María Luisa, monja de clausura: «La gente nos ve como personas aisladas, separadas del mundo. Pero no, la monja lleva todas las necesidades dentro de ella»
Cuando uno piensa en lugares inaccesibles quizás visualice una guerra. O un despacho de alguien muy importante. O incluso la cumbre de una montaña. Sin embargo, a veces esos rincones están repartidos
María Luisa, monja de clausura: «La gente nos ve como personas aisladas, separadas del mundo. Pero no, la monja lleva todas las necesidades dentro de ella» Esta religiosa del monasterio dominico de la Santísima Trinidad de Orihuela abre su vida para dar respuesta a las preguntas que la mayoría de personas se hacen Regala esta noticia Añádenos en Google María Luisa, monja de clausura, en su convento. (ABC) Borja Sánchez 01/08/2026 a las 10:00h.
Cuando uno piensa en lugares inaccesibles quizás visualice una guerra. O un despacho de alguien muy importante. O incluso la cumbre de una montaña.
Sin embargo, a veces esos rincones están repartidos por las ciudades que habitamos y por las calles que transitamos cada día. Uno de esos lugares que no sabemos cómo son por dentro ni quienes viven ahí pueden ser, por ejemplo, los conventos. Especialmente, los conventos de clausura, los cuales no suelen abrir sus puertas de manera habitual.
Sin embargo, ABC consiguió entrar a uno de ellos para acercarse a la vida de las monjas que allí residen y trabajan. «Nunca hemos aceptado una cosa así porque queremos conservar nuestra intimidad», decía Sor Ángeles, monja de clausura en el monasterio dominico de la Santísima Trinidad de Orihuela donde residía junto a otras once hermanas. Sin embargo, la protección de su intimidad no es el único motivo por el que estas religiosas no suelen aceptar visitas de este tipo.
«No nos fiamos mucho de los periodistas. A veces exageran o cambian las palabras y dicen lo que no queremos decir», confesaba con media sonrisa. Así es la vida en un convento Sin embargo, finalmente accedieron para poder mostrar cómo es la vida contemplativa que se lleva a cabo en este convento de la provincia de Alicante.
Junto a ella se encontraba Sor María Luisa, una monja de clausura de 62 años que compartía su experiencia y que intentaba explicar no solo cómo es su vida allí, sino también dar respuesta a las preguntas más frecuentes que reciben y que más se hace la gente que no entiende ni su elección ni su particular 'modus vivendi'. Lo que más acostumbran a encontrarse estas personas, incluso muy por encima del rechazo a su elección, es la incredulidad. Todo es un porqué constante.
«La gente nos ve quizás como personas separadas del mundo, que están un poco aisladas. Pero no, la monja lleva todas las necesidades y las inquietudes del mundo dentro de ella». Una confesión valiente y sorprendente.
Y es que estas monjas de clausura no son ajenas al mundo que les rodea, sino que lo analizan y lo viven de un prisma diferente. Pero su 'desconexión' es mucho menor de lo que la gente cree. Incluso de un Mundial de fútbol, pero a su manera.
«Estamos pendientes de todo porque nos lo cuentan. No ves a nadie pegado a un ordenador, no ves a nadie pegado a una radio. Pero, por ejemplo, si hay un partido y estamos rezando a la hora que están jugando y estamos a lo nuestro, tranquilamente, pues cuando terminamos vemos quién ha ganado».
De hecho, aunque María Luisa no ve los partidos de Messi cada fin de semana, no esconde que quiere que su Argentina gane siempre. Noticia relacionada Javier, cura con 27 años: «A mí me han gustado, no una, sino muchas chicas» Inés Romero Uno de los momentos más difíciles, pero a la vez gratificantes, en la vida de estas personas es dar el paso.
Aceptar la llamada de Dios. Entender su vocación, qué les está pasando. Y transmitirlo a su entorno más cercano donde lo más probable es encontrar rechazo, tristeza y frustración.
«Yo a mi padre le dije 'quiero ser monja'. Y me dijo '¿de las que enseñan?'. Y le dije 'no, de las que enseñan no, de las monjas que se le llaman de clausura'.
Y me dice 'hija, ¿de esas que no saben hacer nada?'». En ese momento no solo tienen que ordenar sus pensamientos y elegir una vida muy diferente a la que seguramente habían imaginado y a la que habían conocido, sino también hacer una labor pedagógica con los demás. ¿En qué trabaja una monja?
