Un monstruo en el campamento de verano de Arroyomolinos: «Les hacía el juego de la arañita»
El relato es duro, demasiado, pero no por ello menos elocuente. Han pasado algo más de tres semanas desde que sucedieran los hechos y la familia de Aurora (nombre ficticio) aún está lejos de recompone
Un monstruo en el campamento de verano de Arroyomolinos: «Les hacía el juego de la arañita» La madre de las dos niñas afectadas por la presunta agresión sexual de un monitor denuncia que los responsables de la empresa trataron de ocultar el caso Regala esta noticia Añádenos en Google Alonso, el monitor de 21 años enviado a prisión. (ABC) Aitor Santos Moya 02/08/2026 a las 01:20h. El relato es duro, demasiado, pero no por ello menos elocuente.
Han pasado algo más de tres semanas desde que sucedieran los hechos y la familia de Aurora (nombre ficticio) aún está lejos de recomponerse. Quizá nunca lo haga, pues hay huellas que van más ... allá del tiempo y la Justicia. Y no es para menos.
Sus hijas, de apenas 4 y 5 años de edad, ya son capaces de verbalizar aquella mañana del 9 de julio en que su monitor de campamento «les hizo el juego de la arañita», un joven de 21 años, Alonso, quien duerme en prisión desde que la Guardia Civil lo detuviera el martes de la semana pasada. Aunque para llegar ahí, tuvieron que pasar un calvario todavía mayor. He aquí la sucesión cronológica de un abominable caso que ha sacudido a toda la localidad.
A eso de las 8.30 horas del citado 9 de julio, las hermanas van juntas al baño del colegio público Legazpi de Arroyomolinos, cedido por el ayuntamiento a la Mancomunidad del Suroeste para llevar a cabo uno de tantos campamentos urbanos que tienen lugar durante la época veraniega. Allí, mientras están cada una en un cubículo, otras dos niñas avisan a una monitora de que las pequeñas necesitan ayuda, «seguramente porque no tuvieran papel higiénico», expone su progenitora, en conversación con ABC. La cuidadora las ve sentadas en el váter y les dice que va a buscar toallitas, sin tener idea de la dantesca escena que presenciaría a su vuelta.
«Cuando esta mujer va de regreso con las toallitas, se encuentra con otras dos monitoras que le acompañan hasta la entrada del baño», prosigue la afectada, sabedora de que al menos dos de ellas se topan con Alonso dentro. Las responsables de las menores encuentran a su compañero de pie, con la puerta abierta de la cabina donde la más pequeña está sin ropa de cintura para abajo, y con el habitáculo de la mayor entreabierto y en este caso totalmente desnuda. Sin margen para reaccionar, le preguntan a esta última por qué está desnuda, a lo que ella responde que ha sido Alonso el que se lo ha pedido.
El colegio de Arroyomolinos donde se lleva a cabo el campamento urbano. (Matías Nieto) El interpelado ofrece entonces una burda justificación. Cuenta que les ha pedido que se desnuden para que no se manchen, «porque cuando él hace caca se mancha», refiere Aurora, totalmente desbordada por los acontecimientos. Estupefactas, sus compañeras le quitan un rollo de papel higiénico que tiene en la mano y le dicen que se largue.
Las tres cuidadoras son perfectamente conscientes de que algo muy raro acaba de ocurrir, por lo que deciden ir a hablar con su pareja de trabajo (los monitores trabajan de dos en dos por cada grupo de niños). Y entre todas llegan a una misma conclusión: deben avisar de inmediato a su coordinadora. Al escuchar lo ocurrido, la responsable directa de todos los monitores les dice que va a hablar con su superior para que avise a los padres, además de iniciar una investigación interna.
Ese mismo día, la coordinadora llama a filas a Alonso y este es despedido. «El día anterior ya habían recibido quejas de otra madre porque le había hablado de malas formas a un niño», asegura Aurora, sin conocer en ese momento nada de lo que había sucedido. De hecho, los días avanzan y no recibe comunicación alguna, lo que complica sobremanera la situación en casa.
