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Internacional
miércoles, 16 de septiembre de 2026

El Día D casi acaba en desastre: la decisión de Eisenhower que pudo costar 160.000 vidas

Han pasado más de ochenta años, pero las cifras del Desembarco de Normandía todavía estremecen: casi 160.000 soldados entre las fuerzas de infantería y las unidades aerotransportadas. Y cada una de es

Redacción⏱️ 5 min💬 0 comentarios

El Día D casi acaba en desastre: la decisión de Eisenhower que pudo costar 160.000 vidas El estreno de 'Tiempo de victoria' recoge la historia de los meteorólogos a los que se encargó predecir qué tiempo haría en las costas de Normandía durante el gran desembarco aliado Regala esta noticia Añádenos en Google Cartel de 'Tiempos de gloria'. (ABC) Manuel P. Villatoro 17/09/2026 a las 01:20h. Han pasado más de ochenta años, pero las cifras del Desembarco de Normandía todavía estremecen: casi 160.000 soldados entre las fuerzas de infantería y las unidades aerotransportadas.

Y cada una de esas vidas pesaba, cual losa de mármol, sobre la conciencia de Dwight D. Eisenhower ... ('Ike'). «Soy la única persona a la que se podría culpar por la derrota, asumo toda la responsabilidad», escribió pocas horas antes del 6 de junio de 1944.

El comandante supremo aliado estaba convencido de que la única forma de evitar una masacre era recoger la mayor cantidad de información: divisiones alemanas atrincheradas en las playas, tipo de arena… Pero el factor clave, ese que podría haber dado al traste con el Día D y haber provocado un torrente de muertes, fue la meteorología. El Día D planteó una larga lista de retos meteorológicos para todas las ramas del ejército aliado. Debía ser un día sin fuertes rachas de viento para evitar que las olas volcaran las lanchas de desembarco, con luna llena para que los paracaidistas tuvieran buena visibilidad tras las líneas enemigas, y con nubes lo bastante altas para no entorpecer a los pilotos y facilitar el bombardeo aéreo.

Casi nada. Las tormentas reunían todo este cóctel de desgracias, con el desagradable añadido de que la lluvia disminuía la precisión de la artillería naval y dificultaba que los carros de combate llegaran a las playas. El tiempo era el enemigo invisible, y contar con un pronóstico fiable, clave.

La carrera por lograr el pronóstico perfecto se disputó en el cuartel general aliado, ubicado en Southwick House, al sur de Inglaterra, y la protagonizaron una serie de científicos entre los que destacaron el escocés James Stagg y el norteamericano Irving Krick. Cada uno, con su forma de entender la predicción del clima y con su propio vaticinio. Esa desconocida batalla es la que representa el director Anthony Maras en su nueva película: 'Tiempo de victoria'.

El largometraje narra las 72 horas previas al Desembarco de Normandía desde el punto de vista meteorológico y muestra cómo Ike (Brendan Fraser) tuvo que lidiar con una decisión terrible: retrasar o no el Día D ante la llegada de una posible tormenta. En ese sentido, el título original es más acertado: 'Pressure' ('Presión'). Porque es presión lo que transmite la película: la de Ike, por ser el máximo responsable de la decisión final, pero también la que soportaban el capitán Stagg (Andrew Scott) y el coronel Krick (Chris Messina) ante el reto que suponía adivinar el tiempo a medio plazo.

Y es que, como recordaba el meteorólogo Roberto Brasero en el preestreno de la película en Madrid, en 1944 era imposible ofrecer un pronóstico más allá de 24 horas. El periodista recalcó que, por entonces, existía «una batalla entre dos formas de predecir el tiempo»: la del británico, basada en datos «obtenidos mediante globos sonda y aviones», y la del norteamericano, sustentada en mapas sinópticos y análisis de patrones de años previos. James Stagg. (ABC) Desde el punto de vista histórico, y aunque logra que el espectador se contagie de aquella presión asfixiante, la película exagera al centrar la batalla en dos personajes.

En realidad, para predecir el tiempo Ike organizó tres grupos independientes; cada uno, acuartelado en un lugar diferente de Londres. El coordinador de todos ellos era el propio Stagg, un geofísico de 29 años, con el coronel estadounidense Don Yates como adjunto. Ambos analizaban la información llegada desde los dos equipos británicos (el de Dunstable, liderado por un noruego, y el del Almirantazgo) y desde el norteamericano, apodado Widewing.

