La corrupción fantasma
No es ignorar el elefante en la habitación. Es fingir plena normalidad en una casa donde los paquidermos de la corrupción campan a sus anchas y destrozan el mobiliario y las paredes a trompadas. En se
La corrupción fantasma Después de los pirómanos vendrán los incendiarios. Y Pedro regresará de la isla del fuego volcánico con una tea en la mano Escucha el artículo. 3 min Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Comparecencia de Pedro Sánchez en el palacio de la Moncloa. (Matías Nieto) Ignacio Camacho 28/07/2026 Actualizado a las 19:55h. No es ignorar el elefante en la habitación.
Es fingir plena normalidad en una casa donde los paquidermos de la corrupción campan a sus anchas y destrozan el mobiliario y las paredes a trompadas. En setenta y cinco de minutos de alocución, hora y cuarto ... de autocomplacencia, Sánchez no hizo una alusión a la venalidad que se come a su partido, a su Gobierno y a su hogar familiar por las patas. Sólo en las preguntas despachó el asunto con la displicencia de quien oye hablar de fantasmas.
Y sólo para referirse a su esposa y su hermano; al resto de los ciento veinte imputados ni siquiera los aludió como `esas personas de las que usted me habla´. Eso sí, anunció una ley de integridad pública, broma sarcástica que ni siquiera tiene apoyos para salir aprobada. También presumió, un año después del gran apagón sobre el que aún nadie ha dado explicaciones, de haber tomado `decisiones valientes´ en materia energética.
Sacó pecho del gasto social y de la marcha de la economía, de la ley de amnistía y de la respuesta a los incendios, cuya proliferación atribuyó de forma indirecta al `negacionismo climático´ de la derecha. No es que nadie esperase una palinodia que ningún gobernante formula, pero como tiene por costumbre fue mucho más allá de la inmodestia. Lanzó una proclama narcisista a modo de manifiesto preelectoral y blasonó sin la menor vergüenza de cumplir sus promesas.
En lo que no hubo modo de negarle razón fue en el aserto de que la España de hoy es «muy distinta a la de hace una década». Hace diez años había un Ejecutivo sin estabilidad y una oposición socialista con dirigentes lo bastante responsables para sacarse de encima a un líder embarcado en una aventura personalista. El país estaba –como en casi todo este siglo—sumido en una crisis política agravada por el retroceso del bipartidismo y la irrupción del populismo podemita.
Entonces volvió Pedro, se alió con la extrema izquierda, con los testaferros de una banda terrorista y con los autores de un golpe contra la Constitución, a los que concedió inmunidad retroactiva, y asaltó el poder para instalar en él una trama de exacción que hoy tiene a buena parte de sus miembros ante los tribunales de justicia, la única institución que ha resistido los ataques gubernamentales a su autonomía. No es la misma nación, no; es una sociedad dividida por la estrategia de confrontación de un proyecto sectario cuyo promotor se encuentra al borde del desahucio. Sin presupuestos ni inversiones estructurales desde hace tres años –y camino del cuarto--, con el Parlamento bloqueado, con un gigantesco problema de vivienda y otro aún mayor de convivencia y desafecto ciudadano.
El cambio, si llega a producirse, tendrá que recoger una desoladora herencia de estragos que el presidente está dispuesto a prolongar elevando al máximo la tensión en cuanto pase este dramático verano de montes ardiendo y pueblos evacuados. De Lanzarote, la isla del fuego volcánico, regresará con un plan bajo el brazo. Y una tea políticamente incendiaria en la mano.
Temas Corrupción Partido Socialista Obrero Español (PSOE) Pedro Sánchez Palacio de la Moncloa comentarios Reportar un error La corrupción fantasma Después de los pirómanos vendrán los incendiarios. Y Pedro regresará de la isla del fuego volcánico con una tea en la mano Escucha el artículo. 3 min Escucha el artículo. 3 min Regala esta noticia Añádenos en Google Comparecencia de Pedro Sánchez en el palacio de la Moncloa. (Matías Nieto) Ignacio Camacho 28/07/2026 Actualizado a las 19:55h. No es ignorar el elefante en la habitación.
Es fingir plena normalidad en una casa donde los paquidermos de la corrupción campan a sus anchas y destrozan el mobiliario y las paredes a trompadas. En setenta y cinco de minutos de alocución, hora y cuarto ... de autocomplacencia, Sánchez no hizo una alusión a la venalidad que se come a su partido, a su Gobierno y a su hogar familiar por las patas. Sólo en las preguntas despachó el asunto con la displicencia de quien oye hablar de fantasmas.
Y sólo para referirse a su esposa y su hermano; al resto de los ciento veinte imputados ni siquiera los aludió como `esas personas de las que usted me habla´. Eso sí, anunció una ley de integridad pública, broma sarcástica que ni siquiera tiene apoyos para salir aprobada. También presumió, un año después del gran apagón sobre el que aún nadie ha dado explicaciones, de haber tomado `decisiones valientes´ en materia energética.
Sacó pecho del gasto social y de la marcha de la economía, de la ley de amnistía y de la respuesta a los incendios, cuya proliferación atribuyó de forma indirecta al `negacionismo climático´ de la derecha. No es que nadie esperase una palinodia que ningún gobernante formula, pero como tiene por costumbre fue mucho más allá de la inmodestia. Lanzó una proclama narcisista a modo de manifiesto preelectoral y blasonó sin la menor vergüenza de cumplir sus promesas.
En lo que no hubo modo de negarle razón fue en el aserto de que la España de hoy es «muy distinta a la de hace una década». Hace diez años había un Ejecutivo sin estabilidad y una oposición socialista con dirigentes lo bastante responsables para sacarse de encima a un líder embarcado en una aventura personalista. El país estaba –como en casi todo este siglo—sumido en una crisis política agravada por el retroceso del bipartidismo y la irrupción del populismo podemita.
Entonces volvió Pedro, se alió con la extrema izquierda, con los testaferros de una banda terrorista y con los autores de un golpe contra la Constitución, a los que concedió inmunidad retroactiva, y asaltó el poder para instalar en él una trama de exacción que hoy tiene a buena parte de sus miembros ante los tribunales de justicia, la única institución que ha resistido los ataques gubernamentales a su autonomía. No es la misma nación, no; es una sociedad dividida por la estrategia de confrontación de un proyecto sectario cuyo promotor se encuentra al borde del desahucio. Sin presupuestos ni inversiones estructurales desde hace tres años –y camino del cuarto--, con el Parlamento bloqueado, con un gigantesco problema de vivienda y otro aún mayor de convivencia y desafecto ciudadano.
El cambio, si llega a producirse, tendrá que recoger una desoladora herencia de estragos que el presidente está dispuesto a prolongar elevando al máximo la tensión en cuanto pase este dramático verano de montes ardiendo y pueblos evacuados. De Lanzarote, la isla del fuego volcánico, regresará con un plan bajo el brazo. Y una tea políticamente incendiaria en la mano.
Temas Corrupción Partido Socialista Obrero Español (PSOE) Pedro Sánchez Palacio de la Moncloa comentarios Reportar un error Con GPS y asistente de voz para hablar sin móvil: el Huawei Watch GT6 aguanta 21 días sin cargar Alejandra Santisteban Guiu Boticaria García, nutricionista: «El melón no fermenta en el estómago después de la cena. No es peor comerlo por la noche» Francisco J.
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