Salmones 'colocados' con cocaína y helechos hasta arriba de cafeína: la resaca que paga la naturaleza
Un grupo de jóvenes salmones atraviesa las frías aguas del lago Vättern, en Suecia. Deberían seguir un patrón relativamente predecible: desplazarse, alimentarse y evitar depredadores. Pero un centenar
Salmones 'colocados' con cocaína y helechos hasta arriba de cafeína: la resaca que paga la naturaleza A través de la orina humana, sustancias como drogas y medicamentos llegan a los ríos y alteran a la flora y fauna acuáticas, provocando hiperactividad, problemas reproductivos e incluso amenazando la supervivencia de algunas especies Regala esta noticia Añádenos en Google Diversos estudios han demostrado que los metabolitos que se producen por el consumo de drogas como la cocaína y que llegan a los ríos producen hiperactividad y problemas reproductores en algunas especies de peces. (ABC) Patricia Biosca 18/08/2026 a las 02:15h. Un grupo de jóvenes salmones atraviesa las frías aguas del lago Vättern, en Suecia. Deberían seguir un patrón relativamente predecible: desplazarse, alimentarse y evitar depredadores.
Pero un centenar de ellos empieza a comportarse de forma extraña: nadan más lejos, más rápido y son más arriesgados. ... No están enfermos. Tampoco han sido atacados por un parásito que los convierta en 'zombies'.
Es que llevan cocaína en el organismo. Y no es que un cargamento ilegal haya caído de forma accidental en el lago. Estos peces son, en realidad, los sujetos de un experimento pionero que trata de entender cómo les afecta la cocaína que llega cada vez en mayor cantidad a los ríos, procedente de nuestra propia orina.
Porque sí: cuando una persona consume drogas, su organismo las metaboliza, aunque no por completo. Una pequeña parte de esas sustancias, ínfima para nosotros, se excreta y acaba en el inodoro para, finalmente, alcanzar los sistemas acuáticos. Se trata de un problema creciente que, aunque no tiene consecuencias directas para los seres humanos, puede marcar la diferencia entre la supervivencia y la extinción de determinadas especies, como demuestran cada vez más estudios científicos.
«La idea de que la cocaína afecte a los peces puede parecer sorprendente, pero la realidad es que la vida silvestre ya está expuesta a una amplia gama de drogas humanas a diario», explica Marcus Michelangeli, coautor del estudio publicado recientemente en 'Current Biology', y donde se recogen los resultados del experimento. Del trabajo, el primero realizado con animales en medio natural, se desprende que los salmones expuestos a benzoilecgonina –el principal metabolito de la cocaína; es decir, el compuesto activo que produce nuestro cuerpo tras el consumo de esta droga– llegaron a nadar hasta 1,9 veces más distancia por semana y a dispersarse hasta 12,3 kilómetros más que los ejemplares no expuestos. Noticia relacionada Un experimento halla que los salmones drogados con cocaína nadan hasta 12 kilómetros más Patricia Biosca No es el único, solo el último.
Una investigación anterior publicada en 'Enviromental Pollution' mostró que la cocaína y la metanfetamina producen hiperactividad y afecta a la reproducción de pequeños crustáceos como Daphnia magna. Tampoco la cocaína es la única droga que afecta a los animales: otro estudio en 'Aquatic Toxicology' observó que la ketamina y la metanfetamina modifican el desarrollo y los patrones de movimiento del pez medaka. Puede parecer un cambio inocuo, con peces que simplemente nadan más lejos o más rápido.
No obstante, en la naturaleza, pequeñas alteraciones del comportamiento pueden tener consecuencias profundas. «El lugar al que van los peces determina qué comen, quién se los come y cómo se estructuran las poblaciones –señala Michelangeli–. Si la contaminación está cambiando estos patrones, tiene el potencial de afectar a los ecosistemas de maneras que apenas estamos empezando a comprender».