Su hija mayor tiene un trastorno del lenguaje diagnosticado y le cuesta más hablar, por lo que es la pequeña la que empieza a dar las primeras señales de alarma. Juegos de agua «Los días que tocan juegos de agua (los martes y los jueves) se pone histérica y me dice que no quiere ir ni quitarse la camiseta», subraya, consciente ahora de que el fatídico 9 de julio fue precisamente un jueves. Aurora no entiende nada, y al segundo berrinche (coincidiendo con la siguiente jornada a remojo), decide preguntar a una de las monitoras si ha pasado algo.
«Y me dice que sí, pero sus responsables les habían pedido que no dijeran nada, que de eso ya se encargaban ellos», añade. Las cuidadoras, al sospechar que los padres no han sido informados, vuelven a hablar con su coordinadora. «Les dice que ya han contactado con nosotros y que no se preocupen, que Alonso ya no va a trabajar allí más», remarca, convencida de que los responsables del campamento, a cargo de la empresa Pebetero, intentaron ocultar los hechos.
Newsletter Todo se precipita cuando el viernes 17 de julio las monitoras deciden actuar por su cuenta. Esperan a que el resto de padres hayan recogido a los niños para contarle a Aurora y su marido lo ocurrido en el baño ocho días atrás. «Nos ponemos muy nerviosos y vamos a buscar a la coordinadora, quien se justifica diciendo que ha sido su superior el que le había dicho que ya nos había informado», comenta, descargando también en él la responsabilidad de no haber denunciado los hechos ante la Guardia Civil.
Los padres llaman a Emergencias y acuden al hospital Rey Juan Carlos de Móstoles, donde las niñas ya expresan a un pediatra que Alonso les había pedido que se quitaran la ropa y después les había hecho daño a través de tocamientos. Las propias monitoras de las pequeñas revelaron lo sucedido a los padres ocho días después, al sospechar que sus superiores no lo habían hecho De ahí se desplazan al cuartel de la Guardia Civil para interponer la denuncia, y ya en casa, con la máxima delicadeza posible, consiguen que las hermanas les cuenten todo lo que recuerdan. «Decido grabar lo que dicen y hacer una ampliación de la denuncia», incide su madre, un vídeo que ya obra en poder de los investigadores.
El martes 21 de julio, los agentes detienen a Alonso como presunto autor dos delitos de agresión sexual a menores, quien, tras ser puesto a disposición judicial, es enviado a prisión provisional, comunicada y sin fianza. El joven, afincado hasta ahora en casa de sus padres, no tiene antecedentes de naturaleza sexual. Ese mismo día, Aurora vuelve al cuartel para poner una segunda denuncia contra la coordinadora, su jefe directo en el campamento y la propia empresa adjudicataria.
Por el medio, un reguero de comunicados: del ayuntamiento de Arroyomolinos, que ya estudia su personación como acusación popular en caso de que se abra un procedimiento judicial, y descarga toda la responsabilidad por la contratación del campamento en la Mancomunidad del Suroeste; de la misma Mancomunidad, que afirma que «no existe en la actualidad una situación de riesgo para las personas usuarias, habiéndose adoptado las medidas oportunas desde que se tuvo conocimiento de los hechos presuntamente acontecidos»; y de la entidad Pebetero, que asegura «que se han activado todos los protocolos y medidas previstos para garantizar la seguridad, el bienestar y la adecuada atención de todos los menores». En esta última nota, su equipo directivo sostiene «que en ningún momento ha pretendido ocultar información a las familias» y que «desde que tuvo conocimiento de la situación ha actuado con la máxima diligencia, respetando en todo momento la investigación en curso y los derechos de todas las personas implicadas». Temas sucesos Guardia Civil Delitos Sexuales Arroyomolinos (Madrid) comentarios Reportar un error Un monstruo en el campamento de verano de Arroyomolinos: «Les hacía el juego de la arañita»
La madre de las dos niñas afectadas por la presunta agresión sexual de un monitor denuncia que los responsables de la empresa trataron de ocultar el caso Regala esta noticia Añádenos en Google Alonso, el monitor de 21 años enviado a prisión. (ABC) Aitor Santos Moya 02/08/2026 a las 01:20h. El relato es duro, demasiado, pero no por ello menos elocuente. Han pasado algo más de tres semanas desde que sucedieran los hechos y la familia de Aurora (nombre ficticio) aún está lejos de recomponerse.
