La mentira se acoge a la Quinta
Cada vez que llego a un aeropuerto de Málaga abarrotado, el bullicio me reconforta. Ese zoo humano de personas en tránsito, en chándal, arregladas, todas las tonalidades de piel. Disculpen la cursiler
La mentira se acoge a la Quinta El mundo se paró. Nos pagaron por quedarnos en casa y eso tuvo consecuencias. La más pavorosa fue saber qué se hace con el miedo Regala esta noticia Añádenos en Google El epidemiólogo Anthony Fauci poniéndose la vacuna del Covid-19. (AFP) Berta González de Vega 29/07/2026 a las 19:45h.
Cada vez que llego a un aeropuerto de Málaga abarrotado, el bullicio me reconforta. Ese zoo humano de personas en tránsito, en chándal, arregladas, todas las tonalidades de piel. Disculpen la cursilería, lo es, pero ahí siento el pulso de un mundo que se mueve, ... justo donde lo vi parado, electrocardiograma aéreo casi plano.
Septiembre de 2020, vacío salvo por unos pocos padres despidiéndose de sus hijos camino de estudios en el extranjero, mascarillas puestas y la previsible llegada a una residencia con cuarentena, bandeja en la puerta y celda de aislamiento. La infusión hirviendo de miedo terrible tuvo dos culpables: China y el doctor Fauci, erigido en La Ciencia. Si los chinos confinaban, construían hospitales en dos semanas y el virus salió de allí, tendrían razón al convertir el país en un ala de infecciosos de centro sanitario.
Parecía lógico imitarles. Ahí estuvimos la gran mayoría. Si Fauci y su prestigio nos decía que había que encerrarse en casa, cerrar colegios, vacunar también a quien había pasado la enfermedad, que el origen del virus estaba en un pangolín, había que creerle.
A quién si no. No íbamos a hacer caso a nuestro primo hippie que se abrazaba a los árboles. Hubo dos señores notables que no tragaron.
Anders Tegnell, epidemiólogo jefe en Suecia, que rápidamente vio que era un virus mortal casi en exclusiva para ancianos, a los que aconsejó no estar muy expuestos, sin encerrar al resto. Pese a amenazas de muerte, sabía que la mayoría estaba con él. Tranquilizó mientras el resto de los expertos del mundo contaban positivos.
En EEUU, Rand Paul, un senador republicano con un gran criterio propio -ha criticado a Trump con dureza por su política exterior-, se tomó en serio que Fauci rindiera cuentas, hasta el punto de que el científico, al que Biden le dio un indulto preventivo, le acusa de estar obsesionado con él. Gracias a Rand sabemos cómo se censuró en redes a todo el que no comulgara con las ruedas de molino de la narrativa oficial. Terraplanistas, magufos.
Ya en mayo de 2020, Rand, médico, dijo que la infección generaba inmunidad, el riesgo de muerte para los niños era muy reducido por lo que los colegios debían reabrir, que no era lo mismo estar en Manhattan que en un pueblo de Wisconsin (¿Madrid que un pueblo de Zamora para no salir?), que los modelos fallaban y que Suecia era un modelo válido. Desde entonces, Rand Paul no ha parado de encontrar evidencias de cómo se nos mintió. Ayer tuvo el último careo con Fauci, que se acogió a la quinta enmienda para no contestar.
La inmensa mayoría, usted mismo, habrá pasado página. Pase. Unos chalados no podemos dejar de admirar el tesón de quien está empeñado en que la historia se escriba de otra manera.
El mundo se paró. Nos pagaron por quedarnos en casa y eso tuvo consecuencias. La más pavorosa fue saber qué se hace con el miedo.
Temas Suecia China Covid-19 Partido Republicano de los Estados Unidos comentarios Reportar un error La mentira se acoge a la Quinta El mundo se paró. Nos pagaron por quedarnos en casa y eso tuvo consecuencias. La más pavorosa fue saber qué se hace con el miedo Regala esta noticia Añádenos en Google El epidemiólogo Anthony Fauci poniéndose la vacuna del Covid-19. (AFP) Berta González de Vega 29/07/2026 a las 19:45h.
Cada vez que llego a un aeropuerto de Málaga abarrotado, el bullicio me reconforta. Ese zoo humano de personas en tránsito, en chándal, arregladas, todas las tonalidades de piel. Disculpen la cursilería, lo es, pero ahí siento el pulso de un mundo que se mueve, ... justo donde lo vi parado, electrocardiograma aéreo casi plano.
Septiembre de 2020, vacío salvo por unos pocos padres despidiéndose de sus hijos camino de estudios en el extranjero, mascarillas puestas y la previsible llegada a una residencia con cuarentena, bandeja en la puerta y celda de aislamiento. La infusión hirviendo de miedo terrible tuvo dos culpables: China y el doctor Fauci, erigido en La Ciencia. Si los chinos confinaban, construían hospitales en dos semanas y el virus salió de allí, tendrían razón al convertir el país en un ala de infecciosos de centro sanitario.
Parecía lógico imitarles. Ahí estuvimos la gran mayoría. Si Fauci y su prestigio nos decía que había que encerrarse en casa, cerrar colegios, vacunar también a quien había pasado la enfermedad, que el origen del virus estaba en un pangolín, había que creerle.
A quién si no. No íbamos a hacer caso a nuestro primo hippie que se abrazaba a los árboles. Hubo dos señores notables que no tragaron.
Anders Tegnell, epidemiólogo jefe en Suecia, que rápidamente vio que era un virus mortal casi en exclusiva para ancianos, a los que aconsejó no estar muy expuestos, sin encerrar al resto. Pese a amenazas de muerte, sabía que la mayoría estaba con él. Tranquilizó mientras el resto de los expertos del mundo contaban positivos.
En EEUU, Rand Paul, un senador republicano con un gran criterio propio -ha criticado a Trump con dureza por su política exterior-, se tomó en serio que Fauci rindiera cuentas, hasta el punto de que el científico, al que Biden le dio un indulto preventivo, le acusa de estar obsesionado con él. Gracias a Rand sabemos cómo se censuró en redes a todo el que no comulgara con las ruedas de molino de la narrativa oficial. Terraplanistas, magufos.
Ya en mayo de 2020, Rand, médico, dijo que la infección generaba inmunidad, el riesgo de muerte para los niños era muy reducido por lo que los colegios debían reabrir, que no era lo mismo estar en Manhattan que en un pueblo de Wisconsin (¿Madrid que un pueblo de Zamora para no salir?), que los modelos fallaban y que Suecia era un modelo válido. Desde entonces, Rand Paul no ha parado de encontrar evidencias de cómo se nos mintió. Ayer tuvo el último careo con Fauci, que se acogió a la quinta enmienda para no contestar.
La inmensa mayoría, usted mismo, habrá pasado página. Pase. Unos chalados no podemos dejar de admirar el tesón de quien está empeñado en que la historia se escriba de otra manera.
El mundo se paró. Nos pagaron por quedarnos en casa y eso tuvo consecuencias. La más pavorosa fue saber qué se hace con el miedo.
Temas Suecia China Covid-19 Partido Republicano de los Estados Unidos comentarios Reportar un error Este reloj parece antiguo y no depende de pilas: el Pagani automático ideal para muñecas finas Teresa Rodríguez García Javier Ruiz, sobre sus orígenes humildes: «Mi abuelo era minero y la familia de mi madre viene de un camionero que montó una yesería y trabajaba el olivar» Inés Romero Mercadona confirma el origen de las sandías que vende en sus supermercados este verano David Maroto Valencia