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Internacional
sábado, 1 de agosto de 2026

Barricadas con palos y cadenas, el 'no pasarán' de los vecinos de Ceuta

Sus calles apenas callan de madrugada. Se sucede el sonido de las sirenas de los vehículos policiales, el correr de los magrebíes en busca de un escondite y las órdenes de un Ejército que busca conduc

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

Barricadas con palos y cadenas, el 'no pasarán' de los vecinos de Ceuta La noche de este viernes, el Ejército ha desplazado a los magrebíes hacia la frontera, mientras que ceutíes se han organizado en cada barrio y colocado vallas para evitar su paso Escucha el artículo. 3 min Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Gente llegando a nado en Ceuta de noche, en la playa El Tarajal. (JORGE GUERRERO/AFP) Natalia Loizaga 01/08/2026 Actualizado a las 09:10h. Sus calles apenas callan de madrugada. Se sucede el sonido de las sirenas de los vehículos policiales, el correr de los magrebíes en busca de un escondite y las órdenes de un Ejército que busca conducirlos hacia la frontera.

Incluso cuando la ciudad se aleja ... del centro y parece encontrar la ansiada calma, un arbusto se agita de improviso. «Excusez moi». Un 'perdóname' emerge de la voz de un escondido camuflado con esmero en una suerte de jardín vertical.

Es Ceuta, la ciudad que en los últimos días ha visto desaparecer a sus vecinos, ocultos éstos tras las ventanas, en favor del florecimiento de extranjeros que cruzaron la frontera desde Marruecos. Pero esta noche, han sido sus residentes quienes han vuelto a tomar la calle para «proteger los barrios de la inseguridad». En casi todas las barriadas se observa la misma estampa, iluminada por amarillentas farolas.

Son altas horas de la madrugada y una decena de ceutíes aguardan a la entrada de su barrio, cercado con vallas que ellos mismos han colocado tras la llegada masiva de inmigrantes. Durante la noche del viernes, una escoba partida por la mitad o improvisados trozos de madera se convierten en un arma improvisada que se refugia en el por si acaso. Bajo el título no escrito de guardianes dicen proteger sus barrios, así que solo dejan pasar por ellos a locales o autoridades.

En una plaza, rondará los diez años de vida un niño que sujeta con ahínco una cadena y todavía tendrá menos edad otro que sostiene un bate de madera. «Es para proteger a nuestras madres y hermanas», aseguran, orgullosos, para que éstas puedan estar en la plaza como en un remanso de paz. Escoltan con prisas hacia el otro extremo a quienes no conocen y, una vez enunciados españoles, son considerados aptos para pasar.

«Nos faltan al respeto, roban, se han metido en mi piso a ver si cogían ropa», cuenta un vecino, en otra barricada. Pero quieren recalcar que «aquí en Ceuta viven varias culturas» con las que ellos conviven sin problema. "No somos racistas", sentencian, molestos, pues dicen que varias ONGs les han acusado de serlo.

Noticia relacionada Los testimonios de los llegados Los magrebíes que cruzaron «sin problemas»: «Habían posteado que España no nos devuelve» Natalia Loizaga Los de su barrio son hijos de pescadores y se ríen mientras aguardan a que llegue alguien, aunque esta noche la situación es de una mayor calma porque quienes no huyen se dirigen a la frontera, pero no acampan a sus anchas por las calles. Los miembros del ejército son quienes los guían hacia la verja en una dinámica similar a la que un pastor ofrece a su rebaño.

Pero, nada más ser percibidos, son muchos los que tratan de esquivar su mirada refugiándose entre las sombras. Cuando tienen la oportunidad, si los han perdido de vista, algunos vuelven a reincidir en su huida. Y así son menos los que acuden a los barrios en los que antes se contaban por decenas y decenas en cada calle.

«En la invasión se llevaban a todo el mundo por delante, fue una barbaridad», recuerdan, sobre las primeras llegadas que se convirtieron en tantas. Después llegó la bautizada por ellos como "la invasión de las piedras". "Los coches daban la vuelta en medio de la carretera porque pasaba y se le rompía el cristal.

Era te lanzo, me lanzas", recuerda uno de ellos. «Por lo menos vamos a esperar a que esto esté más tranquilo porque la multitud ya no es una avalancha, pero falta que nos vayamos para que se metan aquí otra vez», dice otro vecino, cuyo nombre, igual que los anteriores, prefiere que se mantenga anónimo. Lo hacen por la misma razón que prefieren no aparecer en imágenes.