Contaminantes emergentes: el rastro de nuestra vida Durante décadas, la contaminación de los ríos se ha asociado a vertidos industriales, fertilizantes o metales pesados. Sin embargo, desde hace años, los científicos advierten de que el impacto de nuestra forma de vida llega mucho más allá, y que hasta un gesto tan sencillo como tomar una pastilla contra el dolor de cabeza puede influir en ríos, lagos y mares donde se vierten nuestras aguas incluso una vez depuradas. Newsletter «Son concentraciones muy pequeñas que no tienen consecuencias para el ser humano», recalca la investigadora Myriam Catalá, de la Universidad Rey Juan Carlos, quien durante años ha estudiado las consecuencias de los llamados 'contaminantes emergentes': sustancias químicas bioactivas que abarcan desde las drogas a los fármacos, pasando por los cosméticos, los detergentes e incluso la nicotina y la cafeína.
«Unas concentraciones tan bajas en una persona adulta no significan nada; pero en unas larvas de pez cuyo sistema nervioso está en formación, los efectos se dejan notar mucho más» Myriam Catalá Investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos Estas sustancias buscan cambios en funciones biológicas, hormonales o celulares en humanos, como evitar la inflamación del cerebro en el caso de la jaqueca citada anteriormente, por ejemplo. El problema aquí es que esos mismos mecanismos existen, en mayor o menor medida, en muchos otros organismos, como los peces, que también pueden verse afectados.
«Unas concentraciones tan bajas en una persona adulta no significan nada; pero en unas larvas de pez cuyo sistema nervioso está en formación, los efectos se dejan notar mucho más», dice Catalá. Extinciones silenciosas Catalá habla con conocimiento de causa, pues precisamente participó en un estudio publicado en la revista 'Journal of Hazardous Materials' en el que se observaron «sutiles cambios» en cómo se movían las crías de pez cuando en el laboratorio se les exponía al metabolito de la cocaína. «No había consecuencias directas sobre su salud o sistemas de reproducción, solo aumentaba su movilidad –explica–.
A primera vista podría parecer irrelevante, pero ecológicamente tiene mucha importancia, porque muchas larvas permanecen ocultas durante sus primeras etapas de vida. Si empiezan a moverse más de lo normal, se vuelven más visibles para depredadores e incluso sus propios progenitores podrían no reconocerlas». Las consecuencias no suelen ser espectaculares porque no aparecen miles de peces muertos flotando en la superficie.
«Son extinciones silenciosas», resume Catalá. «Las poblaciones desaparecen lentamente». En especies migratorias como el salmón, las implicaciones podrían ser todavía mayores: el cortejo, la búsqueda de pareja o la elección de zonas de reproducción dependen de complejos mecanismos neurobiológicos.
«Ni siquiera hace falta que se dañen los óvulos o el esperma –apunta la investigadora–. Si se altera el comportamiento de cortejo, puede que simplemente no haya reproducción». Los contaminantes emergentes no afectan solo a animales, también a plantas: la vegetación de ribera actúa como una esponja, absorbiendo el agua con tóxicos que pueden incorporar en parte a sus tejidos No obstante, existen trabajos que sí relacionan consecuencias directas de estas sustancias.
Un estudio publicado en 'Water, Air & Soil Pollution' sobre las anguilas europeas –actualmente en peligro crítico de extinción– demostraba que la exposición prolongada a la cocaína provoca alteraciones hormonales relacionadas con la reproducción y el estrés, además de acumularse en el cerebro, el hígado y los músculos de estos animales. Por otra parte, una investigación en 'Journal of Experimental Biology' concluyó que la metanfetamina puede generar adicción y cambios de comportamiento en la trucha común. Y en 'casa', investigadores del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del Centro Superior de Investigaciones Científicas (IDAEA-CSIC) han documentado fenómenos de feminización en peces expuestos a hormonas presentes en anticonceptivos y alteraciones conductuales provocadas por antidepresivos que llegan incluso a lugares tan remotos como los lagos de alta montaña en los Pirineos, como demuestra un estudio publicado en 'Scientific Reports'.
