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Internacional
viernes, 31 de julio de 2026

«Volved, no entréis»: el enfado y la decepción impulsa a los marroquíes a cruzar la frontera de vuelta

La ciudad observa cómo quienes llegaron vuelven a marchar . Lo hacen arrastrando los pies, con despedidas no exentas de palabras y manos en alto con ímpetu de adiós. Sus pasos cruzan la frontera que h

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

«Volved, no entréis»: el enfado y la decepción impulsa a los marroquíes a cruzar la frontera de vuelta Desde la orilla, decenas de inmigrantes tratan de superar el cerco impuesto por el Ejército mientras, desde el paseo marítimo, los que vuelven a Marruecos les gritan que no entren Escucha el artículo. 4 min Escucha el artículo. 4 min Regala esta noticia Añádenos en Google Algunos de los marroquíes llegados abandonan Ceuta. (Víctor Rodríguez) Natalia Loizaga Ceuta 31/07/2026 Actualizado a las 20:18h. La ciudad observa cómo quienes llegaron vuelven a marchar. Lo hacen arrastrando los pies, con despedidas no exentas de palabras y manos en alto con ímpetu de adiós.

Sus pasos cruzan la frontera que hace horas franqueaban creyéndose, aunque fuera unos instantes, dueños de ... un futuro mejor, de un lugar que pensaron sería cuna de una nueva realidad. Aunque el Ministerio de Interior ha cifrado en más de 48.000 retornos de las 50.000 llegadas, la sensación por las calles es de que hay muchos más. Mostafá da gracias de que la frontera esté abierta, pues solo así puede volver a la casa que este viernes por la mañana dejó para enfrentarse a la travesía a nado que le permitió toparse con una estampa que no esperaba, la de una ciudad cerrada a cal y canto por su llegada, que provocaba sus vaivenes constantes sin un destino más concreto que el de estar ya en la ciudad.

«Estamos enfadados porque, cuando te abren, la puerta significa que eres bienvenido. A mí me han abierto la puerta, y entré entre los militares marroquís y españoles, me han dado la mano para que pase», recuerda, y se queja de que la ciudad no compartió el impulso que sintieron al cruzar países. Llegaron, dice, y estaba todo cerrado, sin acceso a agua, comida o un refugio, mucho menos un trabajo.

Todo ello esperaban y nada encontraron. «Marruecos, no Ceuta. Ceuta.», y frunce el ceño tras haber confiado en ella como en una musa.

Noticia relacionada EE.UU. culpa directamente a Sánchez: «Él facilita la inmigración ilegal masiva a Europa» David Alandete Por eso, miles de marroquíes han pasado la tarde desandando el camino recorrido y claman desde el paseo marítimo que lo hagan también quienes estan a punto de entrar por mar, quienes tiritan en torno al cerco que el Ejército ha formado en la orilla de la playa. Y así pasan los minutos, con las piernas sumergidas hasta la rodilla y los brazos cruzados sobre el pecho.

Las mandíbulas, desencajadas en su temblor, vibran por el frío y la decepción de un sueño roto. «Volved a Marruecos, no entréis», es lo que gritan quienes caminan bajo el sol y envueltos en una fatigosa humedad con la mirada puesta en su hogar, en el regreso. Gesticulan con las manos, señalan Marruecos, les dicen que en España no existe la oportunidad que creyeron viva.

Pero ellos continúan plantados en la orilla, emitiendo improperios hacia su país en el idioma del que pisan. Algunos se escapan de las garras de la autoridad y quienes no lo han hecho aplauden, a pesar de las advertencias de los suyos de no pasar. Ver para creer, es la norma que siguen.

«Lo que han hecho está mal» «Estamos volviendo a España porque lo que han hecho está mal, porque solo hay una tienda abierta y todos se van a comprar en la misma y cuando llega todo el mundo...», dice Mostafá, y eleva las manos al aire como recordando promesas hechas añicos. Son pocos los comercios que se atreven a elevar la persiana y, entre quienes lo hacen, no siempre acaba bien, porque el hambre y la sed ya derrotan a quienes llegaron los primeros, porque el calor aprieta y las horas a la intemperie pocas veces son agradecidas.

