hectáreas, trabajando por parcelas y poniendo el nombre del elaborador y del lugar por delante de una gran estructura empresarial, se podía llegar al mercado mundial. Benjamín Romeo alcanzó el reconocimiento internacional en los años en los que el vino español buscaba una nueva identidad y ayudó a demostrar que Rioja podía hablar otro lenguaje.

Siempre estaremos agradecidos por ello. comentarios Reportar un error Navegación, música y manos libres del móvil en la misma pantalla para modernizar el coche Alejandra Santisteban Guiu Marta González, monja de clausura: «Salgo del convento dos veces a la semana, pero con permiso» Borja Sánchez Jorge Fernández: «Crecí en un pueblo que era la cuna de ETA. Como vivía allí, lo normalizaba»

María Albert

Publicado por Redacción · martes, 18 de agosto de 2026

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