Y es que, en la vida de cualquier religioso, pero especialmente de las monjas de clausura, todo son incógnitas. Pocas personas saben qué hacen, si trabajan, si solo rezan o incluso cómo viven y cómo se relacionan. «La gente a veces cree que vivimos de arriba y no, trabajamos.
En nuestra jornada tenemos horas de trabajo, horas de estudio y horas de vivencia comunitaria. Pero entre nosotras adentro tratamos de hablar lo menos posible. Hablamos, pero tratamos de hablar lo menos posible, lo necesario para trabajar.
La idea es mantener el silencio para poder estar en lo que tenemos que estar adentro de nosotras. Entonces el silencio no nos pesa. Es bonito, para nosotras es muy bonito».
«La mayoría de la gente no se puede hacer una idea de lo que es la vida contemplativa. Porque la vida contemplativa, para mí, es la suerte de la vida» María Luisa Monja de clausura «Yo creo que la gente, la mayoría de la gente, no se puede hacer una idea de lo que es la vida contemplativa.
Porque la vida contemplativa, para mí, es la suerte de la vida. Es decir, ser monja es lo máximo que me podrían dar como mujer. Porque una mujer podría ser que quiera una carrera o una profesión.
Puede ser que quiera ser mamá o una familia, pero para nosotras ser monja es lo mejor que nos podía haber tocado». Y esto es lo que pocos alcanzan a comprender. Cómo su felicidad procede desde un plano muy al margen de los estándares habituales.
Otra cosa que suelen olvidar las personas ajenas a estos entornos es que las monjas siguen siendo personas. Y que, como tales, no siempre están convencidas de su decisión. E incluso se pueden equivocar.
«Yo una vez dudé, pero me mandaron a hacer un trabajo y tuve que salir del convento y en cuanto puse el pie en la calle, ya se me fue la duda. O sea que me duró un día o dos. Yo quería ser monja otra vez», confesaba Sor Ángeles.
Y por último, dejan una reflexión en la que muchas personas no se detienen a pensar. «La gente puede creer que estamos encerradas y no, la llave está por dentro. La monja puede salir, pero lo que pasa es que no le hace falta».
Temas Ordenes religiosas AD ABC Religión Conventos Comunidades religiosas Monasterios Orihuela comentarios Reportar un error María Luisa, monja de clausura: «La gente nos ve como personas aisladas, separadas del mundo. Pero no, la monja lleva todas las necesidades dentro de ella» Esta religiosa del monasterio dominico de la Santísima Trinidad de Orihuela abre su vida para dar respuesta a las preguntas que la mayoría de personas se hacen Regala esta noticia Añádenos en Google María Luisa, monja de clausura, en su convento. (ABC) Borja Sánchez 01/08/2026 a las 10:00h.
Cuando uno piensa en lugares inaccesibles quizás visualice una guerra. O un despacho de alguien muy importante. O incluso la cumbre de una montaña.
Sin embargo, a veces esos rincones están repartidos por las ciudades que habitamos y por las calles que transitamos cada día. Uno de esos lugares que no sabemos cómo son por dentro ni quienes viven ahí pueden ser, por ejemplo, los conventos. Especialmente, los conventos de clausura, los cuales no suelen abrir sus puertas de manera habitual.
Sin embargo, ABC consiguió entrar a uno de ellos para acercarse a la vida de las monjas que allí residen y trabajan. «Nunca hemos aceptado una cosa así porque queremos conservar nuestra intimidad», decía Sor Ángeles, monja de clausura en el monasterio dominico de la Santísima Trinidad de Orihuela donde residía junto a otras once hermanas. Sin embargo, la protección de su intimidad no es el único motivo por el que estas religiosas no suelen aceptar visitas de este tipo.
«No nos fiamos mucho de los periodistas. A veces exageran o cambian las palabras y dicen lo que no queremos decir», confesaba con media sonrisa. Así es la vida en un convento Sin embargo, finalmente accedieron para poder mostrar cómo es la vida contemplativa que se lleva a cabo en este convento de la provincia de Alicante.