Se han hallado antidepresivos en lagos de alta montaña, como los Ibones Azules (Pirineos) de esta imagen, a más de 2.300 metros sobre el nivel del mar. (P. Biosca) Estos contaminantes emergentes no afectan solo a animales, también a plantas: la vegetación de ribera actúa como una esponja, absorbiendo el agua cargada de tóxicos que pueden incorporar en parte a sus tejidos. «En las plantas, los contaminantes pueden disminuir su crecimiento o afectar a la fotosíntesis», explica Miren López de Alda, investigadora del IDAEA-CSIC.
Porque, al igual que ocurre con la planta del tabaco o de la coca, que utiliza estas sustancias para inhibir el crecimiento de otras competidoras a su alrededor, las plantas de los márgenes hacen lo mismo con los metabolitos recogidos del agua del río, creados a partir de sustancias tan cotidianas como el alcohol o incluso el café. El viaje oculto de la cocaína Del consumo a los ecosistemas acuáticos 1 Una persona consume droga, como la cocaína 2 Su cuerpo metaboliza una parte, pero otra, en forma de metabolito, se excreta en la orina y las heces 3 Estas sustancias van del inodoro a las depuradoras 4 Los sistemas de gestión de residuos del agua no están preparados para acabar con estos contaminantes emergentes. Están en ínfimas cantidades y no son peligrosos para el ser humano. 5 Pero sí para la flora y la fauna de los ríos, que sufren diferentes CONSECUENCIAS: Larvas Los contaminantes afectan a su sistema nervioso en formación, moviéndose más y llamando la atención de los depredadores Problemas con la reproducción Los contaminantes afectan al comportamiento del cortejo, produciendo extinciones silenciosas Peces Nadan más lejos, alcanzando zonas en las que normalmente no están presentes, pudiendo alterar el ecosistema o siendo presa de nuevos depredadores La vegetación de ribera Absorbe contaminantes del agua y los devuelve al suelo a través de las hojas caídas, frenando el desarrollo de otras plantas Fuente: Elaboración propia / ABC El viaje oculto de la cocaína Del consumo a los ecosistemas acuáticos 1 Una persona consume droga, como la cocaína 2 Su cuerpo metaboliza una parte, pero otra, en forma de metabolito, se excreta en la orina y las heces 3 Estas sustancias van del inodoro a las depuradoras 4 Los sistemas de gestión de residuos del agua no están preparados para acabar con estos contaminantes emergentes.
Están en ínfimas cantidades y no son peligrosos para el ser humano. 5 Pero sí para la flora y la fauna de los ríos, que sufren diferentes CONSECUENCIAS: Larvas Los contaminantes afectan a su sistema nervioso en formación, moviéndose más y llamando la atención de los depredadores Problemas con la reproducción Los contaminantes afectan al comportamiento del cortejo, produciendo extinciones silenciosas Peces Nadan más lejos, alcanzando zonas en las que normalmente no están presentes, pudiendo alterar el ecosistema o siendo presa de nuevos depredadores La vegetación de ribera Absorbe contaminantes del agua y los devuelve al suelo a través de las hojas caídas, frenando el desarrollo de otras plantas Fuente: Elaboración propia / ABC La imagen de unos 'salmones colocados' o 'helechos drogados' resulta llamativa; No obstante, el problema que esconde tiene implicaciones mucho más amplias que unos salmones que viajan más lejos de lo normal o larvas 'hiperactivas'. El problema de eliminar las drogas del agua ¿Cómo llegan estas sustancias desde nuestros retretes al río si antes pasan por las depuradoras? Respuesta corta: los sistemas de limpieza de aguas no están preparados para estos nuevos contaminantes.
Porque aunque la mayoría se apoya de forma muy eficaz en microorganismos que llevan millones de años aprendiendo a degradar sustancias nocivas naturales, apenas llevan décadas enfrentándose a moléculas sintéticas como antidepresivos, hormonas, antibióticos o drogas recreativas. «Los microorganismos no han estado en contacto con estos compuestos el tiempo suficiente para haber desarrollado mecanismos eficientes para degradarlos», explica Abraham Esteve Núñez, investigador de la Universidad de Alcalá y fundador de la startup Metfilter , compañía creada a partir de la Fundación IMDEA Agua . Además, estos contaminantes aparecen en concentraciones ínfimas, a menudo de microgramos o nanogramos por litro.