Dicen de ello que es la razón de su regreso. Newsletter «Tengo un trabajo en Marruecos, de motos de agua, así que me vuelvo», cuenta un joven al que este periódico conoció a su llegada y que vuelve a encontrar cuando cruza la frontera para volver con su «familia pequeñita pobrecita». Al comenzar el día se encontraba tirado frente a un supermercado y señalaba su estómago con ímpetu para demostrar un hambre que no podía saciar.

Decía también que tenía frío y que no tenía más ropa que la puesta, así que decidió volver. Advertencias desoídas La tarde de este viernes, por la playa continúan llegando marroquíes a nado, y las autoridades allí coordinadas ya les avisan del futuro al que se enfrentan tras su llegada. «No hay comida, no hay agua», le advierte un oficial a un recién llegado que, tirado en el suelo, no hace más que repetir la palabra «hospital».

El mismo oficial dice, antes de quedar el otro tendido sobre la arena y con las olas meciendo su camiseta, que pedir ayuda sanitaria es la forma que tienen de llegar a un lugar más seguro. Entre los regresos sorprenden casos dispares, como el de un joven trabajador marroquí que, tras residir por trabajo una temporada en Málaga, ha decidido volver a su país natal al escuchar que la frontera estaba abierta. Un ferry después se planta en la frontera y su intención es recorrerla a pie.

Tal es también el propósito de quienes no cesan en su retorno por la puerta abierta de la frontera. Su marcha es relativamente tranquila, aunque no está exenta de algún momento de tensión. Algunos se detienen una última vez, justo antes de llegar a la verja, a observar el mar en el que decenas están a la espera de cruzar.

Se despiden después de los oficiales del Ejército y algunos aseguran que volverán. «Estaréis contentos» o «nos vemos luego» es lo que se escucha, entre adioses, en su marchar. comentarios Reportar un error «Volved, no entréis»: el enfado y la decepción impulsa a los marroquíes a cruzar la frontera de vuelta Desde la orilla, decenas de inmigrantes tratan de superar el cerco impuesto por el Ejército mientras, desde el paseo marítimo, los que vuelven a Marruecos les gritan que no entren Escucha el artículo. 4 min Escucha el artículo. 4 min Regala esta noticia Añádenos en Google Algunos de los marroquíes llegados abandonan Ceuta. (Víctor Rodríguez) Natalia Loizaga Ceuta 31/07/2026 Actualizado a las 20:18h. La ciudad observa cómo quienes llegaron vuelven a marchar.

Lo hacen arrastrando los pies, con despedidas no exentas de palabras y manos en alto con ímpetu de adiós. Sus pasos cruzan la frontera que hace horas franqueaban creyéndose, aunque fuera unos instantes, dueños de ... un futuro mejor, de un lugar que pensaron sería cuna de una nueva realidad. Aunque el Ministerio de Interior ha cifrado en más de 48.000 retornos de las 50.000 llegadas, la sensación por las calles es de que hay muchos más.

Mostafá da gracias de que la frontera esté abierta, pues solo así puede volver a la casa que este viernes por la mañana dejó para enfrentarse a la travesía a nado que le permitió toparse con una estampa que no esperaba, la de una ciudad cerrada a cal y canto por su llegada, que provocaba sus vaivenes constantes sin un destino más concreto que el de estar ya en la ciudad. «Estamos enfadados porque, cuando te abren, la puerta significa que eres bienvenido. A mí me han abierto la puerta, y entré entre los militares marroquís y españoles, me han dado la mano para que pase», recuerda, y se queja de que la ciudad no compartió el impulso que sintieron al cruzar países.

Llegaron, dice, y estaba todo cerrado, sin acceso a agua, comida o un refugio, mucho menos un trabajo. Todo ello esperaban y nada encontraron. «Marruecos, no Ceuta.