No quieren nuevas acusaciones de racismo mientras niegan fervientemente que lo sean. Pasa la noche, que parece recuperar la tranquilidad perdida las anteriores jornadas, mientras ellos se ríen y conversan. No tienen prisa por volver.

Temas Inmigrantes Barrios Marruecos Ceuta comentarios Reportar un error Barricadas con palos y cadenas, el 'no pasarán' de los vecinos de Ceuta La noche de este viernes, el Ejército ha desplazado a los magrebíes hacia la frontera, mientras que ceutíes se han organizado en cada barrio y colocado vallas para evitar su paso Escucha el artículo. 3 min Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Gente llegando a nado en Ceuta de noche, en la playa El Tarajal. (JORGE GUERRERO/AFP) Natalia Loizaga 01/08/2026 Actualizado a las 09:10h. Sus calles apenas callan de madrugada. Se sucede el sonido de las sirenas de los vehículos policiales, el correr de los magrebíes en busca de un escondite y las órdenes de un Ejército que busca conducirlos hacia la frontera.

Incluso cuando la ciudad se aleja ... del centro y parece encontrar la ansiada calma, un arbusto se agita de improviso. «Excusez moi». Un 'perdóname' emerge de la voz de un escondido camuflado con esmero en una suerte de jardín vertical.

Es Ceuta, la ciudad que en los últimos días ha visto desaparecer a sus vecinos, ocultos éstos tras las ventanas, en favor del florecimiento de extranjeros que cruzaron la frontera desde Marruecos. Pero esta noche, han sido sus residentes quienes han vuelto a tomar la calle para «proteger los barrios de la inseguridad». En casi todas las barriadas se observa la misma estampa, iluminada por amarillentas farolas.

Son altas horas de la madrugada y una decena de ceutíes aguardan a la entrada de su barrio, cercado con vallas que ellos mismos han colocado tras la llegada masiva de inmigrantes. Durante la noche del viernes, una escoba partida por la mitad o improvisados trozos de madera se convierten en un arma improvisada que se refugia en el por si acaso. Bajo el título no escrito de guardianes dicen proteger sus barrios, así que solo dejan pasar por ellos a locales o autoridades.

En una plaza, rondará los diez años de vida un niño que sujeta con ahínco una cadena y todavía tendrá menos edad otro que sostiene un bate de madera. «Es para proteger a nuestras madres y hermanas», aseguran, orgullosos, para que éstas puedan estar en la plaza como en un remanso de paz. Escoltan con prisas hacia el otro extremo a quienes no conocen y, una vez enunciados españoles, son considerados aptos para pasar.

«Nos faltan al respeto, roban, se han metido en mi piso a ver si cogían ropa», cuenta un vecino, en otra barricada. Pero quieren recalcar que «aquí en Ceuta viven varias culturas» con las que ellos conviven sin problema. "No somos racistas", sentencian, molestos, pues dicen que varias ONGs les han acusado de serlo.

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Pero, nada más ser percibidos, son muchos los que tratan de esquivar su mirada refugiándose entre las sombras. Cuando tienen la oportunidad, si los han perdido de vista, algunos vuelven a reincidir en su huida. Y así son menos los que acuden a los barrios en los que antes se contaban por decenas y decenas en cada calle.

«En la invasión se llevaban a todo el mundo por delante, fue una barbaridad», recuerdan, sobre las primeras llegadas que se convirtieron en tantas. Después llegó la bautizada por ellos como "la invasión de las piedras". "Los coches daban la vuelta en medio de la carretera porque pasaba y se le rompía el cristal.

Era te lanzo, me lanzas", recuerda uno de ellos. «Por lo menos vamos a esperar a que esto esté más tranquilo porque la multitud ya no es una avalancha, pero falta que nos vayamos para que se metan aquí otra vez», dice otro vecino, cuyo nombre, igual que los anteriores, prefiere que se mantenga anónimo. Lo hacen por la misma razón que prefieren no aparecer en imágenes.

No quieren nuevas acusaciones de racismo mientras niegan fervientemente que lo sean. Pasa la noche, que parece recuperar la tranquilidad perdida las anteriores jornadas, mientras ellos se ríen y conversan. No tienen prisa por volver.

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Publicado por Redacción · sábado, 1 de agosto de 2026

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