Son cantidades tan pequeñas que pasan inadvertidas en aguas aparentemente cristalinas. Paradójicamente, esa baja concentración también dificulta su eliminación: las bacterias de las depuradoras prefieren consumir sustancias más abundantes antes que dedicar recursos a moléculas escasas y complejas. Existen métodos eficaces para destruir estos contaminantes, como la ozonización o los llamados procesos de oxidación avanzada.
El inconveniente es que son tecnologías caras y con un elevado consumo energético. «Funcionan muy bien, pero no son asumibles para tratar millones de metros cúbicos de agua cada día a nivel global», señala Esteve Núñez. Por eso suelen reservarse para vertidos industriales especialmente problemáticos y no para el tratamiento generalizado de las aguas residuales urbanas.
Una de las líneas de investigación más prometedoras busca precisamente mejorar el rendimiento de los tratamientos biológicos. El grupo de Esteve Núñez ha desarrollado una tecnología basada en bacterias capaces de intercambiar electrones con materiales conductores de la electricidad, creando una verdadera red de comunicación. Según el investigador, esta cooperación permite que distintas especies microbianas trabajen de forma sinérgica, como un único organismo colectivo y degraden contaminantes que normalmente escaparían a los sistemas convencionales.
El resultado es un tratamiento con un consumo energético muy reducido y sin necesidad de añadir reactivos químicos agresivos. La carrera, sin embargo, no consiste solo en limpiar lo que ya está llegando a los ríos. También pasa por adelantarse al problema.
Por eso, varios grupos de científicos españoles, financiados por el programa Horizon Europe, trabajan en el proyecto Nymphe para acelerar la adaptación de microorganismos capaces de degradar nuevos contaminantes. Tal y como indican desde su web, la prupuesta «explora soluciones innovadoras de biorremediación basadas en la naturaleza para revitalizar tierras y aguas afectadas por una profunda contaminación ambiental». comentarios Reportar un error Salmones 'colocados' con cocaína y helechos hasta arriba de cafeína: la resaca que paga la naturaleza A través de la orina humana, sustancias como drogas y medicamentos llegan a los ríos y alteran a la flora y fauna acuáticas, provocando hiperactividad, problemas reproductivos e incluso amenazando la supervivencia de algunas especies Regala esta noticia Añádenos en Google Diversos estudios han demostrado que los metabolitos que se producen por el consumo de drogas como la cocaína y que llegan a los ríos producen hiperactividad y problemas reproductores en algunas especies de peces. (ABC) Patricia Biosca 18/08/2026 a las 02:15h. Un grupo de jóvenes salmones atraviesa las frías aguas del lago Vättern, en Suecia.
Deberían seguir un patrón relativamente predecible: desplazarse, alimentarse y evitar depredadores. Pero un centenar de ellos empieza a comportarse de forma extraña: nadan más lejos, más rápido y son más arriesgados. ... No están enfermos.
Tampoco han sido atacados por un parásito que los convierta en 'zombies'. Es que llevan cocaína en el organismo. Y no es que un cargamento ilegal haya caído de forma accidental en el lago.
Estos peces son, en realidad, los sujetos de un experimento pionero que trata de entender cómo les afecta la cocaína que llega cada vez en mayor cantidad a los ríos, procedente de nuestra propia orina. Porque sí: cuando una persona consume drogas, su organismo las metaboliza, aunque no por completo. Una pequeña parte de esas sustancias, ínfima para nosotros, se excreta y acaba en el inodoro para, finalmente, alcanzar los sistemas acuáticos.
Se trata de un problema creciente que, aunque no tiene consecuencias directas para los seres humanos, puede marcar la diferencia entre la supervivencia y la extinción de determinadas especies, como demuestran cada vez más estudios científicos. «La idea de que la cocaína afecte a los peces puede parecer sorprendente, pero la realidad es que la vida silvestre ya está expuesta a una amplia gama de drogas humanas a diario», explica Marcus Michelangeli, coautor del estudio publicado recientemente en 'Current Biology', y donde se recogen los resultados del experimento. Del trabajo, el primero realizado con animales en medio natural, se desprende que los salmones expuestos a benzoilecgonina –el principal metabolito de la cocaína; es decir, el compuesto activo que produce nuestro cuerpo tras el consumo de esta droga– llegaron a nadar hasta 1,9 veces más distancia por semana y a dispersarse hasta 12,3 kilómetros más que los ejemplares no expuestos.