Este último era el dirigido por Krick. Guerra histórica Aunque se infiera en el largometraje, Krick no era ningún meteorólogo de segunda que trabajara en solitario. En 1944 ya era un especialista reconocido, dirigía su propio equipo y contaba, además, con los datos del Centro Meteorológico Conjunto de Washington (JWC).

Este organismo elaboraba dos pronósticos diarios mediante métodos estadísticos avanzados que contribuyeron a sentar las bases de buena parte de la meteorología de las dos décadas siguientes. Ese es uno de los grandes errores de la película: convertir a Krick en una suerte de Salieri de Stagg. Ike, durante las horas previas al Desembarco de Normandía, saludando a las tropas aerotransportadas. (ABC) En lo que sí acierta el largometraje es en mostrar la guerra que se desarrolló entre unos y otros.

Desde finales de mayo de 1944 hubo una marcada diferencia de opinión entre los grupos británicos y Widewing. Tras observar las borrascas, los frentes y las corrientes del oeste, los primeros barajaban la posibilidad de que se produjera una tormenta en la mañana del 5 de junio, el día escogido en principio para el desembarco. Los norteamericanos manejaban otro escenario.

Al tener que realizar un pronóstico a medio plazo, se basaron en el llamado 'método de los análogos', una técnica que buscaba en los registros históricos situaciones atmosféricas similares a las que se estaban produciendo para tratar de anticipar el tiempo. Con los datos sobre la mesa, Krick determinó que las altas presiones del anticiclón de las Azores avanzarían hacia el Canal de la Mancha y traerían unas condiciones estables. Al final –ojo, que vienen 'spoilers'– Ike aplazó el desembarco sin ofrecer una nueva fecha.

Pero, ese mismo día, las predicciones de los tres grupos coincidieron en que, tras el temporal del 5, se abriría una breve ventana de condiciones aceptables que permitiría realizar la operación el 6. Apenas unas horas. Eisenhower se retiró entonces a dormir a su 'vagón de circo', el tren que utilizaba como cuartel general móvil, y regresó de madrugada a Southwick House.

Fue entonces cuando tomó la decisión más importante de su vida: dar luz verde. Pero lo hizo con el apoyo de unos equipos que se apoyaban entre ellos y que habían acumulado errores y aciertos a partes iguales. Temas Playas Meteorología historia Canal de la Mancha Inglaterra Desembarco de Normandía comentarios Reportar un error El Día D casi acaba en desastre: la decisión de Eisenhower que pudo costar 160.000 vidas El estreno de 'Tiempo de victoria' recoge la historia de los meteorólogos a los que se encargó predecir qué tiempo haría en las costas de Normandía durante el gran desembarco aliado Regala esta noticia Añádenos en Google Cartel de 'Tiempos de gloria'. (ABC) Manuel P.

Villatoro 17/09/2026 a las 01:20h. Han pasado más de ochenta años, pero las cifras del Desembarco de Normandía todavía estremecen: casi 160.000 soldados entre las fuerzas de infantería y las unidades aerotransportadas. Y cada una de esas vidas pesaba, cual losa de mármol, sobre la conciencia de Dwight D.

Eisenhower ... ('Ike'). «Soy la única persona a la que se podría culpar por la derrota, asumo toda la responsabilidad», escribió pocas horas antes del 6 de junio de 1944. El comandante supremo aliado estaba convencido de que la única forma de evitar una masacre era recoger la mayor cantidad de información: divisiones alemanas atrincheradas en las playas, tipo de arena… Pero el factor clave, ese que podría haber dado al traste con el Día D y haber provocado un torrente de muertes, fue la meteorología.

El Día D planteó una larga lista de retos meteorológicos para todas las ramas del ejército aliado. Debía ser un día sin fuertes rachas de viento para evitar que las olas volcaran las lanchas de desembarco, con luna llena para que los paracaidistas tuvieran buena visibilidad tras las líneas enemigas, y con nubes lo bastante altas para no entorpecer a los pilotos y facilitar el bombardeo aéreo. Casi nada.

Las tormentas reunían todo este cóctel de desgracias, con el desagradable añadido de que la lluvia disminuía la precisión de la artillería naval y dificultaba que los carros de combate llegaran a las playas. El tiempo era el enemigo invisible, y contar con un pronóstico fiable, clave. La carrera por lograr el pronóstico perfecto se disputó en el cuartel general aliado, ubicado en Southwick House, al sur de Inglaterra, y la protagonizaron una serie de científicos entre los que destacaron el escocés James Stagg y el norteamericano Irving Krick.