Junto a ella se encontraba Sor María Luisa, una monja de clausura de 62 años que compartía su experiencia y que intentaba explicar no solo cómo es su vida allí, sino también dar respuesta a las preguntas más frecuentes que reciben y que más se hace la gente que no entiende ni su elección ni su particular 'modus vivendi'. Lo que más acostumbran a encontrarse estas personas, incluso muy por encima del rechazo a su elección, es la incredulidad. Todo es un porqué constante.
«La gente nos ve quizás como personas separadas del mundo, que están un poco aisladas. Pero no, la monja lleva todas las necesidades y las inquietudes del mundo dentro de ella». Una confesión valiente y sorprendente.
Y es que estas monjas de clausura no son ajenas al mundo que les rodea, sino que lo analizan y lo viven de un prisma diferente. Pero su 'desconexión' es mucho menor de lo que la gente cree. Incluso de un Mundial de fútbol, pero a su manera.
«Estamos pendientes de todo porque nos lo cuentan. No ves a nadie pegado a un ordenador, no ves a nadie pegado a una radio. Pero, por ejemplo, si hay un partido y estamos rezando a la hora que están jugando y estamos a lo nuestro, tranquilamente, pues cuando terminamos vemos quién ha ganado».
De hecho, aunque María Luisa no ve los partidos de Messi cada fin de semana, no esconde que quiere que su Argentina gane siempre. Noticia relacionada Javier, cura con 27 años: «A mí me han gustado, no una, sino muchas chicas» Inés Romero Uno de los momentos más difíciles, pero a la vez gratificantes, en la vida de estas personas es dar el paso.
Aceptar la llamada de Dios. Entender su vocación, qué les está pasando. Y transmitirlo a su entorno más cercano donde lo más probable es encontrar rechazo, tristeza y frustración.
«Yo a mi padre le dije 'quiero ser monja'. Y me dijo '¿de las que enseñan?'. Y le dije 'no, de las que enseñan no, de las monjas que se le llaman de clausura'.
Y me dice 'hija, ¿de esas que no saben hacer nada?'». En ese momento no solo tienen que ordenar sus pensamientos y elegir una vida muy diferente a la que seguramente habían imaginado y a la que habían conocido, sino también hacer una labor pedagógica con los demás. ¿En qué trabaja una monja?
Y es que, en la vida de cualquier religioso, pero especialmente de las monjas de clausura, todo son incógnitas. Pocas personas saben qué hacen, si trabajan, si solo rezan o incluso cómo viven y cómo se relacionan. «La gente a veces cree que vivimos de arriba y no, trabajamos.
En nuestra jornada tenemos horas de trabajo, horas de estudio y horas de vivencia comunitaria. Pero entre nosotras adentro tratamos de hablar lo menos posible. Hablamos, pero tratamos de hablar lo menos posible, lo necesario para trabajar.
La idea es mantener el silencio para poder estar en lo que tenemos que estar adentro de nosotras. Entonces el silencio no nos pesa. Es bonito, para nosotras es muy bonito».
«La mayoría de la gente no se puede hacer una idea de lo que es la vida contemplativa. Porque la vida contemplativa, para mí, es la suerte de la vida» María Luisa Monja de clausura «Yo creo que la gente, la mayoría de la gente, no se puede hacer una idea de lo que es la vida contemplativa.
Porque la vida contemplativa, para mí, es la suerte de la vida. Es decir, ser monja es lo máximo que me podrían dar como mujer. Porque una mujer podría ser que quiera una carrera o una profesión.
Puede ser que quiera ser mamá o una familia, pero para nosotras ser monja es lo mejor que nos podía haber tocado». Y esto es lo que pocos alcanzan a comprender. Cómo su felicidad procede desde un plano muy al margen de los estándares habituales.
Otra cosa que suelen olvidar las personas ajenas a estos entornos es que las monjas siguen siendo personas. Y que, como tales, no siempre están convencidas de su decisión. E incluso se pueden equivocar.
«Yo una vez dudé, pero me mandaron a hacer un trabajo y tuve que salir del convento y en cuanto puse el pie en la calle, ya se me fue la duda. O sea que me duró un día o dos. Yo quería ser monja otra vez», confesaba Sor Ángeles.
Y por último, dejan una reflexión en la que muchas personas no se detienen a pensar. «La gente puede creer que estamos encerradas y no, la llave está por dentro. La monja puede salir, pero lo que pasa es que no le hace falta».
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