Noticia relacionada Un experimento halla que los salmones drogados con cocaína nadan hasta 12 kilómetros más Patricia Biosca No es el único, solo el último. Una investigación anterior publicada en 'Enviromental Pollution' mostró que la cocaína y la metanfetamina producen hiperactividad y afecta a la reproducción de pequeños crustáceos como Daphnia magna. Tampoco la cocaína es la única droga que afecta a los animales: otro estudio en 'Aquatic Toxicology' observó que la ketamina y la metanfetamina modifican el desarrollo y los patrones de movimiento del pez medaka.
Puede parecer un cambio inocuo, con peces que simplemente nadan más lejos o más rápido. No obstante, en la naturaleza, pequeñas alteraciones del comportamiento pueden tener consecuencias profundas. «El lugar al que van los peces determina qué comen, quién se los come y cómo se estructuran las poblaciones –señala Michelangeli–.
Si la contaminación está cambiando estos patrones, tiene el potencial de afectar a los ecosistemas de maneras que apenas estamos empezando a comprender». Contaminantes emergentes: el rastro de nuestra vida Durante décadas, la contaminación de los ríos se ha asociado a vertidos industriales, fertilizantes o metales pesados. Sin embargo, desde hace años, los científicos advierten de que el impacto de nuestra forma de vida llega mucho más allá, y que hasta un gesto tan sencillo como tomar una pastilla contra el dolor de cabeza puede influir en ríos, lagos y mares donde se vierten nuestras aguas incluso una vez depuradas.
Newsletter «Son concentraciones muy pequeñas que no tienen consecuencias para el ser humano», recalca la investigadora Myriam Catalá, de la Universidad Rey Juan Carlos, quien durante años ha estudiado las consecuencias de los llamados 'contaminantes emergentes': sustancias químicas bioactivas que abarcan desde las drogas a los fármacos, pasando por los cosméticos, los detergentes e incluso la nicotina y la cafeína. «Unas concentraciones tan bajas en una persona adulta no significan nada; pero en unas larvas de pez cuyo sistema nervioso está en formación, los efectos se dejan notar mucho más» Myriam Catalá Investigadora de la Universidad Rey Juan Carlos Estas sustancias buscan cambios en funciones biológicas, hormonales o celulares en humanos, como evitar la inflamación del cerebro en el caso de la jaqueca citada anteriormente, por ejemplo.
El problema aquí es que esos mismos mecanismos existen, en mayor o menor medida, en muchos otros organismos, como los peces, que también pueden verse afectados. «Unas concentraciones tan bajas en una persona adulta no significan nada; pero en unas larvas de pez cuyo sistema nervioso está en formación, los efectos se dejan notar mucho más», dice Catalá. Extinciones silenciosas Catalá habla con conocimiento de causa, pues precisamente participó en un estudio publicado en la revista 'Journal of Hazardous Materials' en el que se observaron «sutiles cambios» en cómo se movían las crías de pez cuando en el laboratorio se les exponía al metabolito de la cocaína.
«No había consecuencias directas sobre su salud o sistemas de reproducción, solo aumentaba su movilidad –explica–. A primera vista podría parecer irrelevante, pero ecológicamente tiene mucha importancia, porque muchas larvas permanecen ocultas durante sus primeras etapas de vida. Si empiezan a moverse más de lo normal, se vuelven más visibles para depredadores e incluso sus propios progenitores podrían no reconocerlas».
Las consecuencias no suelen ser espectaculares porque no aparecen miles de peces muertos flotando en la superficie. «Son extinciones silenciosas», resume Catalá. «Las poblaciones desaparecen lentamente».