Ceuta.», y frunce el ceño tras haber confiado en ella como en una musa. Noticia relacionada EE.UU. culpa directamente a Sánchez: «Él facilita la inmigración ilegal masiva a Europa» David Alandete Por eso, miles de marroquíes han pasado la tarde desandando el camino recorrido y claman desde el paseo marítimo que lo hagan también quienes estan a punto de entrar por mar, quienes tiritan en torno al cerco que el Ejército ha formado en la orilla de la playa.

Y así pasan los minutos, con las piernas sumergidas hasta la rodilla y los brazos cruzados sobre el pecho. Las mandíbulas, desencajadas en su temblor, vibran por el frío y la decepción de un sueño roto. «Volved a Marruecos, no entréis», es lo que gritan quienes caminan bajo el sol y envueltos en una fatigosa humedad con la mirada puesta en su hogar, en el regreso.

Gesticulan con las manos, señalan Marruecos, les dicen que en España no existe la oportunidad que creyeron viva. Pero ellos continúan plantados en la orilla, emitiendo improperios hacia su país en el idioma del que pisan. Algunos se escapan de las garras de la autoridad y quienes no lo han hecho aplauden, a pesar de las advertencias de los suyos de no pasar.

Ver para creer, es la norma que siguen. «Lo que han hecho está mal» «Estamos volviendo a España porque lo que han hecho está mal, porque solo hay una tienda abierta y todos se van a comprar en la misma y cuando llega todo el mundo...», dice Mostafá, y eleva las manos al aire como recordando promesas hechas añicos.

Son pocos los comercios que se atreven a elevar la persiana y, entre quienes lo hacen, no siempre acaba bien, porque el hambre y la sed ya derrotan a quienes llegaron los primeros, porque el calor aprieta y las horas a la intemperie pocas veces son agradecidas. Dicen de ello que es la razón de su regreso. Newsletter «Tengo un trabajo en Marruecos, de motos de agua, así que me vuelvo», cuenta un joven al que este periódico conoció a su llegada y que vuelve a encontrar cuando cruza la frontera para volver con su «familia pequeñita pobrecita».

Al comenzar el día se encontraba tirado frente a un supermercado y señalaba su estómago con ímpetu para demostrar un hambre que no podía saciar. Decía también que tenía frío y que no tenía más ropa que la puesta, así que decidió volver. Advertencias desoídas La tarde de este viernes, por la playa continúan llegando marroquíes a nado, y las autoridades allí coordinadas ya les avisan del futuro al que se enfrentan tras su llegada.

«No hay comida, no hay agua», le advierte un oficial a un recién llegado que, tirado en el suelo, no hace más que repetir la palabra «hospital». El mismo oficial dice, antes de quedar el otro tendido sobre la arena y con las olas meciendo su camiseta, que pedir ayuda sanitaria es la forma que tienen de llegar a un lugar más seguro. Entre los regresos sorprenden casos dispares, como el de un joven trabajador marroquí que, tras residir por trabajo una temporada en Málaga, ha decidido volver a su país natal al escuchar que la frontera estaba abierta.

Un ferry después se planta en la frontera y su intención es recorrerla a pie. Tal es también el propósito de quienes no cesan en su retorno por la puerta abierta de la frontera. Su marcha es relativamente tranquila, aunque no está exenta de algún momento de tensión.

Algunos se detienen una última vez, justo antes de llegar a la verja, a observar el mar en el que decenas están a la espera de cruzar. Se despiden después de los oficiales del Ejército y algunos aseguran que volverán. «Estaréis contentos» o «nos vemos luego» es lo que se escucha, entre adioses, en su marchar. comentarios Reportar un error EE.UU. culpa directamente a Sánchez: «Él facilita la inmigración ilegal masiva a Europa»

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Borja Sánchez

Publicado por Redacción · viernes, 31 de julio de 2026

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