¿Hemos perdido el control sobre la IA?
Hay algo extraño en que los ingenieros de la IA sean los que anuncien que puede matarnos. Salvo algunos terroristas, nadie sale públicamente a decir que está en condiciones de matarnos a todos. Esa di
¿Hemos perdido el control sobre la IA? Hay algo extraño en que los ingenieros de la IA sean los que anuncien que puede matarnos. Salvo algunos terroristas, nadie sale públicamente a decir que está en condiciones de matarnos a todos.
Esa disociación solo es sostenible si aceptamos la premisa de que la IA, o una parte de ella, se ha independizado como sujeto y que, como la criatura Frankenstein, ya no está bajo el control de su diseñador. Y esto es, como mínimo cuestionable Jacob Elordi como la criatura de 'Frankenstein'. Ken Woroner / Netflix 16 de septiembre de 2026 22:33 h Actualizado el 17/09/2026 05:30 h 5 Dicen los líderes e ingenieros de las principales compañías occidentales de inteligencia artificial que sus programas pueden acabar con la humanidad.
Algunos discuten sobre si la probabilidad es mayor o menor del 10%. Pero lo curioso es que estos anuncios catastrofistas llevan produciéndose desde hace años, y las acciones de las compañías de inteligencia artificial, lejos de caer, han subido espectacularmente. ¿Qué sistema es este en el que quienes advierten de que una tecnología puede poner en peligro a la humanidad son, al mismo tiempo, quienes tienen mayores incentivos económicos para seguir desarrollándola?
No se trata de subestimar los riesgos de la inteligencia artificial, que son muchos y muy graves. Por ejemplo, como tecnología tiene el potencial de sustituir muchas tareas y puestos de trabajo que a día de hoy son el sostén de millones de familias en todo el mundo. De hecho, no está claro que sea una tecnología con gran capacidad para elevar la productividad y tampoco que el sistema vaya a crear nuevos puestos de trabajo para los expulsados.
También es arriesgado que tanto poder se concentre en manos de unas pocas compañías privadas, que tienen una gran penetración en los sistemas informáticos y de seguridad de los principales países del mundo. También podemos hablar de riesgos geopolíticos, ya que cuando cedemos el control de un proceso a una empresa estadounidense, por ejemplo para la gestión del sistema eléctrico, le estamos concediendo también un arma que puede ser disparada contra nosotros. Y, por supuesto, la IA tampoco existe en el aire, y necesita electricidad, agua, centros de datos, chips, redes y enormes cantidades de materiales, de modo que su aparente inmaterialidad esconde una infraestructura física cada vez mayor que agrava el problema del cambio climático.
Todo esto es absolutamente cierto, y en no poca medida puede decirse que son formas de acabar con el mundo tal y como conocemos. Sin embargo, en la práctica nos dejamos arrastrar por la idea de que la IA nos va a matar de una manera mucho más estrambótica. ¿Hemos perdido el control sobre la IA?
Hay algo extraño en que los ingenieros de la IA sean los que anuncien que puede matarnos. Salvo algunos terroristas, nadie sale públicamente a decir que está en condiciones de matarnos a todos. Esa disociación solo es sostenible si aceptamos la premisa de que la IA, o una parte de ella, se ha independizado como sujeto y que, como la criatura Frankenstein, ya no está bajo el control de su diseñador.
Y esto es, como mínimo cuestionable Jacob Elordi como la criatura de 'Frankenstein'. Ken Woroner / Netflix 16 de septiembre de 2026 22:33 h Actualizado el 17/09/2026 05:30 h 5 Dicen los líderes e ingenieros de las principales compañías occidentales de inteligencia artificial que sus programas pueden acabar con la humanidad. Algunos discuten sobre si la probabilidad es mayor o menor del 10%.
Pero lo curioso es que estos anuncios catastrofistas llevan produciéndose desde hace años, y las acciones de las compañías de inteligencia artificial, lejos de caer, han subido espectacularmente. ¿Qué sistema es este en el que quienes advierten de que una tecnología puede poner en peligro a la humanidad son, al mismo tiempo, quienes tienen mayores incentivos económicos para seguir desarrollándola? No se trata de subestimar los riesgos de la inteligencia artificial, que son muchos y muy graves.
Por ejemplo, como tecnología tiene el potencial de sustituir muchas tareas y puestos de trabajo que a día de hoy son el sostén de millones de familias en todo el mundo. De hecho, no está claro que sea una tecnología con gran capacidad para elevar la productividad y tampoco que el sistema vaya a crear nuevos puestos de trabajo para los expulsados. También es arriesgado que tanto poder se concentre en manos de unas pocas compañías privadas, que tienen una gran penetración en los sistemas informáticos y de seguridad de los principales países del mundo.
También podemos hablar de riesgos geopolíticos, ya que cuando cedemos el control de un proceso a una empresa estadounidense, por ejemplo para la gestión del sistema eléctrico, le estamos concediendo también un arma que puede ser disparada contra nosotros. Y, por supuesto, la IA tampoco existe en el aire, y necesita electricidad, agua, centros de datos, chips, redes y enormes cantidades de materiales, de modo que su aparente inmaterialidad esconde una infraestructura física cada vez mayor que agrava el problema del cambio climático. Todo esto es absolutamente cierto, y en no poca medida puede decirse que son formas de acabar con el mundo tal y como conocemos.
Sin embargo, en la práctica nos dejamos arrastrar por la idea de que la IA nos va a matar de una manera mucho más estrambótica.