En especies migratorias como el salmón, las implicaciones podrían ser todavía mayores: el cortejo, la búsqueda de pareja o la elección de zonas de reproducción dependen de complejos mecanismos neurobiológicos. «Ni siquiera hace falta que se dañen los óvulos o el esperma –apunta la investigadora–. Si se altera el comportamiento de cortejo, puede que simplemente no haya reproducción».
Los contaminantes emergentes no afectan solo a animales, también a plantas: la vegetación de ribera actúa como una esponja, absorbiendo el agua con tóxicos que pueden incorporar en parte a sus tejidos No obstante, existen trabajos que sí relacionan consecuencias directas de estas sustancias. Un estudio publicado en 'Water, Air & Soil Pollution' sobre las anguilas europeas –actualmente en peligro crítico de extinción– demostraba que la exposición prolongada a la cocaína provoca alteraciones hormonales relacionadas con la reproducción y el estrés, además de acumularse en el cerebro, el hígado y los músculos de estos animales. Por otra parte, una investigación en 'Journal of Experimental Biology' concluyó que la metanfetamina puede generar adicción y cambios de comportamiento en la trucha común.
Y en 'casa', investigadores del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del Centro Superior de Investigaciones Científicas (IDAEA-CSIC) han documentado fenómenos de feminización en peces expuestos a hormonas presentes en anticonceptivos y alteraciones conductuales provocadas por antidepresivos que llegan incluso a lugares tan remotos como los lagos de alta montaña en los Pirineos, como demuestra un estudio publicado en 'Scientific Reports'. Se han hallado antidepresivos en lagos de alta montaña, como los Ibones Azules (Pirineos) de esta imagen, a más de 2.300 metros sobre el nivel del mar. (P. Biosca) Estos contaminantes emergentes no afectan solo a animales, también a plantas: la vegetación de ribera actúa como una esponja, absorbiendo el agua cargada de tóxicos que pueden incorporar en parte a sus tejidos.
«En las plantas, los contaminantes pueden disminuir su crecimiento o afectar a la fotosíntesis», explica Miren López de Alda, investigadora del IDAEA-CSIC. Porque, al igual que ocurre con la planta del tabaco o de la coca, que utiliza estas sustancias para inhibir el crecimiento de otras competidoras a su alrededor, las plantas de los márgenes hacen lo mismo con los metabolitos recogidos del agua del río, creados a partir de sustancias tan cotidianas como el alcohol o incluso el café. El viaje oculto de la cocaína Del consumo a los ecosistemas acuáticos 1 Una persona consume droga, como la cocaína 2 Su cuerpo metaboliza una parte, pero otra, en forma de metabolito, se excreta en la orina y las heces 3 Estas sustancias van del inodoro a las depuradoras 4 Los sistemas de gestión de residuos del agua no están preparados para acabar con estos contaminantes emergentes.
Están en ínfimas cantidades y no son peligrosos para el ser humano. 5 Pero sí para la flora y la fauna de los ríos, que sufren diferentes CONSECUENCIAS: Larvas Los contaminantes afectan a su sistema nervioso en formación, moviéndose más y llamando la atención de los depredadores Problemas con la reproducción Los contaminantes afectan al comportamiento del cortejo, produciendo extinciones silenciosas Peces Nadan más lejos, alcanzando zonas en las que normalmente no están presentes, pudiendo alterar el ecosistema o siendo presa de nuevos depredadores La vegetación de ribera Absorbe contaminantes del agua y los devuelve al suelo a través de las hojas caídas, frenando el desarrollo de otras plantas Fuente: Elaboración propia / ABC El viaje oculto de la cocaína Del consumo a los ecosistemas acuáticos 1 Una persona consume droga, como la cocaína 2 Su cuerpo metaboliza una parte, pero otra, en forma de metabolito, se excreta en la orina y las heces 3 Estas sustancias van del inodoro a las depuradoras 4 Los sistemas de gestión de residuos del agua no están preparados para acabar con estos contaminantes emergentes. Están en ínfimas cantidades y no son peligrosos para el ser humano. 5 Pero sí para la flora y la fauna de los ríos, que sufren diferentes CONSECUENCIAS: Larvas Los contaminantes afectan a su sistema nervioso en formación, moviéndose más y llamando la atención de los depredadores Problemas con la reproducción Los contaminantes afectan al comportamiento del cortejo, produciendo extinciones silenciosas Peces Nadan más lejos, alcanzando zonas en las que normalmente no están presentes, pudiendo alterar el ecosistema o siendo presa de nuevos depredadores La vegetación de ribera Absorbe contaminantes del agua y los devuelve al suelo a través de las hojas caídas, frenando el desarrollo de otras plantas Fuente: Elaboración propia / ABC La imagen de unos 'salmones colocados' o 'helechos drogados' resulta llamativa; No obstante, el problema que esconde tiene implicaciones mucho más amplias que unos salmones que viajan más lejos de lo normal o larvas 'hiperactivas'. El problema de eliminar las drogas del agua ¿Cómo llegan estas sustancias desde nuestros retretes al río si antes pasan por las depuradoras?