Quizá nunca lo haga, pues hay huellas que van más ... allá del tiempo y la Justicia. Y no es para menos. Sus hijas, de apenas 4 y 5 años de edad, ya son capaces de verbalizar aquella mañana del 9 de julio en que su monitor de campamento «les hizo el juego de la arañita», un joven de 21 años, Alonso, quien duerme en prisión desde que la Guardia Civil lo detuviera el martes de la semana pasada.
Aunque para llegar ahí, tuvieron que pasar un calvario todavía mayor. He aquí la sucesión cronológica de un abominable caso que ha sacudido a toda la localidad. A eso de las 8.30 horas del citado 9 de julio, las hermanas van juntas al baño del colegio público Legazpi de Arroyomolinos, cedido por el ayuntamiento a la Mancomunidad del Suroeste para llevar a cabo uno de tantos campamentos urbanos que tienen lugar durante la época veraniega.
Allí, mientras están cada una en un cubículo, otras dos niñas avisan a una monitora de que las pequeñas necesitan ayuda, «seguramente porque no tuvieran papel higiénico», expone su progenitora, en conversación con ABC. La cuidadora las ve sentadas en el váter y les dice que va a buscar toallitas, sin tener idea de la dantesca escena que presenciaría a su vuelta. «Cuando esta mujer va de regreso con las toallitas, se encuentra con otras dos monitoras que le acompañan hasta la entrada del baño», prosigue la afectada, sabedora de que al menos dos de ellas se topan con Alonso dentro.
Las responsables de las menores encuentran a su compañero de pie, con la puerta abierta de la cabina donde la más pequeña está sin ropa de cintura para abajo, y con el habitáculo de la mayor entreabierto y en este caso totalmente desnuda. Sin margen para reaccionar, le preguntan a esta última por qué está desnuda, a lo que ella responde que ha sido Alonso el que se lo ha pedido. El colegio de Arroyomolinos donde se lleva a cabo el campamento urbano. (Matías Nieto) El interpelado ofrece entonces una burda justificación.
Cuenta que les ha pedido que se desnuden para que no se manchen, «porque cuando él hace caca se mancha», refiere Aurora, totalmente desbordada por los acontecimientos. Estupefactas, sus compañeras le quitan un rollo de papel higiénico que tiene en la mano y le dicen que se largue. Las tres cuidadoras son perfectamente conscientes de que algo muy raro acaba de ocurrir, por lo que deciden ir a hablar con su pareja de trabajo (los monitores trabajan de dos en dos por cada grupo de niños).
Y entre todas llegan a una misma conclusión: deben avisar de inmediato a su coordinadora. Al escuchar lo ocurrido, la responsable directa de todos los monitores les dice que va a hablar con su superior para que avise a los padres, además de iniciar una investigación interna. Ese mismo día, la coordinadora llama a filas a Alonso y este es despedido.
«El día anterior ya habían recibido quejas de otra madre porque le había hablado de malas formas a un niño», asegura Aurora, sin conocer en ese momento nada de lo que había sucedido. De hecho, los días avanzan y no recibe comunicación alguna, lo que complica sobremanera la situación en casa. Su hija mayor tiene un trastorno del lenguaje diagnosticado y le cuesta más hablar, por lo que es la pequeña la que empieza a dar las primeras señales de alarma.