Cada uno, con su forma de entender la predicción del clima y con su propio vaticinio. Esa desconocida batalla es la que representa el director Anthony Maras en su nueva película: 'Tiempo de victoria'. El largometraje narra las 72 horas previas al Desembarco de Normandía desde el punto de vista meteorológico y muestra cómo Ike (Brendan Fraser) tuvo que lidiar con una decisión terrible: retrasar o no el Día D ante la llegada de una posible tormenta.

En ese sentido, el título original es más acertado: 'Pressure' ('Presión'). Porque es presión lo que transmite la película: la de Ike, por ser el máximo responsable de la decisión final, pero también la que soportaban el capitán Stagg (Andrew Scott) y el coronel Krick (Chris Messina) ante el reto que suponía adivinar el tiempo a medio plazo. Y es que, como recordaba el meteorólogo Roberto Brasero en el preestreno de la película en Madrid, en 1944 era imposible ofrecer un pronóstico más allá de 24 horas.

El periodista recalcó que, por entonces, existía «una batalla entre dos formas de predecir el tiempo»: la del británico, basada en datos «obtenidos mediante globos sonda y aviones», y la del norteamericano, sustentada en mapas sinópticos y análisis de patrones de años previos. James Stagg. (ABC) Desde el punto de vista histórico, y aunque logra que el espectador se contagie de aquella presión asfixiante, la película exagera al centrar la batalla en dos personajes. En realidad, para predecir el tiempo Ike organizó tres grupos independientes; cada uno, acuartelado en un lugar diferente de Londres.

El coordinador de todos ellos era el propio Stagg, un geofísico de 29 años, con el coronel estadounidense Don Yates como adjunto. Ambos analizaban la información llegada desde los dos equipos británicos (el de Dunstable, liderado por un noruego, y el del Almirantazgo) y desde el norteamericano, apodado Widewing. Este último era el dirigido por Krick.

Guerra histórica Aunque se infiera en el largometraje, Krick no era ningún meteorólogo de segunda que trabajara en solitario. En 1944 ya era un especialista reconocido, dirigía su propio equipo y contaba, además, con los datos del Centro Meteorológico Conjunto de Washington (JWC). Este organismo elaboraba dos pronósticos diarios mediante métodos estadísticos avanzados que contribuyeron a sentar las bases de buena parte de la meteorología de las dos décadas siguientes.

Ese es uno de los grandes errores de la película: convertir a Krick en una suerte de Salieri de Stagg. Ike, durante las horas previas al Desembarco de Normandía, saludando a las tropas aerotransportadas. (ABC) En lo que sí acierta el largometraje es en mostrar la guerra que se desarrolló entre unos y otros. Desde finales de mayo de 1944 hubo una marcada diferencia de opinión entre los grupos británicos y Widewing.

Tras observar las borrascas, los frentes y las corrientes del oeste, los primeros barajaban la posibilidad de que se produjera una tormenta en la mañana del 5 de junio, el día escogido en principio para el desembarco. Los norteamericanos manejaban otro escenario. Al tener que realizar un pronóstico a medio plazo, se basaron en el llamado 'método de los análogos', una técnica que buscaba en los registros históricos situaciones atmosféricas similares a las que se estaban produciendo para tratar de anticipar el tiempo.

Con los datos sobre la mesa, Krick determinó que las altas presiones del anticiclón de las Azores avanzarían hacia el Canal de la Mancha y traerían unas condiciones estables. Al final –ojo, que vienen 'spoilers'– Ike aplazó el desembarco sin ofrecer una nueva fecha. Pero, ese mismo día, las predicciones de los tres grupos coincidieron en que, tras el temporal del 5, se abriría una breve ventana de condiciones aceptables que permitiría realizar la operación el 6.

Apenas unas horas. Eisenhower se retiró entonces a dormir a su 'vagón de circo', el tren que utilizaba como cuartel general móvil, y regresó de madrugada a Southwick House. Fue entonces cuando tomó la decisión más importante de su vida: dar luz verde.

Pero lo hizo con el apoyo de unos equipos que se apoyaban entre ellos y que habían acumulado errores y aciertos a partes iguales. Temas Playas Meteorología historia Canal de la Mancha Inglaterra Desembarco de Normandía comentarios Reportar un error Moldeador de pelo Cecotec AirGlisse 14in1: 14 accesorios en un solo aparato Teresa Rodríguez García El Gran Wyoming, sobre sus estudios universitarios: «Hice Medicina y trabajé como médico, pero había mucho paro» Inés Romero Juan del Val, sobre las próximas elecciones: «Hay gente que piensa que lo que viene es mucho peor y por eso se queda con Pedro Sánchez»

Marina Ortiz

Publicado por Redacción · miércoles, 16 de septiembre de 2026

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