Respuesta corta: los sistemas de limpieza de aguas no están preparados para estos nuevos contaminantes. Porque aunque la mayoría se apoya de forma muy eficaz en microorganismos que llevan millones de años aprendiendo a degradar sustancias nocivas naturales, apenas llevan décadas enfrentándose a moléculas sintéticas como antidepresivos, hormonas, antibióticos o drogas recreativas. «Los microorganismos no han estado en contacto con estos compuestos el tiempo suficiente para haber desarrollado mecanismos eficientes para degradarlos», explica Abraham Esteve Núñez, investigador de la Universidad de Alcalá y fundador de la startup Metfilter , compañía creada a partir de la Fundación IMDEA Agua .
Además, estos contaminantes aparecen en concentraciones ínfimas, a menudo de microgramos o nanogramos por litro. Son cantidades tan pequeñas que pasan inadvertidas en aguas aparentemente cristalinas. Paradójicamente, esa baja concentración también dificulta su eliminación: las bacterias de las depuradoras prefieren consumir sustancias más abundantes antes que dedicar recursos a moléculas escasas y complejas.
Existen métodos eficaces para destruir estos contaminantes, como la ozonización o los llamados procesos de oxidación avanzada. El inconveniente es que son tecnologías caras y con un elevado consumo energético. «Funcionan muy bien, pero no son asumibles para tratar millones de metros cúbicos de agua cada día a nivel global», señala Esteve Núñez.
Por eso suelen reservarse para vertidos industriales especialmente problemáticos y no para el tratamiento generalizado de las aguas residuales urbanas. Una de las líneas de investigación más prometedoras busca precisamente mejorar el rendimiento de los tratamientos biológicos. El grupo de Esteve Núñez ha desarrollado una tecnología basada en bacterias capaces de intercambiar electrones con materiales conductores de la electricidad, creando una verdadera red de comunicación.
Según el investigador, esta cooperación permite que distintas especies microbianas trabajen de forma sinérgica, como un único organismo colectivo y degraden contaminantes que normalmente escaparían a los sistemas convencionales. El resultado es un tratamiento con un consumo energético muy reducido y sin necesidad de añadir reactivos químicos agresivos. La carrera, sin embargo, no consiste solo en limpiar lo que ya está llegando a los ríos.
También pasa por adelantarse al problema. Por eso, varios grupos de científicos españoles, financiados por el programa Horizon Europe, trabajan en el proyecto Nymphe para acelerar la adaptación de microorganismos capaces de degradar nuevos contaminantes. Tal y como indican desde su web, la prupuesta «explora soluciones innovadoras de biorremediación basadas en la naturaleza para revitalizar tierras y aguas afectadas por una profunda contaminación ambiental». comentarios Reportar un error Un experimento halla que los salmones drogados con cocaína nadan hasta 12 kilómetros más Patricia Biosca Navegación, música y manos libres del móvil en la misma pantalla para modernizar el coche Alejandra Santisteban Guiu Eugenia Martínez de Irujo: «El desayuno más sabroso es el que tomo en mi casa, tostada integral con aceite de oliva y un café con hielo»
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