Juegos de agua «Los días que tocan juegos de agua (los martes y los jueves) se pone histérica y me dice que no quiere ir ni quitarse la camiseta», subraya, consciente ahora de que el fatídico 9 de julio fue precisamente un jueves. Aurora no entiende nada, y al segundo berrinche (coincidiendo con la siguiente jornada a remojo), decide preguntar a una de las monitoras si ha pasado algo. «Y me dice que sí, pero sus responsables les habían pedido que no dijeran nada, que de eso ya se encargaban ellos», añade.
Las cuidadoras, al sospechar que los padres no han sido informados, vuelven a hablar con su coordinadora. «Les dice que ya han contactado con nosotros y que no se preocupen, que Alonso ya no va a trabajar allí más», remarca, convencida de que los responsables del campamento, a cargo de la empresa Pebetero, intentaron ocultar los hechos. Newsletter Todo se precipita cuando el viernes 17 de julio las monitoras deciden actuar por su cuenta.
Esperan a que el resto de padres hayan recogido a los niños para contarle a Aurora y su marido lo ocurrido en el baño ocho días atrás. «Nos ponemos muy nerviosos y vamos a buscar a la coordinadora, quien se justifica diciendo que ha sido su superior el que le había dicho que ya nos había informado», comenta, descargando también en él la responsabilidad de no haber denunciado los hechos ante la Guardia Civil. Los padres llaman a Emergencias y acuden al hospital Rey Juan Carlos de Móstoles, donde las niñas ya expresan a un pediatra que Alonso les había pedido que se quitaran la ropa y después les había hecho daño a través de tocamientos.
Las propias monitoras de las pequeñas revelaron lo sucedido a los padres ocho días después, al sospechar que sus superiores no lo habían hecho De ahí se desplazan al cuartel de la Guardia Civil para interponer la denuncia, y ya en casa, con la máxima delicadeza posible, consiguen que las hermanas les cuenten todo lo que recuerdan. «Decido grabar lo que dicen y hacer una ampliación de la denuncia», incide su madre, un vídeo que ya obra en poder de los investigadores. El martes 21 de julio, los agentes detienen a Alonso como presunto autor dos delitos de agresión sexual a menores, quien, tras ser puesto a disposición judicial, es enviado a prisión provisional, comunicada y sin fianza.
El joven, afincado hasta ahora en casa de sus padres, no tiene antecedentes de naturaleza sexual. Ese mismo día, Aurora vuelve al cuartel para poner una segunda denuncia contra la coordinadora, su jefe directo en el campamento y la propia empresa adjudicataria. Por el medio, un reguero de comunicados: del ayuntamiento de Arroyomolinos, que ya estudia su personación como acusación popular en caso de que se abra un procedimiento judicial, y descarga toda la responsabilidad por la contratación del campamento en la Mancomunidad del Suroeste; de la misma Mancomunidad, que afirma que «no existe en la actualidad una situación de riesgo para las personas usuarias, habiéndose adoptado las medidas oportunas desde que se tuvo conocimiento de los hechos presuntamente acontecidos»; y de la entidad Pebetero, que asegura «que se han activado todos los protocolos y medidas previstos para garantizar la seguridad, el bienestar y la adecuada atención de todos los menores».
En esta última nota, su equipo directivo sostiene «que en ningún momento ha pretendido ocultar información a las familias» y que «desde que tuvo conocimiento de la situación ha actuado con la máxima diligencia, respetando en todo momento la investigación en curso y los derechos de todas las personas implicadas». Temas sucesos Guardia Civil Delitos Sexuales Arroyomolinos (Madrid) comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Chenoa: «Vengo de una familia muy justa de dinero. Los niños iban al comedor y yo, con ocho años, comía en las escaleras sola»
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